domingo, 31 de agosto de 2014

MAPA DE SONIDOS DE TOKIO Y OTROS ALGORITMOS EN UN TREINTA DE AGOSTO





" No hay algoritmo para salir de la tristeza, me temo. Hay salidas variables, como las causas que la provocan. Uno las huele por instinto, supongo. A mí me sale, como a vos, meterme en los bares y mirar a la gente. Me siento acompañada en mis taras y protegida". (M.M.)

Me fundo en la niebla negra del miedo (Bicéfala)



Era sábado ayer y hace cinco años. Final tibio de agosto treinta; agonía de estío para los de mi oficio.


¿Las cinco de la tarde? En efecto, has acertado. El caso es que Yo2009 habitaba la patria del bajón en el alma y las ganas locas de quitármelo. Un clásico de ayer y de hoy que no puede llamarse coincidencia sino Destino. Y como decía la bendita Lorelei Lee:

“ cuando en la vida de una chica hay mucho destino, la chica puede estar segura de que el Destino seguirá ocurriendo” (Anita Loos: Los caballeros las prefieren rubias)

A las cinco de la tarde yo allí, 2009, acababa de adquirir una entrada para ver en el cine la película Mapa de los sonidos de Tokio. Me gustan los mapas, los sonidos y las imágenes . Tokio y Coixet. Si alguien me viera por dentro (dios o alguien así) podría testificar que yo estaba con el alma en los pies, sí, pero que esa localización anatómica de mis deseos y anhelos la traía ya de la Casa del Padre y de mis propias inutilidades emocionales, esas taras que no por heredadas dejan de ser responsabilidad de uno y a nadie más conciernen. Quede Isabel Coixet  exonerada a las cinco en punto de la tarde. En dos mil nueve y, puestos, en dos mil catorce.

La película comenzaba a las 17:30. Como estar a la puerta de un cine semivacío o comprar palomitas tengo por cierto que no ayudan a mi salud emocional ni reducen la tristeza del mundo, me fui a dar una vuelta. Me gusta andar. También me gusta el cine, los mapas, Tokio y, últimamente, fumar cigarrillos. Vale: fumar cigarrillos me gusta solo un poco y, además, con mala conciencia. Podría hacer un listado de las cosas que me gustan con mala conciencia y estaríamos un buen rato pero creo que nos saldríamos del tema y de la historia. Solo serviría para sonrojarnos. Debo decir, para que el lector tenga más referencias, que también hay cosas que no me gustan y de las que podría hacer otra lista. Por ejemplo, no me gusta fumar en la calle si estoy solo y estaba solo en 2009, algún año antes de la prohibición de fumar en los bares. Por eso, después de caminar unos diez o quince minutos entré en una cafetería en la que nunca había estado y pedí un café con hielo.

La camarera no me sonrió. Me preguntó seria y servicial si quería limón y yo, en una típica espiral de paranoia por sordera, imaginé que ella no me había oído. Soy consciente de que a veces solo me escuchan mis labios. Repetí la instrucción más alto y vocalizando. En menos de un minuto, tenía mi café y mi vaso con mi hielo. Eficacia. A mi derecha, de pie como yo, había un hombre más o menos de mi edad pero con el pelo peinado al modo 
tupé en crecimiento, a lo Elvis pero arrastrada la cima hacia el cogote, y con unas horribles gafas de sol que le tapaban la cara. Peinado bizarro el suyo que sonreía con mechas de color. Me miraba y leía en Interviú a las modelos desnudas. Por un momento creí que era una macarra que quería ligar conmigo. Reconozco que soy puro prejuicio.

Ensimismado en mis propias miserias no fui consciente de la entrada de nuevos clientes. No había pegado ni tres caladas a mi pitillo cuando, a mi izquierda, oí una voz que me pedía fuego. Al levantar la vista vi a un chino con un cigarrillo en la mano. El joven chino tenía también un cierto aire canallesco. Después – o a la vez – de que le dejaba mi mechero, el joven solicitó a la camarera una “
copa magno”. Ella le sirvió el coñac y él sorbió veloz casi la mitad de la copa, comenzando así,  en una acelerada carrera contra el tiempo o la muerte,  a echar monedas en la tragaperras. Los sonidos de las tragaperras llenaron el bar y se enlazaron amorosamente con el lienzo "Mechas del macarra con tupé” que colgaba a mi derecha.

