domingo, 30 de octubre de 2011

Democratización





La democratización del poder.

 Un cualquiera - quiere el miliciano inútilmente  resaltar su nombre y relatar la hazaña - empuña las armas del dictador.

 Cualquiera puede matar al dragón.

 Cualquiera puede comprender que, cuando despierte,  el dragón seguirá ahí.

 Tristes historias las de los cualquiera.

Inmenso su poder en el anonimato de la historia.

jueves, 27 de octubre de 2011

Gorgiadas (1)


Egon Schiele:  Casas antiguas en Krumau

       En el  Libro de L se narraría  el proceso de  demolición más o menos descontrolado que comenzó - sin saber aquel día que  algo se iniciaba - con un escalofrío zigzagueando la columna vertebral  mientras ele sonreía plácido entre reflejos de cerveza y conversación. Hoy la demolición brota como sospecha (ni  la evidencia ni la probabilidad son el caso) de que el puerto al que llegaba el navegante egótico no se parecía en nada al que figuraba en las cartas de navegación del inicio;  que el país era otro país y el alma no signaba con las cifras de algo que vagamente podemos llamar proyecto vital . El Libro de L es neurótico y depresivo, llega a dudar de la existencia de aquel inicio y de las cartas de navegación que se percibieron. Duda de los últimos veinte años.  Por eso la sospecha se enrosca y termina devorándose en fuego de artificio de estructura alquímica.

 El Libro de L  recuerda  a Gorgias de Leontini  demostrar que nada existía realmente y que, siendo generosos, si algo existiera no se podría conocer ni, aún negando la anterior tesis,  aunque algo se pudiera conocer tampoco se podría decir.  La trama del discurso gorgiano nos enreda en el escuchar y en el eco de esa pasividad oyente  que se torna interrogación diciente que nada dice salvo un ligero susurro. El argumento de Gorgias - más allá del efecto promocional de la Gorgias Enterprise Limited o de la resaca del auditorio - nos deja boquiabiertos porque parece que según se construye  va negando el punto de partida (la evidencia con que alguien decía: Bien, aquí estamos) y los mismísimos peldaños de la escala que nos lleva al otro lado. Tomado en serio, el discurso simularía una demolición del mundo y la palabra y la propia mente que se hace eco de todo. 

  El discurso de Gorgias crea mirada de broma porque no es burla. Se  niega que estamos aquí -porque no hay aquí ni allí ni más allá . No estamos en un mundo conocido y hasta dominado que nos permite destensar los músculos de la alerta. Un caos dulce (pero no por dulce es menos caos) entra por la puerta en el juego de la lógica. Por lo demás, lo que nos comunica el oráculo del sofista es que nada se está comunicando, salvo una sobra de banquete o la  sospecha de algo pintada al carboncillo, un destello en el que el mundo se nos desvela ---- si es que desvelar - aletheia, mostración de la verdad - puede nombrar lo que pasa.

 Gorgias incita a la risa preñada de sombras, guiños de lo siniestro en el rostro del asesino que nace en los sueños como Freddy Kruegger.






 Extraño juego que nos incita a cerrar los ojillos para deleitarnos en la musicalidad de las palabras, en sus reflejos insinuantes que estallan mordidos por los dientes pequeños de las palabras y sus enlaces. Con Gorgias se puede iniciar (¿iniciar?) un ejercicio de mirada oblicua tan cercano al Sermón del Fuego que el otro día nos traía Stalker a las mientes. Decía allí el iluminado:


El Tathagata ha superado las opiniones especulativas, la conciencia de la dualidad, la escisión, el desgarro, la trampa del lenguaje, el infierno del lenguaje, el apego por el que definimos el mundo desde el "yo" o como "mío". Esto conduce al desapego, a la cesación, a la calma, esto conduce a la emancipación inconcebible y a la no mente, a la ausencia de vibraciones corruptas, a la vida sin ataduras, a la respiración libre, a la extinción de las palabras.
»Aniquilado el renacer, apaciguadas todas las vibraciones, no hay más devenir
 Los que escuchamos a Gorgias no hemos apaciguado las vibraciones (amamos el occidente)pero sentimos, en esa mirada transversal por el sí y el no, la noche y el día, el camino del ser (el ser es) y el camino del no ser (el no ser es) que al principio de contradicción le salen agujeros y brillos y sombras. Qué bonito, qué bonito - decimos al oído de la amiga.




viernes, 21 de octubre de 2011

LA EXPERIENCIA ES LA NUEVA REALIDAD




 Escribo el Libro de L. El Libro de L tiene la mayor parte de sus hojas en estado de ausencia - como los descuidos cognoscentes del petit mal - y  no por voluntad del satori  sino por reflejo de los compuestos químicos y la nicotina. Exagerando, claro, buscando quebrar las cosas para que muestren - al par - reflejos hermosos y dislocaciones dialécticas. Meditación que se amanera de un modo impropio de la virilidad griega, sonrosando las mejillas con cremas llegadas del otro lado, sincera a su manera, majo chico y trabajador, L, interrogador del sentido, el hueco del sentido, la baba como estigma del iluminado cuando el ojo es opaco en su ceguera y no hay sitio para lo profético. Voz ausente, en ausencia. La voz de L no viene del desierto sino de la red masiva,  esa superficialidad lineal que se ahueca en simulacro de idea, de profundidad (oh). Qué aburrida es esta revolución de las ondas TIC. L clava sus uñas, si el caso es tener una fe cualquiera, en la rebelión biotecnológica.

 L es la última letra antes de la penúltima excentricidad, aroma entre cursi y póstumo. Deslegitimada la lucha armada y la guerra santa, muerto Gadafi en extrañas circunstancias, la única cosa merecedora de atención es  el fileteado de la experiencia, la espuma de aquel al que llamaron yo, sea para el caso L mayúscula aún pero muy pronto minusculada. l tan parecida al 1 o al palo I, identidad confusa que mira en el interior de algo como el vagabundo repasa la papelera. Hágase un cigarrillo de colillas y una copa con el fondo de los vasos para celebrar la revuelta. L hecho filetes - filetes que son de espuma, dicen los carniceros - llega  a paralizarse. L sigue reflexionando sobre el amor en ese estado de alma en pentagrama tridimensional, cinco cuerdas como de guitarra que no sabe de sus posibilidades. 


 Disfruté ayer de un hermoso concierto de piano ensalivado. Envidiaba las manos y los cuerpos de los pianistas, su estilo de vida y que ella- Suzanne Ciani - dijera que una de sus piezas exigía la voz de una cantante taiwanesa. El Libro de  L precisa también de una voz exótica que me espera en el otro lado del mundo, quizás en las arenas de las arabias. Mientras tanto, creo que no todo está tan mal. Así que no sé si dar gracias a Dios por los dones recibidos o rendir honores a la artillería de la NATO.  Las maripositas vuelan en mi alma y  sufro - con el espíritu de mi Mario - algunas crisis de ausencia provocadas artificialmente para que la maquinita las detecte. Lo dicho, el Libro de L agradece a la amable artillería la evidencia de su realidad de sangre y polvo en ese mundo de la red inmaculada. Sea.


