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miércoles, 11 de septiembre de 2013

nanoaniversarios





 De veras que escribo ahora porque me he dado cuenta de que no me apetece hacer otra cosa. A partir de aquí no esperen sinceridad por mi parte. Me dejo llevar por los dioses del lugar que no hacen ascos a mi desidia ni a mi alma farfullera.

 Escribo como máscara de mis simplonas ganas de poner una foto de la agente Dana Scully.  Escribo porque en este momento podríamos celebrar el nanoaniversario de cualquier chorrada, incluidos los besos torpes de los adolescentes que ayer se sintieron primeros.

Escribo ahora porque disimulo la triste distancia que enturbia las aguas del  pez en el que esta mañana me he convertido, sujeto por la aleta dorsal a la exigencia de permanecer en atmósfera acuosa  aunque tenga las jodidas branquias atacadas de asma, convulsas en rojo, palpitantes como un corazón enamorado cuando le da por palpitar y no quedarse colgado en la sístole.

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 He leído que hace veinte años se estrenó la serie Expediente -X en los Estados Unidos. De ahí el Nanoaniversario Dana Scully. Hace veinte años, en sueños de pater familias,  emigraba a Vancouver con Dana y Fox Mulder. Me gustaba - y lo que fue será y es - esa belleza contenida en los fríos bosques canadienses, la tensión amorosa que mantenía larga la relación  de los dos agentes del FBI, tan a lo suyo, tan raros y tan a punto de ser como los demás. Nanoaniversario del poco a poco ir fructificando una amistad a pesar de las peculiaridades un poco maniáticas de los protagonistas, encorsetadas en sus trajes de seriedad y responsabilidad ética. Ese sexo sin sexo tan en línea transmoderna de los X-File. En fin. Cosas mías que celebro en este nanoaniversario de una secuencia entrecortada de besos surgida en un momento n-1.

 Puestos a nanocelebrar, hace veinticinco años comencé a trabajar en lo que ahora mismo trabajo, efecto esta suerte (!) de mi exposición ante un público que no puedo calificar de idiota, me faltó intimidad,  del tema "el problema de la matematización de lo real". No me digan que  no es extraña la concatenación del asunto abordado en aquella mi más fructífera charla con un trabajo en el que más o menos puedo aguantar la sodomía implícita a todo trabajo. Supongo que fue un acierto y , hace veinticinco años,  por aquellos lares habitaba sin saber que hoy lo iba a nanocelebrar.

 Hace veinticinco años consideraba que la experiencia como fundamento de la escritura era estupidez suprema.  Escuché o leí que un fulano había dicho algo así: "somos escritores. Nos pagan por tener experiencias. Ellas son la base de nuestro trabajo". Me reventaba las tripas de risa. Era la escritura juego formal  y, si me apuran, imaginativo con matices racionales. Supongo que David Hilbert y su formalismo daban  razón a algunas de mis taras y, quizás la mayor, la ausencia de grandes experiencias. Dado que nunca fui guerrero, ni seductor, ni místico anacoreta, ni explorador Scott, ¿a qué pretender asentar la escritura en la experiencia? ¿Debía drogarme y lanzarme a follar como loco para luego contar algo? ¿Debía acudir al Afganistán que luchaba con los soviéticos?. No me sean Hemingway´s.  La escritura básicamente consistía en dejarse atrapar por las resonancias y las velocidades inerciales de las palabras mientras eran sometidas a un proceso más o menos hábil de centrifugado. Eso pensaba y creía que estaba en lo cierto. Ahora no pienso que esté en lo cierto ni que me equivoque. Pero mi estilo de escritura sigue lastrado por ese canon formalista. Por eso la inteligibilidad no es asunto primario. Al fin y al cabo siempre puede aparecer alguien para el que una combinación de signos diga algo.


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... nanocelebro estas cosas y aquellas que celebrar está prohibido por la que dicen prudencia.

... y, no me olvido, quizás celebro y escribo porque no me apetece hacer nada y la cocina ya está recogida.

.... más o menos las cosas son así: espacios en blanco, puntos y comas que templan el acero  de las palabras para convertirlas en barro humano demasiado humano.

Y feliz nanoaniversario, princesa !!!

miércoles, 16 de enero de 2013

Fetiche de mujer pensante (III)



 Qajar(1998) por Shadi Ghadirian

 La mujer de la imagen piensa a través del posado y apoya su presencia en el gesto leve, aparentemente casual, de colocarse la gafas. Ordenado el abigarrado entramado de telas, establecida la línea de los labios  como boquita de pitiminí, el último movimiento de la mano hacia las gafas rompe el estatismo del retrato que se anuncia -joven con vestimenta tradicional - y desvela la suavidad de un caricia erótica, el calor de la mano izquierda sobre el muslo.En ese instante ella medita satisfecha sobre el millar de detalles que ha conseguido organizar,  sabiendo que aún falta el toque final, el gesto que ya tiene decidido o, mejor, está a punto de dibujar. Y solo en ese ahora es ella mi fetiche de mujer que piensa.

Es la belleza leve e inútil, hermana.

Un poco más tarde, con las gafas colocadas y todo en su sitio, la mano diestra se colocaría en su lugar natural. Mi amiga dejará de pensar para que ningún movimiento enturbie el posado y en su hieratismo me demostrará de nuevo, como si necesitara yo más pruebas, que el mundo es sitio amenazado por la tristeza. Será ella  muestra de folclore, jotera de oriente, náusea en el fondo de mi estómago. Y, si me apuran, sospechará el que mira que las gafas ocultan bizqueo,ojos estrábicos de una idiota cualquiera.

lunes, 7 de enero de 2013

Fetiche de mujer pensante (II). Mujer penitente o el sueño de un pensar táctil



Eva Herzigova por Jean-Baptiste Mondino (Fall 2002)                                 Qajar(1998) por Shadi Ghadirian:


Caen las dos imágenes a la mirada, contrapuestas de nuevo por la simplicidad caprichosa del espacio, incapaz él de ser solo arriba o solo abajo o nada más que derecha o únicamente izquierda, imposible mantener una neutralidad de vacío, el paraíso precedente a la diferenciación cardinal. Impelido por  la exigencia de colocar a la dos mujeres sobre el espacio, una va a la derecha y otra a la izquierda, sin que pretenda yo añadir  significado alguno a esta su ubicación y aunque sepa que necesariamente sucederá ese añadido y seré malinterpretado por mi flacidez inicial, por dejar hacer al capricho y no fijarme en lo que  cabe esperar que signifique (para la tribu) el que coloquemos algo a la derecha o a la izquierda. Esa desidia en mi primer movimiento, todo un síntoma,  no sé si se justifica en mi modo amateur del pensar o en la fantasía del jugar con fuego y dejar que el azar vaya mostrando sus cartas para que, al final, nos haga el trabajo de encontrar la escritura.

