martes, 28 de junio de 2011

Quiebra del alma bella y de toda romantización en el despliegue famélico de la providencia y el sentido común. Fantasía del sistema que llega a todos los rincones (incluida mi alma).  Sonrisa.

 Walt Disney sodomiza - con acierto  - a la fantasía.Sonrojo.

Escupir a Hegel en la cima del éxito mientras se muere de amor ( o por amor a una tontería que ya nadie - ni sus jugadores - recuerda) y se abren las heridas todas las noches para inhibir el olvido.

Conversión del enamoramiento en síntoma fisiológico y enfermedad degenerativa.

Obsesión crónica por  aquello que debía ser frágil y efímero.

Traducción del deseo en pulsión de vejez y muerte.

Genealogía del materialismo en el centro de mis tripas.

Sobrevivir al dolor nadando en el narcótico de lo real; hacia la gran boca del leviatán.

 Esa espesura de atmósfera que rodea a todas las cosas, marca el espacio de la distancia y otorga credenciales de extranjería, también tiene su nombre.

jueves, 23 de junio de 2011

 Erecto y juvenil  a casi dos metros de mi cara, lanza escupitajo con pericia e intención.

- Judío! - grita, salvada por los pelos,  la melancolía de la infancia.

miércoles, 22 de junio de 2011

Dios nos lee

 Hildegard von Bingen: Liber Divinorum Operum.

 "Yo veo en algunos ingenieros un empeño que va mucho más allá de la resolución eficiente  de un problema funcional. Los veo insistir en aspectos que no van a hacer la obra ni más utilitaria ni más económica;  van a hacerla en todo caso más coherente, más limpia, más clara, más expresiva... en definitiva, más bella. Incluso los veo preocupados por aspectos que no van a poder ser valorados por el usuario, detalles que van a quedar ocultos, espacios que no se van a visitar, estructuras que van a cubrirse. En fin, parece como si hubiese ingenieros, unos pocos, que, para decirlo en los términos de este libro,quizás sin saberlo, también proyectan sus obras como si Dios tuviera que verlas" (Óscar Tusquets Blanca: Dios lo ve)

"Dios lee en el libro abierto de nuestro frágil corazón" (Benedicto XVI)


Dios nos lee.

 Si los teólogos han sido capaces de utilizar todo el imaginario ateo e impío para sus búsquedas de ensueño, ¿no cabe, en justa  contrapartida  utilizar el nombre de dios en vano y trajinar con toda la fantasmagoría del símbolo("Deus") para nuestros triviales paseos por la periferia de los ríos sagrados?

Dios nos lee.

 No se sabe de afición lectora en el señor. Que dios lee en el libro de nuestro (frágil) corazón no aporta prueba alguna al deseo-imperativo (prueba que, de cualquier modo, no necesitamos porque estamos en la parte práctica del asunto) y, por otro lado, no parece metáfora original ni graciosa de Benedicto XVI. Lo que nos interesa saber  es si dios se pasea como lector  por este blog y mis otros espacios de escritura  sabiendo que lo que aquí cuento no es exactamente lo que habita en mi corazón ni puedo apostar por mi sinceridad en el caso.

Dios nos lee.

Lo que quiero postular (en el sentido kantiano) es que dios nos lee preocupado no (sólo) por la integridad moral del que esto escribe sino por la belleza estructural, la forma o la chispa humorística de mi trabajo. Quiero saber si  cabe esperar que un día dios me deje un comentario aunque de facto no me deje ninguno.

 Si dios nos lee, entonces sé que debo atender con más mimo y esmero a lo que brota en la red al presionar "publicar entrada". Dejar este cuidado a mi frágil conciencia no es adecuado por caprichosa.

Si dios nos lee el impulso de mi alma hacia la escritura - que tan extraña relación mantiene con el principio de placer o de felicidad -  encontraría un horizonte de esperanza y mi trabajo artesano (no diré, por modestia, ingenieril) se dirigiría hacia un fin: el oído de ese lector que siempre siempre siempre relee mis textos para encontrar el error y el acierto, la rayada y la chispilla.

Dios nos lee

Dios NOS lee ( no ME lee) porque sé que con él en el club de mis lectores (tan cercano al cargo unipersonal) tenemos ya cerca la comunidad,  la patria de jauja que ama los reflejos de colores y el delicioso fluir de la función. Y, sobre todo, Dios no decepciona.

Dios nos lee.

