jueves, 31 de octubre de 2013

Insomnio en el mundo tres de Karl Popper

 Franz Marc


 El insomnio de las palabras que nunca se dijeron  habita en el más discreto de los cajones de la teoría.

Y no se dijeron muchas palabras: aquellas que no eran de recibo ni procedían, las palabras impropias y esas otras que nos hubieran avergonzado para siempre de haber sido pronunciadas. No se dijeron las palabras feas, ni el innumerable ejército de las que convertían un verso que debía ser endecasílabo en un mísero ente de doce o diez sílabas

Las palabras que, según informe de todos, iban a herir a alguien,  también se fueron a la sombra.

No se susurraron ni gritaron las palabras lujuriosas porque no era el momento o el contexto o qué sé yo.

No se dijo para ni venga ni sí ni no ni pero ni no obstante ni solo a ratos.

¿Nadie pronunció en aquel momento el sigue ni el ni se te ocurra seguir? No, ni él ni ella ni nadie.

Todas las palabras que no escribo se convierten en tigre en el insomnio.

Las palabras que nunca se dijeron habitan en los cajones de la teoría bajo la forma de insomnio. No sé por qué  están allí,  ni si hay intención segunda en el encuentro. Me miran a los ojos y nada me dicen. Ni siquiera se quejan por no haber sido dichas.  Se han convertido en animales sabios que exudan vapor y la amenaza del ataque.  Son mudas. Peligrosas. Salvíficas.


martes, 22 de octubre de 2013

Tristeza o, quizás, melancolía




melancolía.

(Del lat. melancholĭa, y este del gr. μελαγχολία, bilis negra).

1. f. Tristeza vaga, profunda, sosegada y permanente, nacida de causas físicas o morales, que hace que no encuentre quien la padece gusto ni diversión en nada.

2. f. Med. Monomanía en que dominan las afecciones morales tristes.

3. f. ant. Bilis negra o atrabilis.




Medito como quien sobrevuela el quehacer cotidiano buscando un espacio para aterrizar.

Busco a la princesa del cuento para que me ayude a balizar la pista pero ¡ ay! ¡ nos vemos tan poco!.

Por eso me entrego al maestro. Platón, por supuesto.

*

Medito como sucedáneo, suplente, metadona. Medito en un punto en el que la admiración o el amor o el horror me quedan a la mano

(en un sueño me vi manco)

*
Agota estar siempre en las alturas.  Desde mi aeronave platónica busco en los jardines de un suburbio un lugar adecuado para tomar tierra. Pero necesito el balizamiento. Marcas como tatuaje de luz en el espacio. Eso solo me lo puedes dar tú.

*

Me pregunto, y no es por hacer tiempo, si en el contexto platónico del Mundo de las Ideas cabe hablar de la la existencia de una "idea de Tristeza".  Las Ideas son esos artefactos que habitan el cielo filosófico de la comprensión y que, según el maestro griego, una vez visitadas no solo te ofrecen una clara percepción de las cosas (quizás "clara" no sea realmente término fino para el caso) sino que, a la postre, impiden que se actúe, tanto en los asuntos privados como en los públicos, en conflicto con esas Ideas. Quien conoce la idea de Bien, no puede ya actuar mal (etcétera).

 Es fuerte la tentación.

*

No sé si el maestro admitiría una idea de Tristeza. Lo eterno de la tristeza, ese núcleo común  y universal que une las particularísimas tristezas que todos habitamos. Allí, en su cercanía, comprenderíamos el sentido final de por qué merece la pena vivir en ese estado. Crearíamos la comunidad de los tristes.

No sé, si en su afán  a veces tramposo, Platón tendería a definir la tristeza en términos negativos (la tristeza es la ausencia de...). Quizás desearía  dejar claro que ella allí no está ni se la espera. Sin embargo, la definición de tristeza en el orden de lo negativo me plantea el problema de encontrar el positivo del que la tristeza es ausencia (¿la alegría?¿la plenitud?¿la vitalidad?). Y, sobre todo, creo que definir en negativo una cosa tan importante en la historia de la intimidad como es la tristeza,  es una solemne tontería. Desfigura la peculiaridad de ese estado, de-construye sin verdadera necesidad (no hay urgencias)  una plataforma de emplazamiento del mundo que, además de común, creo que aporta interesantes matices de lo real.