Tell me you love me
Tell me that you're mine again
Tell me you won't turn away
Turn like the seasons
Turn back to me once again
Circling all the way







quod erat demostrandum

miércoles, 12 de octubre de 2011

El Libro de L

*
 En el Libro de L podrían encontrar - la posibilidad de su escritura estará abierta hasta que llegue el borrado - narraciones interrumpidas de leve aroma moral y tendencia cursi, sondeos geológicos que se muestran inquietamente escépticos sobre el hallazgo de profundidades y, en fin, osadía que se niega a decir su nombre.

En el Libro de L se cuenta la historia de aquel hombre que, el día de sus bodas de oro, se despertó con la certeza de que esa mujer que dormía a su lado no era (ni lo había sido nunca) la mujer de su vida. Ese bulto que respiraba a su derecha le era tan extraño como el aparato que le insuflaba aire a ritmo de tortura o la tumoración de su próstata. L abrió los ojos y se sorprendió porque todo el mundo se había convertido en un monstruoso insecto.

En el Libro de L se sospecha que el asombro que da paso a la filosofía, la verdadera sonrisa ante la ternura de las cosas o la osadía que rompe la distancia que separa dos manos,  es asunto de viejos y enfermos. Todo lo demás es engaño de la fuerza vital, de las gónadas o los genes egoístas. Decadencia rima con decadencia, y apunta perversamente a la debilidad, esa falta de gana y cojones que nos conduce irremediablemente al asombro y a la sonrisa del gato de Alicia.

Cuando L abrió los ojos esa mañana comprendió que el arrepentimiento bajo la forma de alegre reencuentro siempre estará ahí, como el Cielo para el buen ladrón o el perdón de los pecados. O eso se dice (o dirá) en el Libro de L.

 En el Libro de L,  el viejo L pierde el nombre de la que dicen fue su esposa durante cincuenta años y hasta los apellidos de los hijos y nietos de esa mujer vieja. L sí recuerda a Sara, la amiga de su nieta X, entusiasta al narrar su próxima estancia en Bratislaba, becada por dos años en el centro de la vieja Europa, a un paso de la tentación oriental y oliendo aún la Suma Teológica del Atlántico Norte. L recuerda a  Sara  en tanto  brillo de la piel (y no por sus palabras retumbantes). L ve brillos de tacto y  pierde letras y nombres Sabe que esa que duerme a su lado y soporta, como él, el ritmo totalitario del CPAP (Continuos positive airway pressure) es tan extranjera en su nueva patria como todas esas fotos que relatan la ficción de su pasado. L recuerda el nombre de Ana y toma en sus manos unas manos largas y sarmentosas que hablan con susurros. Ana es un trapo sobre una  silla eléctrica. Huesos y piel apellejada. L y Ana miran los dibujos que una vez salieron de los ojos de ella. Y allí está la patria, se dicen o se dirían o se dirán mañana, o esta tarde, cuando L se levante y comunique a todos su extranjería, el arrepentimiento, la constitución de la nueva república.

 En el Libro de L se argumenta -  de manera creo que convincente - que la búsqueda transustanciada del oro alquímico debe frenarse en el momento n-1 (siendo n cifra de nuestra tontuna) para retornar antes de que sea demasiado tarde, antes de lo póstumo y agotado, a los brillos mate del cobre. El místico que purifica su mirada para visionar el Espíritu debe regresar a la morada de la carne y subvertir todos sus logros (logos + ogros) en la gotita de líquido seminal que apunta en el flácido miembro de L al marcar con el arado las fronteras de la nueva Roma.

 En el Libro de L se graban ritmos y danzas en esa gota seminal y casi póstuma.

 El Libro de L es católico en la creencia dogmática de un arrepentimiento de última hora que nos salve o nos condene. El Libro de L, tan parecido a unas memorias, desconfía de éstas y de sus recuerdos. Vive un presente desmemoriado. En el núcleo duro y gris de la bicefalia se añora la blanda caricia de los colores.

martes, 27 de septiembre de 2011

El libro de L


:

 L pierde letras en el viaje a la oscilación,  la conversión  (o su deseo)del caos arrítmico en algún modo de geometría de flujos. Sin embargo el centro y su ciclo se debilitan al intentar ser nombrados (demasiados años de posmodernismo) y lo que se quería marcador de frecuencias es de facto sólo titubeo, decir tartaja, desmenuzamiento de las letras que seguían a la L, movilización del grano de arena de nuestro pequeño amor  para embalsamar la jerarquía de nuestro proyecto de vida en común.

 L pierde letras y define su silueta de ángulo recto. El cruce de dos líneas que se absorben en un punto esquinado, boca cerrada del vértice, algún punto en la cartografía de mi cuerpo. El codo y la rodilla. La mandíbula que se duele tensionada y que queda disuelta por la acción fraterna del alprazolam y las oraciones  de los pañuelos de seda coloreados. El ángulo recto que parte el arco de la circunferencia para hacer brotar tres puntos en su  infinidad de puntos --- tres granos de arroz místicos, los tres granitinos  de arena que construyeron el amor largo y que se tornan fantasmas de sí, flatus vocis, recuerdo de nostalgia. El ángulo recto es cacho de tarta para el niño glotón que celebra el trigésimo aniversario de mi posibilidad de ser padre.

 En todo caso, más allá de toda esta sarta de destellos frustrados, sabemos que la L puede derrumbarse y parirse en raya o palo/palito. La marca del primer día en la trena para el preso esperanzado. El palote del niño en el inicio de la escritura, cuando nos engañaban haciéndonos suponer que la letra era sólo una forma, dibujo, sin masa de sentidos adheridos y otras puñetas. El palo en la edad en la que el 1 era un soldado haciendo la instrucción y la E un peine. La raya pintada en la caverna o en la arena con el dedo tiznado. El sentido básico, el instinto básico, el fondo de armario de los significados en los que se enredan las letras para fascinación pánica de los mortales.

 L se derrumba en sus tres puntos, sin jerarquía de oscilación, sin conversión de la arritmia en geometría. L demolida como prisión para niños ----- como si la santísma trinidad huyera de sí y cada persona del verbo se las pirara hacia los tres puntos cardinales, violentando el ángulo recto de la rosa de los vientos porque se sabe que en al menos una dirección no se encontrará a ninguna de las personas ex-trinitarias.

 L se derrumba y se convierte en palo. En los servicios públicos de mi infancia los usuarios dejaban su marca en las paredes pintando rectas con las heces, desconociendo yo si era la cosa signo de la limpieza después de la defecación (sin intención comunicativa) o deseo de dejar marca en aquellos recintos fríos en los que se abría un agujero que recogía toda la mugre.

(L escribe su libro en la huella de un palote que se pinta enigmático en las paredes de un retrete público)

domingo, 25 de septiembre de 2011

El libro de L







 Soy L.

