martes, 26 de junio de 2012

Jenny y el amor



Mujer,
con fuego y con valor,
ya estás aquí junto
al trabajador

Millones ya
imponen la verdad

¿Puede trabarse una historia de amor en el espacio abierto por los versos de esta canción, espacio seguramente menguado por la fe en las convicciones y esperanzas que expresa?

Hay quien cree que el amor florece en todas la tierras y hasta entre los sintierra.El amor es, para estos, utopía.

¿Cómo afecta a la amistad y al amor el contexto de la politización voluntaria y total de la vida, digamos entre los militantes de un partido o grupo clandestino?

Hay quien dice que el amor destruye los muros más altos por su sin-poder como de hormiga- atómica . El amor es capaz de crear un mundo en el detalle compartido más pequeño. Las cositas del amor. No precisa del poder, su opuesto sedicioso (¡Já!)

¿Qué queda del amor en la lucha y en la venganza de Jenny, la de los piratas?

Corrompe y pulveriza el juego del poder ese extraño sentimiento del amor y la amistad. Es el poder la mejor de las vacuna contra esos males.


¿Quién soy yo? No hay ninguno que lo sepa.
Hacia el alba me verán ir por la calle.Se dirá,¿quién es la que va ahí?
Y me preguntarán: ¿a quién cortamos la cabeza?(...)¿Quién debe morir?Y entonces se me oirá decir:¡todos!


domingo, 24 de junio de 2012


en el confuso estilo


como cuchilla que acaricia las venas de la mala nostalgia
percibo el billete del autobús que tomaba para bajar a la barriada

Un tique pequeño, quizás un 5 x 2, en el que minúsculas letras negras prohibían pérdida o rotura
- - - amenazaban las hormigas con la condición institucional del emisor

Sin alusión al trayecto
válido para cualquier trayecto


*****

Cuando el billete era de ida y vuelta estaba cruzado por una línea roja.
Cuando el billete era de ida y vuelta había que guardarlo y protegerlo con la vida y el recuerdo.

Garantía de la posibilidad del regreso,
balsa para la huida del lugar que amamos.


lunes, 18 de junio de 2012

Efectos colaterales de un vigilante de las Pruebas de Acceso a la Universidad .




Has sido estos días corrector-vigilante en las Pruebas de Acceso a la Universidad. Hace años te nombraban solo corrector aunque también ejercías la tarea de control. Ahora dicen corrector y vigilante, con conjunción que une la sapiencia del juez con el ojo avizor del policía. Es tierno este ataque de realismo nominalista para identificarte.

****

Estás en una gran sala de la Politécnica de estructura cúbica y con dos grandes columnas de hormigón que sujetan su techo a quince o veinte metros de altura. Supongo que, en la idea, ese espacio debía destinarse a la investigación o a pruebas de taller. El espacio es más bello que un gimnasio o polideportivo. Un chico nos pide que no le coloquemos cerca de la columna, amenazado por su sombra de metro y medio de diámetro. Le produce desazón estar pegado al cemento, en el hábitat de la grisalla.

No es capaz de sentir la piedad del espacio desangelado.

No se cambió al chico de sitio.

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Dices: “quedan quince minutos para que acabe la prueba”. Te gusta tu voz en la sala habitada por el susurro de las hojas de papel y el ruidito de las sillas que chirrían dentro de la respiración adolescente. También sientes atracción por tu letra, escrita con bolígrafo azul en un papel de examen, redactando este fragmento que ahora trascribes. Aparecen todas las letras, redonditas e inteligibles. La ternura de las cosas.

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Dilema. La norma dice claramente que solo se puede entrar en la sala de examen si se muestra al vigilante la acreditación y el DNI. Cuando los alumnos salen, finalizado el primer ejercicio, dejan el carnet y la documentación dentro, por descuido o intentando adueñarse del espacio con esa espontaneidad tan bonita en la gente teen. Evidentemente, cuando de nuevo quieren entrar, el vigilante aplica la norma e impide su paso porque no tienen acreditación fuera de la sala, en el limes. De ese modo, los individuos se enfrentan a una situación en la que, si quieren introducirse en la sala, deben poseer el documento que se haya, precisamente, en la sala.