...esas definiciones en ausencia son crueles. Como un entierro sin cuerpo  o su cenotafio. O la casi certeza de que nunca dormiremos juntos en una isla del Índico. .

Apostemos, pues, por la   Tristeza como  idea del cosmos platónico.  Asumamos  la curiosa paradoja de que es en el interior de nuestra intimidad triste donde encontramos aquello que nos une a los humanos en un sitio desde el que atendemos al mundo. Allí violentemos a la tristeza  porque quizás allí habita la primera piedra de la comunidad imposible.  Si, como decía Borges, lo que nos une  no es el amor sino el espanto, giremos la manilla del biplano noventa grados y aterricemos en los campos de Tristeza, esa pista balizada  donde comprendemos como es ella: un  punto singular en el que se cruza lo más íntimo y lo más universal.

Nada mejor que la tristeza para hundir el maldito yo y abrir la pista número 26 para que aterricen los otros.

*

 Ahora bien: la simbolización y el cifrado de la Tristeza, en el esquema del platonismo que aquí sigo, no puede ser ajena a la comprensión experiencial de aquello que se conoce. Comprender la tristeza es vivir en ella y desde ella,  entrar en el proceso de conocimiento y  proyectar el famoso eros, la emotividad del que exige la simpatía, el encuentro vivencial.


   Pero, grita el otro,  ¿todo esto implica que la comprensión de la tristeza nos llevará inexorablemente a la  depresión? Y ese hundimiento ¿no nos volverá del todo impotentes para crear esa sociedad buscada?

No. Es la depresión otra cosa. Es un constructo de las sombras, de la sociedad (mal) ficcionada. Es la depresión un ser sin monstruos en el que ni tú ni nadie puede matarlos por mi.

*

Ojos y almas tristes. Si es verdad la dialéctica, la  ciudad al otro lado del espejo en el que se refleja la tristeza es la alegría del encuentro, la complicidad en la que se asume la infinita soledad del triste como espacio común de la comunidad imposible en la que habitaremos según dicta una vieja promesa.

*

Cierro la meditación. Caigo en la cuenta de que no sé que es la tristeza aunque sé que me habita desde siempre. Tampoco tengo exactamente consecuencias políticas de todo esto (que la política era el objetivo último del viejo filósofo y no vamos a traicionarlo).

Sé que la amo como se ama a una desconocida que está ahí, a mi lado, contándome historias, contándose nuestra historia.

jueves, 17 de octubre de 2013

Day little heroes. Weatherscocks day









Todas las versiones

encuentran sitio en mi mesa


No quiero que lleves de mi

nada que no te marque.


(Jorge Drexler)


  Podría escribir lo que quisieras. Solo señala unas palabras y, como en un juego escolar, yo connotaré el mundo. Lo marcaré con líneas y planos que así, dicen,  hacen los amantes en los cuerpos que aman.  Ya estoy capacitado para proyectar el itinerario de la mano a través de la piel y el aliento. Según la promesa, debe la andadura extenderse todo una existencia ( y más tarde debatiremos qué hacer con la próxima).

Yo puedo hacer eso, solo dame unas palabras. Soy el gallo del buen tiempo.

Con suerte,  la criatura no nos saldrá del todo tarada y, si lo hace, podemos  siempre devorar sus partes más tiernas o lanzarla  a los perros o dejar su huella en el pudridero. Nada de eso es cruel porque no hay crueldad en la atmósfera que crea el aire caliente de tu boca.

Con las palabras que tú me ofrezcas, yo connotaré mundos por ti sin miedo al riesgo. Sugiere palabras porque no es cobardía ni maldad  lo que tanta exaltación de los significados nos provoca en el vientre. Es otra cosa.  Soy mercenario y, con tus palabras, el horizonte se llena de versiones.