Dice mi voluntad de escritura: QUIERO que dios sea un ser inteligente y lector finísimo. QUIERO  que atienda a mi escritura sin pensar  si lo que cuento es o no sincero, ni si  refleja mi vida. QUIERO un dios con sensibilidad para los colores y las imágenes que torpes brotan de esta mi existencia que, en realidad, a nadie importa.

lunes, 20 de junio de 2011

la realidad tiene corazones que ni la tesis ni el poema son capaces de aprehender


Peter Brueghel, el Viejo: La parábola de los ciegos (1568)

   Las tenazas del concepto descansan imperiales en la mesa del torturador mientras dicto al agua  este acta de apostasía. Creo en todo lo que se menea (sobre todo en la piel desgarrada y la sangre que fluye espesa hacia las alcantarillas de esta iglesia negra de la bicefalia). Finalmente, en la estación de tránsito entre amaneceres (imposible recordar fechas ni calendario al uso), he rezado a su mano firme para que cierre la herida con nuevos cortes y arranque los últimos prejuicios con su impericia de niño travieso. Que borre con ácido la certeza de mi amor, el saber hacer con enfermos y la infinita flor de nuestra señora. Que las excavadoras arrasen los últimos callejones de la resistencia y retire las torpes barricadas con las que tratamos de inventar un santuario.Su concepto informe me ha descoyuntado las dudas (bien es verdad que ya viejas) con la patada en la boca que cifra el núcleo o la periferia de lo que en verdad son las cosas. Se ríe y susurra: Bien.

 Habituado a la ceguera, formo cadena con aquellos otros que me preceden o me siguen, sin que sociedad  ni horda delimite la extensión de nuestra torpeza. No somos nada - ni tribu ni casa ni iglesia  - como nada son las fichas de dominó que caen para ser vistas sólo desde el cielo. El otro es  un hombro sobre el que posar la ira apagada de mi mano sin ojos y  un gran riesgo fiarme de su magisterio. Sin redención a la vista ( sólo del chiste nos reímos como ecos los unos de los otros; en otro tiempo diría que es mueca significativa nuestra sonrisa) el otro es el hueco, el olvido de aquella guerra en la que las tenazas y las cucharas convertían  hermosos rostros en planos de terror y propaganda del concepto.

Aún así palpita nuestro corazón anunciando que la realidad es ajena a  violencias y traiciones. Y es esta involuntaria gesta anuncio de un retorno a la mazmorra. A gritos y en letanía, delatamos a todos sin que nos enuncien el delito. Y confirmamos las delicias del sabbat y de la lengua pegajosa del diablo nosotros que nunca vertimos la flor de nuestra virginidad en cáliz alguno(los primeros de la fila se entretuvieron en descripciones más prolijas que no es momento de narrar y que dice el diablo que se generan en el hígado más que en las tripas). Nos pierde el corazón que ya no es nuestro aunque tan cerca se nos señale. Rogamos que en el próximo tropiezo el mal guía encuentre abismo o ciénaga. Que aguas pútridas nos bauticen a la muerte y reciban nuestra última confesión.

Nacen en mis ojos de ciego ahogado las sutiles alas de mariposa;  pero no pueden abrazar el pálpito.

Lo fuerte y lo sutil se pierde.

Lo real se enrosca en el sudor de los amantes o la sequedad de la garganta en el ascenso

La piedra y la espesura del pantano

el hueso me habita

sábado, 18 de junio de 2011

FRAGMENTOS (13-18 DE JUNIO) BAJO LA PROTECCIÓN DE LA EMPERATRIZ BICÉFALA


Antonio Moro: Retrato de María de Austria (1551)



 Qué agobio el retorno…a los venenos que rondan en  las esquinas.

…cabeza descerrajada, el espejismo ha roto la frontera. Lo imaginario penetra hasta el fondo el principio de realidad y lo pervierte. Lo imaginario y sus reflejos en los vasos de cerveza.

    Puta represión, maldita vergüenza y maldito miedo.

(…)

Ravel en la banda sonora. Una gruesa capa de distancia viscosa me separa del mundo. Me molesta el tabaco que fumo y el que deseo humar. Suena bonito Ravel, su Pavana para una infanta difunta.