Dos imágenes y dos mujeres que piensan y que son signos de oriente y de occidente, de carnaval y cuaresma, de drama y comedia,  de la risa y el espanto, de la asepsia y de la orgía de los microorganismos. Las dos imágenes aparecen ya envegadas por determinaciones, significados o aires de familia, que preceden a mi intención y van contra ella,  supurando ya simbologías en mi mirada, como si yo tocara las famosas tierras vírgenes y las viera  casadas y amarradas antes de que yo me centre en el detalle y las nombre.... ¡Ay la maldita  ilusión de ser primero y comunicar el descubrimiento a  nuestros camaradas!



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De izquierda a derecha y de arriba a abajo. La significación de mi imagen  se ve golpeada por la visión de la serie de cuatro. Hay tres imágenes que preceden a la fotografía  en la que yo acampo y, por ellas, y aunque no quiera, contemplo el rostro de Eva, sus ojos cerrados y las manos atadas, determinaciones que antes se me escapaban. En el juego del fetiche de la mujer que piensa, me impongo el deber de ignorar las tres imágenes previas y la familiaridad que las unía. Rompo y convierto mi imagen en  fragmento huérfano, amnésico como la materia y tan receptivo como ella a las formas . Se llame Eva o Juana, está sola, desplazada al escenario de mi mirada, dispuesta a cargarse de significados .... a pesar de ella, a pesar de mi.


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Ahora ella, doblada en cuerpo y alma, subordinándose a la cuerda que la parte e inmoviliza,  me resulta familiar en su historia. Es Eva penitente cristiana, guerrera que abandonó la Cruzada rendida voluntariamente y después del triunfo al cautiverio, sumergidos con ella  en el no querer pensar ya de aquél modo que nos trajo hasta estas posiciones, a la victoria sobre los infieles o la toma descarada de nuestro deseo para mayor gloria del erotismo.  Ahora y aquí, traspasado ya el desierto de la desesperación, sosegada por la aceptación de las ataduras que la niegan en su condición de guerrera o belleza.  Ahora intenso y circunscrito casi ritualmente en el que se apodera de ella un soplo como de sueño y concentración en el que las imágenes y las ideas - las ideas nuevas que se necesitan para salir del atolladero - se van fraguando.

 Ella, Eva,  se sumerge en la supresión ansiolítica de las grandes decepciones. Nada mira ni oye y, por eso, la imagen de Eva estimula nuestro tacto y a él se dirige.  Ella percibe a través de la piel como solo saben hacerlo los depresivos que abandonan la depresión o encuentran un fuego de hogar entre sus fronteras. Solo por el tacto Eva piensa, es decir, medita  atmosféricamente,  sumergida en la estela del sueño que rompe lo que había sido su vida de conquista y guerra, dejando que el viento de la dejadez depresiva haga jirones sus banderas. 

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 Miro y pregunto, Eva, si en tu cuerpo hay respuesta a mis dudas, al fin y a la postre cómo salir de la crisis  que nos embarga, y te veo al punto como personaje de Gustav Klimt, sumida en una agonía tranquila de postres, en el inicio de nada, adoptando la pose de la penitente cuando ya pasó el tiempo de las curaciones. La decepción, después de la intromisión sifilítica de Klimt, es inevitable y, por eso, solo nos cabe, si acaso, regodearnos en el detalle morboso de la cuerda marcándote la piel, dejándote abandonada al deseo grasiento de una viejo carcelero...

¡¡No!!

¡Niego ese viaje!.

 Insistamos, apretemos el vestido, la cuerda y el cierre de los ojos. Hundida, Eva, eres mi fetiche de la mujer que piensa en el pozo del sueño gris, la depresión salvífica en la que se redefinimos al tacto por encima de la vista, convertido el amor en caricia que se extiende como efecto secundario de las pastillas o de la concentración. Dejémonos llevar, Eva, por el dolor de la tela y el placer del cáñamo enredado sobre la piel, y  aunque Klimt nos diga que no hay sino un preservar en el sueño, supongamos con los ojos cerrados que estamos el inicio de algo y que esa caricias que nunca nos ofreceremos, tu rostro cerrado sobre sí y libre de sonrisa, son el nuevo mundo.

Seguirá

sábado, 5 de enero de 2013

El fetiche de mujer pensante (I. Prolegómenos)



Variaciones del orden de la chiroptera en el infrarrojo 

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 Sea que todo pensar se construya en imágenes, analogías o aires de familia que se encadenan con los lazos del amor bizarro de un sábado a la noche o de un romance de estío.

 este postulado  fragua espasmódicas 
imágenes  en el pliegue 
del infrarrojo

 la nocturnidad  del mamífero alado  gana su acceso a la existencia en 
la belleza de la caverna superpoblada

las potencialidades - con o sin teleología -   de lo que sucede  llena el mundo de una bendita indeterminación y morbosa posibilidad de error e idiotismo

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RECETARIO

 El fetichismo sobresignifica  imágenes en un bonito proceso

       Sea primero desmontar, al modo profesional o amateur, las piezas componentes del artefacto-madre, esa casa originaria en la que habitaba el fetiche en estado de potencia  o pulsión. En este proceso de caída de los significados, debe quedar preservada la atmósfera de esa madre como  memoria o criptograma que añade el aire excitante al fetiche.
Así, en ejemplo, amputada la mano y los otros miembros del cuerpo de King Kong, se mantiene fantasmal y presente la huella de lo que fue el cuerpo todo del gran simio, ese cuerpo en el cual la mano era mano y  terrible. La mano amputada ya no es mano  y, convertida en fetiche, se muestra como pieza del Kong Museum . La excitación del objeto que atrae cada año a miles de visitantes, nace de la atmósfera preservada,  la comprensión (morbosa) de que esa mano que hoy es un objeto de museo  fue en su día la mano de un cuerpo, el cuerpo del Gran Kong.