.... y en esa selva interpretativa, no te extrañe que sea tan veleta. No lo censures.  Por cierto, es decir veleta e imaginarme gallo metálico, silueta de óxido en el viento, ternura del ave que mira en círculo, atenta literalmente a los alrededores. No sé quién debe decidir si esa versión de mi - qué soberbia usar el "mi" - es lo propio, lo impropio o lo tolerado con risa sardónica. Sobrevolar y falsar las versiones para trazar un mapa de lo bueno y lo malo que todo lo simplifique,  es la tarea menos grata del asunto y yo la rechazo. Quién tendrá la fuerza para negarme que soy  el rey de la cima del tejado. Quién definirá si el amor  que se apuesta para tan largo tiempo no es risa contenida.

  Hay que mirar muchas cosas, dice el gallo-veleta. Redescribir  toca los caminos de cabras en pistas de aterrizaje bien balizadas. Redescribir enamorados locos en princesas. En la aventura de las connotaciones, convertida la experiencia en un oráculo parlanchín hábil en múltiples idiomas, debemos trazar caminos en muchas frondas, convertir el bosque en jardín botánico o santuario de dioses invisibles, en el reino de fantasmas abrumados por sus secretos como tumbas o, quizás, en el escenario de una pasión en la que los héroes de Bowie se relatan una tarde de amor

I, I will be king
And you, you will be queen
Though nothing will drive them away
We can be Heroes, just for one day
We can be us, just for one day

Esos frágiles y blindados emocionales, pequeños héroes de adolescencia, recorren las frías calles para encontrar el sitio perfecto, mutando por su pasión de aventura el callejón sucio en entorno de palacio.
Pueden ellos decir me gustas, te deseo, te quiero,en el orden combinatorio que deseen, mezclando el aliento cálido de sus bocas. Ellos.

  Y transformar el bosque en cama,  mirando el mar, previsiblemente el Índico,  en todas las versiones.


*


Así de veleta. A los quince o a los diecisiete años. Y suma y sigue hasta llegar al anclaje cronológico que quieras.

Solo dame unas palabras



viernes, 11 de octubre de 2013

Violeta se fue a los cielos (2011)




Violeta Parra


".. el tema es el amor, 
el amor que no siempre construye
que casi siempre destruye 
y mata
(Violeta se fue a los cielos, Andrés Wood 2011)


Volver a los diecisiete
después de vivir un siglo 

es como descifrar signos 
sin ser sabio competente 


volver a ser de repente 
tan frágil como un segundo 

volver a sentir profundo 
como un niño frente a Dios

(Violeta Parra: Volver a los diecisiete) 




  Empédocles, que ya en vida alcanzó fama de sabio e inmortal, quizás se vio forzado por su propia nombre y las exigencias del público ya constituido. Motivado el sabio por esa violencia del que promete escuchar y que hace temblar el necesario rigor del pensamiento, habló del amor y la discordia como fuerzas cósmicas que tejen, con el cuidado de toda neurastenia que se precie,  las tramas de la historia. Una duplicación a todas luces inútil porque el amor se sobra y se basta para destrozar todos los caminos y dejar claro que es tan precario el toldo que nos cubre como el jugo que queremos sacar a nuestro amante apresándolo en la cama.

Y también Platón  inventa y rescata a la  materia como para simular oposición al eros divino que, el muy puto, quiere solo mostrar la faz del sonriente y musculado héroe de la dialéctica, constructor de palacios y academias, del Estado y la belleza. ¡¡ Oponer el amor a la materia !!  No era necesaria la jugada y esa exuberancia no sienta bien al manjar filosófico,  que  siempre debe ser lo más parecido a una corteza de queso regada por la última gota de un vino que ha emborrachado a otros. Tuvo la materia que cargar con la culpa y enmascarar que  Eros derrumba todas las pequeñas cosas en su ascenso a la luz que promete y que, todos los sabemos, acabará cegándonos.  Exige superar la belleza de las cosas e incluso su ternura en un siempre más allá circense, más difícil todavía. Todo lo explosiona el amor. Deja cascotes el amor. Y el sabio que nos quiere librar de la visión de tanto desgarro en el lienzo, nos trae a la materia como víctima de paja.