 L ha perdido letras en su nombre; resto, cicatriz o estigma de su fallido viaje al interior. L perdió las letras como antes de la revolución de las clínicas odontológicas los viejos perdían sus muelas o, circuncidando la actualidad, devalúan sus calificaciones las grandes naciones de la zona euro;terminando ya  las comparanzas, L pierde letras como el suelo somalí absorbe almas y almitas adicto ese exótico paisaje a la ausencia de agua. Todo dentro del cordial esquema de necesidad e idiotismo que gobierna la existencia. El asunto L se acaba en el propio hueco de la caída sin mayor psicoanálisis. Queda trazos de sombra envenenada y otros poemas.

 L debió callar y transfigurarse en ficción de otro. No lo hizo. Para eso había que morirse. Qué susto, jópeta.

 L escribía en su cabeza sin teclas, rapándose al cero y suministrándose una buena dosis de farmacopea para que el escalofrío que surgió hace ya más de dos años se cerrara definitivamente en ese otro que rasgó el lienzo en julio.¡Qué engañoso el lenguaje de los escalofríos! Sometido a todas las fuerzas,  L vomitó sus dientes y en teclas se convirtieron (como en una  una mezcla manga de Fantasía  y Trainspotting ).  Pare teclas en jeroglífico de terapia como otros cuentan píldoras ansiolíticas. L sigue muy inestable en su estado momificado. Los sentimientos, el amor... imaginen.


 L creyó encontrar una voz desde la que poder ejercitar ese misterio - hijo tonto del tatuaje o algo por el estilo - que se ha dado en llamar escritura. Aficionado al autoengaño, la neurosis y la depresión, L disfrutó de la originalidad de su nombre y asoció su imagen a la tortuga bicéfala. La voz propia. La voz que apropia. 


Ya saben el ritmo de la masturbación así que recupero mi mano y  dejo que la continúen con la  propia en  busca de ese misterio de final tan sorprendente.


 Este verano, contemplando L tordos negros en las agujas góticas de una catedral, comprendió que su griterío era el silencio y que el animal nunca habla, que la tortuga te mira y agacha la cabeza porque teme ser despanzurrada y ese es también su silencio, sea, su voz. Y sin totem animal no hay voz para el humano. Voz primigenia, ya saben, algo salvaje y loco y divino. Nada. Habita el golpear tonto de la tecla en las voces de otros y cada tic nos apunta al abuelito o la mamá. Nadie sale de la voz media.


 La voz nace como gato (¡¡marramiau!!) pero necesita el ensueño de los hilos de colores o los husos de sentido o de las sendas del bosque. Una princesa al final para animar el trabajo. Sin embargo ya no hay hilos y los que había sospechamos que son  made in china. Hacer el amor con la princesa es lo que hace el guerrero. El que escribe relata la caída de la baba mientras duerme la siesta. Bonito, vale. Mientras duró. Y ahora carga con el dolor de la neurosis. Así no mola  y debieron advertírmelo esos que dicen son mis amigos.


 L escribe el libro de L en una lenteja. 


  (Recuerdos del verano de demolición)

jueves, 18 de agosto de 2011

Reflejos



"Las personas pueden mirarse al espejo todo lo que quieran, pero los sueños no.Éstos, cuando se han reflejado, permanecen clavados allí. En lugar de dispersarse con el amanecer, se concentran en la frente como una escarcha, como gotas frías de sudor"(Varujan Vosganian: El libro de los susurros)

viernes, 15 de julio de 2011

SHANGRILA



 MESSIDOR:

¿REALMENTE DICES QUE FUIMOS AMIGAS?
                    Gracias a Mariel Manrique y a todos los habitantes de shangrila, sea isla o valle o sima, por invitarme a presentar mis palabras (que son siempre del otro).

sábado, 2 de julio de 2011

VARIACIONES SOBRE EL SOLDADITO DE PLOMO (I)


"...como si cada silencioso dolor fuese incomunicable e insular” (H. Melville: Moby Dick)



Y dijo:

     todo dolor sea acompañado por algún tipo de esperanza para conservar así su faz humana, servir de apoyatura a la narración, al templo y al gesto de recogimiento

    la esperanza abre el horizonte del otro lado desde este  lado

   la esperanza (debe) siempre (enrrollarse) un paso más atrás de sí misma

     (por cuestión de salud pública, para proteger su precaria contingencia y debilidad, habitante del espacio del qué me cabe esperar, preservada en el futuro o en el otro país, el sur anhelado o  la tierra de jauja o la aniquilación. O el reino de lo que en verdad son las cosas).

     la esperanza: tímida de sí. Ausencia.

   la muerte y el presente son irrepresentables. Sólo podemos acceder a ellos a través de la ausencia (Juan Muñoz).

     la esperanza:  horizonte de interpretación y terapia (al menos paliativa), promesa de una jornada en la que podremos conservar el calor de los rayos albinos del sol en la tostada del desayuno, esa  mañana en la que una conversación frente al café armoniza formas y temperamentos un segundo antes de que todas las relaciones se hundan en las miserias y  el constante suceder de lo mismo.





La esperanza del cambio: mutación, iluminación, conversión en atmósfera, in-fusión del lenguaje. Conversar. Ser lo otro, en el otro sitio, allá- acá. 

La experiencia estética es ya mística ontológica (ligeramente acobardada y dramatúrgica --- ¿no es todo arte barroco en el haz o en el envés?). 

(mi) alma genera sus fantasías de cambio – azar o providencia-  y se dejará siempre llevar por los espejismos para salvar la salud. La partición del espacio de visión en un acá/ un allá, dentro/ afuera,  espejismos/ cosas, teatro/vida parece, pues, inevitable y correctísima medida profiláctica. Aún así,  esta “correctísima” divisoria desvaría (no sé si baila pues se exigiera música y ¿quién canta- nos canta – nos encanta en el siglo?), desvaría  en la conciencia de la dramaturgia como lógica atmosférica, marca de lo que hay.


“(Es posible que) un martes cualquiera al atardecer el ventrílocuo y su muñeco se junten a practicar, ambos sentados. Imagino se deben saludar. Es ahí donde surge la extrañeza. Uno posee la lengua. El otro el lenguaje” (Juan Muñoz)

 Nadie (yo) dice que sea fácil deslindar en este país de la esperanza lo que sea asunto de las cosas de lo otro, el  doble o la imagen sostenida al otro lado, habida cuenta de que (las cosas) tienen también sus reflejos, reflejos que nunca sabemos si son negociables con ellas o del todo ajenos a su política metafísica. La ternura de las cosas, por ejemplo, cuando se muestra en el objeto bello o la acción justa,  no nos entrega carta de extranjería o certificado de pureza de sangre.  Por eso lo bello es difícil. Nos hace atmósferas variables porque no sabemos si es el momento de la revolución o de la conservación.

