martes, 31 de diciembre de 2013

TENDENCIAS (2)



Anselm Kiefer


   El eStado y el entramado cApitalista han follado tanto que se han fundido – no hay reproducción pues son más entidades víricas (implantadas en lo existente que desfiguran ) que bacterianas - dando lugar a un “aLgo” en el que nosotros (perdón, yo) ya no podemos (perdón, puedo) ser un cualquiera abierto al libre cuidado de sí y del otro,  sino que nos (me) identifica(n) por un perfil que, eso es lo cojonudo, asumo.

Perdonen el tartamudeo.

Mi perfil es miiii pppp erffiil.

La esperanza en un Estado como fin de la teleología humana se rompe en las diez mil frustraciones que se implican en esta conversión de mi poder en un perfil identitario fluyente,  definido por algoritmos que recogen variables diversas: oficio y beneficio, marcas socio-sanitarias, curiosidades estadísticas...

Lo público y lo privado. ¿Ha lugar la distinción salvo que se reinventen los sentidos y se perviertan los perfiles en virtud de acciones caóticas y, como siempre, valientes?.

Hay una exhibición simultánea y diferida (mediada, no meditada) del eStado y de mi alma en el modo omnipresente de lo pornográfico. Lo más público, lo más íntimo. Conocemos las tripas negras del eStado, de las eMpresas, de los mEdios de comunicación y eNtretenimiento, tanto como todos ellos tabulan nuestros gustos, manías y  signos de la intimidad. Convertidos en tubos dilatados, son /somos la exhibición pública de nuestras amígdalas e intestinos, en las que se implantan, al menos mitológicamente (en el peor sentido de esa palabra), terminaciones nerviosas, artefactos clítoriales del placer. Eso sin que pase realmente nada.

Solo la opción libertaria, como siempre en el margen del sistema y empobrecida, parece tener un poco de luz en su mirada. Y sueña la vOz que en la comunidad libertaria puede salvarse la intimidad y, a la vez, establecer un marco decente para el cuidado. La comunidad libertaria, ¿ rescatará los elementos míticos y mágicos que aún quedan en la sopa espesa del Ruido? ¿Quién se atreve a tragarse los grumos informes?. Confusa, no sabe esa comunidad inexistente si es antimoderna o antitecnológica --- o lo contrario. Pero hay algo positivo en esa mirada.

- Sin embargo, me dice la vOz, esa comunidad exige un mesías...
- Sí, ¿la decencia, la sinceridad?
- Comprueba si sabemos usar esas palabras.
- No.... no sé
 - Por eso, temblarás ante la idea de que la única opción sea la fuerza.


¿Deberíamos liberarnos de todas las adiciones de la red del entretenimiento, la diosa que ha conquistado la cultura?

¿Deberíamos crear microespacios de rehabilitación que, como se sabe, funcionan en un nivel de simplicidad voluntaria?



Mi visión no dice si alcanzaremos esa posición estratégica. Mi formación filosófica también define mi perfil y  me lleva a sospechar de la vOz.

Mi visión anota un leviatán sano;  si les sirve de algo.


lunes, 30 de diciembre de 2013

TENDENCIAS (1)


    El Ruido bloquea cualquier tentativa de Percepción y Sinceridad. Todas las palabras que salen de mi boca saben a falso, aunque no sepa yo ya discriminar tal cosa y actúe por mero impulso o vago recuerdo,  porque han sido maceradas en la bilis negra precocinada que me suministra, en dosis precisas, los entramados del Ruido. Ellos me enseñaron la gramática con el objetivo de ser un funcionario (aunque sea en la sombra) y ahora mismo posiblemente esté a su servicio. En otra época yo hablaba de  las pequeñas percepciones con las que aliviamos nuestra sed de sinceridad, compromiso y eso que antaño se llamó la comprensión de lo real y el entramado del sentido. Sin embargo esas pequeñas percepciones son los peones de ese Algo Peor que nos anuncia la pErcepción . Si observamos anatómicamente su figura,  las  formas de esas pequeñas percepciones que consideramos nuestras gotitas de saber y hasta experiencia,  contrastamos que han sido sodomizada por el Ruido, dejándonos sin puerta atrás para ulteriores fugas. 

 Así las cosas, la crisis de las artes y los saberes seguirá siendo tema y campo abonado para inventar nuevos movimientos postreros. A veces el odio sustituye, sin más, a las pequeñas percepciones que llevan masturbándome mil años. Quizás sea lo que nace caminos de hiel.