Freud cedió en su firmeza austriaca y al eros le añadió la sombra de tánatos. No soportaba que el amor lo fuera también a la patria.

Gusta al amor ocultarse.


 Y tantos otros o casi todos lo mismo

Parece que los pensadores debieron construirse nuevos párpados para cerrar el primitivo ojo, la mirada  abierta al trabajo y la búsqueda de los últimos testigos. El ojo que desentrañaba sin necesidad de la cobertura de un párpado, tan fuerte que no necesitaba  que cada pocos segundos se borra el exceso de luz, ese ojo al parecer era solo del visionario que se queda sin palabras, calla mirando la uralita del mísero refugio y se ubica en el limes del desierto.

Por eso olvidaron que el amor es la gran fuerza destructora

Por eso se inventaron a su sombra.

Para ganarse un aplauso

Para que el dolor del ojo enrojecido por el viento parara de una vez y no nos hiciera, en este renuncio, cobardes.

Antes tontos

Prometiendo un amor que construye un nuevo futuro si y solo si lo preservamos, delicado le decimos ahora,  cosa tonta para hablar con un dios idiota y blando...

Inventamos esa fuerza entrometida de la discordia para ocultar los crímenes

 Y la tememos étcetera.

Oh, filósofos y poetas, qué mentirosos al no reconocer que nos ha vencido el desierto.

El amor ríe en lo alto de los cielos. Destruye y, adorarlo, ahora es maldecir.


martes, 8 de octubre de 2013

el último elvis (Armando Bo, 2012)





    "El hombre, como si dijéramos, ha descubierto un nuevo método para adaptarse a su ambiente. Entre el sistema receptor y el efector, que se encuentran en todas las especies animales, hallamos en él como eslabón inter­medio algo que podemos señalar como sistema "sim­bólico". Esta nueva adquisición transforma la totalidad de la vida humana. Comparado con los demás anima­les el hombre no sólo vive en una realidad más amplia sino, por decirlo así, en una nueva dimensión de la realidad (Ernst Cassirer: Antropología Filosófica)


  Es difícil ser el Rey cuando se vive en la mugre y la casa o la patria o el mundo se desploma. Pero, a la postre, supongo que hay cosas más difíciles. También puedo aceptar que, para muchos de ustedes,  sea una evidencia que  hay que ser un poco caradura - o directamente hijo puta - para malgastar los muy escasos bienes monetarios en  pillar avión, hotel y pack todo incluido para visitar Graceland,  mientras tu  hija y su madre hacen equilibrios para llegar al final de mes siendo, como son, criaturas razonables, austeras y buenas sin ser idiotas.  Ser Elvis en Argentina, como nos propone Armando Bo en su película, no es fácil y, aunque uno espera que existan otras sendas posibles para salir del pantano, sin embargo es modelo lindo y digno a su manera un poco épica. 

 Quizás sea la única salida para los desvalidos.

 Hay personas que solo viven, en el sentido ético de la palabra, si actúan y convierten el show en el eje de sus existencias. Cualquier atisbo de autenticidad  rasgaría las venas porque, no lo duden, hay autenticidades que hieden y solo en la ficción se redimen. Dice Elvis en la película que algunas  personas  nacen con un don y, como el amor de San Agustín, ese don justifica las actuaciones y las llena de peso épico, lírico y ontológico.

 Hay personas que no tienen don. Por eso, si se tiene, es brutalmente indecente no tratar de obedecer a la llamada. Por amor a los no favorecidos.

 El don,  en el caso del que hablamos, es la voz y la palabra de un avatar de Elvis que a punto está de alcanzar los cuarenta y dos años, edad juvenil casi para el que no sabe mirar,  aunque nosotros, más listos,  sabemos ahora que es terminal. Y en la película, antes de que la escena del cumpleaños nos revele el momento, ya sabemos que el protagonista está a punto para la metamorfosis final, el último concierto, el que le llevará a convertirse en un padre y marido un poco más ejemplar a los ojos de todos o , si esa no es la senda, la mutación nos llevará al destino... el absurdo 

 El don eleva la cultura popular industrial que, de suyo, hace cuerpo y monta la alienación en el mundo de la vida, a un rango que la convierte en artefacto de liberación. El último Elvis real, allá en Las Vegas, sudando barbitúricos y anfetaminas, nos muestra la inminencia cínica del final de la rebeldía. La voz se había convertido en la cáscara de cartón piedra ....

