sábado, 14 de julio de 2012

Diario de Mudanza(003)



John Constable: La esclusa(1824)


Sin el cuadro "la esclusa" en la pared, hay tormenta en mi mudanza bajo la forma de licuefacción precaria del cauce mineral.

De pequeño, bordeando como límite o frontera mi hogar de infancia, estaba el canal. Mi madre lavaba la ropa en él en verano porque no le gustaba el agua que llegaba al grifo. Demasiado caliza, decía, aún mineral en su textura y poco adecuada para acariciar las sábanas. A poco más de cincuenta metros de mi casa, vivía el guarda del canal, el tipo que regulaba el caudal siguiendo ordenanzas. Se destinaba el agua a las industrias que nos rodeaban(textiles). El brazo simétrico de mi canal, al otro lado del río, permitía el regadío de las pequeñas huertas de las casas de la barriada Juan Yagüe, espacio pobre y obrero, política social del franquismo en las cercanías del penal que otorgaba a algunos la injusticia del salario acompañado de un pequeño terreno para el cultivo de patatas, cebollas, tomates...

Los canales, fractales de mi infancia, se dividían en canalitos que recorrían los bordes de la carretera que iba a la cárcel y, éstos, en pequeños surcos encementados de poco más de una cuarta que llevaban el agua hasta las huertas.
Cuando el agua se cortaba, los pequeños renacuajos malvivían en charquitos o, por amor a su condición acuática, morían sin heroísmo.


Sin ser Tita Cervera, se comprende la dificultad de hacer la vida en la mineralización de las circunstancias, ese yo reticente a la locura líquida del Yo fluido. L también precisa liquidez, riego de mi proyecto de vida para poder fertilizar, sin excesos, sin dejar de ser obrero (en el sentido digno y riguroso, casi espartano, de mis mayores),lo que tiene lugar canal abajo, allí dónde se encuentra el nuevo hogar, la huerta y sus ricos frutos - solo viables si llega el agua, si el esclusero recibe la orden abrir la esclusa.


Hay tormentas graníticas que afectan mi economía como si yo fuera el Estado.


Soy el estado (Moi, je suis l´état).

Provoco tormentas en época de mudanza. Brota en mi una ligera fiebre anarquista y entro en los bancos como pistolero en busca de su hipoteca.

viernes, 13 de julio de 2012

Diario de mudanza(002)

"En tiempo de desolación nuncahacer mudanza". (Ignacio de Loyola)

Y fueme peor, como v.m. verá en la segunda parte, 
pues nunca mejora su estado quien muda solamente de lugar,
 y no de vida y costumbres. (Quevedo: El Buscón)


En tiempo de mudanzas
no hacer tormentas

martes, 10 de julio de 2012

Diario de la mudanza (001)



Me mudo y mudo. En lo real, no en este espacio de nadería. Inicio la mudanza que me llevará de una ciudad a otra. Retorno al origen imposible porque la nueva ciudad ya no es la vieja ciudad de la adolescencia . Quizás ella no haya cambiado pero yo sí. He mudado de camisa varias veces. Como las serpientes. Soy otro. La mudanza real será prueba del nueve para contrastar si las ideas anteriores son creíbles.

***

 No creo en las despedidas. Esta negación tiene algo de absurdo y, como suele suceder con aquello que bordea las fronteras de la lógica, está cargada de misteriosos sentidos y connotaciones. Para el caso: no creer en las despedidas significa que siempre nos vamos antes o después de salir del puerto, por delante o por detrás de la orquestina que interpreta los sones del adiós. Saltando por encima todos los regalos que se nos ofrecen bajo la forma de objeto, lágrima o promesa de reencuentro con pañuelito blanco.

(i) El mudanza prevista nos devora en sus preparativos y con sus ilusiones e inquietudes antes ya de la salida, rompiendo, a través de la ensoñación y la ansiedad, la rutina diaria y la vida con aquellos que son (aún) nuestros amigos y vecinos en el puerto, esa vieja casa que se abandona. La teleología de la mudanza nos hace saltar, como movimiento de caballo en el ajedrez, por encima del presente, mostrando que los cercanos dentro de poco quizás no sean nada y, anulados en el horizonte de esa extrañeza sobrevenida y profetizada, los hundimos de derecho cuando aún no habitan en un vacío de hecho. Los cercanos nos ofrecen su rostro espectral, la extrañeza del gesto hasta ayer enmarcado en con el aura de familiaridad. Captamos traiciones, pequeñas repugnancias, distancia. Antes de la despedida formal, uno ya no está del todo, y las ceremonias del adiós se muestran huecas, hilos sueltos de un discurso en el que ellos y nosotros no nos encontramos porque, sencillamente, hemos cambiado el son del baile. No cabe la despedida. En la mudanza anticipamos la soledad del memento mori.

(ii) Bajo la forma de nostalgia, la vieja casa y su ciudad emocional estarán con nosotros en los puertos de llegada, para siempre, convertida en paraíso perdido y patria, limadas las asperezas de lo real en el falso recuerdo de un mundo sin complicaciones. En el futuro todos los vecinos actuales permanecerán maquillados como cadáveres o como guapas presencias.

(iii) La vieja casa, como avatar negro, no se despide nunca de nosotros porque se despierta transformada en la cuna de todos los infiernos, marca negra del contraste que nos garantiza que el presente es lo mejor. Traicionamos las viejas confianzas y decimos NO a las invitaciones del retorno porque cualquier tiempo pasado fue lo peor de lo peor. Y así, en el presente, estamos tan a gusto en el idiotismo.

