jueves, 29 de agosto de 2013

Miedo (1)




 "¿Entiende de economía? Me refiero a capitalismo global del bueno, el de antes de la guerra. ¿Entiende cómo funcionaba? Yo no, y cualquiera que diga que lo entiende es un puto mentiroso. No existen reglas, ni absolutos científicos (...) La única regla que entendía la aprendí de un profesor de Historia: El miedo-decía -, el miedo es la mercancía más valiosa del universo. Encended la televisión: ¿qué veis? ¿Gente vendiendo productos? No: gente vendiendo el miedo que tenéis de vivir sin sus productos(...) El miedo es la emoción básica que tenemos, es primitiva. El miedo vende; ese era mi mantra: el miedo vende" (Max Brooks: Guerra Mundial Z, la voz de la ficción es la de un alto directivo de una empresa farmacéutica)

"y mientras tú esperabas que yo lo hicera. yo sabía que tú no lo harías. Curioso, ¿verdad?" (Pseudoanónimo)



 Miedo. La inteligencia es la facultad que nos permite reducir la incertidumbre. Eso vende. La incertidumbre como entidad primaria y, a su sombra, mi miedo, el miedo particularísimo de cada uno, intransferible, oscuro y fluyente,  como una niebla que nos hace perder los límites del cuerpo y el alma. Nos lleva a agruparnos en torno a un fuego o buscar el calor de los otros cuerpos o la irracionalidad de las masas. Eso es poco inteligente ... ¿o no? ¿hay una inteligencia superior a la de mi miedo que me lleva a la entrega a la masa, al fuego de la tribu, al suave tacto del otro? Los que se quedan solos siempre mueren en las películas de miedo.  Si la inteligencia nos lleva a la irracional inteligencia del ser al menos dos (mejor diez, cien, mil), el miedo nos repliega en los árboles que nos rodean. Nos percibimos como pequeños animalitos que convertirán su carne en musgo, arena, agua. Y el alma se despertará en jirones. Mil estados de conciencia fragmentados. Eso me asusta porque me imagino siendo un tubo en el que fluyen sin unidad  ni conciencia emociones horribles.

 Miedo. Yo lo sentía cosquilleante  porque esperaba lo que aún no era el caso. Mi miedo expectante no se reflejaba en ti porque tú ya sabías lo que yo iba o no iba a hacer. Certeza supongo que intuitiva, golpe de inteligibilidad a todas luces femenino.  Yo espero en la duda, en la pasividad más absoluta del que atiende nervioso al próximo movimiento del ajedrecista, sabiendo por los indicios que se acerca un jaque. ¡¡Qué distinto el esperar y el saber!!

Miedo. Si el miedo es la clave, ¿cuál es el consejo, el alma mater de nuestro prontuario de buenas directrices? La valentía. El valor es el valor (por excelencia primero). Valentía: ni miedo ni  temeridad. Exige inteligencia según los clásicos. ¿Exige?. Si no hay reglas, como apuesta la primera cita¿para qué la inteligencia? ¿Para crear la ilusión de una cartografía a todas luces falsa?  ¿No será más propio, más inteligente, la deserción de toda la inteligencia y la apuesta por el "fuerza y honor" del guerrero,  el ajustamiento pasional a un icono que no admite justificación y que se parece tanto a la muerte?  Memento mori.  No sé si me explico aunque, realmente, tampoco me resulta claro si no resultar inteligible es algo que me asuste .... de momento.¿Llegará el día?

Miedo. No sé realmente por qué se da que yo siga esperando, que me desgarre en una expectativa que no acaba y que asume que es otro el que debe tomar las riendas y actuar. Creo que yo mismo me desdoblo y me miro en esta osadía del escribir. Bicéfalo, me digo: " tú esperas que lo haga(¿lo hagas?) mientras yo sé que no lo harás(¿haré?)". Toda mi acción se diluye. 