      Sea segundo movimiento envolver la  pieza desgajada con  telas orientales y casi trasparentes, pergaminos, óleos santos , fieltros untados en grasa como los de Joseph Beuys .... todo el catálogo Ikea de las abstracciones. La sobresignificación creadora del fetichismo exige el secuestro de un miembro honesto de una familia (v.g. el cuerpo de Kong en el ejemplo) para reubicarlo artificiosamente en otra familia (v.g. el museo Kong).

Ahora bien: artificio es término confuso pues, por un lado,  el fetichismo precisa de esa oposición de lo natural, lo previo y original,  y lo artificioso, creado y tan hermosamente contingente. Esa es la banalidad y ligereza de todo fetichismo. Sin embargo, el fetiche nos lleva a cuestionar que habite en algún punto  "lo natural" o primigenio. No se trata de que desde la negación de una familia originaria o biológica  impongamos la nueva familia política (como las damas anglosajonas que adquieren el apellido del esposo). No hay familia biológica, nos asegura el fetichismo. Toda reinterpretación es solo otra interpretación.


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Eva Herzigova por Jean-Baptiste Mondino (Fall 2002)                                 Qajar(1998) por Shadi Ghadirian:



 Miro las dos imágenes y me dejo arrebatar sin demasiado esfuerzo por la morbosa tinta del fetichismo. Me pregunto si la atracción se cumple porque yo veo en ambas imágenes la actitud de la mujer que piensa y mientras piensa.  

   Ahora bien: ¿realmente son signos de reflexión los que habitan y me atraen en la curvatura del cuerpo y las cuerdas que atan a la mujer de la izquierda o en ese gesto de colocarse las gafas, última tela en la sucesiva superposición de ropajes,  de la joven de la derecha? ¿En qué piensan y por qué su pensar  me resulta atrayente? ¿ Cuál es el aire de familia reservado, ese hogar que precedió al fetiche? ¿Qué eran estas dos mujeres y todos los atrezzos antes de convertirse en objetos de contemplación fetichista?

Seguirá.....

sábado, 29 de diciembre de 2012

La filosofía y yo. Vindicación de la historia de la filosofía


Imagen del blog "antes de las cenizas"

 " La historia es un relato moral"

 " (Los historiadores) son filósofos que enseñan mediante ejemplos"
 
Comentarios sobre Pensar el siglo XX de Tony Judt( Babelia)

   Retardado y, no obstante, sujeto como los cometas a su órbita. Habitando en el vago horizonte de una indignación cansada  y en la más tibia (en el mejor sentido de la palabra) invitación de Serenus-Wandeland25 para que acometa la escritura de vindicación de la historia de la filosofía como asignatura del bachillerato. Apostando por ella ahora, en la actualidad candente que en  virtud de la ley Wert  siente la  amenaza de convertirla  en escalón cojo del currículo. Sintiendo una agresión en la que el interés privadísimo por mantener unas condiciones intelectuales dignas en mi trabajo no puede impedir la elevación de la mirada hacia el interés más general, todo lo común que se pueda. En esta plataforma que tan largamente dilato, escribo sobre la historia de la filosofía como horma de educación básica.

 La historia, dicen las citas que encabezan esto,  es un relato de formación moral a través del ejemplo. Quizás por eso me gusta la historia en general y, en extensión, la ficción toda que toca lo concreto del caso, el caminar de un cualquiera - sea Stalin o su porquero - que ilumina nuestro hacer. Sin embargo, hay en la historia de la filosofía algo como de rareza o, si apuramos, contradicción. Pues la historia de la filosofía pudiera ser entendida como una negación de los casos en el magma de los conceptos y sus organización. El estudio de los sistemas filosóficos - así se construye hoy la asignatura en el bachillerato - tapona  la historia a mayor gloria de la estructura conceptual y los sistemas de los maestros del canon. De hecho, la enseñanza de una historia general de las ideas queda marginada por ese afán de llenar el currículo de nombres propios. Si toda idea, por contextualizada que sea su presentación e inmersa en personajes sustentadores, muestra una abstracción que parece negar el carácter ejemplar de la historia, ¿no deberíamos considerar que la historia de la filosofía no es ese relato moral mediante ejemplos que define a la historia según Judt (y los clásicos)?.

 Pudiera ser y cabe la objeción. Sin embargo, esta historia de los sistemas filosóficos sí es ejemplar y concreta en otro sentido. La secuencia conceptual de ideas de un filósofo cualquiera - pues, finalmente, todo filósofo es un cualquiera al pretender elevar la mirada por encima de su ombligo,convirtiéndose en un alma que reflexiona con los otros; esa secuencia de ideas, el sistema, es ejemplo de un vocabulario puesto al servicio de la coherencia y, si me apuran, de la honestidad. Pues uno supone - y benditas sean la excepciones si las hubiere - que en los maestros que enseñamos en  las aulas - de Platón a Russell, pasando por Cartesio o Aquino - hay una honestidad básica que legitima su entrada en la conversación y una voluntad de coherencia en sus discursos, esas palabras que zigzaguean  los humanos problemas.Y la mostración de esta honestidad presente y viviente en los que parecen tan diversos es ejemplar en si misma

 Y quizás fuera eso lo que me llevó en mi adolescencia a seguir los estudios de filosofía y también lo que lleva a muchos brillantes alumnos que estudiarán "carreras con salidas profesionales" a considerar que la filosofía es buena opción para los ocios o, como se dice, la segunda carrera.  El juego de las palabras en los sistemas filosóficos convierten las palabras comunes en personajes de una tapiz moralizante que recorre la vida, fortaleciendo la existencia que se interroga por el propio conocer y la realidad, el sentido de nuestros deberes y la hermosa cuestión del qué me cabe esperar kantiano.