Se disuelve el alma placenteramente en la muerte. Disolución en la muerte, petite mort

… pero no llega ese ensayo general de muerte porque se refleja aún (o tan solo) en el semen la mala conciencia de no sé exactamente qué, quizás la melancolía por todos los amores perdidos, los cuerpos no habitados, las letras no vertidas en la piel de las cosas. No se disuelve mi alma placenteramente en nada porque aún no he aprendido…. Soy un mero siervo de la iniciación y, como tal, me limito a limpiar los suelos y llevar el agua desde el río hasta el huerto en el que descansan los maestros. Cómo puedo estar tan lejos, Señor, de la tierra prometida.

Malestar; la petite mort  como síntoma...   un aduanero epiléptico que vigila el paso de los viajeros y envidia sus destinos, las ciudades que van a ver y que se reflejarán en sus ojos. Habita el alma en una interior tierra sin nadie tomada por diversos fantasmas e imaginarios, colectivos o privados. …. Es mi lengua el único cuchillo que tengo a mano. Los vampiros penetraban en el corazón de sus víctimas con la endurecida – por necrosis – lengua.

... en mí con una gruesa capa de distancia.

(…)

 Habitan las ciudades en los cristales sucios de un escaparate.  Me  excito en el paseo por la imagen porque yo quisiera vivir en esa ciudad y por eso recorrí en mis soledades las calles buscando alcantarillas y puertas ciegas.  Mis ojos reflejan cuerpos, caras que simulan vicio para mí. Dios, perdóname, porque no está mi alma en aseo. Dame forma, infórmame de lo que se espera de mí como espejo. ¿Debo amar a esas imágenes que rompen el viscoso flujo de la distancia con el mundo? Me invitan a salir fuera.

Ya nadie me invita. Ya nadie me pide salir. En la distancia, sólo esas mujeres recortadas en los escaparates sucios, me acompañan.

(…)

Noche de violencia e impotencia (….) Deseo de estar en otro sitio, al otro lado del espejo otra vez.

Como los vampiros, sé que no puedo salir de esta tierra, del lenguaje y sus usos en la patria.

(…)

Inicio el escrito “Cuadernos de la ballena blanca para perpetuar o para asesinar el recuerdo y la neura…. Sólo se mantiene inmutable y para siempre lo que se asesina. Comienzo la escritura con gesto y pretensión aunque sin plan narrativo alguno, hostigado por  la pereza y la tendencia a la autohumillación, no queriendo ver que quizás sea ya todo demasiado tarde pero que esa irremediable pérdida de la oportunidad es  inicio siempre de la posibilidad tanto tiempo anhelada, la ultimísima ocasión  de ese gran cambio, la iluminación, el encuentro con la amistad, el cerco de confianza dentro del cual podemos desplegar la conversación que continuamente se  enriquece y place porque actúa en el sin-miedo: la confianza y la beatitud.

Escribo, pues, sin plan, definiendo en las primeras líneas el otro lado, el otro lado del cristal y del espejo, la doble vida….

(…) ¿No se anunció, en el inicio, a través del gran adelgazamiento, estigma de toda conversión? Muté – al menos por dentro – y soy otro y, por eso, a penas me entiendo ni comprendo.

 ¿Ha pasado que al fin llegó esa salvación pero no supe reconocerla y, quién sabe, tal vez, la arrojé a la basura como trasto viejo?

(…)

Oigo el Officium Defunctorum de Tomás Luis de Victoria. Veo un cuadro de Antonio Moro, el Retrato de María de Austria, la emperatriz que acogió bajo su protección al músico y para quien compuso el Oficio de Difuntos, el réquiem. Me pregunto por qué la emperatriz, en el retrato, aparece con un guante puesto y otro quitado, mostrándome su mano pálida como objeto de atención, como estandarte de algo, signo tan personalísimo como la cara. Las manos. La emperatriz, esposa y madre de los emperadores del águila bicéfala.

(…)

Canto y hasta bailo. Intento con todas mis fuerzas romper esa distancia viscosa que me separa del mundo (viscosa la distancia y también acristalada: por eso se explica el brillo de las cosas y de los rostros que tanto me hace gozar como fenómeno estético). No lo consigo del todo y represento un papel de simpatía. En cualquier caso, cantar me provoca una extraña sensación y cuando veo a mis compañeros en el canto  los percibo desarmados, las aristas de sus corazas aliviadas por la inmensa exposición a la debilidad y al ridículo de la música coral; y mi distancia viscosa también se rebaja en agua y aire. Me siento confuso y  poderoso en el canto, rompiendo el modo habitual de ser, quebrando la distancia. La comunión de los santos era, evidentemente, un coro.