(iv) El pasado de la vieja casa y sus habitantes no se despide nunca porque puede llegar a ser la huella fantasma de un miembro que perdimos y que, como las estrellas de mar, logramos regenerar. Qué sea un miembro fantasma cuando otro ha ocupado su sitio con plena funcionalidad es asunto que la materia zanja sin contemplaciones: un cuerpo no puede ocupar el espacio de otro cuerpo. Es nada.


No creer en las despedidas, supone asumir que nada muere porque es imposible abandonar la vieja casa y los antiguos amores y vecindades; y, a la par, todo está muerto desde siempre porque existe la posibilidad de la mudanza en el horizonte de todos los compromisos, sombra opaca de la traición y decepción .

domingo, 1 de julio de 2012

Fragmentos de la historia




que no veus l'estaca
on estem tots lligats?

Però, Siset, fa molt temps ja,

les mans se'm van escorxant,
i quan la força se me'n va
ella és més ampla i més gran.



Nunca me he sentido dentro de la Historia del mundo, en el trance del gran salto adelante. Sin embargo, como tantos otros, creo que he estado en algunos momentos de Gesto: una manifestación o concentración de repulsa,manos unidas en torno al grito que parece derrumbar el mundo, el despertar de las voces travestidas de trompetas de Jericó. Soy un hombre sin fe en la Historia y, en aquellos lugares del Gesto, incluso acampado sin defensas en la emoción que rozaba la lágrima, solo he logrado ver historias:la posibilidad de una amistad o un enamoramiento, esa conversación en un soportal con la que Lluis Llach iniciaba su canción:

L'avi Siset em parlava
de bon matí al portal
mentre el sol esperàvem
i els carros vèiem passa
r.

Y ahí me quedo.

Sí, veo la estaca que nos ata y empala, y percibo su putrefacción. Sin embargo, siento en el estómago y en el centro de mi cabeza que esa putrefacción es el signo de su vitalidad, pues entre gusanos y bacterias nace la realidad y follan los bichos y los hechos y las estructuras y la estaca consigo misma. No sirve de nada que sueñe con una estaca de cristal.


La putrefacción es el motor de la historia.


Por eso Maquiavelo decía que no se gobierna el principado con padrenuestros.



*****

(....) Casi siempre lo poco es nada. Hay ocasiones, sin embargo,en las que un gesto parece que dignificará las pequeñas cosas, convirtiéndolas en eso que Walter Benjamin llamó el jetztzeit, la explosión del tiempo en un ahora de plenitud y significado. Quienes habitan en esos momentos, públicos casi por definición, podemos decir que han vivido en un gesto del señor de los tiempos que anuncia el cambio.

El gesto carnavalesco de una docena de anarquistas en la Plaza de Toros no mereció ni anotación en la prensa. Incluso dejó un ligero mal sabor en la boca de los propios actores libertarios. Salvo en Jenny,claro. La broma - los doce provocadores se levantaron en medio del discurso del secretario general del partido y, con el brazo izquierdo levantado al modo fascista, interrumpieron al orador - tuvo como consecuencia la expulsión pacífica del recinto. Los anarquistas, al final, se quedaron solos por las calles, retornando al centro con entusiasmo decreciente, lejos de las diez mil personas que se arracimaban en torno a Carrillo y la bandera roja y el socialismo en libertad. Jenny y sus camaradas se quedaron en el margen de la Historia, como es vocación tradicional de muchos anarquistas, extáticos ellos, guerreros del escepticismo algunos, negadores de las mayúsculas. Por aclamación popular, SE creía que la Historia acampaba aquel día de mayo de 1977 en la Plaza de Toros de Burgos, en el mitin del PCE ante diez mil personas.Y podrían haber dicho los camaradas comunistas más leídos lo que el joven Hegel sentenció en Jena en 1806: "He visto al emperador(Napoleón) –este “alma-del-mundo”- recorriendo a caballo la ciudad para revisar sus tropas. Es una maravillosa experiencia contemplar a semejante individuo, a quien, concentrado aquí en un punto geográfico concreto, a lomos de su cabalgadura, extiende su brazo sobre el orbe y lo domina”. Jorge, mi marido,era hegeliano, como demostró de manera sobrada al entrar en razón pocos años después. En 1981 rompió con su lolita anarquista, Jenny. Pero aquel día estaba en el grupo de los expulsados. Él creía que la Historia estaba fuera del recinto, en el exilio del espacio de la bandera roja responsable.

En 1979 y en 1984, en el exterior de la plaza de toros de la Historia, se escribía un relato precario, la hoja amarilla que se encuentra en los libros, un homenaje beodo al eslabón oxidado, ese nexo que se perdió en el ruido y la furia de la violencia civil, la dictadura y la amnistía, en el olvido del sueño de la fuerza que puede tumbar al sistema carca. No habrá una nueva guerra civil, dijo Carrillo. Socialismo en libertad. Nunca logré convencer a Jenny de lo razonable de mis argumentos (...)

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i quan la força se me'n va

NO FUTURE NO FUTURE
NO FUTURE FOR YOU
NO FUTURE NO FUTURE
NO FUTURE FOR YOU
NO FUTURE NO FUTURE FOR YOU