Me fundo con la niebla negra del miedo.


martes, 20 de agosto de 2013

La imperiosa necesidad de escribir una del Oeste




No es que tenga demasiadas ganas de contar mis inquietudes internas ni que estime que cabe sacar de todo relato una categoría, moraleja piadosa o entretenimiento. Esta es una simple historia de esas que apelan a la propia vida para legitimarse a través de la prostitución y que suele ser lo que se vomita después del "si yo le contara", condicional perverso y hortera que viola sin escrúpulos toda la literatura que uno estima digna. En el fondo creo que tampoco estamos ante una confesión o terapia, aunque eso nunca se sabe con las gentes que militamos en el borde de la alienación. Un poco de exhibición, sí;  un quinto de mala leche agriada en el hartazgo veraniego, se le supone;  una pieza de ternura entresacada de la banasta de frutas postcongeladas y desaromatizadas del súper, eso va de oficio. O algo así.

*****


 Yo, de niño, me juntaba en los recreos con mi amigo X  junto a una piedra de esas que sirven a los viejos para sentarse y tomar el sol del invierno. Allí  simulábamos que se encontraba nuestro gran almacén de objetos de aventura. Las pistolas, la cartuchera, el caballo, el winchester, la cantimplora y la manta india o mejicana para proteger la montura. Luego salíamos a correr por el inmenso patio. Lo hermoso, al menos para mi,  no era la cabalgada sino ese encuentro en torno a la piedra, la propia existencia del almacén secreto. Los preparativos del viaje por el desierto me hacían disfrutar más que el lento recorrido por los caminos polvorientos o las batallas ganadas. Ese ha sido siempre mi sino. Me fascinan los preámbulos, sobre todo los que no llevan a nada.
Por cierto: si  quieren localizar el escenario de mis juegos  y hacerse unas fotos,  - sé que  hay gentes que persiguen ensoñaciones literarias en la realidad - nada más tienen que ir al Hospital del Rey, zona ahora universitaria en la ciudad de Burgos. Detrás de los edificios modernos, en un placita que aún conserva las viejas casas de mi niñez  y a la que se accede por un bonito arco, tuvo lugar la aventura que ahora he convertido en letra escrita. También merece la pena decir, aunque ya es imposible visitar, que en el interior de ese arco de entrada vivía mi barbero de los cinco años, un señor con pluma y pájaros y peces, dueño y emperador de  una habitación misteriosa en la que yo entré solo un par de veces,  espacio separado por unas simples cortinas del salón de corte de pelo pero que conformaba  el muy distinto mundo abigarrado de las maravillas. 




 En aquellos mismos días, en el inmenso placer de buscar el sueño, cuando me metía en la cama también fantaseaba con  el almacén del pistolero. En este caso, cuando cerraba los ojos a la espera de la bendita inconsciencia, imaginaba una gran cueva en la que me refugiaba todos los días. Esa cueva estaba llena a rebosar de los objetos típicos de la aventura del Oeste y de otros miles de cachivaches. Me recuerdo vistiéndome de vaquero, colocando las pistolas en su sitio, ajustando el cordón de las cartucheras. Lo que no me viene a la memoria es verme salir más allá del umbral de la caverna-general store.  Sí, miraba a lo lejos y me quedaba abobado contemplando el amplio horizonte del atardecer o del amanecer. Quizás porque en ese momento me dormía nunca fui jinete en las grandes llanuras ni me enfrenté a los pieles rojas que, se cuenta, corrían a pelo por las praderas.

 Esas experiencias creo que están en el centro de mi persona y, sin necesidad de que se sientan ofendidos, de mi voz narrativa. Soy un tipo de almacenes, un cabo furrier onírico. Mi deseo secreto siempre ha sido ser dueño de una ferretería.  Yo escribo inventarios. Me fascina esa cueva en la que poco a poco empezó a haber de todo, lámparas de petróleo, barriles de pólvora, harina o frutas. También telas del lejano oriente y  el hábito ensangrentado de un misionero martirizado por los chinos. Peces de colores en recipientes de cristal esférico. Pájaros tropicales, sillas sobre sillas, envolturas diversas, polvo y redes de arañas meditantes. Una infinita barricada.