…la sensación opuesta, la reducción casi al máximo de la distancia, la vivencia de la hermosa  “confianza”.

(…)

En todo caso, me agrada intentar salir del día a día aunque estos brotes de sociabilidad tengan algo de impostado, una posición artificiosa o falsa,  de cara a la galería. ¿No es verdad, sin embargo, como ya percibí en el pasado, que toda la vida social tiene mucho de dramaturgia?

(…)

….. recorrido por diversos pueblos de Soria. Nadie espera a nadie.

(…) Los nombres se me escapan y esta incapacidad patológica para la memorización supongo que es efecto de la distancia de la que antes hablaba. Los nombres no se me quedan porque para asentarse precisan romper la piel dura, la excrecencia de mi lejanía del mundo. Como si no aprender sus nombres me protegiera de ellos y de su inmenso poder de decepcionar – las personas te abandonan y traicionan o eres tú el que las dejas en la estacada por motivos que, en muchas ocasiones, son nimios, más pereza que maldad. Las cosas se tornan feas y aburridas, como juguetes viejos  abandonados en el puente que contemplan la espalda de ella saliendo de escena…

(…) la cera arde y consume  indiferente a mis caprichos de niño enfadado. Quizás ya no puede cambiarse la vida a los cincuenta

miércoles, 15 de junio de 2011

CUADERNOS DE LA BALLENA BLANCA

01.

No sé puede romper lo que ha sucedido en el otro lado.

Para quebrar la impostura, deberíamos ir allí, velar armas y, siguiendo las normas que se prescriben para el caso, proceder a la extrema violencia que la palabra no puede dictar. Abrasar el cuerpo en la tierra de su propia ficción. Porque allí hay rituales muy precisos para borrar lo sucedido. No está  dios dispuesto a modificar la historia a cada paso y menos por capricho de virgen violada. Debemos atraer su voluntad con ingenio más que  con deseo o piedad. Él nada quiere ni muestra compasión alguna. Sólo la nada le incita a la reflexión y a corregir su texto. Los huecos entre letras y la página en blanco.  Es inteligencia, por tanto,  lo que precisa el que al sortilegio se  enfrenta para borrar lo que en el otro sitio ha pasado. El maestro combina los elementos del ars magna en su danza: lapis, flamma, planta, brutum, homo, coelum, angelus, deus.   O eso creo porque hablo desde el centro de este  delirio  y sé que el paisaje se distorsiona por el calor. Pero, no temas amiga, esos procederes  rigurosos  y  bruscos no llegarán  a tu piel ni harán vibrar tu tímpano. No se puede romper lo sucedido en el otro lado porque el acceso está severamente vetado a los que portan virus o miasmas de humor melancólico. Esta imposibilidad se ha marcado en mi laberinto neuronal y es lo que ahora, en oración o en desenfreno, golpeando a un gendarme o  tal  vez dejando mi cuello virgen abierto de par en par a las criaturas de la noche, intento aliviar. Aprendida la lección no preciso la reiteración del recuerdo.  Necesito el vuelo de la mariposa  en el centro de mi mente porque sólo esos barridos de ciento ochenta grados de sus alas (que difuminan los colores en el plano) conseguirán salvarme de mí mismo. No puedo romper lo que ha sucedido en el otro lado porque  no se puede retornar a aquellas geografías en las que nunca se ha estado. Aunque se  crea en el espejismo. Como en tantas otras cosas, la fe no mueve montañas

domingo, 12 de junio de 2011

De sinergia y ubicuidad en una tarde de domingo


Nemanja KnezevicUpper town synergy (Zagreb) 

"Lo cierto es que no todas estas afinidades resultarán explícitas y conocidas, sea por falta de ocasión, sea porque ni imaginaron que podría existir, sea por una simple cuestión de sensibilidad y tacto" (José Saramago: Ensayo sobre la ceguera)

    El hombre de la foto, cerca del parlamento de Zagreb, baja por una calle adoquinada y  ligeramente pendiente. Las casas de los lados se tiñeron de humedad hace años y notamos algunos desconchados en las paredes, signo de la crisis del patrimonio urbano, además de las habituales firmas grafiteras. El hombre parece tener el pelo blanco y, no sé por qué,  me resulta un poco extravagante,  no por la acción que está ejecutando sino por su aspecto. O mejor: la acción de portar la pancarta  devuelve dignidad a una apariencia sensible que minutos antes nadaba en las cercanías del ridículo. No quiero ofender a nadie, claro, pues trabajo  a más de 1700 kilómetros de Zagreb y  el valor testimonial o documental de la fotografía tengo que despellejarlo para alcanzar  afinidad sinergética entre mi maltratada alma y  la imagen fotográfica de un tipo bajando por una calle.