Lo maravilloso tuvo lugar en ese momento. El chico chino del coñac había dejado su casco- motorista sobre la barra. Misteriosamente comenzó a brillar con la luz de la tarde y, al girar mi cabeza hacia las copas y las botellas de los estantes, comprobé que también  allí se había iniciado el parto de los reflejos, signo inequívoco de que yo estaba entrando en el estadio estético y que el bajón melancólico se iba a tomar viento en un 
plis-plas.  La felicidad sería breve pero intensa. La camarera me sonrío muy ampliamente, como si compartiéramos un secreto o yo hubiese sido muy amable con ella en otra vida. La copa de Magno, el chino que me pide fuego y el sonido de la tragaperras me parecieron un escena antropológica encantadora, subrayada por la bonita cara de mi camarera. Sin embargo, ni aquel día ni hoy , soy capaz de entender la racionalidad del proceso de liberación. Llevo años en la búsqueda del algoritmo que nos hace salir de la tristeza.

Vi la película a las 17:30. El bajón reapareció a los quince minutos (durante la proyección) y no porque la película fuera triste. Ver la tristeza no siempre me pone triste. No; sencillamente las imágenes y la bella actriz no me elevaron el ánimo. ¿Es esto signo cifrado de la decadencia nipona y de la conversión de China en el gigante geopolítico mundial? No lo creo. En todo caso dice poco de mí que tenga más capacidad para emocionarme un repartidor de rollitos chino y un macarra que una bella limpiadora de pescado asesina a sueldo estéticamente sublimada en Tokio

Por la noche, en la verbena de San Mamés,  con el viento norte golpeándome la cara, interpreté comunitariamente la conocida canción mejicana 
Sigo siendo el rey. De eso hace cinco años. Cualquiera que me conozca sabe que las verbenas populares no son mi hábitat y que jamás bailo ni canto públicamente. No creo, salvo en sueños, en la comunidad. Sin embargo grité las célebres estrofas de la tonada y a punto estuve de implicarme en el corro que se formó. Una solución desesperada, sí, como un chute de adrenalina en el corazón del infartado. Este método no precisa de algoritmo. Es un simple salto adelante. Solución desesperada y muy eficaz, como la de los protagonistas de la película fornicando en un vagón de metro parisino en pleno centro de Tokio.


A veces para ubicar sonidos y dibujar mapas son necesarias medidas extremas.

Al final de la jornada, tumbado en la cama, me sentí bien por haber salido del agujero durante un tiempo. Meses después, me apunté a un coro.

(PD: Querida Isabel: me ayudó más en la terapia un chino macarrilla que se toma una copa de Magnum que los sonidos de Tokio. No me ayudaste pero, no sé por qué, te sigo queriendo. Y prometo volver a ver la película así que pase un tiempo. Cuando ya esté tranquilo y aún no muerto).

Burgos, 30 de agosto de 2009- 30 de agosto de 2014)

domingo, 24 de agosto de 2014

cromos

    Débil o fuerte – repetía Milady – ese hombre tiene un destello
    de piedad en su alma; de ese destello haré yo un incendio que lo devorará 
    (A Dumas: Los tres mosqueteros).


(...)
-  ¿Cambiamos cromos?
-  Te enseño los míos.
-   Ese no lo tengo. Lo quiero. 
-  ¿Y qué me das tú a cambio?