La ironía y el sarcasmo provocan una extenuación cultural sin precedentes aunque consiguen hacernos sentir más sabios. Nos consuelan en el vacío de los Templos y la soledad de las Comunidades.


.... y así lo decimos....

martes, 24 de diciembre de 2013

Cuento de Navidad (y 3)

Ni  el ganar ni el perder cierran la partida. Nunca se gana ni se pierde del todo en el camino.  Esas eran las cartas que tratamos de jugar. Malas cartas que  sacrificarían en su altar las mejores voluntades, el nunca más que entonó sincero ante su amante al salir de casa.  Pero el jugador no puede vencer la excitación que le supone imaginar cuáles serán las bazas de los otros, la ilusión de contemplar, en el centro de su mente, las constelaciones de cartas distribuidas en la mesa y arropadas por la apuesta de su sangre. Falla la cartografía y gana la banca del demonio, se sabe, sin perder nunca la esperanza. Derrotado por  la falta de liquidez -  él no ha elegido salir de la timba sino que ha sido expulsado-   encara la fría calle  y entona una hallelujah rabínico, a cold and broken Hallelujah .

Una mujer, cubierta con un velo su cabeza, enciende una vela en el altar cuando el jugador derrotado entra por la puerta sin un jodido euro en la cartera.

Y el hogar  entona un frío y roto aleluya.

Aleluya al fin y al cabo.

Y eso, amigos, que haya un hogar al final de las caídas, eso es la navidad.

lunes, 23 de diciembre de 2013

Cuento Navideño (2)

 Un par de manos más y se va a casa. Pero no de cualquier modo. En su hogar él  es el  Ludópata y, como todo adicto descrito con palabras esdrújulas de más de tres sílabas, es mirado con una  mezcla de desprecio y conmiseración. Por eso sale de casa fingiendo citas de trabajo, engaña a su padrino de A A, y acaba en alguna timba.  Las cartas esconden siempre un as de triunfo y el aroma de la Jugada Perfecta. Hoy su sombra le decía que la suerte  le estaba engañando con otros,  pierdes más de lo que gana en un mes, so capullo;   o, tal vez  en  un año, susurró él entre dientes .  Pero el jugador sabe que la Jugada Perfecta se oculta siempre detrás de la mala racha y su sombra no sabe de esas reglas. Hoy podrá llegar a casa con el triunfo entre las piernas y en la cartera. Un par de manos más y hará el amor a su amiga como hace tiempo que no lo haces, cariño. Un par de manos más y la Jugada Perfecta abrirá el cuerno de la abundancia en el rostro ansioso de sus hijos que verán llegar al desastre de su padre con diez mil cajas de regalos fantásticos. Y de sus rostros saldrá ese amor que, a veces, tan dulce sabe.

domingo, 22 de diciembre de 2013

Cuento navideño (1)

 Finalmente aceptará que esas eran sus cartas. No sabe cuánto poder detentan porque, con la sorpresa,  ha  olvidado de que hay otros jugadores en su misma Partida. Una voz grita, unas mesas más allá,  hagan juego.  Intuye que las malas cartas encierran su propio as si  otros las tienen peores.  O si , en el farol, disimulan y disparan  miedo al contrincante, cuerpo interpuesto  que protege el corazón oscuro de la Partida.

viernes, 13 de diciembre de 2013

Mundo hostil. La centralita





 En el muy lejano 1987 trabajé durante un tiempo como telefonista para una organización  ---- que, por lo que sé, sigue existiendo. 

Mi tarea consistía en  recibir llamadas del exterior y del interior del organismo social antes citado -----  y que calificaría, no sin miedo, como estructura muy jerarquizada 

  Las voces solicitantes de mis servicios exigían que metiera sus palabras dentro o las sacara fuera del sistema. Dado que yo  debía permanecer simbólicamente en la membrana de la cosa, en la frontera donde el aduanero supervisa y hace realidad la comunicación, en mi quehacer cotidiano mi mente funcionaba como un algoritmo perfectamente engrasado. Si la llamada llegaba del exterior yo decía: "G.M. (nombre de la organización) buenos días". Y si, por contra, era alguien del interior el que me interpelaba,  susurraba virilmente: "Centralita buenos días".

 Las voces que me hablaban  desde el exterior pedían cosas muy simples. Básicamente que las pasara con el departamento Z o Y;  o, en segunda opción, con alguna persona con nombre y apellidos de una  lista finita que yo podía consultar. 

Algunos llamaban sin saber muy bien con quién querían contactar y solo tenían claro, en el mejor de los casos, qué deseaban decir al oído del que fuera competente en el asunto que les inquietaban.