¿Cómo salir del entuerto? Solo se puede rompiendo la universalidad de la norma o, seamos humanistas, flexibilizando su interpretación. Los chicos y chicas entraron en la sala sin poseer acreditación porque el vigilante confía en los rostros jóvenes que ve o porque más tarde, en el futuro dilatado, se podrán comprobar sus identidades o, en fin, porque ya entraron una vez y suponemos que las condiciones del solicitante no han variado en un par de horas salvo por esa tontería de la acreditación que demuestra que son solicitantes.

La hermosa flexibilidad interpretativa nos impide terminar jacobinos del culo y guillotinar a la masa estudiante olvidadiza. Los chicos entran porque cuando se les nombra dicen “oui, c´est moi”, el vigilante reconoce cuerpos y rostros y se supone que ningún pretendiente ilegítimo va a desear entrar en ese espacio cúbico. Suponemos la ausencia de malicia y actuamos con flexibilidad sin necesidad de decir que no hay normativa.

En las Pruebas de Acceso se pide una corrección flexible, suponiendo que el alumno está de hecho preparado para acceder a la universidad aunque el documento que lo acredite esté dentro de una sala cúbica

Todo dilema se supera asumiendo la falta de malicia.

Esta situación parece un sueño con apariencia de paradoja lógica.

domingo, 10 de junio de 2012

Prédica nihilista (a mi pesar)


Garnerín se arroja en paracaídas desde un globo en 1797


En la navegación aerostática, ausentes los ejes determinantes del arriba y del abajo, arrojar lastre por la popa puede ser el camino más directo para chocar violentamente contra algún suelo.




Comentario: En el trascurso de la vida, hermano, te enfrentarás en ocasiones con la enojosa tarea de realizar una mudanza o considerarás deseable un corte radical con tus costumbres, ideas y emociones. En esos momentos se hace más necesaria que nunca la entrega a un cartógrafo o piloto que te marque lo correcto y lo incorrecto, el este y el oeste de tus emociones, el arriba y el abajo de tus deseos. Sin esa rosa de los vientos, en las bifurcaciones del destino que exigen acción precisa y, a ser posible, quirúrgica, sabes que delimitar qué es lastre en tu vida es tarea imposible.


Es humano destino contemplar la quema de las últimas cartografías personales. No hay cura ni terapia que tome en serio sus planos de huesos y conchas. No hay pilotos ni héroes imprudentes. Quedan, última esperanza, dioses desconocidos (o el dios de siempre se ha tornado el gran desconocido y como si fuese otro, el inexistente, el yo no soy nada que hace burla y gana al yo soy el que soy bíblico).

Debes olvidar tú solito, sin la ayuda de otros, engañando a la memoria y forzando el subrayado por tus propios medios. Olvidar según qué cosaspuede conducirnos a mantener la herida infectada. Cortar por lo sano con una situación para intentar sobrevivir y elevar de nuevo el vuelo y la dignidad, puede llevarte a acabar, finalmente, en violento choque contra el suelo. El suelo que te atrae está arriba y abajo (ni salva el este ni el oeste).

Porque el cielo tiene su techo que, bocabajo, lo mismo es que el suelo. Y, en ausencia de cartografía, lo mismo es el subir que el bajar porque en los extremos habita el hostión.

Pero el gran batacazo puede evitarse, dices. Es tarea del navegante saber qué toca: tirar lastre o reducir la temperatura del aerostato,  evitar el suelo o  el techo, elevarse y  descender. Subir y bajar  con los ojos puestos en lo más cercano para olvidarse del ascenso o descenso. Evitar todo en la anorexia completa. Para el nihilista cobarde que eres, lo mejor es no moverse de la media voz y de la atmósfera en calma. Sueños de opio.