- Hum…Si… Ah… Recogería de tu labio esa última gota de agua dulce y, con sumo cuidado para que no perdiera perfume, la dejaría caer sobre las páginas de un viejo atlas. Dibujaría la gota al estallar sobre la página impresa una flor azul, marcando con límites livianos una novísima región que se convertiría en reino nominado por nosotros y solo a nosotros accesible. Ampliada la zona en escala y extendida sobre la mesa toda la cartografía disponible, yo te seguiría día y noche hasta que alguna lágrima forzara tus ojos, da igual por herida,  por odio o por risa. Y en un tubo de cristal purísimo preservaría esa lágrima y, desde gran altura, la dejaría caer arbitrariamente en ese nuevo reino extendido sobre la mesa. Quedaría elegida así una ciudad, la ciudad que el destino ha fundado para encontrarnos. Y desde las murallas de esa nuestra ciudad te pediría, como quien pide un baile, el viaje a los límites de la flor azul, el paseo por otras sendas que marcan los límites de nuestro reino. Entonces sabrás que, en todo este tiempo, solo eso he deseado. Diseñaríamos con tus ojos el brillo de las plazas y los estanques. Y pisando con tus pies esas callejuelas y avenidas, oliendo el perfume de los árboles cuyo nombre ignoro, quizás una tarde me atreviera a besarte y tú, caprichosa, me dirías que por la noche podría arroparte o frotar tus pies con colonia o bajar a la tienda a comprar chocolates recién llegados a la ciudad. 

                              Y bien, eso es lo que yo puedo ofrecerte a cambio de ese cromo. 

- Sí, pero yo no quiero ese viaje. Deseo otro cromo. ¡Sólo me falta uno para acabar la colección!
- ¿Cromos? Hum… si, claro, estos son los que tengo: el rinoceronte y el mono, el zorro blanco del ártico y la tortuga de las Galápagos, la familia de esquimales y la niña bantú.
- ¡Pero estás bobo! ¡Esos cromos no son de mi colección! ¡No me sirven de nada tus cromos!. 

(18 de agosto de 2009 - 24 de agosto de 2014)

sábado, 23 de agosto de 2014

romo, romántico, romance, poste, postal, postulados


CUATRO. CARTAS POSTALES 
14 de agosto de 2009
(fragmentan y desgastan sin inventario en un 23 de agosto de 2014)


“El tiempo y el espacio, el tiempo y el espacio... Puedes salir (del Gulag) tal y como entraste o , si no lo soportas, perder la razón en el caso de que no aprendas a moverte mentalmente por el espacio llevando tus imágenes mentales al borde de la realidad.  Pero si lo haces sin ritmo también te desquicias. El ritmo sirve de ayuda y guía” (Nina Gagen- Torn)





Al cambio



Mamá dice que ya no debemos jugar juntos.

Mamá dice que mañana tengo que quemar en el jardín todas las postales  y que ya basta de tonterías.

Mamá dice que para una niña como tú no soy yo un buen compañero de juegos.

Mamá dice que tengo que volver a las píldoras bicolores.

Mamá dice que estoy pálido

Mamá dice muchas cosas y me levanta dolor de cabeza. Para no llorar acepto las píldoras bicolores.



Las píldoras bicolores dicen que no existen el amor ni el odio ni la tristeza.

La píldoras de colores dicen que se puede teclear más despacio y que puedo coleccionar muchas cosas. Por ejemplo formularios de la seguridad social o cupones descuento.

Las píldoras bicolores dicen que son mis amigas aunque nunca juegan, ni se desnudan, ni encuentran cosas locas en los cajones. Ni coleccionan sellos tan antiguos que en  su lienzo se ha borrado el dibujo.

Las píldoras bicolores dicen “sueño” y cae la noche como una lápida cálida.

Las píldoras bicolores y mi madre dicen que debo dejar de llamarme  Novalis.
No soy Novalis.


****


Al romanticismo

las almas débiles y melancólicas necesitan sentirse atadas por las cosas para vencer la paranoia

son una tabla de windsurf para sortear  olas que llegan a la costa este de nuestra alma mísera y cobarde 

necesitamos las malditas postales, los signos que sabemos estereotipados, las garras de las cosas mil veces dichas... su ritmo cálido de beso y caldo



 niños imitando caritas de chino en una cuadro de Rockwell. 

