domingo, 26 de enero de 2014

un disparo de nievi

Diario (26.01.2014)




Vasili Grigórievich Záitsev "Nievi"


Viaje de invierno a una vieja canción 
cualquiera

 no hay disparo de nieve

nunca lo hubo, dicen

dejó la canción una marca en la piel con la palabra que nunca existió

y era nievi francotirador en Stanligrado o fusil soviético

y no era nieve lo que quebraba al fantasma

quizás ya no es sensato que ojalá pase algo

quizás ya no hay borrado cegador

ojalá será palabra proscrita

será el destello de un disparo en la lejanía que anuncia el crac de mi cerebro

target será el amor inexistente

el destello luminoso es solo una bala encendida

menos de un dólar




Words are trivial
 
Pleasures remain 

So does the pain
 
Words are meaningless 

And forgettable

(Enjoy the silence, Depeche mode)

viernes, 24 de enero de 2014

no soy digno de que entres en mi casa





 Las palabras han recorrido campos enteros en los que han visto acumularse las amapolas y los surcos de la labranza borrados por la lluvia y los pasos perdidos de dos amantes que siguieron la senda noreste creyendo que pronto se despertaría el camino, otro distinto a este que, por lo que pudieron comprobar, no llevaba a ninguna de esas partes en las que (suponían) podían estar al margen de las miradas indiscretas.

Un artista conceptual, muy crítico con las palabras que han recorrido campos enteros (etcétera),  pisó mil veces mil la línea imaginaria que definía un meridiano, con tan poca fortuna que confundió norte con oeste y se encontró marcando un punto que se quiso paralelo al ecuador más africano. Ese día murió el Land Art.

Una joven se sentó en el borde del camino y, mientras miraba sin demasiada atención al artista, se imaginó adicta a todas las adicciones que definían su vida de chica situada al borde del camino. 

Junto a la joven, como sombra luminosa, el ángel de la guarda imagina todos los hábitos perniciosos que también almacena en los pliegues de su toga, dígase su deseo de tener cuerpo para tocarse los pezones y, sobre todo, dejarse acariciar la mano que, como dicen, los ángeles la tienen muy pero que muy suave.

Y, sobre ellos, Dios Padre, los arcángeles y los coros celestiales, apoyan sus dedos fraudulentos en el clítoris del universo tratando de animar la creación que, ellos lo saben mejor que los teólogos, no ha terminado y, cabe esperar, seguirá aún muchos años luz en activo la obra, porque estamos aún en el segundo primero de la semana bíblica, con todo por hacer. Que la revelación haya sido mal interpretada no es asunto que haya preocupado nunca al señor de los cielos

Y el conjunto vibra haciendo que yo,  que escribo  esto cuando había prometido no volver a escribir una sola línea más, disfrute de  una enorme paz de espíritu y,  después de tantos años, intuya que las palabras solo las puede sentir mías por una suerte de ficción que cegaba el inmenso amor que sentía por las cosas.


jueves, 9 de enero de 2014

psicopatología de la vida cotidiana


Balthus

 Me susurra la gata desde su tejado palabras de bruja que llegan y no llegan hasta la celda en la que habita el fantasma de lo que ha llegado a ser mi alma.  La gata se lame las manos indiferente al empeño de mis invitados, que afirman con rotundidad que no tienen manos los gatos. Se arregla coqueta la piel  que hace poco yo acariciaba y prepara el discurso que lanzará a su terapeuta:
" Sé que no entenderá lo que quiero decir porque no he dicho nada y porque, como en alguna otra ocasión,  no sé qué quiero decir. Son sensaciones de falta de interés por lo que me rodea, por esa bondad de los " buenos" que me asquea, quizás porque me hagan sentir peor gata. Por las expectativas que se ponen en una cuando  no se  tiene ganas de cumplir con nada"

 Es ella, mi gata, la que va al terapeuta. Lo echamos a suertes y le tocó el bono que ganamos en un sorteo. Pero estoy tan hermanado con ella que repito su mensaje por si hay dudas o certezas: 

la mayor parte del tiempo, yo tampoco sé qué quiero decir, expresando en mi silencio o en mi discurso, una atmósfera emocional de falta de interés por lo que me  rodea, eso de ahí fuera que, parece, tiene expectativas de que yo haga algo  bueno,  cuando no se puede, o no se quiere, o algo que no es ni querer ni poder, hacer nada. Y, sí, desinterés y un poco de repugnancia por la bondad de los buenos en tanto se hace visible y me escupe en la impotencia.

