lunes, 26 de noviembre de 2012

Mesura


 «L'hypocrisie est un hommage que le vice rend à la vertu.
Rochefoucauld



 Hay peligro en todo homenaje y por mucho que el poeta dijera que  en el peligro habita lo que salva - no creo, alma, no creo -, habrá que tener al vigía alerta, certificando las invitaciones con criterios blindados, un poco carca, me dices, sí, pero es menester que aquellos que se rinden a la virtud sean en verdad vicios y, siéndolo, dejen sus armas en la puerta, los dientes arrancados y envueltos en un pañuelo, embolsados en la gabán sus sexos, vientres y vejigas, todo el exceso de sus sombras congelado en una mueca o pose ridícula exigida como vestimenta de gala para provocar al menos un simulacro de sonrisa, ligero movimiento de labios que devuelve la medida de las cosas, luz de la virtud esa sonrisa, luz de la muerta que tan bien luce en su ataúd de cuero negro, donación de la lujuria. 

 Es extraño todo homenaje pues resucita viejos y defenestrados modos. No se sabe muy el porqué de la ceremonia. El homenaje del vicio a la virtud quizás desvele a la mesura su muerte ya avanzada, carroña visitada en el espejo de la ebriedad,  como un cuadro de Bacon, retenida la desmesura un segundo en el borde de la carcajada - porque estar en ese limes será toda la pleitesía de la que dispone el que gana, el vicio que reparte las invitaciones para contemplar el descenso de la homenajeada por el espejo.

O pudiera ser de veras el homenaje y el vicio sostuviera la tesis de la virtud como reina del cotarro.

O, bien pensantes, digamos que puesto que al circo y a la hipocresía nos lanzamos - para no decir o decir lo contrario - sea ese ejercicio de mentira todo lo que el ebrio vicio puede ofrecer para salvar su alma en el templo clásico donde habita la vieja medida dos mil años después de su caída en desgracia.

 No se sabe.

Hay muertos que ganan batallas después de muertos y hoy, mi alma, añoro a la vieja dama mesurada

No acepto esa carcajada taxidérmica que el vicio me muestra como si fuese genuina sonrisa. Me huele el vicio a la grasa y el sudor que sus maquillajes desgobernados no eliminan.


viernes, 23 de noviembre de 2012

NUEVAS NOTICIAS DE LA ISLA DE L (Quiet civil war)



Marat Samsonov


 "Parecía, si no el Edén, al menos una historia lenta"
(M.Houellebecq: Plataforma)

 Quitar y poner 

---- hombres obsesionados con quitar (de en medio) lo que toca ----
---- hombres obsesionados por mantener lo que toca ----

   Resistencia in media res
 altercados 
 en los suburbios se lucha por los últimos vestigios de lo que fue el caso. 

Debilidad como de cámara lenta en los combates. 
No press!! 
No pressure!!



Proverbial duración de los adictos al opio.
La lentitud del sueño, la falta de novedades en las aguas profundas.



violencia de emociones en la espada-sombra del hombre tranquilo.
extraño guerrero que ni quita ni pone

abanderado de la historia lenta


 Contra épica cotidiana


viernes, 9 de noviembre de 2012

Entusiasmo




De todas maneras en esta época uno se vuelve a ver poco, incluso cuando la relación arranca con entusiasmo. A veces hay conversaciones anhelantes sobre aspectos generales de la vida; a veces también hay abrazo carnal. Desde luego, uno intercambia números de teléfono, pero en general se acuerda poco del otro. E incluso cuando uno se acuerda y los dos se vuelven a ver, la desilusión y el desencanto sustituyen rápidamente el entusiasmo inicial. (Michel Houellebecq: Ampliación del campo de batalla)

  No sé si sentenciar es lo que toca, ni si es apropiado - para lo que quede de honradez en mi alma -  santificar las propias ocurrencias con la generalización "en esta época", vieja excusa del más vulgar "en mis tiempos". Resulta quizás poco honrado y, sobre todo, tedioso judicializar mis disfunciones convirtiéndolas en cifras de los tiempos que corren. No es cuestión de verdades ni falsedades ni de juicios históricos sobre lo ruin o hermoso de lo que es el caso en las cercanías del ahora. En el campo de batalla ampliado de tedio depresivo se hunde la honradez que asoma el cuello, como aquel perro de Goya, tras el reflejo de la enfermedad ansiosa. Y se hunde por el propio afán der sentenciar, sombra no sé si inevitable del mismo acto de decir y de la escritura.