Así que, amigo, muestras indiferencia en todos tus actos sabiendo que nunca predecirás con acierto. Elige si serás minimalista o barroquizante en tu topetazo. Llama a tus tropiezos y caídas topetazos. Rebota y sonríe.

Garnerín, para intentar subir más alto, tira el lastre más preciado: se arroja a a sí mismo del globo para elevarse mejor allí donde puede hacerse, sea, en el descenso libre. Es hermoso que, en la caída, el para-caídas lo primero que consigue es elevarte, engañarte amoroso con la ascensión para , más tarde, poco a poco, como un diletante del ser, reconocer que la caída es inevitable. Tocar suelo con un beso.

jueves, 7 de junio de 2012

Entremés saleroso. Memento mori, memento labori




Digo y escribo:

Trabajar muchísimo en las tareas mecánicas que pagan mis facturas
para que el tiempo pase rápido


en todo momento con disciplina y dedicación
completa al engranaje


a mayor gloria de la velocidad que vence los andares zambos
del tiempo que huye


Es ese mi ejercicio espiritual de la jornada.

Digo y escribo:

Memento labori es un Memento mori invertido pero, a la postre, llegando a la misma conclusión.

Pensar el tiempo solo es sano para el alma si provoca risa, sonrisa y carcajada.

Superioridad de la comedia

Digo y escribo:

El memento mori imagina la violencia del frenazo del tiempo y del pensamiento en el final de lo sucesivo. Allí donde uno se muere, se coloca la imaginación aterrada a la que solo salva in extremis, nunca mejor dicho, la razón travestida de sacerdotisa parmenídea que anuncia la broma del tiempo, su radical inexistencia.

Tiene su gracia frenar en el final:
el coche que se estampó contra el árbol también frenó
impecablemente al final de su escapada.

No se las daba de filósofo.

Digo y escribo:

El memento labori, la dedicación exclusiva al engranaje de los quehaceres, un estajanovismo desideologizado y despolitizado, el trabajo como vía de huida, la laboriosidad compulsiva, pretenden quebrar la cadencia del tiempo, anular acelerando, hacer correr al cojitranco tiempo.
La expresión “el tiempo pasa rápido” exige risa y comentario. Creemos, a tenor de la frase, que el tiempo tiempea a destiempo, saltándose su propia pompa y ceremonia en la aceleración de su paso. Anda raro como el cojitranco y sus zancadas deshilvanadas, como de gigante enano.

Pero es idiota.

El tiempo no puede pasar rápido. Realmente nada es rápido ni lento. Todo es a su tiempo porque él, el Señor del antes y después, marca ese horizonte de lo temporal y sucesivo sobre cuyo fondo trazamos lo que pasa. Y lo que pasa simplemente discurre, ni más rápido ni más lento. De igual modo que se frena siempre al final, y en esa obviedad descansa el memento mori, el tiempo pasa a su tiempo, en su tiempo, egótico en su paso inimaginable. No somos ni liebre ni tortuga ni zambo ni plusmarquista ni mal danzarín. El tiempo no tiempea a destiempo ni yo puedo hacer nada para que el tiempo pase rápido en este mes de junio. La razón me salva en la carcajada y, sin embargo, me dejo follar por su doble travestido de sacerdotisa antiparmenídea.


No alcanzo satori. Mecachis.

Esto no es aún zen, ni místicismo castellano. No, no, no. Estás, compañero, en la fase de la perplejidad, a punto del idiotismo, ese idiotismo que debes mirar a la cara para hacerlo tu amigo.

En el tiempo perplejo vives, haciendo como si trabajaras más y, así, el tiempo pasara más rápido. No pasa nada más rápido ni cabe la vida en la lentitud del tiempo. En el final todo es frenazo y, en la media res, tono salmódico. No canta el tiempo, filósofos, arrastra sus zapatillas del alba al anochecer.