 almas débiles se hunden en la melancolía y en la mayor de las torpezas si no consiguen extraviarse al menos cinco veces al día en las copias de las copias

almas débiles amantes de las postales miran el mundo y en el espejismo ven  un corso más bien bajito cabalgando en un jamelgo

giran la rueda y tensan los nervios para que, tras el estiramiento corporal, enderezaremos la mirada para ver lo sublime: el Espíritu Universal a Caballo ("Weltgeist zu Pferde”)

lo agradecemos en la mirada turbia que  acude a sus recitativos

amables hostias





aún no estoy del todo curado 

por las noches imagino a Novalis y Sophie jugando al sol del mediodía, dos adolescentes en una playa mediterránea. La imagen es rara: mientras Novalis mete mano a Sophie está mirando a otras chicas. Parece que no encuentra entre los nudos del bikini al Eterno Femenino.


viernes, 8 de agosto de 2014

DOS SUEÑOS Y CIERTAS CARAS BONITAS, LÚBRICAS PALABRAS COMPARTIDAS Y LA MIRADA SOBRE UN LIENZO SUAVE DE TRISTEZA


¿Para qué escribimos? ¿Para qué entra uno en un blog para escribir "entradas"?Yo siento que para encontrar hermanos a la distancia y sentirse menos solo, para expandir en altura y profundidad su mundo y para reconocerse en el otro, haciéndolo parte de su constelación (Mariel Manrique a L, agosto de 2009)


I

 Tras noche inquieta, asolada la conciencia de malestares diversos, el que ya casi no escribe se despertó muy pronto aunque aguantó en la cama hasta que tuvo suerte y, no sin esfuerzo, volvió a caer de nuevo en el suave sueño. Anotó al despertar, justo antes del olvido:

He soñado con una antigua alumna que me ha dado un afectuoso abrazo y me ha sonreído con amabilidad ni escrita ni fingida, haciéndome  partícipe de una conversación llena de amistad y buen ánimo. Me ha dicho que va a rodar próximamente una película. He conseguido levantarme feliz al 55 % por la buena noticia. Que conste - ¡honor y gloria a los sueños, las palabras compartidas y las caras bonitas ! - en Quintanilla de las Carretas, a 1 de agosto de 2009”.

Pasado un lustro y algunos días de aquel memorable hecho, él ha vuelto a soñar hoy y en su paisaje onírico aparecía un pequeño molino de agua. Decía el sueño que era necesario llegar a un cierto sitio (otro molino) para agradecer los favores que ha sentido en una semana marcada por la dialéctica del tan cerca y tan lejos. Él agradece que su paisaje se haya expandido en altura y profundidad en estas jornadas de vida,  como ya pronosticó Mariel, aunque refiriéndose a la escritura



II

(Summer, 2009). Estoy en mi ciudad natal. Una ciudad soberbia que solo se llama Ciudad. Mi ciudad es famosa por su pasado fascista y ultracatólico, por sus morcillas neandertales  y por el Cid Campeador. Siempre me han gustado de mi ciudad los largos paseos y los cambios bruscos en lo meteorológico. Supongo que la combinación de ambos rasgos nos hace a todos un poco raros. El sábado 1 de agosto, feliz al 45 %, estuve de compras por el Mercado Norte y puede contemplar lo que los locutores de televisión anunciaban: cambio en las temperaturas y lluvia. El gris fue invadiendo una mañana más o menos despejada. Era un gris duro y gótico, espeso, como de fin germánico del mundo. Me metí en el coche. En Radio Clásica sonaba una cantata de Bach. No había interferencias. Frente a mí, forzado a la quietud mi ojo por un semáforo, un árbol recio era agitado por la lluvia y el viento. El árbol luchaba pero se sabía a merced de sus enemigos. Bach subrayaba el combate y la derrota, la gloria de mi mirada que podía contarlo y cierto heroísmo sin norte del árbol. Me sentí bien. Feliz, en un instante, al 85%. Faltaba alguien a quien contar el éxtasis sin que se riera de mis tonterías. Se lo intenté comentar a mi ángel de la guardia, pero no estaba. Ahora, cuatro días después, os lo cuento a vosotros.