We are the hollow men

We are the stuffed men

Nuestro Elvis argentino es, por contra,  cambio cualitativo y  punto de fuga. El pop  - ¿aquí sí cultura del pueblo, aquí sí de veras popular? - entra como "eslabón simbólico" que todo lo interpreta de un nuevo modo, ofreciendo la dignidad de ser Elvis a un  tal Carlos Gutiérrez, nombre que el protagonista de la película dice bajo y oculta del mismo modo que un transexual  susurraría ante el policía que le pide filiación que es Manolo o Antonio. El don nos ofrece destino aunque exige brutales sacrificios. Pero hay contrapartidas. La hija de nuestro Elvis asume el don de su papá. El sandwich de mantequilla de cacahuete con plátano, la santa hostia en el templo Presleyteriano, que ofrece Elvis a  la niña, convierte a esta en la mismísima Lisa Marie Presley.

La niña, sentencia el padre, también  tiene don. Y, por eso, comprende el destino de su padre bajo la forma de conocimiento directo, la intuición intelectual platónica, el temblor ante el Arquetipo.Allí donde las princesas comprenden el tremendo poder de las canciones.





 La película de Armando Bo ofrece una textura, tanto en la imagen como en la narración, de suave granulado, como si pudiéramos colocarnos unas gafas de ternura para contemplar la realidad de los hospitales, las agencias de empleo, las verbenas de barrio y los asilos, las casas que necesitan reforma y las carencias. Más aún, casi sin ser conscientes, el atrezzo de la película  nos deja colgados en 1977. Nada más miren las viejas lavadoras,  el coche, el televisor, la decoración de los espacios. La película puede que esté "datada" en el hoy pero el mundo que abre consigue colarnos el eslabón simbólico del día en que murió Elvis.

Poseídos por el don, sabemos que hay otras opciones pero, entre todas ellas, aparece la de no tener otra opción que cumplir con el propio destino cuando uno ha tenido que entregarse a él para salvar la dignidad.

Por lo demás, supongo que es indiferente vivir en el 2013 o en 1977.

En 1977 yo tenía quince años.

Y en muchos sentidos, allí habito. Simbólica y realmente, allí habito.

 Soy el último algo... que ahora no recuerdo. O tal vez no tenga ningún don y sea solo veleta oscilante.

Y, como el protagonista de El último Elvis, yo quisiera que mi don, si lo tengo, pueda servir para cubrir con una manta suave los hombros de la reina Priscilla y la princesa Lisa Marie.

Tampoco es mal destino poder arropar a la princesa.



(Todas las imágenes de "El último Elvis" de Armando Bo)



jueves, 3 de octubre de 2013

Extrañeza



 Sin duda estética y moralmente equivocados en lo que respecta a mi caso, los amigos de la revista KOKORO han tenido a bien publicar un texto parido por mi torpe cabeza. Titulé la cosa Hacia una meditación de la extrañeza y no me pregunten por la tesis o me pidan un abstract.   Me conformo con  que se perdone el estilo y, si ofenden, también las ideas que pudieran escucharse en el casi imposible caso de que se cayera en la tentación de su lectura.

    El agradecimiento del bien nacido sea, por orden, lo que salga de mi boca en primer lugar, dirigido a  todo el equipo de la revista y, en especial, al siempre bien aparecido Stalker.

  No puedo menos, en segunda encomienda, que  llevar al lector al ÍNDICE de lo que es ya el número cinco de la aventura Kokoro,  para que allí deguste con la vista el hermoso sucederse de los enunciados que se abren, con un ligero golpe de ratón, y explotan en poemas, ficciones y otras maneras. Parece magia aunque me dicen que es tecnología.