Un poco de sexo metafórico:

 El amante puede acelerar su envestida para correrse pronto y salvaje o demorarse en tantrismos táctiles e idas y venidas, frenar la eyaculación - ese memento mori de la carnalidad - en paseos espaciales por el cuerpo que el tiempo contempla.
La ilusión del orgasmo sexual: en el climax, el tiempo se paraliza. Mentira. La corrida es el climax de la fantasmagoría, esa loca de la casa que dice tonterías como que puede parar el tiempo, hacer que corra más o lentificarlo o pararlo. Nadie se corre en el tiempo.

Tempus fugit. Somos tortugas tras la liebre.Solo podemos huir con el que huye, amiguitos todos del tiempo monótono, like rolling stone


Imágenes:



 Frans Hals: Joven con cráneo. Vanidad(1626-8)

Alekséi Stajánov y un amigo


martes, 5 de junio de 2012

Auster(y 5). Diccionario de la Debilidad: Contingencia



Fuera de la Llana de Afuera (Burgos, circa 1978)


A Montse, si existe


Ahí tuvo lugar y no fue crimen. Juzgue la historia si evaluamos el hecho como estupidez o instalación naíf-uy-qué-mono de tus inicios en el universo del arte o la vida. En ese punto de cruce de líneas, acercándonos hacia aquella puerta del fondo donde dos escalones conducen a una neocueva adolescente, imaginamos los dos a una joven besándote. No eras allí L sino Fire full, the punk o algo así que tampoco entonces dominabas el inglés. Pero estabas, abierto a las contingencias.

Y ella besó tus labios. Olías su cuerpo y el pequeño sonrojo con el que animaba su cara, rostro sano y bello de chica de pueblo y de leche de vaca en su desayuno. El perfume y el tacto entraron directos en el alma, como un chute en el centro de tu cerebro. Te besó y tú, Fire full the punk, proto-L,mordiste sus labios, respuesta injusta e impía ante la violencia del beso. Ella te preguntó por qué la habías mordido o, quizás, lo exclamó mirándote a los ojos, sin dar mayor importancia al caso,pequeña sorpresa de la tarde, nada definitivo, nada grave cuando el espacio está lleno de mil labios. En los labios besados y mordidos emerge la bifurcación de destinos, de tu destino sin providencia, Luis, tu destino como criatura precaria, contingente, filósofo escéptico, poeta sin poema, libretas, piel que tributaría por el pálpito de la piel todo el afán de la escritura. O no, que la contingencia hecha carne se convierte en fuerza ignota.

Te gustaba, tenía un buen polvo y ganas de magreo.

... luis, tú no hablabas así en aquellos días ni lo haces ahora, que no has aprendido a relajarte ni asumir que hay situaciones en las que ellas deben ser objetos de carnicería o entremés cómico de penal macho, estructuras de conquista o percepción objetual. No aprendes, L, te vence siempre un fantasma no sabes si romántico o eunuco. Como a los idiotas de los chistes, te gusta ver la cara de las actrices del porno, sus ojos y sus gestos teatrales. La percepción directa de sus genitales es trago que se ha de pasar para contemplar ese rostro que te espera, dios mediante, al final de la escapada, hogar de amistad, charla de entrega, porque te entregas a su conversación por adicción a la belleza del gesto y del habla. Que así eres, desde antes de aquel beso que se despertó mordisco y leve sabor a sangre. Te gustó su sangre y ahora te viene a la memoria un nombre: Montse. Monste y tú en la contingencia del punto 1 de la foto, iniciando una escena que en tres actos se difumina como memoria - ella lo olvidó todo, seguro, a los dos días. Tú lo has recordado desde entonces.