 El terapeuta escuchará a mi gata cuando ella le hable.  Pero se quedará callado porque él tampoco sabe qué quiere decir,  desinteresado como está por esa gata que habla en discursos largos, ajeno a su afán de comunicación que dice no comunicar nada, salvo un asco hacia todo aquel que muestra expectativas cuando no tiene voluntad para  cumplir con nada

lunes, 6 de enero de 2014

Carta a los Reyes Magos (Verum ipsum factum)





Queridos Reyes Magos:

  después de acercarme, no sin cierto temor, a mis zapatos ilusionados, he comprobado que sus Majestades se han preocupado por mis problemas con la muda. En eso han demostrado que de veras son sabios porque, en mi microcosmos, disponer siempre de calzoncillos y calcetines es conditio  sine qua non  de un mundo en orden, un mundo en el que cabe esperar que la maravilla tenga lugar  y  la magia está ahí, a la mano, si somos capaces de sobreponernos a la infinita variedad de estupideces que nos acechan.

 En su enorme y oriental sabiduría, creo que sus Majestades  han intentado hacer comprender, a este ente tan plagado de taras emocionales, que la magia es asunto que me compete a mi y que no están ellos para traernos las ilusiones ya hechas. Hay que hacer un esfuerzo para ver, detrás de los ditirambos que acompañan al malentendido, aquello que aún podemos hacer para salvar eso que podemos llamar lo nuestro, esa red de cosas bellas y buenos ratos  que nos podemos ofrecer los unos a los otros.  La magia es, quizás, solo eso:  el reflejo de lo más íntimo en lo exterior, los rostros del otro en los que nos hemos encontrado como en casa. Y para esa magia se necesita de la salud que aportan esos calzoncillos y calcetines que han dejado ojipláticos a los zapatos, atontados ellos en el ruido de las celebraciones. Bien está el golpe de realidad porque, por muy mocasines o botas o zapatillas o escarpines o zuecos que sean, los cubre- pies que deben guiar nuestros pasos en el año nuevo no pueden ser gilipollas.

 Así que, Majestades, me alegro de que me hayan ofrecido este año una apostasía del idiotismo y una recomendación de racionalidad. Porque, sí, se impone la inteligencia de las cosas imprescindibles, la muda necesaria que nos abre al nuevo día. Y ganado eso, el acceso a las cosas relevantes, el amor, la amistad, la justicia, el saber, el sentido, la belleza, los brillos de las cosas pequeñas en los ojos o en las copas escanciadas de vino, la divinidad debilitada, el cuidado..., todo esto y más,  está permitido

 Con la muda a cubierto en mi armario y cubierto con la enorme seguridad de poder tener una muda, me abro al año y emplazo a quien corresponda a seguir en los juegos y las seriedades. Y a ustedes, Majestades, que el Oriente les siga iluminando en ese Palacio de Ilusiones que, como ya les dije en mi anterior carta, prometo visitar.

L

domingo, 5 de enero de 2014

Carta a los Reyes Magos





     Queridos Reyes Magos de Oriente:

este año no sé si he sido bueno. Ni siquiera puedo certificar, con un mínimo de dignidad, si realmente lo he intentado. De pequeño creía que vosotros teníais acceso a esas extrañas verdades del bien y del mal y que, por ello, de nada servía decir que he sido bueno o malo o regular porque, cuando abríais mi carta, yo ya estaba catalogado en El Gigantesco Libro de los Niños Buenos, Malos y Regulares que, imaginaba, presidía la mesa de vuestro despacho. Sin embargo, en aquellos lejanos días, sí solía escribir con mi mala letra de estropajo que había sido bueno y había obedecido a mis padres porque estaba convencido de que era verdad. Sinceramente me sentía sincero. Ahora que soy un poco más mayor, no me atrevo a decir casi nada y así me va el pelo. A veces creo que he sido bueno pero, en el año que acabó hace unos pocos días, también he traicionado, decepcionado o dañado a más de uno. No he podido evitar la crueldad y me han faltado fuerzas para emprender acciones dignas de ser rememoradas. Por esa razón, y sin estar tampoco en una atormentada sospecha, que ni ahí llego, creo que no sería mal regalo acceder al Informe Personal de Conducta e Intimidad que elaboran sus Majestades y describe mis quehaceres y los subraya con lápices de distintos colores. Si mañana por la mañana, cuando mire entre los zapatos, encuentro el grueso volumen de mi Evaluación Anual, podré decir que es un puntazo de regalo, no me digan que no Majestades. Tendría un plano general de mi quehacer y el resultado final de las sumas y restas.