No hay espíritu pendenciero. Necesitaba bálsamo y, desde siempre,  lo extranjero me alivia mucho más que lo nacional, idiosincrasia del alma  que se explica sin duda por mi escasa experiencia viajera y que se remediaría finalmente si tomara el petate o la maleta y me largara a tomar por culo allende las fronteras (todas). Así, pues, y no quiero salirme del tema,  no sé quién es el de la foto aunque me parece raro y ridículo.Tampoco se a qué cosa apunta la pancarta ni hasta hace unos minutos conocía a la fotógrafa  Nemanja Knezevic (claro que saber ahora que nació en 1985 y que es balcánica no me otorga conocimiento digno de mención; quizás envidia, sí, pero ese sentimiento tan alocado nunca puede confundirse con el saber por mucho que esté en la base de muchas de las cosas que creemos).


 El tipo de la foto, imaginemos, no porta su auténtica cara sino que para la ocasión ha tomado el rostro de otro, quizás de un personaje de opereta  muy maquillado y empelucado. Por medio de almohadillas le han engordado barriga y piernas antes de colocarle una cara extraída del catálogo internacional de caras normales especialmente ridículas. Y le han dejado solo en la calle. ¿Solo? No, no hay soledad. La iluminación que cae  sobre su estampa y la misma frontalidad teatral de la fotografía  anulan toda impresión de soledad. Hay otros o los hubo o los habrá. Quizás sea un  rezagado de la manifestación contra los malos tiempos.  No hay nadie presente detrás del manifestante pero el ridículo de unos cientos de antigubernamentales  protestando  contra la sociedad del espectáculo y la gran verga de los mercados ("no se consigue nada saliendo a las calles" dicen )se salva y dignifica por esa imagen de un hombre extraño que baja  por una calle de Zagreb portando una pancarta. 


 Oigo la soledad del caminante y el ruido de las ausencias que desgarran la noche de la ciudad. Frente al  solitario pudiera estar un coche de policía con agentes armados dispuestos a reprimir la algarada - como el joven que se colocó ante el tanque en Tiananmen. Si de repente aparece un tipo solitario y "apayasado" dirigiéndose decidido hacia la luz, el sentido de la ráfaga se pierde y de la extrema debilidad del manifestante nacerá un malestar extraño en la boca del pistolero y del que ordenó la represión de las calles a plomo y sangre. Eso es sinergia: dos pequeñas cosas se suman y modifican la trayectoria de aquello que inicialmente las duplicaba. Un hombre, una foto.


Evidentemente, la cara con la que han disfrazado al manifestante  de Zagreb es mi cara y, en extraña afinidad, yo soy el tipo de la pancarta (me reconocí nada más verme esta tarde en el reportaje de Cafe Babel)
Yo soy un croata. Yo soy el último europeísta de los Balcanes.Yo califico de corruptos a los políticos de mi país exótico.Yo protesto.

 Repito que no quiero molestar. Sólo me estoy desfogando un poco y tratando de encontrar hilos de afinidad con esto que es el caso. Estoy convencido, con Saramago, que muchas de las afinidades se pierden por ausencia de órganos de sensibilidad adecuados o por cuestiones de disciplina o modales. Como no nos atrevemos a besar a todas aquellas personas que nos atraen no sabemos si pudieron haber sido la elección definitiva. La tesis de Goethe en la célebre novela  - las afinidades entre espíritus (y quizás cuerpos) provocan fuerzas atractivas que rompen las convenciones y tienden a unir a los semejantes como si de un fenómeno magnético se tratara - no me parece completamente acertada (aunque sí excitante). Olvida la presencia de otras mil fuerzas que se interponen, invierten y desvían  los acercamientos entre almas gemelas. Por eso, es menester hacer ejercicios de afinidad y buscarse a sí en el exterior, en ese discurso del afuera que parlotea intrigante por las calles de las viejas ciudades que nunca visitaré. Quién sabe dónde está mi geografía.