(Le confunde a P que sea persona de carácter tan variable)

Creo que si pudiéramos mantener resguardadas  las cosas de los  espejismos y permanecieran (las cosas) delimitadas en el otro lado, no deberíamos tener miedo alguno y respirar confiados en nuestras esperanzas. Si, por el contrario, algunas de las entidades que pueblan el acá de los  espejismos se introducen en la ternura de las cosas, en el allá de la esperanza, la patria de las cosas, entonces, ay,  una sospecha de sombra o un mero destello del espejismo bastarán para arruinar un imperio o hacer rey del alma al demonio o la neurosis. Todos los reyes, en efecto, estarán desnudos y las sonrisas se convertirán en sucesiones de átomos físicamente mesurables. La esperanza matará a la esperanza. Y nosotros contemplaremos absortos lo que se despliega sin poder hacer nada, convertidos todos los colores y vibraciones  en oscilaciones de onda. 

La horda ilusionista convertirá nuestra vida en un sistema inestable, la base de todo el totalitarismo.

Seremos soldaditos de plomo paralizados con curare o códigos deontológicos.

Ella dejará de ser mujer enamorada para convertirse en hembra animal en celo.


(Imágenes: Juan Muñoz)

martes, 28 de junio de 2011

Quiebra del alma bella y de toda romantización en el despliegue famélico de la providencia y el sentido común. Fantasía del sistema que llega a todos los rincones (incluida mi alma).  Sonrisa.

 Walt Disney sodomiza - con acierto  - a la fantasía.Sonrojo.

Escupir a Hegel en la cima del éxito mientras se muere de amor ( o por amor a una tontería que ya nadie - ni sus jugadores - recuerda) y se abren las heridas todas las noches para inhibir el olvido.

Conversión del enamoramiento en síntoma fisiológico y enfermedad degenerativa.

Obsesión crónica por  aquello que debía ser frágil y efímero.

Traducción del deseo en pulsión de vejez y muerte.

Genealogía del materialismo en el centro de mis tripas.

Sobrevivir al dolor nadando en el narcótico de lo real; hacia la gran boca del leviatán.

 Esa espesura de atmósfera que rodea a todas las cosas, marca el espacio de la distancia y otorga credenciales de extranjería, también tiene su nombre.

jueves, 23 de junio de 2011

 Erecto y juvenil  a casi dos metros de mi cara, lanza escupitajo con pericia e intención.

- Judío! - grita, salvada por los pelos,  la melancolía de la infancia.

miércoles, 22 de junio de 2011

Dios nos lee

 Hildegard von Bingen: Liber Divinorum Operum.

 "Yo veo en algunos ingenieros un empeño que va mucho más allá de la resolución eficiente  de un problema funcional. Los veo insistir en aspectos que no van a hacer la obra ni más utilitaria ni más económica;  van a hacerla en todo caso más coherente, más limpia, más clara, más expresiva... en definitiva, más bella. Incluso los veo preocupados por aspectos que no van a poder ser valorados por el usuario, detalles que van a quedar ocultos, espacios que no se van a visitar, estructuras que van a cubrirse. En fin, parece como si hubiese ingenieros, unos pocos, que, para decirlo en los términos de este libro,quizás sin saberlo, también proyectan sus obras como si Dios tuviera que verlas" (Óscar Tusquets Blanca: Dios lo ve)

"Dios lee en el libro abierto de nuestro frágil corazón" (Benedicto XVI)


Dios nos lee.

 Si los teólogos han sido capaces de utilizar todo el imaginario ateo e impío para sus búsquedas de ensueño, ¿no cabe, en justa  contrapartida  utilizar el nombre de dios en vano y trajinar con toda la fantasmagoría del símbolo("Deus") para nuestros triviales paseos por la periferia de los ríos sagrados?

Dios nos lee.

 No se sabe de afición lectora en el señor. Que dios lee en el libro de nuestro (frágil) corazón no aporta prueba alguna al deseo-imperativo (prueba que, de cualquier modo, no necesitamos porque estamos en la parte práctica del asunto) y, por otro lado, no parece metáfora original ni graciosa de Benedicto XVI. Lo que nos interesa saber  es si dios se pasea como lector  por este blog y mis otros espacios de escritura  sabiendo que lo que aquí cuento no es exactamente lo que habita en mi corazón ni puedo apostar por mi sinceridad en el caso.

Dios nos lee.

Lo que quiero postular (en el sentido kantiano) es que dios nos lee preocupado no (sólo) por la integridad moral del que esto escribe sino por la belleza estructural, la forma o la chispa humorística de mi trabajo. Quiero saber si  cabe esperar que un día dios me deje un comentario aunque de facto no me deje ninguno.

 Si dios nos lee, entonces sé que debo atender con más mimo y esmero a lo que brota en la red al presionar "publicar entrada". Dejar este cuidado a mi frágil conciencia no es adecuado por caprichosa.

Si dios nos lee el impulso de mi alma hacia la escritura - que tan extraña relación mantiene con el principio de placer o de felicidad -  encontraría un horizonte de esperanza y mi trabajo artesano (no diré, por modestia, ingenieril) se dirigiría hacia un fin: el oído de ese lector que siempre siempre siempre relee mis textos para encontrar el error y el acierto, la rayada y la chispilla.

Dios nos lee

Dios NOS lee ( no ME lee) porque sé que con él en el club de mis lectores (tan cercano al cargo unipersonal) tenemos ya cerca la comunidad,  la patria de jauja que ama los reflejos de colores y el delicioso fluir de la función. Y, sobre todo, Dios no decepciona.

Dios nos lee.

Dice mi voluntad de escritura: QUIERO que dios sea un ser inteligente y lector finísimo. QUIERO  que atienda a mi escritura sin pensar  si lo que cuento es o no sincero, ni si  refleja mi vida. QUIERO un dios con sensibilidad para los colores y las imágenes que torpes brotan de esta mi existencia que, en realidad, a nadie importa.

lunes, 20 de junio de 2011

la realidad tiene corazones que ni la tesis ni el poema son capaces de aprehender


Peter Brueghel, el Viejo: La parábola de los ciegos (1568)

   Las tenazas del concepto descansan imperiales en la mesa del torturador mientras dicto al agua  este acta de apostasía. Creo en todo lo que se menea (sobre todo en la piel desgarrada y la sangre que fluye espesa hacia las alcantarillas de esta iglesia negra de la bicefalia). Finalmente, en la estación de tránsito entre amaneceres (imposible recordar fechas ni calendario al uso), he rezado a su mano firme para que cierre la herida con nuevos cortes y arranque los últimos prejuicios con su impericia de niño travieso. Que borre con ácido la certeza de mi amor, el saber hacer con enfermos y la infinita flor de nuestra señora. Que las excavadoras arrasen los últimos callejones de la resistencia y retire las torpes barricadas con las que tratamos de inventar un santuario.Su concepto informe me ha descoyuntado las dudas (bien es verdad que ya viejas) con la patada en la boca que cifra el núcleo o la periferia de lo que en verdad son las cosas. Se ríe y susurra: Bien.