Te gustaba, tenía un buen polvo y ganas de magreo pero con aquel mordisco cerraste la puerta a tu historia con Montse.La pieza entera de la existencia, antes de que en este diario de otoño solo quedaran los restos, tenía una puerta con su nombre. Puerta Montse. Puertas cerradas y puertas que se imaginan cueva, matriz, charla, juego o teatro. Lo que te gusta, viciosillo, la piel y la palabra. Podrías haber aceptado la violencia del beso de Montse, ese beso que en abstracto tanto deseabas. Se impuso tu distanciamiento del mundo y una dignidad impuesta por el nombre (punk). La barrera de sangre en los labios dulces. La fuerza resultante de tu ambigua posibilidad fue una bifurcación por la senda 4 y no por la 3 (ver imagen).

Otro día, no mucho después, aceptaste la batalla de las lenguas y los labios.

La precariedad que te habita es hija de los labios de Montse, ese leve sabor a sangre en la saliva, aroma de un cierre. En su honor, dices hoy mecachís debí besarla hasta la erosión de los labios.


Deconstruyes el arrepentimiento. No como periodista ni como profeta. Como showman de Cabaré Melancólico

..... y miras de reojo la mala hostia que campa a sus anchas

domingo, 3 de junio de 2012

Auster(4). Contingencia






BEMENT, Illinois.— 1955.
© Eve Arnold / Magnum Photos


Doy gracias a dios por la ruina de mis accidentes, 
matriz de las cicatrices que marcan mi rostro

A todos aquellos que colisionaron conmigo. 

Hoy soy nietzscheano: 

Amor fati!!




“El inventario de tus cicatrices (…) Rara vez piensas en ellas, pero cuando lo haces, entiendes que son marcas que te deja la vida, que el surtido de líneas irregulares grabadas en la piel de tu rostro son letras del alfabeto secreto que narra la historia de quién eres, porque cada cicatriz es la herida de una herida curada, y cada herida era resultado de una inesperada colisión con el mundo; es decir, de un accidente, de algo que no debía ocurrir a la fuerza, porque por definición un accidente es algo que no sucede necesariamente. Acontecimientos contingentes en contraposición a hechos necesarios, y mientras te miras al espejo esta mañana comprendes que toda tu vida es contingente, salvo por el único hecho necesario de que antes o después tocará a su fin” (Paul Auster: Diario de Invierno)


Con demasiada frecuencia consideramos que lo contingente, ese accidente inesperado, la colisión para la que no habíamos puesto plato en la mesa y se presenta intempestiva en el banquete, pudo no haber tenido lugar. Eso marca el canon del diccionario y la biografía de la tribu. Sucesión de accidentes nuestro ser, decimos, no debimos haber tenido lugar.Y ese decir es cierto, decimos, porque se apoya en Dios, nombre antiguo del Destino o el Sistema o la Circunstancia o las diversas Estructuras de Emplazamiento y otras Plataformas, todos con la misma cara, ese amante que nos visita por las noches y nos dice gatito, no debió pasarte esto. Solo debiste tener un poco más de fe en mi. No niega mi alma que, fuera de toda duda, el accidente acaeció pero, amante de la geología más que de la botánica, precisamos que carece de sustancia el accidente porque pudo no haber sido, que nos lo dice quien sabe,y debe ser arrinconado frente a esas potencias de las Necesidades que nos visitan: la muerte, el destino, la sobredeterminación. Eso indubitable, lo que solo nos roza y nunca se queda después de follarnos, es lo que nos define y perdona los accidentes. Lo real que libera de las cicatrices. Somos por ellas, por las fuerzas de las plataformas, porque ellas nos rozan y, tras beso o bofetada, se largan con su esposo . Ay el vacío de su ausencia. Pensamos así. Por tradición. Y la filosofía no ha conseguido eliminar el mal hábito (quizás, dicen muchos, no sea vicio del pensar, sino virtud).

ORACIÓN
Oh, señor: Cerraré mis orificios a su presencia y, aún así, ustedes me violarán.

Soy la precariedad de todos los accidentes, el humo de la batalla cósmica, el suspiro.

Todos mis accidentes y colisiones con el mundo derrumban mi ciudadela, el tálamo nupcial donde me habita el destino.