Uno es así. No he tenido demasiado valor para salir a las grandes extensiones. Han brotado de mi lengua mil excusas para no salir.Por ejemplo, no puedo dejar a los peces solos.

 Pero leyendo una novela de intriga (Miedo de Jeff Abbot) he pensado que a lo mejor lo que siempre he deseado es escribir una novela del oeste o, en lo que es lo mismo aunque mejor, una revisión de la aventura del mago de Oz.  Viajar, salir ahí fuera y arriesgarse a actuar impropiamente, traicionando los deberes y los valores, dejando a los peces morir porque uno está tirando los tejos, desde hace ya diez días, a una pelirroja que baila can can en el salón recreativo y que, además, es experta en Spinoza.

 Malditos secretos que se acaban contando.

 Abandonaré la cueva en este mi inicio de una carrera literaria. Y que nadie se ría porque soy un tipo armado con un colt perfectamente engrasado.



miércoles, 14 de agosto de 2013

W W Z (La civilización y la imitación inteligente del zombi)


WWZ (2013)



 Debo confesar que descubrir que estamos en plena Guerra Mundial Zombie solo me ha servido para dormir peor y sentir acelerados los efectos colaterales que son de rigor en mi picajosa vida emocional. De nuevo comprendo que ser consciente de uno mismo y del mundo que es el caso, tal y como se empeña en recomendar la filosofía, quizás nos haga dignos pero nos conduce a unas felicidades muy raras, al menos en estos tiempos en los que el dios kantiano que aseguraba el final feliz salió de naja en el el último episodio.

 El poético habitar de mi existencia  en la W W W  no me planteaba demasiados problemas. Sí, acepto que la mala conciencia drogadicta me empañaba las lentes a veces y me decía, en silencio, que algo malo tenía que tener la www si estaba tan rica. Pero, ¿quién está libre de vicios? Además, si yo podía ser objeto de seguimiento por parte de los servicios de inteligencia o las Compañías , ¿qué me podía importar? Creo que la perspectiva me llenaba de orgullo porque no acababa de entender qué interés podía tener el menda y su achicada vida para esos señores tan importantes. Por eso sentirme espiado me ponía más bien cachondo, de un modo ligero y al modo ancianidad activa, pero cachondo al fin y a la postre. Como los célebres elefantes de la canción infantil, me he estado balanceando en la red con más alegría que angustia.

 Pero la visión de la película WWZ ( World War  Z, 2013) me ha llenado de inquietud. No me asusta  la interpretación política que pueda hacerse del relato, digamos los peligros que en la vida del individuo y los grupos cordiales  - la familia convertida por el capitalismo en la última célula revolucionaria - puede producir la infiltración de lo otro, masivo y reiterativo, homogéneo y desazonante, anónimo y cuantitativo, democrático al fin y al cabo. Tampoco me ha llevado al borde del colapso nervioso asumir que el capitalismo es el gran zombi y que su lógica ilógica nos lleva a la destrucción de los pequeños resquicios de libertad individual . Y no hago mucho caso a la idea de que el orden civilizatorio se proteja solo gracias a los muros (como los del estado de Israel). Todo esto es muy angustioso pero, personalmente, lo que más ha afectado es una cuestión que tiene que ver con el ritmo de las opciones salvíficas..

 La verdad es que,  siempre en la inopia,  no había caído en la cuenta de los cambios de velocidad de los zombis contemporáneos. El zombi que yo recordaba era más bien lento, acartonado en sus andares por la putrefacción que le corresponde a su condición de cadáver. Sin embargo, estos nuevos zombis que nos han llevado a esta maldita guerra mundial tienen todo un sofisticado sistema de tiempos.