 Habituado a la ceguera, formo cadena con aquellos otros que me preceden o me siguen, sin que sociedad  ni horda delimite la extensión de nuestra torpeza. No somos nada - ni tribu ni casa ni iglesia  - como nada son las fichas de dominó que caen para ser vistas sólo desde el cielo. El otro es  un hombro sobre el que posar la ira apagada de mi mano sin ojos y  un gran riesgo fiarme de su magisterio. Sin redención a la vista ( sólo del chiste nos reímos como ecos los unos de los otros; en otro tiempo diría que es mueca significativa nuestra sonrisa) el otro es el hueco, el olvido de aquella guerra en la que las tenazas y las cucharas convertían  hermosos rostros en planos de terror y propaganda del concepto.

Aún así palpita nuestro corazón anunciando que la realidad es ajena a  violencias y traiciones. Y es esta involuntaria gesta anuncio de un retorno a la mazmorra. A gritos y en letanía, delatamos a todos sin que nos enuncien el delito. Y confirmamos las delicias del sabbat y de la lengua pegajosa del diablo nosotros que nunca vertimos la flor de nuestra virginidad en cáliz alguno(los primeros de la fila se entretuvieron en descripciones más prolijas que no es momento de narrar y que dice el diablo que se generan en el hígado más que en las tripas). Nos pierde el corazón que ya no es nuestro aunque tan cerca se nos señale. Rogamos que en el próximo tropiezo el mal guía encuentre abismo o ciénaga. Que aguas pútridas nos bauticen a la muerte y reciban nuestra última confesión.

Nacen en mis ojos de ciego ahogado las sutiles alas de mariposa;  pero no pueden abrazar el pálpito.

Lo fuerte y lo sutil se pierde.

Lo real se enrosca en el sudor de los amantes o la sequedad de la garganta en el ascenso

La piedra y la espesura del pantano

el hueso me habita

sábado, 18 de junio de 2011

FRAGMENTOS (13-18 DE JUNIO) BAJO LA PROTECCIÓN DE LA EMPERATRIZ BICÉFALA


Antonio Moro: Retrato de María de Austria (1551)



 Qué agobio el retorno…a los venenos que rondan en  las esquinas.

…cabeza descerrajada, el espejismo ha roto la frontera. Lo imaginario penetra hasta el fondo el principio de realidad y lo pervierte. Lo imaginario y sus reflejos en los vasos de cerveza.

    Puta represión, maldita vergüenza y maldito miedo.

(…)

Ravel en la banda sonora. Una gruesa capa de distancia viscosa me separa del mundo. Me molesta el tabaco que fumo y el que deseo humar. Suena bonito Ravel, su Pavana para una infanta difunta.

Se disuelve el alma placenteramente en la muerte. Disolución en la muerte, petite mort

… pero no llega ese ensayo general de muerte porque se refleja aún (o tan solo) en el semen la mala conciencia de no sé exactamente qué, quizás la melancolía por todos los amores perdidos, los cuerpos no habitados, las letras no vertidas en la piel de las cosas. No se disuelve mi alma placenteramente en nada porque aún no he aprendido…. Soy un mero siervo de la iniciación y, como tal, me limito a limpiar los suelos y llevar el agua desde el río hasta el huerto en el que descansan los maestros. Cómo puedo estar tan lejos, Señor, de la tierra prometida.

Malestar; la petite mort  como síntoma...   un aduanero epiléptico que vigila el paso de los viajeros y envidia sus destinos, las ciudades que van a ver y que se reflejarán en sus ojos. Habita el alma en una interior tierra sin nadie tomada por diversos fantasmas e imaginarios, colectivos o privados. …. Es mi lengua el único cuchillo que tengo a mano. Los vampiros penetraban en el corazón de sus víctimas con la endurecida – por necrosis – lengua.

... en mí con una gruesa capa de distancia.

(…)

 Habitan las ciudades en los cristales sucios de un escaparate.  Me  excito en el paseo por la imagen porque yo quisiera vivir en esa ciudad y por eso recorrí en mis soledades las calles buscando alcantarillas y puertas ciegas.  Mis ojos reflejan cuerpos, caras que simulan vicio para mí. Dios, perdóname, porque no está mi alma en aseo. Dame forma, infórmame de lo que se espera de mí como espejo. ¿Debo amar a esas imágenes que rompen el viscoso flujo de la distancia con el mundo? Me invitan a salir fuera.

Ya nadie me invita. Ya nadie me pide salir. En la distancia, sólo esas mujeres recortadas en los escaparates sucios, me acompañan.

(…)

Noche de violencia e impotencia (….) Deseo de estar en otro sitio, al otro lado del espejo otra vez.

Como los vampiros, sé que no puedo salir de esta tierra, del lenguaje y sus usos en la patria.

(…)

Inicio el escrito “Cuadernos de la ballena blanca para perpetuar o para asesinar el recuerdo y la neura…. Sólo se mantiene inmutable y para siempre lo que se asesina. Comienzo la escritura con gesto y pretensión aunque sin plan narrativo alguno, hostigado por  la pereza y la tendencia a la autohumillación, no queriendo ver que quizás sea ya todo demasiado tarde pero que esa irremediable pérdida de la oportunidad es  inicio siempre de la posibilidad tanto tiempo anhelada, la ultimísima ocasión  de ese gran cambio, la iluminación, el encuentro con la amistad, el cerco de confianza dentro del cual podemos desplegar la conversación que continuamente se  enriquece y place porque actúa en el sin-miedo: la confianza y la beatitud.

Escribo, pues, sin plan, definiendo en las primeras líneas el otro lado, el otro lado del cristal y del espejo, la doble vida….

(…) ¿No se anunció, en el inicio, a través del gran adelgazamiento, estigma de toda conversión? Muté – al menos por dentro – y soy otro y, por eso, a penas me entiendo ni comprendo.

 ¿Ha pasado que al fin llegó esa salvación pero no supe reconocerla y, quién sabe, tal vez, la arrojé a la basura como trasto viejo?

(…)

Oigo el Officium Defunctorum de Tomás Luis de Victoria. Veo un cuadro de Antonio Moro, el Retrato de María de Austria, la emperatriz que acogió bajo su protección al músico y para quien compuso el Oficio de Difuntos, el réquiem. Me pregunto por qué la emperatriz, en el retrato, aparece con un guante puesto y otro quitado, mostrándome su mano pálida como objeto de atención, como estandarte de algo, signo tan personalísimo como la cara. Las manos. La emperatriz, esposa y madre de los emperadores del águila bicéfala.

(…)

Canto y hasta bailo. Intento con todas mis fuerzas romper esa distancia viscosa que me separa del mundo (viscosa la distancia y también acristalada: por eso se explica el brillo de las cosas y de los rostros que tanto me hace gozar como fenómeno estético). No lo consigo del todo y represento un papel de simpatía. En cualquier caso, cantar me provoca una extraña sensación y cuando veo a mis compañeros en el canto  los percibo desarmados, las aristas de sus corazas aliviadas por la inmensa exposición a la debilidad y al ridículo de la música coral; y mi distancia viscosa también se rebaja en agua y aire. Me siento confuso y  poderoso en el canto, rompiendo el modo habitual de ser, quebrando la distancia. La comunión de los santos era, evidentemente, un coro.

…la sensación opuesta, la reducción casi al máximo de la distancia, la vivencia de la hermosa  “confianza”.