 La honestidad y la coherencia de los maestros tratamos de mostrarla de forma caricaturesca  a nuestros alumnos - es la escuela toda caricaturización necesaria para desvelar en el futuro el "verdadero rostro" -  y, con suerte, dejaremos un eco más allá de las simplificaciones, la voz del no es así, no es así que mantiene el fuego conversacional. Y si esto no es relevante,  pudiera suceder que en un reino junto al mar alguien no ha entendido casi nada y necesita escuchar las largas sombras de las historias ejemplares(o no tanto) de nuestros conceptos filosóficos en su historia.

¡¡ Fuerza y honor!!

 ¡¡Salud y librepensamiento para el 2013!!

sábado, 22 de diciembre de 2012

La filosofía y yo. Repetición




porque en las cosas que no se pueden hacer sino después de haberlas aprendido, no las aprendemos sino practicándolas; y así uno se hace arquitecto, construyendo; se hace músico, componiendo música (Aristóteles)


   Interpreta Pierre Hadot las meditaciones de Marco Aurelio como práctica de repetición, modos de ser una y otra vez dramatizados en la escritura que evitan el alejamiento de la apuesta por la arquitectura estoica.Sea la consiga no perderse, no diseminarse en el afuera y sus novedades. Volver a las mismas perlas y sus reflejos. O mirar la imagen en su artículo determinado y solo en él. Como caído del cielo.

 Salmodia, monotonía, pérdida consciente de la expresividad, gozoso tiemblo del tedio.

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 Sapere aude! La aventura de los otros caminos y las optatividades identitarias. La modernidad me dice que puedo ser otro y aún otros diez mil. Yes, we can  mutate, mudar de cuerpo y alma, ser la otra con grandes tetas y un pasado de pendoneo en la mochila, Mutar  y desligarme resistente de las identidades que se me han ido imprimiendo. Nada está perdido (ni ganado) porque la oferta es mucha, los diez mil son diez mil estantes con diez mil marcas y otras diez mil variedades: bajo en sodio o 0% en materia grasa, edulcorado o enriquecido, en tamaño familiar o para almas solitarias, con fibra amiga o colorantes de exóticas frutas de colores... ¡¡ Oh, hermosa foresta de las ideas y sus prácticas convergentes!!.

Sin embargo, en si misma, esa pluralidad del pensar y del ser (un cualquiera) que recorre los diez mil caminos pronto desvela su tontuna y la filosofía misma nos incita al frenado, la quietud del reiterar que "una rosa es una rosa es una rosa es una rosa". Pensar en lo mismo como el búho que  anima al estatismo. El cambio en mi identidad y la destrucción revolucionaria del estado (quedémonos, de momento, en el "estado de ánimo") exige la imposta reiterativa, el ser hábito antes que monje, la cabezonería más antifilosófica que ha parido madre, el ciego encuentro con aquel salvajismo del Credo quia absurdum, la insistencia en decir, como Marco Aurelio, que soy la hostia de  estoico y  por eso repetiré hasta el agotamiento los dichos y sentencias, modulando el salmo con mucho cuidado, evitando la heterodoxia de la originalidad, sabiendo que mencionarme como autor es paso atrás, debilidad de la carne. 

                                                              Y así uno se hace arquitecto, construyendo

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 El hábito nace de la repetición de actos. En las sendas del pensar, en ese paseo por claros del bosque y por los valles y cimas de hermosa variedad, finalmente acabamos por reconocer que debemos repetir el paso, entrenar horas y horas como bailarines para hacer lo previsto, el giro en el aire sin herrumbres, lo danzado por los diez mil danzarines. 

   Vale, quizás algunos consigan matizar el paso y reformar lo digno de ser repetido. Pero, como decía Abraracúrcoix, que se caiga el cielo es algo que no va a pasar mañana.

domingo, 16 de diciembre de 2012

La filosofía y yo. Reflujo de identidad y vida (I)



 

 Remolones y Lido Pimienta. Atrás. 

(Cumbia sobre la re-asignación de roles)   


"ahora tú eres mi perra, ahora soy tu perro y yo me pongo atrás… me vas a respetar… te voy a acribillar… yo te lo meto atrás” (Atrás, tras)


¿Qué motivos podía tener el Quemado para ocultarme su verdadera nacionalidad? No me sentí estafado. Me sentí observado. No por el Quemado, en realidad por nadie en particular: observado por un hueco, por una carencia.(Roberto Bolaño: El Tercer Reich)

" Solo tu nombre es mi enemigo" (Romeo, Montesco finalmente) 

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  Esto donde vivimos debe de ser el sistema.  El sistema es la vida nominada por algo grande, el falogocentrismo o algo así. Quizás el público de un programa de TV de otra galaxia. La cuestión de si hay algún tipo de espacio anterior a los nombres y las descripciones - la vida, la voluntad, lo en sí, el Mí Mismo... -  se tira al río como el pañuelo de la canción:


Tire tu pañuelo al río para mirarlo como se hundía era el ultimo recuerdo de tu cariño que yo tenía se fue yendo despacito como tu amor pero el río olvida. 


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La resistencia frente a los nombres, las identidades, las descripciones de nuestras sendas vitales, lo que hay en su extrema precariedad, es destino de la época.  La filosofía en acción - Foucault, Butler, Rorty - nos dice  que podemos proponer redescripciones novedosas de nuestra identidad. Dar un giro en la vida, en esta mi vida, para ir a otro lado, como en una novela. La reasignación  de nombres y de identidades pretende aprovecharse de los resquicios de indeterminación que dejan "vacantes" los mecanismos troqueladores - ya nunca jamás omnipotentes sistemas -  de eso que somos ahora. Así las cosas, podría ser el caso de que yo fuera otro dentro de un tiempo. Eso es liberación.