Sucede, y perdonen mi torpe soberbia, que las cosas están quizás mal planteadas en esto de las cartas a los Reyes. ¿No sería mejor que fueran otras personas las que hablaran de uno y dijeran, por ejemplo,

Queridos Reyes Magos: voy a enumerar las cosas buenas que Tal ha hecho este año y de las que doy fe , haciéndole merecedor de regalos ?.

Este ejercicio resulta más fácil porque yo, desde luego, sí que visto a gente cercana a mi hacer cosas buenas. No es que hayan sido perfectos en todo momento porque también les he podido ver en actitudes poco dignas, digamos que con los pantalones bajados y sodomizando a un cervatillo con su egolatría. Pero, ya digo, creo que hay muchos Tales y Cuales que han hecho cosas bonitas que merecen ser recordadas. La carta sobre ellos podría continuar así:

Si sus majestades quieren, me gustaría que trajeran a Tal el convencimiento de que tiene un buen puñado de virtudes y no muchos más defectos que la inmensa mayoría. Además, me gustaría que Tal me siguiera apreciando aunque sé que no es tarea fácil porque yo me encuentro a varias galaxias de algún punto de serenidad. Seguro que este año llenaré su cabeza con mis bilis, quejíos y decepciones. Por eso, creo oportuno que le dejéis una cajita llena de santa paciencia y otra de buen talante para que, si tiene que mandarme a freír espárragos, lo haga con suavidad.

Vale, sé que esto del final es un poco egoísta por mi parte, pero estas cartas van de sinceridad y ese rollo, y si yo me muestro egocéntrico en mi petición para Tal, al menos le estoy dando la oportunidad de ser bueno (conmigo) y, por la misma, ser digno merecedor de un notable en conducta.

Por otra parte, podría decir que si lo que me ha traído Papá Noel es significativo de mi moral en el año pasado, he debido de ser un bicho malísimo porque, sin duda, sus regalos en Navidad no han sido precisamente de contornos suaves y golosos. El Hombre de Rojo y sus Renos me han dejado cosas llenas de aristas, botes de ansiedad y ausencias, juegos de destrucciones, muñecos de ojos negros y cosas así. Una pasada, Majestades, que me gustaría verle a él en mi situación. Pero, bueno, asumo los regalos si Santa los ha considerado oportunos. He creído adecuado decíroslo , no por afán chismoso sino para que lo tengáis en cuenta, no vaya a ser que reciba una doble penalización o algo así.

Por todo lo dicho que me ponga ahora a pedir cosas creo que no ha lugar. Insisto en que sí querría que otros recibieran un poco de luz para que con ella me iluminen. Estoy un poco cansado de la conciencia autónoma y, en lo que a mi respecta, quisiera ser tutorado por algunas de las personas que he visto por ahí1. De igual forma, sigo anotando que poder acceder a su Informe de Evaluación sería una pasada. No es que ya esté harto de autoevaluarme en plan liberal ilustrado, es que, sencillamente, no tengo ni fuerza ni criterios para hacerlo. Y estoy agotado del sarcasmo y la ironía. Recordad que, de pequeño, nunca me trajisteis el Scalextric.

Les deseo que tengan un buen regreso a sus palacios. Quizás algún día vaya a visitarles porque he anotado  algunos destinos pendientes en Oriente. Sería un honor y un placer inmensos poder ser recibido en sus salones, solo o en compañía de otros.

L

Nota 1:

 Sobre la bondad contemplada en los Tales y Cuales:

Poema traído a mientes por El Viaje de Inuk:
Los Justos


Un hombre que cultiva un jardín, como quería Voltaire.
El que agradece que en la tierra haya música
El que descubre con placer una etimología.
Dos empleados que en un café del Sur juegan un silencioso ajedrez.
El ceramista que premedita un color y una forma.
Un tipógrafo que compone bien esta página, que tal vez no le agrada
Una mujer y un hombre que leen los tercetos finales de cierto canto.
El que acaricia a un animal dormido.
El que justifica o quiere justificar un mal que le han hecho.
El que agradece que en la tierra haya Stevenson.
El que prefiere que los otros tengan razón.
Esas personas, que se ignoran, están salvando el mundo.

Jose Luis Borges