(…)

En todo caso, me agrada intentar salir del día a día aunque estos brotes de sociabilidad tengan algo de impostado, una posición artificiosa o falsa,  de cara a la galería. ¿No es verdad, sin embargo, como ya percibí en el pasado, que toda la vida social tiene mucho de dramaturgia?

(…)

….. recorrido por diversos pueblos de Soria. Nadie espera a nadie.

(…) Los nombres se me escapan y esta incapacidad patológica para la memorización supongo que es efecto de la distancia de la que antes hablaba. Los nombres no se me quedan porque para asentarse precisan romper la piel dura, la excrecencia de mi lejanía del mundo. Como si no aprender sus nombres me protegiera de ellos y de su inmenso poder de decepcionar – las personas te abandonan y traicionan o eres tú el que las dejas en la estacada por motivos que, en muchas ocasiones, son nimios, más pereza que maldad. Las cosas se tornan feas y aburridas, como juguetes viejos  abandonados en el puente que contemplan la espalda de ella saliendo de escena…

(…) la cera arde y consume  indiferente a mis caprichos de niño enfadado. Quizás ya no puede cambiarse la vida a los cincuenta

miércoles, 15 de junio de 2011

CUADERNOS DE LA BALLENA BLANCA

01.

No sé puede romper lo que ha sucedido en el otro lado.

Para quebrar la impostura, deberíamos ir allí, velar armas y, siguiendo las normas que se prescriben para el caso, proceder a la extrema violencia que la palabra no puede dictar. Abrasar el cuerpo en la tierra de su propia ficción. Porque allí hay rituales muy precisos para borrar lo sucedido. No está  dios dispuesto a modificar la historia a cada paso y menos por capricho de virgen violada. Debemos atraer su voluntad con ingenio más que  con deseo o piedad. Él nada quiere ni muestra compasión alguna. Sólo la nada le incita a la reflexión y a corregir su texto. Los huecos entre letras y la página en blanco.  Es inteligencia, por tanto,  lo que precisa el que al sortilegio se  enfrenta para borrar lo que en el otro sitio ha pasado. El maestro combina los elementos del ars magna en su danza: lapis, flamma, planta, brutum, homo, coelum, angelus, deus.   O eso creo porque hablo desde el centro de este  delirio  y sé que el paisaje se distorsiona por el calor. Pero, no temas amiga, esos procederes  rigurosos  y  bruscos no llegarán  a tu piel ni harán vibrar tu tímpano. No se puede romper lo sucedido en el otro lado porque el acceso está severamente vetado a los que portan virus o miasmas de humor melancólico. Esta imposibilidad se ha marcado en mi laberinto neuronal y es lo que ahora, en oración o en desenfreno, golpeando a un gendarme o  tal  vez dejando mi cuello virgen abierto de par en par a las criaturas de la noche, intento aliviar. Aprendida la lección no preciso la reiteración del recuerdo.  Necesito el vuelo de la mariposa  en el centro de mi mente porque sólo esos barridos de ciento ochenta grados de sus alas (que difuminan los colores en el plano) conseguirán salvarme de mí mismo. No puedo romper lo que ha sucedido en el otro lado porque  no se puede retornar a aquellas geografías en las que nunca se ha estado. Aunque se  crea en el espejismo. Como en tantas otras cosas, la fe no mueve montañas

domingo, 12 de junio de 2011

De sinergia y ubicuidad en una tarde de domingo


Nemanja KnezevicUpper town synergy (Zagreb) 

"Lo cierto es que no todas estas afinidades resultarán explícitas y conocidas, sea por falta de ocasión, sea porque ni imaginaron que podría existir, sea por una simple cuestión de sensibilidad y tacto" (José Saramago: Ensayo sobre la ceguera)

    El hombre de la foto, cerca del parlamento de Zagreb, baja por una calle adoquinada y  ligeramente pendiente. Las casas de los lados se tiñeron de humedad hace años y notamos algunos desconchados en las paredes, signo de la crisis del patrimonio urbano, además de las habituales firmas grafiteras. El hombre parece tener el pelo blanco y, no sé por qué,  me resulta un poco extravagante,  no por la acción que está ejecutando sino por su aspecto. O mejor: la acción de portar la pancarta  devuelve dignidad a una apariencia sensible que minutos antes nadaba en las cercanías del ridículo. No quiero ofender a nadie, claro, pues trabajo  a más de 1700 kilómetros de Zagreb y  el valor testimonial o documental de la fotografía tengo que despellejarlo para alcanzar  afinidad sinergética entre mi maltratada alma y  la imagen fotográfica de un tipo bajando por una calle.


No hay espíritu pendenciero. Necesitaba bálsamo y, desde siempre,  lo extranjero me alivia mucho más que lo nacional, idiosincrasia del alma  que se explica sin duda por mi escasa experiencia viajera y que se remediaría finalmente si tomara el petate o la maleta y me largara a tomar por culo allende las fronteras (todas). Así, pues, y no quiero salirme del tema,  no sé quién es el de la foto aunque me parece raro y ridículo.Tampoco se a qué cosa apunta la pancarta ni hasta hace unos minutos conocía a la fotógrafa  Nemanja Knezevic (claro que saber ahora que nació en 1985 y que es balcánica no me otorga conocimiento digno de mención; quizás envidia, sí, pero ese sentimiento tan alocado nunca puede confundirse con el saber por mucho que esté en la base de muchas de las cosas que creemos).


 El tipo de la foto, imaginemos, no porta su auténtica cara sino que para la ocasión ha tomado el rostro de otro, quizás de un personaje de opereta  muy maquillado y empelucado. Por medio de almohadillas le han engordado barriga y piernas antes de colocarle una cara extraída del catálogo internacional de caras normales especialmente ridículas. Y le han dejado solo en la calle. ¿Solo? No, no hay soledad. La iluminación que cae  sobre su estampa y la misma frontalidad teatral de la fotografía  anulan toda impresión de soledad. Hay otros o los hubo o los habrá. Quizás sea un  rezagado de la manifestación contra los malos tiempos.  No hay nadie presente detrás del manifestante pero el ridículo de unos cientos de antigubernamentales  protestando  contra la sociedad del espectáculo y la gran verga de los mercados ("no se consigue nada saliendo a las calles" dicen )se salva y dignifica por esa imagen de un hombre extraño que baja  por una calle de Zagreb portando una pancarta. 


 Oigo la soledad del caminante y el ruido de las ausencias que desgarran la noche de la ciudad. Frente al  solitario pudiera estar un coche de policía con agentes armados dispuestos a reprimir la algarada - como el joven que se colocó ante el tanque en Tiananmen. Si de repente aparece un tipo solitario y "apayasado" dirigiéndose decidido hacia la luz, el sentido de la ráfaga se pierde y de la extrema debilidad del manifestante nacerá un malestar extraño en la boca del pistolero y del que ordenó la represión de las calles a plomo y sangre. Eso es sinergia: dos pequeñas cosas se suman y modifican la trayectoria de aquello que inicialmente las duplicaba. Un hombre, una foto.