Allí, entre su cubos de basura, se hace realidad el célebre  Tat Tvam As , eso eres tú, mantra en el que después de reírnos largo, debemos volver a tomar en serio para que la arquitectura del universo no se desmorone por nuestra mala cabeza.

miércoles, 8 de junio de 2011

Jedem Das Seine (A cada uno lo suyo: Weimar vs Buchenwald)


 "Las imágenes grises, desenfocadas a veces, filmadas con el tembleque característico de una cámara que se sujeta con la mano, adquirían una dimensión de realidad desmedida, conmovedora, que mis propios recuerdos no alcanzaban"(...) "Al convertirme, gracias a los operadores de los servicios cinematográficos aliados, en espectador de mi propia vida, en mirón de mi propia vivencia, me parecía que me libraba de las incertidumbres desgarradoras de la memoria. Como si, paradójicamente a primera vista, el contenido de ficción inherentes a toda imagen cinematográfica, incluso la más documental, lastraran con un peso de realidad incontestable mis recuerdos más íntimos. Por un lado, indudablemente, me veía desposeído de ellos; por el otro, veía confirmada su realidad; no había soñado Buchenwald" (Jorge Semprún. La escritura o la vida, 1995)

miércoles, 1 de junio de 2011

BICEFALIA ASCENSIONAL (II). FANTASÍA SONRIENTE

DOS. UNA PEQUEÑA FANTASÍA ASCENSIONAL


Henri Lachambre: Aeronauta- constructor patentado


no os subáis al globo



 Hipersensibilidad a la decepción. Percibo traiciones  en el más pequeño de los gestos y entierro la cabeza en el subsuelo de  mi caparazón para no sentirme abandonado. Me hiero para no descubrir que sus manos son navajas.  Vivir así es morir de amor - lo comprendo - pero uno ya no sabe qué hacer con sus taras. Juro que me gustaría ser menos idiota y no cagarla a cada paso rompiendo lazos precarios y bonitas amistades, confianza y fraternidad humana. Lo intento pero no puedo evitar ver cómo las luces de la ciudad se van apagando según asciendo en mi globo. Todos son hormigas que pierden brillo y me decepcionan porque, seguramente, yo las estimaba eternas en sus colores.



Bailan los entes de fantasía en el imaginario del ingeniero Lachambre.  La tecnología de los aerostatos se asocia con el circo y el más arriba todavía. Subimos  al cielo para encontrar elefantes y acróbatas, jinetes y payasos con jeringas de agua.  Demonios y curas amanerados que miran de reojo a las niñas - alicias. Miro desde arriba y veo el abajo convertido en plano, cartografía bidimensional y cuadro cubista.  Geometrizo como un arquitecto. Aunque también cabe alzar la vista estando arriba y tratar de contemplar el más arriba, el ojo del cartógrafo originario y  el fuego que rodea el cosmos al otro lado de las estrellas fijas.  Sin embrago, en el cielo, prefiero mirar sin arribas ni abajos, en la horizontal ingenua, como un caminante que contempla a las criaturas que habitan en los sueños.  Están ahí, a la mano. Su perfil se fija como dibujo de neón, cartel luminoso o ilustración fantástica de cuento infantil. Tal vez aquí arriba y en el subsuelo habitan los mismos seres pero, vistos desde el globo Lachambre, no muestran sombra de negritud, matiz de desconfianza o rencor. Seres que en la tierra son  incapaces de despertar fábula iluminan aquí arriba  el horizonte del viajero.


Subo en globo como quien se va a un balneario con pocas esperanzas de recuperar la salud pero buscando un espacio libre de decepción.  No quiero pensar en las columnas de Klimt del otro día, ni en el triángulo del arte, el deseo y la muerte. Anhelo un circo de bolsillo, arbitrado en un tela llena de colores y gas. Arriba el globo es uno más de los objetos de la fantasía y su rareza se diluye en las rarezas de los otros, como en una república de los entes debilitados: el elefante esclavo, la mujer barbuda y la niña poseída por la gente pequeña de los bosques; el cuerpo dislocado del contorsionista, la tristeza del payaso y su alegría especular. Los hipersensibles a la decepción subimos arriba y no pensamos que, este paso nuestro hacia adelante, es seguramente el inicio de la gran caída, la mayor de las decepciones. Pero nadie dijo que la mejor manera de vencer al diablo no fuera caer en sus fauces. O sí, no lo recuerdo. El mal de altura, ya saben.


Nunca hice caso al sabio consejo de el Cuco: no sos subáis al globo.