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 No sé si esa libertad en la escritura de sí es ganancia. Es lo que hay. Y en la nostalgia de las identidades  me digo que no fue tan chollo eso de aupar a la libertad y a su sombra, la contingencia, a los rincones de excelencia de nuestros altares. Como que echo en falta la seguridad de ser el mismo sin escape para ningún otro. Esto último es casi bicéfala broma, pero aquí me veo, con esta alma proteica que lleva cincuenta años buscando su rayo de identidad e in-spiración y, mientras tanto, asume lo que hay y toca según dictan las costumbres, costumbres que mientras se viven parecen condiciones trascendentales y, poco más tarde, se re-descubren modas. Aquí me veo, "... tristecuitado, que vivo en esta prisión",  supurando la  contingencia que, mala cabeza, no supo aprovecharse de los resquicicios de indeterminación y se dejó arrastrar sin resistencia por los cantos y bailes tradicionales que, al final, fueron modas. Caguental.


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También me sorprende...  palabra fuerte esta de sorprender-se; digamos, redescribiendo la situación, que "también me atusa el bigote con ligero desparpajo" que sea el sistema, el capitalismo , el que mejor haya asumido la propuesta. Véanse las redescripciones de los hechos que caracteriza el estilo político vigente, las flexibilidad máxima de las identidades (laborales) en la época de la crisis permanente, la posibilidad que se nos anuncia de cambiar nuestro destino, identidad y nombre, en la plaza del mercado de la  sociedad de clases... Todos estos son motivos de la resistencia  postmoderna que tanto nos cuesta poner en obra a los individuos y que también asume el orden que maneja nuestra nave. Quizás eso explique el enamoramiento mutuo del arte contemporáneo y el capitalismo.

  A decir verdad, lo que se nos pide desde la resistencia  es que aprovechemos eso que se nos plantea, la matriz entera del troquelado de oficio, para subvertir desde la libertad la propia máquina de nuestras identidades. O como decía en un poema de los catorce años:

ser a la vez dios
y marioneta
 Aunque en ocasiones me da que el sistema no puede subvertirse pues, en su abstracta falta de horizontes, es capaz de digerir todo.

(Próximo capítulo: el arma de las repeticiones)


miércoles, 12 de diciembre de 2012

Subir y bajar escaleras


 Marcel Duchamp - Etienne  Jules  Marey

Leo:

 La forma más sencilla de imaginar el futuro de la escritura, si es que la tendencia presente hacia una cultura de la tecno-‐imagen sigue adelante, es imaginar la cultura como un transcodificador gigante de textos a imágenes. Será una especie de caja negra con textos como entradas e imágenes como salidas. (Vilém Flusser)

¿Qué es una imagen?

¿Es la literatura matriz de textos O/Y de imágenes?

Lo visual y la visibilización.

 hacer visible la discapacidad  llenado las calles de la multiplicidad de circunstancias físicas, emotivas o conductuales. Ocupación de lo público es visibilización. 

 La mitología, la religión y el arte - pregunten a los filósofos por qué los enlazaron -  ¿son las fuentes culturales de la imagen o son transcodificadores texto-imagen?.

 Qué aburrido lo de mitologizar (qué estúpido creer que puede hacerse de un modo consciente y planificado)

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 A veces, cuando dejo de estar cansado, el estado de excitación me lleva a subir y bajar  las escaleras andando.

Retorno al cansancio y me digo que nada mejor que el hogar.

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imaginar la cultura como un transcodificador gigante de textos a imágenes

Me codifico en visibilidad al bajar y subir las escaleras al modo Duchamp

Doscientos escalones (me) llevan a

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 Post- data

  Cosas así me recuerdan a la vieja polémica fe-razón que estos días, bastante desganado, explicaba en clase. Decían los nuevos hombres de la nueva iglesia que la religión, en sus reveladísimas experiencias originales, es un cúmulo de imágenes/intuiciones/sin razones que podían ser organizadas textualmente por la teología.

 Ahora nos piden el retorno a las fuentes porque, apuestan,  se han olvidado las imágenes de nuestros signos o, sencillamente insaciables, se necesitan más.

 Credo ut intelligam. Creía aquel Santo Padre que las imágenes reveladas pueden abrirnos mil puertas para nuevas reflexiones- textuales, seguro de vida para la literatura que ya jamás podrá argüir pánico ante el papel en blanco.

 ... más allá de..... está la vida, el arte de permanecer en el cansancio a pesar de las tentadoras sirenas de la excitación, ese ímpetu o conatus que nos lleva a subir las escaleras andando.


miércoles, 22 de febrero de 2012

Indicios de delito (004). Надежда



No es fácil ser la mujer de un policía (la señora del comisario Fernández). Tampoco lo es la convivencia. En realidad,creo que nada es fácil y esa idea, no sé si tranquilizadora o inquietante, es la huella que ha dejado en mi los años con Paco. Quizás por eso, porque nada es fácil, la realización de nuestro anhelado viaje por Europa se ha ido difiriendo año tras año. A veces la dificultad de enfrentarse a las cosas se disfraza de pereza y la pereza, que no quiere decir su nombre, se alía con los obstáculos. Por eso me ha sorprendido encontrar, en la mesa de trabajo de Paco, algunos folletos turísticos de París, Alemania, Suiza... y , en la misma carpeta, un dibujo a lápiz que muestra a una mujer sonriente, Nadia es su nombre, y una postal antigua en la que Paco, con su letra estropajosa, había escrito Esta es tu casa, Nadia. No veo a Paco poniéndome los cuernos con nadie. Es un tipo honesto, un policía que cree que las cosas no se resuelven a hostias sino con sutileza y templanza. La sinceridad en las relaciones personales es fundamental solía decirme. Nunca ha sabido mentirme, aunque su trabajo se base en el deslizamiento y la diseminación por la geografía del engaño, los prejuicios y las primeras impresiones, las informaciones sesgadas y las inocencias aclamadas entre llantos por un tipo sorprendido con el hacha y la cabeza de su víctima. Por todo eso, por contraste, porque de repente he sentido que la lógica de su trabajo había penetrado en nuestra vida, la presencia del dibujo y la postal me ha desestabilizado más de lo deseable. ¿Quién eres, Nadia (o Nadja)?. Paco ha viajado a Alemania y Francia, por cuestiones de trabajo, en varias ocasiones. ¿Puede ser que en alguna de ellas haya encontrado a esa mujer? No es su estilo, me digo, pero las cosas nunca son fáciles. Ni simples. Quizás ha creído necesario un desquite por mi aventura de hace unos años. Aproveché una reunión de trabajo para dejarme seducir por un compañero que llevaba un tiempo tirándome los tejos. Supongo que necesitaba un poco de excitación, sentirme atractiva ante un chico más joven. No fue ni romance ni siquiera buen sexo. Sólo excitación. Sobre todo excitación. Quizás Paco decsubrió mi infidelidad y esa Nadia es la venganza. Puede ser. Lo que me asusta de todo este asunto es que Nadia no tiene cara de lío circunstancial. Nadia deja huella e incita a construir una casa. Nadia invita a los hombres a ser habitada como esposa, con entrega de amor y hogar, fidelidad y sinceridad. Nadia hable el espacio de una conversación que se dilata en el tiempo.  Es, por eso, otra rivera, un mundo distinto y cálido.Otro hogar posible. Un desquite sexual en Paco lo entendería (aunque me doliera). Pero esto es más. Si Nadia desapareciera, supongo que los hombres que la aman, Paco con toda seguridad, sentirían que el mundo se les hunde. Harían locuras. Morirían o se matarían para mostrar la sinceridad de su emociones. Solo los hombres son tan idiotas.