Una vez llamó alguien que amenazaba con hacernos saltar por los aires. 

  La mayor contingencia  se desvelaba si la extensión interior solicitada no estaba operativa.  En ese caso, el peticionario  permanecía en espera. Yo no era responsable del contratiempo y la mayor parte de la gente se mostraba amable aunque la posición de espera con el teléfono en la oreja era, en aquellos años, gesto idiota. Hoy las cosas se ha normalizado también en lo que toca a ese aspecto.  

Otra variable relevante en el trabajo, y no había muchas más,  era la posición jerárquica que el comunicante, ya emisor, ya receptor, poseía. No era igual estar abajo en la pirámide que ocupar una posición privilegiada. En este último caso,  debía yo presentar  la llamada que entraba en tan digno espacio con mi propia voz, sin distinguirme o señalarme, de manera sencilla y cortés pero humana. Debía violentar la eficaz mecánica con un simulacro de trato diferencial y representando ser siervo o ayuda de cámara  que anuncia una buena nueva: señor, le paso la llamada de....  En los casos en los que el emisor y el receptor no tenían un estatus de dignidad, me limitaba a lanzar la llamada, sin más,con un par de golpes en el teclado.

 En aquellos años, encerrado en la torre en la que estaba el centro de comunicaciones, me sentía a salvo de los rigores del invierno del alma. No era exactamente feliz pero sí sentía la seguridad que nos ofrecen las actividades en las que las variables ocultas o sorpresivas parecen volatilizarse en la actuación ritual, en la reiteración de lo mismo.  Además, cuando la actividad se relajaba al final de la jornada laboral,  yo podía aprovecha para leer alguna cosa o, incluso, escribir. Recuerdo que en aquellos días medité en extraño estado de ánimo sobre La condición postmoderna de Lyotard. Me enfrenté a la idea del fin de los grandes relatos mirando el teclado de mi centralita, ubicados, ella y yo,  en la frontera entre dos universos muy poco amables: el interior y el exterior del sistema.  En el límite sentí, hermanado con la máquina, casi un híbrido,  la amabilidad de las cosas cuando todo tiene lugar al otro lado.

 Mi centralita era un artefacto rectangular con teclas numéricas cuadradas y grandes. Todo el aparato me parecía consistente, con su carcasa de duro metal pintado en un decoroso marrón mierda y sus estructuras de plástico reforzado. En la parte superior había una pantalla en la que, creo recordar, podían verse hasta dos líneas de signos numéricos. Esta pantalla me informaba de quién me estaba llamando desde el interior o exponía en color rojo el número que yo marcaba. En un lado de la máquina, cada extensión o departamento era  representado por una lucecita que solo tenía dos posiciones, encendida o apagada. Ese punto rojo  me decía si estaba disponible o no el habitáculo que buscaban las voces.

 Mi centralita era una tecnología muy a la escala humana.

 De igual modo  que, en ocasiones, fantaseo con  la posibilidad perdida de haber sido un joven seductor y haber ligado con docenas de mujeres y, en un mismo movimiento, haberme enamorado de un buen puñado de ellas,  o con todos los viajes que no he podido hacer,  mi mente desbarra y se representa un mundo paralelo en el que el oficio de telefonista fuera aún el mío en este momento. Dejando en su contingencia otras farándulas que he intentado conseguir y, a veces he conseguido, como familia, propiedad y salario, las cosas podrían ser  mucho más amables si me  hubiera asentado en aquel trabajo en el que, a cien metros por encima del mundo, ponía en comunicación a las personas. Supongo que hubiera sido feliz como suele suceder siempre que reescribirmos el pasado y nos vemos, tan reales, siendo jóvenes que seducen a decenas de mujeres, se enamoran de un puñado de ellas y, cuando las cosas se tuercen, se van a trabajar a una centralita telefónica  en la que, con amable sonrisa, ponemos en contacto a unos seres humanos con otros.  Esta tontería me parece deliciosa.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                    

miércoles, 11 de diciembre de 2013

Mandela vs Madiva



El presidente Obama, junto al primer ministro británico, David Cameron, se han una foto con la jefa del Gobierno danés, Helle Thorning, en presencia de Michelle Obama.
 ROBERTO SCHMIDT (AFP), en EL País



la extrañeza de la muerte en  un  formato extraño 
extraño funeral africano televisado
(y ya se sabe que televisar es como añadir 
mayonesa sin excepción a todos los platos).



Quizás se ponga de moda en el mundo

Todos lo decimos en la previa de la muerte:

                                         en mi funeral no quiero sino fiesta.