No quiero tu cama, ni las murallas.

Soy el hijo de las colisiones. No reconozco a mi padre ni a sus ancestros.

Soy y mi ruina es la prueba.

Soy el hijo de la violación y en ella encuentro la fuerza de mi contingencia.

viernes, 1 de junio de 2012

Auster(3). El resto, los restos. El viaje de invierno en otoño



James Mason vs Humbert Humbert
Lo-li-ta




cuesta abajo en mi rodada,
las ilusiones pasadas
ya no las puedo arrancar.
Sueño con el pasado que añoro,
el tiempo viejo que lloro
y que nunca volverá
(Gardel)

Anónimo: 31 de mayo de 2012:Quizás lo importante no es si se ha dado o no ese cambio de base que planteas puesto que sigues barajando sentimientos ambiguos que te hacen dudar y por tanto estás en movimiento y evolución. Y es que cuando uno está en su propia isla tiene pocos puntos de referencia. Tú última pregunta me lleva al tango de Carlos Gardel "Volver" y a su última estrofa: “Pero el viajero que huye tarde o temprano detiene su andar... Y aunque el olvido, que todo destruye, haya matado mi vieja ilusión, guardo escondida una esperanza humilde que es toda la fortuna de mi corazón.” Suerte Sr L por ese resto del mundo que te espera.

Querida Madame Anónimo:

Ambigua la suerte que al final me desea. Tan ambigua como mis sentimientos que suben y bajan en su condición de veleta o viento o Humbert Humbert. Cartógrafos todos de la isla de L. Vocación mineral en el fondo.

Pone velas muy amablemente por "ese resto de mundo" que me espera y, tirando del hilo, la palabra "resto" me salpica la cara. Convierto en plural eso que me queda y heredo, pienso que aguardan en el mañana "los restos" del mundo, el final de un banquete, la migas de la gran comilona de otros, de la propia Madame Anónimo, qué sé yo. Un tango que bailaré sin los dioses lo permiten.

Con la esperanza de llegar a los restos, al postre o al café, intento recordar "lo otro", lo que no eran restos de nada sino la pieza entera, el total de lo que me esperaba hace 9, 19, 39, 49 años. No caigo en la magnitud de lo que me tocaba en justiprecio por el hecho de haber nacido (lo que, mismamente, Calderón llamaba "el delito cometido"). ¿Cuál debía ser el tamaño de mi isla? ¿Cuáles mis instrumentos de cartografía? No recuerdo, de veras, la magnitud de la causa ni la elevación de la colina desde la que debía otear el paisaje. ¿Hubo alguna vez pieza entera? Seguro que sí, si es que ahora tocan los restos.

Mañana tocan restos. Como en el día post-fiesta, el post año nuevo, cuando la comida es vieja y recalentada. Me gusta la decadencia de ese rito, el choque de realidad que implica contemplar el lujo y el cuidado de la comida de celebración en el día después. Tierno. Igual que los restos de la vida. Sin embargo,como estoy en una isla(propia), mis restos son en parte pecios de naufragio, ni siquiera míos, fragmentos de otras vida, de otros banquetes. Mi vida como otra vida, la de otros.Je suis un autre

¡¡Y luego me dice que sigo barajando sentimientos ambiguos!! No se me ocurre otra cosa que la ambigüedad o, mejor dicho, al que maneja el faro o el molino de mis emociones,pensamientos y actos cree que la mejor respuesta es la ambigüedad sentimental del que sigue pensando en términos de fidelidad y traición, como si fuese un antiguo, casi un personaje secundario del antiguo testamento.El convidado de piedra en la cena de Baltasar

¿Solo restos? Si solo queda "un resto" la tentación de huir podría hacerse más imperiosa... O el deseo de ser un piel roja(al modo Kafka). Un piel roja, a caballo, recorriendo las grandes praderas que ya no son suyas sino del hombre blanco.

Muchos saludos y gracias por sus deseos y palabras. Me encanta que me hablen.