Ese es tu riesgo, Nadia. Y yo no quiero correrlo.


POST DATA.

Nadia, para los árabes la "anunciadora" y el "rocío", la neura que nos lleva a decir "tú eres mi mundo" y otras cosas así, esas palabras que, en la sinceridad de su decir, rompen la ñoñería que las embarga. Palabras con peligro para los hombres de mediana edad. Nadia: apelación cariñosa para las Nadezhda, las Esperanzas.  Ninguna compañera de mi marido se llama Nadia, ni Nadine... ni Esperanza. Posiblemente, la mujer del retrato no sea española. He preguntado a Paco,en ocasiones,por su trabajo cuando viaja al extranjero, pero es más bien esquivo en sus respuestas (lucha antiterrorista, bandas organizadas, trata de blancas...). Una vez le pregunté por Nadia - ¿qué tal está Nadia? - y él, confuso, me contestó que no conocía a ninguna Nadia.

Se nos ha roto la confianza y la sinceridad. Somos dos delincuentes que sospechan de la limpieza de las intenciones del otro. O un policía tratando de inculpar a un criminal. Empecé yo el engaño con mi lío en Barcelona pero no puede decirse que aquello fuera significativo. Paco ama a Nadia y eso me desespera porque yo le quiero. Tengo que encontrarla y decirle que las cosas no son fáciles. Prefiero que el mundo de mi esposo se desmorone y que, entre los escombros, pueda reconfortarle. He de localizar a Nadia. Debo hacerlo. Nadia debe desaparecer. Por ley.

Nadia es: Sinagoga, escultura gótica presente en la catedral de Bamberg(002).
Nadia es: Magdalena de Canova (004)

Esta es tu casa, Nadia: Baden-Baden (001) y Casa del Puente en Bamber (003)

martes, 21 de febrero de 2012

Indicios de delito (003). Eso debe de ser



El comisario Espinosa olvidó en el cajón algunos de sus dibujos. Era un buen retratista, capaz de captar, a partir de las confusas descripciones de los testigos,los rasgos más relevantes del sospechoso. Espinosa era mejor que el Facette porque sus imágenes tenían las claves del alma del criminal. Eso es una solemne tontería, Fernández - me habría dicho el comisario. Digamos que sé subrayar y orientar la búsqueda con mis retratos. La verdad es que muchos denunciantes sólo recordaban a sus agresores con claridad después de ver los dibujos de Espinosa. Revisando estas láminas olvidadas, he encontrado una en la que se ve el rostro de una mujer y, en el borde inferior, un nombre: Nadia. En la parte de atrás, escrito también con la grafía del comisario, una anotación: Julio de 2010. Esta es nuestra casa, Nadja. Nadia-Nadja. No he olvidado el caso del hombre que se cortó la venas en este mismo lugar. Desde luego el caso nos trajo de cabeza algún tiempo, no por lo que pretendía denunciar (la desaparición de la mujer fantasma) sino por su ocurrencia de abrirse las venas en el despacho del comisario cuando éste se echaba la siesta. Los hechos tuvieron lugar, si no recuerdo mal, el 2 de agosto de 2010. Un mes después de la fecha que aparece en el retrato de Espinosa. Por su puesto, nunca existió el caso de la desaparición de Nadia. La policía no busca fantasmas - solía decirme el comisario. La mujer era únicamente un nombre y una confusa historia. Por eso me ha llamado la atención este dibujo. La intuición del comisario con los retratos, ¿tiene algún sentido?. El dibujo me inquieta.Nunca hubo descripción de la mujer supuestamente desaparecida. Sin embargo, siento en el dibujo una fidelidad a algo. No sabría decir a qué.

Creo que echo en falta al comisario y hoy me siento especialmente melancólico. La sinceridad del dibujo que yo percibo, no depende de la modelo - esa mujer fantasma - sino del aprecio por el artista, por la amistad y el compañerismo que nos unía. Eso creo. Eso debe de ser.

lunes, 20 de febrero de 2012

Indicios de delito (002). No pude ver lo que vi



 Me llamaron sobre las tres y media para contarme que un tarado se había abierto las venas en comisaría. Cuando llegué  la ambulancia se había llevado al sujeto y Fernández me relató lo sucedido mientras contemplábamos los rastros de sangre que cubrían el suelo del despacho.