A mayor gloria de la mirada

(Summer, 2014) Asomado a un puente sobre el río,  recibo una lección gratuita de contemplación del lecho. El que ya no escribe, al despertar, encuentra tatuadas en su pecho unas palabras. Cosas que no debes olvidar: Baldosas hidráulicas en un suelo; mil conversaciones y solo una risa estridente; el olor de la práctica del sexo; dos almas; los pequeños recuerdos escolares; la Luna creciendo en un atardecer que mostraba aviones iluminados por el sol; el saludo ritual al espejo de un baño; M. y Ch. aceptando la invitación en un bar... Todo escrito con una bonita letra y ocupando casi todo el espacio que va del cuello al vientre.

III

(Summer, 2009) Regalo un paseo a mi tristeza. No en vano cumple años como yo. Es el día dos de agosto. Salimos del coche cansados. Ella me pide retornar a la caverna así que procuro que el cuerpo, con su fuerza animal, la arrastre si es preciso por el bello parque. Veo agua pulverizada iluminada por el Sol. “Tonto, me dice ella, no vas a conseguir convencerme con tan poca cosa. ¡He visto ya tantas fuentes!”. Hojeo un libro sobre Norman Rockwel en la librería y decido regalármelo. Mi tristeza lo mira y sonríe. “Menos mal que no has comprado nada de los expresionista alemanes”. Vemos a los niños y a los policías de Rockwel, las portadas navideñas. Todo nos gusta.  Nos dirigimos a nuestra cafetería habitual. Me gusta el jazz que suena suave. A ella también le sienta bien esa música cuando está tranquila. La máquina de café nos desea un buen día ( have a good day). Leo el artículo en Público de Luna Miguel. Sonrío. Ella, la tristeza, me arropa con su suave lienzo y me acaricia el pelo. Nunca llegaremos a nada pero es bonito sentirse querido por alguien que siempre va a tu lado. Pero procuren no imaginársela cuando se pliega sobre sí misma y se enfada.  Su sola imagen hace daño. Dedico el texto a mayor gloria de la tristeza cuando es un lienzo suave que me cubre el alma.

(Summer, 2014). En mi tumba podría figurar el siguiente lema: Hizo demasiado caso a su tristeza. Sé dónde habita el exorcismo para vencer provisionalmente a la dama del lienzo suave cuando se enrosca sobre sí y se torna terrible. Siempre existieron llaves. Hace un lustro y ahora mismo. Ella, portadora de llaves,  ha dicho que es error sacrificar los placeres en el altar de la pérdida del tiempo y otras pequeñas responsabilidades como limpiar el polvo de la casa o los cristales. Y se prepara para dar cuenta de todos ellos. Lee un libro de recetas  de "haute cuisine" pero no se olvida de la olla express. Y se ríe de mí porque hablo con esmero no simulado de la limpieza de un gran calamar de colores psicodélicos. Ni una ocasión perdida para hacer temblar el cuerpo, apunta de nuevo. 

Mañana será el día que sigue al viernes. Si no fuera tan viejo y la tristeza no me mirara, dedicaría las próximas jornadas a los huevos con torreznos y al onanismo. 
Provisionalmente.
Mientras doy las gracias y me preparo para cruzar un desierto como Ángel Valente.

                                                                                           Burgos, Agosto 2009- Agosto 2014

miércoles, 6 de agosto de 2014

contribución a la crítica de la economía emocional y altamente responsable

                       quede o no configurada esta entrada en los marcos de la inteligibilidad común - manténgase la duda porque hay veces que estoy tan fuera del cosmos que o soy yo o son ellos los coleópteros - comprenderás, lector, que si el alma encuentra en sus ojos la tristeza provocada por cualquier causa, la emprende uno a trompazos con el mundo sin pararse a mayores análisis, golpeando a diestro y siniestro, proclamando unilateralmente la independencia y degollando a los viejos funcionarios para convertirse en cazador de cabezas, o se invade al más débil o se empotra uno en la demolición vírica del poderoso, se destroza reiteradamente Varsovia  o Gaza o Liberia o Ohio,  proyecta la pelota del odio y la ira la derrota del enemigo mil quinientos a cien, arrasando el cielo o  cualquier espacio que admita ser explosionado, que es lo que se desea y contamos con la vieja creencia de que cualquier espacio, la carne en primer lugar, es víctima propicia de la dinamita