Evidentemente, la cara con la que han disfrazado al manifestante  de Zagreb es mi cara y, en extraña afinidad, yo soy el tipo de la pancarta (me reconocí nada más verme esta tarde en el reportaje de Cafe Babel)
Yo soy un croata. Yo soy el último europeísta de los Balcanes.Yo califico de corruptos a los políticos de mi país exótico.Yo protesto.

 Repito que no quiero molestar. Sólo me estoy desfogando un poco y tratando de encontrar hilos de afinidad con esto que es el caso. Estoy convencido, con Saramago, que muchas de las afinidades se pierden por ausencia de órganos de sensibilidad adecuados o por cuestiones de disciplina o modales. Como no nos atrevemos a besar a todas aquellas personas que nos atraen no sabemos si pudieron haber sido la elección definitiva. La tesis de Goethe en la célebre novela  - las afinidades entre espíritus (y quizás cuerpos) provocan fuerzas atractivas que rompen las convenciones y tienden a unir a los semejantes como si de un fenómeno magnético se tratara - no me parece completamente acertada (aunque sí excitante). Olvida la presencia de otras mil fuerzas que se interponen, invierten y desvían  los acercamientos entre almas gemelas. Por eso, es menester hacer ejercicios de afinidad y buscarse a sí en el exterior, en ese discurso del afuera que parlotea intrigante por las calles de las viejas ciudades que nunca visitaré. Quién sabe dónde está mi geografía.


Allí, entre su cubos de basura, se hace realidad el célebre  Tat Tvam As , eso eres tú, mantra en el que después de reírnos largo, debemos volver a tomar en serio para que la arquitectura del universo no se desmorone por nuestra mala cabeza.

miércoles, 8 de junio de 2011

Jedem Das Seine (A cada uno lo suyo: Weimar vs Buchenwald)


 "Las imágenes grises, desenfocadas a veces, filmadas con el tembleque característico de una cámara que se sujeta con la mano, adquirían una dimensión de realidad desmedida, conmovedora, que mis propios recuerdos no alcanzaban"(...) "Al convertirme, gracias a los operadores de los servicios cinematográficos aliados, en espectador de mi propia vida, en mirón de mi propia vivencia, me parecía que me libraba de las incertidumbres desgarradoras de la memoria. Como si, paradójicamente a primera vista, el contenido de ficción inherentes a toda imagen cinematográfica, incluso la más documental, lastraran con un peso de realidad incontestable mis recuerdos más íntimos. Por un lado, indudablemente, me veía desposeído de ellos; por el otro, veía confirmada su realidad; no había soñado Buchenwald" (Jorge Semprún. La escritura o la vida, 1995)

miércoles, 1 de junio de 2011

BICEFALIA ASCENSIONAL (II). FANTASÍA SONRIENTE

DOS. UNA PEQUEÑA FANTASÍA ASCENSIONAL


Henri Lachambre: Aeronauta- constructor patentado


no os subáis al globo



 Hipersensibilidad a la decepción. Percibo traiciones  en el más pequeño de los gestos y entierro la cabeza en el subsuelo de  mi caparazón para no sentirme abandonado. Me hiero para no descubrir que sus manos son navajas.  Vivir así es morir de amor - lo comprendo - pero uno ya no sabe qué hacer con sus taras. Juro que me gustaría ser menos idiota y no cagarla a cada paso rompiendo lazos precarios y bonitas amistades, confianza y fraternidad humana. Lo intento pero no puedo evitar ver cómo las luces de la ciudad se van apagando según asciendo en mi globo. Todos son hormigas que pierden brillo y me decepcionan porque, seguramente, yo las estimaba eternas en sus colores.



Bailan los entes de fantasía en el imaginario del ingeniero Lachambre.  La tecnología de los aerostatos se asocia con el circo y el más arriba todavía. Subimos  al cielo para encontrar elefantes y acróbatas, jinetes y payasos con jeringas de agua.  Demonios y curas amanerados que miran de reojo a las niñas - alicias. Miro desde arriba y veo el abajo convertido en plano, cartografía bidimensional y cuadro cubista.  Geometrizo como un arquitecto. Aunque también cabe alzar la vista estando arriba y tratar de contemplar el más arriba, el ojo del cartógrafo originario y  el fuego que rodea el cosmos al otro lado de las estrellas fijas.  Sin embrago, en el cielo, prefiero mirar sin arribas ni abajos, en la horizontal ingenua, como un caminante que contempla a las criaturas que habitan en los sueños.  Están ahí, a la mano. Su perfil se fija como dibujo de neón, cartel luminoso o ilustración fantástica de cuento infantil. Tal vez aquí arriba y en el subsuelo habitan los mismos seres pero, vistos desde el globo Lachambre, no muestran sombra de negritud, matiz de desconfianza o rencor. Seres que en la tierra son  incapaces de despertar fábula iluminan aquí arriba  el horizonte del viajero.


Subo en globo como quien se va a un balneario con pocas esperanzas de recuperar la salud pero buscando un espacio libre de decepción.  No quiero pensar en las columnas de Klimt del otro día, ni en el triángulo del arte, el deseo y la muerte. Anhelo un circo de bolsillo, arbitrado en un tela llena de colores y gas. Arriba el globo es uno más de los objetos de la fantasía y su rareza se diluye en las rarezas de los otros, como en una república de los entes debilitados: el elefante esclavo, la mujer barbuda y la niña poseída por la gente pequeña de los bosques; el cuerpo dislocado del contorsionista, la tristeza del payaso y su alegría especular. Los hipersensibles a la decepción subimos arriba y no pensamos que, este paso nuestro hacia adelante, es seguramente el inicio de la gran caída, la mayor de las decepciones. Pero nadie dijo que la mejor manera de vencer al diablo no fuera caer en sus fauces. O sí, no lo recuerdo. El mal de altura, ya saben.


Nunca hice caso al sabio consejo de el Cuco: no sos subáis al globo.

lunes, 30 de mayo de 2011

Messidor (inicio del viaje de invierno)


Messidor (Alain Tanner, 1979)

No puedo, para el viaje,
elegir el momento:
solitario en la sombra
he de encontrar mi norte
(W. Müller: Buenas noches


Jeanne y Marie.

Esperando el verano con una pistola en la guantera.  Una pistola es símbolo que da miedo a los gilipollas que no saben tener la mano sujeta a la polla y hablan con ésta como si fuera una lengua franca. Una pistola  es un pene de acero para cerrar categorialmente al macho en un taller postfeminista  y,  como accesorio de temporada, culmina en absurdo el largo paseo de estío de aquel  que ya no desea volver a casa.

Salirse por la tangente.
Extranjero he llegado
extranjero me voy.
(...)
¿Cómo iba a quedarme
hasta que me expulsaran?
¡Que los perros aúllen
en la puerta del amo!
(W.Müller: Viaje de invierno)

Las hermanas Messidor.