-  El fulano vino a denunciar la desaparición de una tal Nadia. Supuestamente era su amante aunque él no pudo darnos noticias del apellido, oficio o domicilio de la mujer. Tan solo un número de teléfono móvil y una experiencia tórrida en París que él relataba nervioso.  El agente Pérez detectó signos de evidente sin sentido - alusiones a recuerdos carnales y cosas así - y se retiró un momento para buscar a algún compañero que le ayudara a quitarse del medio al loquito. Cuando quisieron darse cuenta,  el tío chorreaba sangre y gemía solicitando ayuda para encontrar a la desaparecida.

 Miré la sangre. Ya no era roja y, sin embargo, en algunos lugares, se reflejaban aún  los muebles que circundaban la escena. Me senté en una silla y me quedé contemplando un charquito que,  milagrosamente,  no había sido pisoteado por los zapatos de mis compañeros. En él pude ver nítidamente imágenes de un hombre y una mujer caminando por el bosque o haciendo bromas ante la cámara. También  postales de rincones típicos de Paris y de un hermoso paraje de montaña. Y dibujos en los que se contemplaba a una mujer. Según indicaba lo escrito en sus márgenes, era Nadia.

Soy un policía mayor, un viejo comisario que cuenta los meses que le faltan para su jubilación. Mi vista ya no es lo que era ni mi cabeza funciona del todo bien. Quiero creer que lo que vi no lo vi realmente o, si lo hize, lo mal interpreté. El sueño de mi siesta interrumpida no me había abandonado y caí en algún tipo de alucinación. Es verdad que las  imágenes, proyectadas desde la sangre, eran nítidas, claras, precisas. De hecho me dejaron una huella tan persistente en la memoria que, ahora, pasadas las horas, he podido reproducir el rostro  de Nadia tal y como aparecía en los carboncillos. Esas imágenes no son trampas ni engaños. Nadia existe (o existió) y tiene sentido preguntarse por la desaparecida. No lo voy a hacer. No quiero ser un viejo demente en el final de mi carrera. Mando el olfato policial y la intuición al carajo. Ahora me toca ser un pasivo alimentador de palomas y dibujante de ratos libres. Dejo para otros la faena  de atar cabos. Comprender la locura del suicida es la única piedad que puedo permitirme.

domingo, 19 de febrero de 2012

Indicios de delito (001). Postales


   No, no sé su dirección, solo su número de teléfono. Sí, somos amantes pero nunca compartimos casa. Nuestra intimidad  nació en París, en un viaje que decidimos de forma espontánea e inesperada,  ajustando agendas y presintiendo la alegría de compartir visitas y paseos. Fuimos a Baden Baden y recorrimos juntos la Selva Negra. Después, de nuevo en casa,  el silencio. ¿Cómo puede desaparecerse así? No puedo dar muchos detalles de la vida de Nadia, no teníamos mucho interés en hablar del presente. Efectivamente, yo estoy de baja por un largo proceso depresivo. No me apetecía hablar de mi situación sino escapar de ella. Por eso hablamos del pasado y del futuro. ¿Ella ocultaba algo? No sé, ¿quién no lo hace? ¿Casada? No creo; no sé. No llevaba anillo. Pero estas cuestiones son secundarias. Les digo que Nadia ha desaparecido. Hace dos meses que no sé nada de ella y su móvil está apagado. ¿No es esto suficiente? Las cosas no pueden ser así.  No se disuelve uno en el aire de esa manera, sin una llamada de distanciamiento (que se nos haría sospechosa e imaginaríamos que detrás del auricular una pistola apunta a la cabeza de la persona y obliga a decir lo que no desea, a forzar una separación) o un gesto que anuncie el deterioro. No es posible que pueda sentir todavía su cuerpo en mis dedos, el sabor de su cadera y que, lo más fácil, su presencia, esté diluida.  Nada se rompe así de brusco.  Se llama Nadia... no, no me dijo su apellido. Sí, es curioso, lo reconozco. Estoy enamorado hasta lo más íntimo de mis entrañas de una mujer de la que sólo tengo su nombre y el recuerdo de nuestro viaje. Puedo sentir el calor de su vientre en mi vientre pero no tengo una imagen que ofrecerles. No hay fotos, sólo postales.Miren, observen con detalle. En las dos rojas paralelas que he trazado desde mi muñeca hasta el pliegue del antebrazo pueden ustedes ver las postales de nuestro romance. Miren como laten, llenas de vida, cambiando su tonalidad sepia al compás de las pulsaciones. Este álbum  está debilitándome como sólo sabe hacerlo el amor. Ojalá no tuviera esa caja de recuerdos en mi cabeza. Por eso tienen que hacerme caso. Nadie desaparece sin sacar el pañuelo. No pueden creer que Nadia no existe porque mi álbum de postales tiene la marca de la sinceridad.

sábado, 2 de julio de 2011

VARIACIONES SOBRE EL SOLDADITO DE PLOMO (I)


"...como si cada silencioso dolor fuese incomunicable e insular” (H. Melville: Moby Dick)



Y dijo:

     todo dolor sea acompañado por algún tipo de esperanza para conservar así su faz humana, servir de apoyatura a la narración, al templo y al gesto de recogimiento

    la esperanza abre el horizonte del otro lado desde este  lado

   la esperanza (debe) siempre (enrrollarse) un paso más atrás de sí misma

     (por cuestión de salud pública, para proteger su precaria contingencia y debilidad, habitante del espacio del qué me cabe esperar, preservada en el futuro o en el otro país, el sur anhelado o  la tierra de jauja o la aniquilación. O el reino de lo que en verdad son las cosas).

     la esperanza: tímida de sí. Ausencia.

   la muerte y el presente son irrepresentables. Sólo podemos acceder a ellos a través de la ausencia (Juan Muñoz).

     la esperanza:  horizonte de interpretación y terapia (al menos paliativa), promesa de una jornada en la que podremos conservar el calor de los rayos albinos del sol en la tostada del desayuno, esa  mañana en la que una conversación frente al café armoniza formas y temperamentos un segundo antes de que todas las relaciones se hundan en las miserias y  el constante suceder de lo mismo.





La esperanza del cambio: mutación, iluminación, conversión en atmósfera, in-fusión del lenguaje. Conversar. Ser lo otro, en el otro sitio, allá- acá. 