Luego no se sabe si en verdad algo pensamos
o pensamos que mejor callamos
o callamos sin más y dejamos
hacer sin pensar que pensamos



Huxley en el mundo feliz  hablaba del festejo en la muerte y, más acá, en  la misma agonía




No sé si en el funeral africano

encontramos sospechas de hipocresía internacional 

 y  bla bla cínico

y no seré yo el que con el dedo occidental juzgue 

a Charlize Theron
a Bono
a Castro
a Rajoy
( cómo aplicará su teoría de la Gente Normal en un  funeral tan cantado y bailado)
a Sarko
a Mandatario Anónimo


La alegría  y el baile aún sorprenden
en funeral pero poco


Thorning, Cameron y Obama se hacen una foto con el dispositivo móvil.

Es el mismo gesto de posado universal
gesto- festival
el gesto- fiesta retratada
gesto-gesto
que luego será mostrado
dando fe de lo que es inminente


 Ahora no me pidan opinión sobre el difunto. Queden las fotos
y mi simpatía


martes, 10 de diciembre de 2013



  La cajita blogger me ha dicho que hay un error en mi escritura antes de que comenzara a escribir. El mensaje apareció arriba y se reflejó inconsciente en el espacio en blanco, mostrando que, en la escritura tecnológicamente mediada,  no hay  espacio realmente vacío.  Luego el mensaje desapareció. No sé si esta ausencia del aviso se justifica  porque el fallo ha sido eliminado o porque aquello fue un error de diagnóstico. O quizás la cajita blogger solo advierte una vez y no da segundas oportunidades. Más tarde, cuando publiques el resultado de tu meditación, se mostrarán las consecuencias de tu mala praxis bajo la forma de letras de tamaños dispares o subrayados no buscados o frases recortadas. Lo peor es si tu fallo no encuentra expresión una vez publicada la entrada. En el código html o en un nivel más profundo seguirá existiendo el error. Quizás tus palabras se amputen en un futuro no muy lejano y, en el fondo de las pupilas del sistema blogger, qué sé yo en qué extraña criatura se convertirán.

miércoles, 4 de diciembre de 2013

Aventuras de albedo en la Snowball Earth




Al invierno, para que pase


Hace muchos millones de años en el ecuador terrestre se besaron dos inmensas capas de hielo. Consumaban así un matrimonio hacía ya tiempo ajustado en cifra y hora. Dicen algunos que con la conquista por parte de la masa glaciar del paralelo 29, más o menos a la altura de Nueva Orleans,  la suerte estaba echada. Habitaba allí un punto crítico.  La Tierra se convirtió en una bola de nieve y  algunos de los sabios de entonces creyeron que las condiciones para la vida estaban ya, definitivamente, perdidas. Ahora sabemos que la cosa no fue así y que los volcanes y el dióxido de carbono ajustaron feroces cuentas con la glaciación. Como en tantas otras ocasiones, los puntos de no retorno se mostraron como engañifa. Pero en aquella época, con las grandes masas de hielo uniéndose en el centro del continente africano, nadie daba un duro por la vida futura. Nadie quiso poner la mano en el fuego por mi ni por todos mis compañeros. Pretender salvar a la princesa futura era deseo imposible.

 La Tierra helada consiguió alcanzar el récord de albedo. Nunca como entonces las radiaciones solares fueron reflejadas con tanta furia. Visto desde el exterior el planeta debía de brillar como una bola de navidad que todo lo vomitaba. No hay en las crónicas ninguna otra época que, como aquella, rechazara  con tanta energía el sensual placer del calor solar en la piel. Para las cohortes siderales,  la Tierra era ejemplo paradigmático del amante desdeñoso.

 Cuando se abrieron los primeros canales y el océano asomó su cara de pequeño delincuente, en la frontera entre el hielo y el agua se dieron la mano los extremos.  Los que aquello quisieron ver, que no eran muchos, asistieron maravillados al combate entre el espacio con más albedo, el hielo polar y su ochenta y seis por ciento, y la masa marina, con su escaso diez sobre cien. El agua se emborrachaba de sol y erosionaba la Alaska ecuatorial.

 Dicen que en el fondo del mar estaban nuestros abuelos bacterianos y que de aquellos solares polvos feroces del océano en las costas del glaciar infinito,  acabamos saliendo nosotros. La prueba es que seguimos chupando sol en el límite del miedo al gran hielo.  Seguimos temiendo la glaciación que el invierno anuncia y las celebraciones parece que, en el mejor de los casos, conjugan con papel de colorines.