 Y, en tercer lugar, permitan una confidencia extraída aún caliente de las vísceras de mi alma. Hoy estaba dispuesto, en contra de lo que suele ser mi costumbre, a odiar a una franja de la humanidad con nombres y apellidos que me salió al  paso con cara de mujercita simpática y que, es ya un clásico, intentaba hacer real  aquello de que las huestes del más aburrido convencionalismo vencen a las fuerzas del mal . El anuncio de la publicación de la revista,  a través del correo de Antonio vs Stalker,  me libera de la enojosa tarea de tener que escupir sobre sus tumbas de narices puntiagudas y mancharme las manos en su mierda. La espiritualidad de Kokoro me ha liberado de la necesidad de caer en el mal gusto. Acepto estar en el lado oscuro pero dios me libere de eso otro.  Hágase en mi según su animal palabra, espíritu Kokoro...



martes, 1 de octubre de 2013

recorriendo el dial con un aguja oxidada

Cindy Sherman

 "  Y la abogacía es una profesión que te enseña que la vida consiste , fundamentalmente, en adaptarse, en ser dúctil, en resignarse, en aceptar hechos que ocurren fuera de nuestro control y que quizás nunca tuvimos la intención de controlar. De modo que cuando sentimos la tentación de rebelarnos.... intento convencerme de nuevo de que lo mejor es buscar alguna válvula de escape y de que esa cólera es puramente subjetiva y no hay manera de obtener ninguna compensación. Por mucho que la ansiemos. Se podría considerar que la vida no es, prácticamente, otra cosa  que el deseo de lograr una compensación. Siendo como soy, hijo y nieto de abogados, lo sé. Y también sé que no debo esperarla" (Richard Ford:Resignación en Pecados sin cuento)

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  Si fuera una ciudad podría llamarme Luisiana o, con un toque más teutón, Ludwigburg. Que los nombres ya estén pillados nada importa porque no quiero hablar de la historia de dos ciudades sino, como viene siendo habitual, de ese ente de ficción tan cercano y extraño al que podemos llamar el Yo Mismo.

 Yo mismo como ciudad.

Después del terremoto de Lisboa.

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Gracias, princesa.


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He soñado que un conocido me explicaba una operación quirúrgica que tendría lugar, Dios mediante,  por el recto. Luego, en el insomnio, he pensado en las formas de entrar dentro del cuerpo sin joderlo, sin rasgar la piel o estropear algún sensor. Y he visto senderos a través de la nariz, la boca, el ano,  la uretra y la vagina. Llegar adentro a través de los límites del globo ocular también es técnicamente posible aunque me produce grima y me recuerda las viejas técnicas de lobotomización. No sé si se puede entrar dentro (mecánicamente) a través del oído o si se habrán ya creado técnicas de nanotecnología que permitan acceder al interior por, digamos, los poros de la piel, los canales de la red nerviosa del tacto.

 Hay tantas formas de entrar dentro que el interior, eso que a veces se llama intimidad y, a veces, tripas y vísceras,  se expone en el afuera, primero como pieza rara de museo y, más tarde, como un habitual.

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Pienso desde hace dos días en la idea  de "compensación". Y creo que, inmaduro moral como soy, siempre me he portado más o menos bien porque esperaba esa compensación que llegaría bajo la forma de libertad, placer, conversación, creatividad, reconocimiento cósmico, segunda residencia o amor de los hijos. La verdad es que esperaba una compensación por cumplir con mi parte del pacto  aunque realmente:

1.- Nunca hubo pacto alguno entre el mundo y yo (o entre Dios y yo).
2.- No tengo ni idea de la compensación que me hubiere tocado en el caso en que el pacto existiera de veras. Tampoco sé lo que, sencillamente, yo esperaba. Por eso, pudiera ser perfectamente posible que ya hubiera recibido el óbolo sin darme cuenta. En ese caso, desde luego, aconsejaría que nadie espere nada de las compensaciones. No compensan.

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 ¿Se puede ser más tonto que el personaje que describo en el anterior apunte? Sí, habida cuenta de que sigo esperando el premio de consolación bajo la forma de encuentro milagroso.

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¿Por qué no duermo más?

 Para venir aquí y ver la pantalla en el silencio de la noche.

Nunca me preguntó Platón si realmente deseaba salir de la caverna.