La experiencia estética es ya mística ontológica (ligeramente acobardada y dramatúrgica --- ¿no es todo arte barroco en el haz o en el envés?). 

(mi) alma genera sus fantasías de cambio – azar o providencia-  y se dejará siempre llevar por los espejismos para salvar la salud. La partición del espacio de visión en un acá/ un allá, dentro/ afuera,  espejismos/ cosas, teatro/vida parece, pues, inevitable y correctísima medida profiláctica. Aún así,  esta “correctísima” divisoria desvaría (no sé si baila pues se exigiera música y ¿quién canta- nos canta – nos encanta en el siglo?), desvaría  en la conciencia de la dramaturgia como lógica atmosférica, marca de lo que hay.


“(Es posible que) un martes cualquiera al atardecer el ventrílocuo y su muñeco se junten a practicar, ambos sentados. Imagino se deben saludar. Es ahí donde surge la extrañeza. Uno posee la lengua. El otro el lenguaje” (Juan Muñoz)

 Nadie (yo) dice que sea fácil deslindar en este país de la esperanza lo que sea asunto de las cosas de lo otro, el  doble o la imagen sostenida al otro lado, habida cuenta de que (las cosas) tienen también sus reflejos, reflejos que nunca sabemos si son negociables con ellas o del todo ajenos a su política metafísica. La ternura de las cosas, por ejemplo, cuando se muestra en el objeto bello o la acción justa,  no nos entrega carta de extranjería o certificado de pureza de sangre.  Por eso lo bello es difícil. Nos hace atmósferas variables porque no sabemos si es el momento de la revolución o de la conservación.

(Le confunde a P que sea persona de carácter tan variable)

Creo que si pudiéramos mantener resguardadas  las cosas de los  espejismos y permanecieran (las cosas) delimitadas en el otro lado, no deberíamos tener miedo alguno y respirar confiados en nuestras esperanzas. Si, por el contrario, algunas de las entidades que pueblan el acá de los  espejismos se introducen en la ternura de las cosas, en el allá de la esperanza, la patria de las cosas, entonces, ay,  una sospecha de sombra o un mero destello del espejismo bastarán para arruinar un imperio o hacer rey del alma al demonio o la neurosis. Todos los reyes, en efecto, estarán desnudos y las sonrisas se convertirán en sucesiones de átomos físicamente mesurables. La esperanza matará a la esperanza. Y nosotros contemplaremos absortos lo que se despliega sin poder hacer nada, convertidos todos los colores y vibraciones  en oscilaciones de onda. 

La horda ilusionista convertirá nuestra vida en un sistema inestable, la base de todo el totalitarismo.

Seremos soldaditos de plomo paralizados con curare o códigos deontológicos.

Ella dejará de ser mujer enamorada para convertirse en hembra animal en celo.


(Imágenes: Juan Muñoz)

martes, 28 de junio de 2011

Quiebra del alma bella y de toda romantización en el despliegue famélico de la providencia y el sentido común. Fantasía del sistema que llega a todos los rincones (incluida mi alma).  Sonrisa.

 Walt Disney sodomiza - con acierto  - a la fantasía.Sonrojo.

Escupir a Hegel en la cima del éxito mientras se muere de amor ( o por amor a una tontería que ya nadie - ni sus jugadores - recuerda) y se abren las heridas todas las noches para inhibir el olvido.

Conversión del enamoramiento en síntoma fisiológico y enfermedad degenerativa.

Obsesión crónica por  aquello que debía ser frágil y efímero.

Traducción del deseo en pulsión de vejez y muerte.

Genealogía del materialismo en el centro de mis tripas.

Sobrevivir al dolor nadando en el narcótico de lo real; hacia la gran boca del leviatán.

 Esa espesura de atmósfera que rodea a todas las cosas, marca el espacio de la distancia y otorga credenciales de extranjería, también tiene su nombre.

miércoles, 15 de junio de 2011

CUADERNOS DE LA BALLENA BLANCA

01.

No sé puede romper lo que ha sucedido en el otro lado.

Para quebrar la impostura, deberíamos ir allí, velar armas y, siguiendo las normas que se prescriben para el caso, proceder a la extrema violencia que la palabra no puede dictar. Abrasar el cuerpo en la tierra de su propia ficción. Porque allí hay rituales muy precisos para borrar lo sucedido. No está  dios dispuesto a modificar la historia a cada paso y menos por capricho de virgen violada. Debemos atraer su voluntad con ingenio más que  con deseo o piedad. Él nada quiere ni muestra compasión alguna. Sólo la nada le incita a la reflexión y a corregir su texto. Los huecos entre letras y la página en blanco.  Es inteligencia, por tanto,  lo que precisa el que al sortilegio se  enfrenta para borrar lo que en el otro sitio ha pasado. El maestro combina los elementos del ars magna en su danza: lapis, flamma, planta, brutum, homo, coelum, angelus, deus.   O eso creo porque hablo desde el centro de este  delirio  y sé que el paisaje se distorsiona por el calor. Pero, no temas amiga, esos procederes  rigurosos  y  bruscos no llegarán  a tu piel ni harán vibrar tu tímpano. No se puede romper lo sucedido en el otro lado porque el acceso está severamente vetado a los que portan virus o miasmas de humor melancólico. Esta imposibilidad se ha marcado en mi laberinto neuronal y es lo que ahora, en oración o en desenfreno, golpeando a un gendarme o  tal  vez dejando mi cuello virgen abierto de par en par a las criaturas de la noche, intento aliviar. Aprendida la lección no preciso la reiteración del recuerdo.  Necesito el vuelo de la mariposa  en el centro de mi mente porque sólo esos barridos de ciento ochenta grados de sus alas (que difuminan los colores en el plano) conseguirán salvarme de mí mismo. No puedo romper lo que ha sucedido en el otro lado porque  no se puede retornar a aquellas geografías en las que nunca se ha estado. Aunque se  crea en el espejismo. Como en tantas otras cosas, la fe no mueve montañas

  ¿Cuántos poemas se escriben a la hora? estimación 1 de la inteligencia artificial: “ se escriben más cinco millones de poemas a la ho...