 No sé si estamos en alguna época o más bien en ninguna. No sé si puede decirse honradamente que  el entusiasmo se despierta desencanto y desilusión porque es  tan triste en su forma lo dicho como trivial en el fondo lo que se dice. Quizás el decir y la escritura no deben enredarse con las trivialidades tristes ni las tristezas triviales.

 Una verdad puede resultar idiotizante para el que la lee como exitosa para el que la escribe. Por mucho que nos encante y nos lubrique.

N.B.

   P. me dijo que , a nuestra edad, tocaba ya preparar una alta-madurez de extravagancia, abandonando el antifaz de buena chica por la vía de la propagación cotidiana de las pequeñas transgresiones. A los pocos días el desgarrón del mal rompió el lienzo de nuestras bromas y propósitos. Nuestro chiste no era nuestro sino del gran hueco de la mierda que nos ataca con su guadaña. Ese hueco de las relaciones rotas e incumplidas se ríe de nosotros cuando nos oye expresar la retahíla de expresiones prudenciales que acompañan la tarea regeneradora:  "tendrá que ser así", "poco a poco", "es lo que toca"...



martes, 6 de noviembre de 2012

“It’s obvious that she doesn’t know how to represent herself to the photographer,”

Jordi Ruiz Cirera: Margarita Teichroeb, 26.
(Premio Taylor Wessing 2012)

"Es obvio que ella no sabe cómo se posa para el fotógrafo. 
Creo que la foto da una idea real de lo que es la vida en esta comunidad.
Te muestra lo lejos que están de los demás. "
(Jordi Ruiz Cirera)


 La ruda madera solo deja que se pose en su lomo la mano dispuesta al trabajo. No se ve esa mano como aquellos pájaros blancos que habitan la  espalda del  animal- búfalo sino, más bien, es signo de fuerza sin mediaciones, hierro o bronce  porta-estropajo, porta-martillo, porta-sierra... Herramienta de cinco dedos que se dejan caer, ni abiertos ni cerrados, sobre la mesa. El trabajo se ha suspendido solo en apariencia porque, sentada, ella está haciendo una imagen como poco antes coció el pan o saló la verdura (¿cree la joven en la imagen y su coquetería?¿qué es para ella una imagen?) . No se ha ido lejos el quehacer y reposa,  sapo blanco y nebuloso,  en la luz difuminada del fondo,  atmósfera de vaho  y  agua que friega suelos y cacharros.

 Se siente, en la simplicidad del estilo de vida de la joven menonita, un dominio sobre los objetos muy poco dado a la licuefacción de los tiempos modernos. El dominio de las cosas lleva en su talle el respeto y, por tanto, la permanencia. Fidelidad a las cosas apegadas a la mano por el recuerdo del esfuerzo que supuso desbastar la materia para crear la comodidad en forma de banco, armario o mesa.

 La simplicidad es ruda como la madera. La comodidad se agradece al señor sobre la mesa que nos acoge.

Todo retrato es un rostro - aunque fuera de espaldas - y  aquí el rostro quiebra su óvalo con la mano que cierra la boca, protege del agua que puede llegar a  ahogar, da autoridad al retratado sobre su imagen por la vía del silencio oportuno. Porque no es timidez lo que desvela sino  dominio de las distancias. 

 Nos separa la mano de Margarita Teichroeb en un primer gesto  pero nos une en comunidad ese pequeño objeto de la derecha de la imagen. Quizás sea un mensaje secreto de complicidad. Es el objeto que ha caído en la contemplación, posado (esta vez, sí) como pájaro sobre el lomo de la mesa. A  la izquierda de la joven, en el opuesto sitio al que ocupan las mujeres difusas del fondo, el conjunto adquiere un desequilibrio y una gracia en virtud del pequeño objeto. Gracias a él sentimos que, en el aislamiento rudo de las protagonistas de la fotografía, puede brillar la ternura de las cosas, ese encanto cálido que nos promete el pan y la sal  de la hospitalidad cómplice. Sin demasiadas palabras. Es un retrato.