sábado, 18 de julio de 2015

vida como calle te advienes



  (él) sube y baja la calle sin buscar nada entre las rendijas que, en aquella puerta o esta ventana, entre las baldosas de la acera o en las quiebras del asfalto, anuncian que otra cosa es aún posible pensar y sentir, y que, por ello, lo que ahora angustia su mente es bobada o tontería, falsa imagen de caverna, vestigio de un mundo irreal que le lleva por el camino de la amargura...

...  sí, así es, y con todo, esa sombra que emborrona su mente  es digna de piedad siendo como es  la imagen mentirosa, un error y una cartografía deformada por la borrachera y el miedo del marino. Compasión, pues, para ella y para todos aquellos que cayeron en la tentación y en el mal y en los espejismos,  porque toda esa putrefacción corrobora la  marca de lo importante, el precipitado y  el  nombre de la astucia que fue brújula de Ulises: mis errores son mi alma toda - dice -, figura o fondo de toda la verdad que está dispuesta a mi alcance en este subir y bajar la calle...

... y (él) vencerá la ira en el subir y bajar. Es pronóstico y destino que romperá la tristeza de los ojos y dejará que la proverbial sonrisa que a nadie pertenece, enjabone la bella música que ahora en su alma se inyecta.

viernes, 10 de julio de 2015

craso error del peregrino en su huida

                                                                                       
                                                                             Peter Frederick Rothermel, 1869


La oscura sombra del viejo y desdentado malestar se vino a vivir a un espejo y navega ajeno a ella el barco que la transporta. Nombrado el navío con la bandera negra que ausenta de todas las leyes – así dijo el contrato - , van los peregrinos esperanzados en busca de su Patria sin rostro. Ignoran también el ataúd de Nosferatu que se ha instalado en el vientre del sueño, dispuesto a abrirse todas las noches para advertir que nunca se escapa del viejo dolor que el corazón teje en los márgenes del azogue. No hay quiebra del viajero con su patria, ni anuncio de una vita nuova en plazo razonable. El rasgado de olvido es ingenuo suponer. 

El malestar se oculta en un espejo y solo un no-muerto, del que todos por salud desconfian, advierte en sueños del peligro. Solo él sabe y nadie cree posible que, ya tan lejos,  estén aún en la casilla de salida. Emigran ilusos  y la noche canturrea sin ironía la lección de la historia: la oportunidad del navegante se agarra a los dos lados del Océano y mantiene al barco varado en pesadillas que dicen que no será posible ni volver a puerto ni alcanzar el destino.

viernes, 3 de julio de 2015

Cuentos de verano # soyhannahmontana




qué fácil imaginar en los otros 
la trampa de la marioneta que burla 
la libertad en la sonrisa de un destino 
o capricho burdo                                 

 

 Mi vida es el relato que esperas.
¿Cuánto interés realmente te despierta?

             
  El relato me narra intermedio tragicómico entre la majestuosa presencia en el inicio
de una Luz que me vomitó llena de expectativas (como la hermana de Gregorio Samsa al final de la Metamorfosis)   y aquella sombra del Fin negro azabache, oquedad del ojo perdido por un topo sin ano que deglutir no puede sin estallar. Signo el bicho anómalo de la escatología.

  

Yo soy el relato  y hay quién pide explicaciones, justificación, exposición del porqué de aquellos márgenes que, intempestivamente, parece que se han cambiado a mitad de la partida. 

---- Nótese, sin embargo, que  bien pocos reclaman en verdad el discurso que, en la vertical, explicaría el vuelco en la vida. Cómo gana en el siglo un cierto espíritu de tolerancia que se engorda con la ira estreñida del topo antes citado.  Quizás solo yo mismo, travestido de socrática y majadera plañidera, me pido respuestas. Me guardo, pues, el relato en el intestino


 Nadie pide nada, amigos,  porque la matriz de la orgía del tanto decir fustiga ya con cambios tan notables como el de Hannah Montana en la horizontal del devenir cronológico. Insuperable Hannah


  Por otro lado no interesa, a efectos artísticos, ni el origen ni el destino escatológico. Ahí están, sin más,  para tarea de ontólogos. Yo solo digo: el relato me narra como intermedio tragicómico y etcétera. 

Mi vida en su irrelevancia. Como me dije hace más de treinta años:

Vivo en el mundo,a nadie importe