 La pistola abre puertas en el cráneo y ayuda a aliviar la tensión que provocan el tráfico intenso, los aviones que vuelan bajo o la perspectiva de una madre esperando en casa. Las hermanas Messidor  esquivan camiones y vehículos utilitarios  habitados por seres de otras galaxias.  Los coches fluyen por las autovías en espera del accidente y las dos mujeres hacen autoestop como quien monta en el tren de la brújula loca. Convierten el mundo en parque temático del nihilismo. Es divertido.

Las convulsiones de finales de los setenta. Nihilismo aprendido en la televisión; no necesité a Nietzsche.

"Dejarse llevar" por la situación inesperada que aparece. Sientes que te han forzado a recorrer un tiempo y un espacio vacíos, que el aburrimiento y la ausencia de futuro han dejado hace dos vueltas de ser metáforas. Y este maldito tráfico. Eliges salirte por la tangente insistiendo en la tara. Saldrás herido al final de la batalla y no podrás presentar facturas. Nadie entenderá dónde estaba la ganancia ni podrá explicar la atracción del riesgo inútil. Ni siquiera podrás sentirte orgulloso por haberlo intentado porque, en el fondo, sabes que simplemente te  dejaste llevar,  como el suicida que juega con la pistola a la ruleta rusa.

Abandonas las autopistas y recorres el campo con la compañía inesperada, la que el azar ha puesto en el marco de tus huellas. Os habéis reconocido por una sonrisa y unas ciegas ganas de juego. Inicias el viaje de invierno en el mes de Messidor para aprovechar los cielos estrellados y los caminos de la luna.

Al final la amiga dirá que ya no hay más camino y los policías del rencor te encarcelarán en un sueño.

Y escribiré  en la entrada,
al partir: ¡Buenas noches!
para que puedas ver
que he pensado en ti
(W.Müller: Viaje de invierno)



Schubert: Gute nacht (Winterreise) por Danielle Borst



sábado, 28 de mayo de 2011

BICEFALIA ASCENSIONAL ( I ). ANGUSTIA DEL ENAMORADO


UNO. PEQUEÑA ANGUSTIA


Gustav Klimt, Filosofía, 1898–1907. Óleo sobre lienzo,430 x 300 cms. (destruido en 1945) 



" En Filosofía, Klimt mostraba que aún era hijo de la cultura teatral. Nos presenta el mundo como si lo viéramos desde el patio de butacas, un theatrum mundi de la tradición barroca. Sin embargo, mientras el theatrum mundi barroco estaba claramente dividido en cielo, tierra e infierno, en esta obra la tierra parece haber desaparecido, disuelta en una fusión de las dos esferas restantes. Los cuerpos enredados de la humanidad doliente van a la deriva lentamente, suspendidos sin propósito definido en un vacío viscoso. En la oscuridad cósmica –las estrellas están mucho más atrás– aparece una Esfinge pesada y somnolienta que no se ve y que es nada más que una condensación del espacio atomizado. Sólo el rostro situado en la base de la pintura sugiere, con su luminosidad, la existencia de una mente consciente: es  la  Wissen (Sabiduría). La visión del universo de Klimt es la de Schopenhauer: el Mundo como Voluntad, como energía ciega en una ronda incesante de nacimiento, amor y muerte carentes de significado. La Wissen de Klimt es fría y dura. En sus ojos misteriosamente luminosos, esta sacerdotisa filosófica muestra una actitud distinta: una sabiduría, a la vez impetuosa y glacial, que afirma el Mundo de la Voluntad". Carl E. SchorskeViena Fin-de-Siècle  (DE AQUÍ)

Acusaron a Klimt de presentar "ideas no entendibles 
a través de formas no entendibles". 


Fin de siglo (XIX): El ingeniero custodia ahora la construcción del theatrum mundi y Schopenhauer provoca dolor de cabeza o chiste. Los poetas del 98  aún le tomarán en serio. España y su (divina) diferencia. Creo que el rarito de Arthur previó que ese podría ser el destino de su filosofía y, en honor a su inteligencia, digamos que no le importaba demasiado.  Hay citas que lo atestiguan.


Fin de siglo(XIX): No sabe el ingeniero en que parte del escenario se ubicará la filosofía y el arte. La columna filosófica de Klimt (sexo,  muerte y una mujer filosófica de hielo en la base, sin cuerpo, negándose a la cópula - y a todo comportamiento impropio ) parece, desde luego, excesiva.  La  Tour Eiffel también amaga columna pero nos  anuncia  toda la maravilla del nuevo orden bajo la forma de óxido y ascensor eléctrico(1889). Gana. Debe la mujer filosófica sonreír al menos un poco - ya que entre todos la financiamos. Que se haga mujer de la vanguardia, se pinte los labios y sea gentil en su espectáculo. Como Josephine Baker.  Hay algo más que sexo y muerte en la metafísica y el arte: los bigotes del emperador y sus tributos, los prostíbulos de sonrisa despreocupada y el águila bicéfala como juguete sexual (para el placer mutuo, bidireccional, democrático, sano).  ¡Es divertido!


Fin de siglo (XX): Ingenieros musulmanes educados en occidente estrellan aviones contra torres gemelas dibujando en la cabina del avión anagramas que aluden a filosofías que, en contraste, convierten a Schopenhauer en un cachondo libertino. Progreso.


*****
La palabra, sea hablada o escrita, no es mi fuerte, y mucho menos si tengo que hablar sobre mí mismo o sobre mi trabajo. Hasta cuando me veo obligado a escribir una simple carta experimento angustia y sensación de mareo. Gustav Klimt


Klimt lee o respira  a Schopenhauer. 


Schopenhauer  educador: Pensamientos  que como cuñas  publicitarias anuncian a la voluntad (que, por cierto,  ni nos mira cuando dejamos todas nuestras energías en alimentar su frío fuego). Sabiduría de almanaque  para orfebres y burgueses que buscan  un ligero ejercicio espiritual para los atardeceres.  Gimnasia o danza amanerada para ejercer en la intimidad.


Schopenhauer para todos - como la cocacola


Schopenhauer,  exótico con su budismo y su perrito de aguas. Vindicador de la arquitectura y la música. 


Me considero bastante schopenhaueriano (de la variante payasa en todo caso)




Klimt, artesano (casi un zapatero como Jakob Böhme); visionario que planchó la angustia y el erotismo en ilusión de orfebrería teatral. 


Klimt y las  mujeres de Klimt que  mueren y devoran, humillan al exigir su humillación. Su orgasmo es estertor  siempre  generado por otro aunque seamos nosotros los copuladores.   Después de ver a las mujeres de Klimt concluyo que el amor es siempre cosa de tres: el deseo es vibración que nos lleva a ver en los mismos rostros a la Prostituta y a la Muerte sintetizando entre ambas el bacilo de Koch(1882) y la bacteria de la sífilis. Antecedentes del LSD y proto-maestros de la psicodelia.




Así se construía el teatro del mundo en el fin del siglo, en el inicio del siglo en el que yo nací y en el que aún presiento en mis venas a las mujeres de Klimt, el batir palmas de los ingenieros y la filosofía de Schopenhauer. Maldita herencia, maldita raza. 

Para la seriedad necesitamos viagra, hermanos.

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