                      quede o no configurada esta entrada en los marcos de la inteligibilidad común, comprenderás, lectora,  que si es uno mismo, ya no un cualquier cosa,  el que se imagina causa de sus ojos tristes,  no se detiene la reacción en lo que pareciera más simple, la implosión de sí de la cabeza a los pies, ofreciéndose como cordero redentor y mostrando al mundo la sinceridad de las tripas que huyen del vientre en la ceremonia hara kiri, quedando la respuesta estratégica en uno mismo,  no, eso no basta, no, no es suficiente, y el alma la emprende a trompazos con el mundo sin pararse a mayores análisis, golpeando a diestro y siniestro, proclamando unilateralmente la independencia y degollando a los viejos funcionarios para convertirse en cazador de cabezas, o se invade al más débil o se empotra uno en la demolición vírica del poderoso, se destroza reiteradamente Varsovia  o Gaza o Liberia o Ohio,  proyecta la pelota del odio y la ira la derrota del enemigo mil quinientos a cien, arrasando el cielo o  cualquier espacio que admita ser explosionado, que es lo que se desea y contamos con la vieja creencia de que cualquier espacio, la carne en primer lugar, es víctima propicia de la dinamita

                     y todo surgió del amor a esos ojos tristes que vimos en los otros rostros y de los que nos hicimos activamente responsables, emocionalmente responsables, responsables de la respuesta



martes, 5 de agosto de 2014

martes de entusiasmo antes de caer de nuevo en veinticinco brotes melancólicos

sin panoplia ni  fuste que connote nuestros actos
sin querer hacer tampoco un aspaviento
sin otro sentido que el paso a paso del camino
sin la paz del mundo de las misses
sin armonía en los hogares desgajados
sin esperar silencios administrativos

sin palabras

la vida se infla como un globo
ríe como un globo
pinta sonrisas en un globo
para mí

sin costuras para aprovechar la transparente blusa
sin sombra de árboles pintando el lecho del río
sin peregrinos cuerpos excitados
sin cámaras que vigilen los portales
sin ocultar a los amantes del fuego
sin más razón que la razón misma desgranándose

sin aliento

la vida estalla en sus límites
quisiera repetirse hasta la una y media (p.m.)
nadaría como un perro en sus segundos
para mi

sin  necesidad de agradecer lo que tanto agradezco
sin altar en lo alto de la colina
sin las llaves de la casa en la cerradura
sin una cama de plumas en el suelo
sin una tarde a mi entregada
sin otra tarde que tampoco será mía

sin mañana

la vida solo mía prisionera en la selva
egoísmo en el que me refugio
enredando la mano azul del bosquimano
para ti




viernes, 1 de agosto de 2014

Alonso de Berruguete

Alonso de Berruguete: Sacrificio de Isaac (1526)

"melancólico saturnino, airado y mal acondicionado, pinta terribilidades y desgarros"





más vigor de nervios que musculatura





(Muchas figuras de Berruguete)

no tienen alma 
son un simple embrollo 
líneas 
                                    garabato, 
revoltijo 



no tienen alma 
 no pueden
                                 convencer
 ni razonar, 
ni hablar



no tienen alma
son un quejido, 
                                   un grito,
un suspiro



no tienen alma 
 nunca sueña, 



no tienen alma
                                    ni meditan


no tienen alma
 solo 
reaccionan 
como
fieras, 
                                            escalan, 
chillan 
gesticulan   en   una   lucha   de   titanes, 

más vigor de nervios que musculatura

así yo mismo depreciado después de leer a Walt Whitman  

( A partir de un texto de Ricardo de Orueta)








Efectivamente
no tengo alma
dijo ella en la confluencia de sus miradas
enamorados en la eternidad del alabastro
despreciándose y calientes


Imagen: Cardenal Tavera (de Alonso de Berruguete) y Catherine Deneuve en Tristana