Los zombis pueden mostrarse como realidades suspendidas, inmóviles, cercanas a su vieja condición de cadáver. Los movimientos que vemos en la película WWZ cuando el zombi está inactivo, podrían ser los efectos típicos de la corrupción de un cuerpo, según nos informa la ciencia forense. La propia corrupción de la carne, la generación de gases y efectos mecánicos, crea esos movimientos compulsivos, torpes. Todo muy natural y, si se me permite, humano. Pero cómo cambian las cosas cuando detectan algún ruido o movimiento violento. Su excitación es tan brutal que pasan de cero a cien en muy pocos segundos, haciéndose capaces de hazañas inmensas -propias de animales sociales perfectos como las hormigas -,  como la superación de los altos muros  de Jerusalem o la creación del atrapa helicópteros que vemos en la imagen  de arriba. Toda una instalación.

   Si los zombis paralizados me recuerdan a las esculturas de Juan Muñoz deterioradas por el paso del tiempo pero con un encanto zen,  los zombis excitados por el ruido me parecen los antihéroes, figurativos solo en apariencia, de un cuadro expresionista,  una de esas acciones pictóricas y medio derviches de Pollock ante el lienzo. Pero mejor lo ven:



 Juan Muñoz


Jackson Pollock




WWZ
 Me sorprende la velocidad de infección del carácter zombi.  La humanidad está perdida a ese ritmo. La película, finalmente, encuentra una opción salvífica no sé si definitiva. Al parecer, los zombis son estructuras como aquellas que imaginaba Richard Dawkins en su gen egoísta: organismos instrumentales, cuerpos que solo buscan el contagio masivo. Por eso, la violencia sobrehumana de su movimiento nos revela la presencia de una fuerza de muy difícil contención. Así se comprende que, en la mutación zombi, los enfermos sean ignorados. Literalmente no existen en el campo perceptivo de los caminantes porque han dejado de ser posibles receptores de la mutación. Por eso, la respuesta civilizatoria ante la barbarie zombi no puede fundarse en la creación de guetos y la construcción de murallas  sino en enfermar todos juntos, asumir que la no-perfección y la muerte nos salva. Casi teológico.

 Pero yo casi prefiero subrayar otro camino. Imitemos al zombi, salvémonos en la apariencia. Seamos una recreación zombi en su estado no agresivo, cuando se mueve lento como un actor de teatro polaco. Que esa teatralidad sea nuestro camuflaje inteligente. Eso podemos hacerlo y ganar al monstruo por abajo, en su estado mínimo. Por eso propongo:

Lentitud,

evitación del ruido,

vivir en los delicados ritmos poéticos, lejos de las grandes sinfonía tecnológicas que tanto excitan a los enemigos.

Ser uno de ello, camuflado en el estado de larva de la muerte.

 Despacito.

 Ya dijo Nietzsche en algún sitio que todo lo que ha merecido la pena en la civilización humana ha exigido tiempo de disciplina. Vosotros, hombre superiores, aprended a tardar más de un día en alcanzar los objetos de la cómoda, y toda una semana para bajar al supermercado.

Despacito.



WWZ

Lo dicho. Y que viva la revolución que, esta vez sí, nos permitirá ganar la guerra.

martes, 6 de agosto de 2013

El público


Isabelle Stoffel: La rendición


¡¡ Hostias!! ¡ No se lo tomen a broma!

 Llevo un tiempo preocupado por la cuestión del público. Perdonen la falta de modestia y eviten la risas: me interrogo con toda seriedad por "mi público", hasta el punto de convertir su presencia en el gran horizonte hermenéutico de mi meditación sobre el mundo.Ni verdad, ni belleza, ni bondad. Ya, ni siquiera, la escritura como alivio onanista o tiro de carreta terapéutico. Ahora el público es eje de mi decir porque, por sorpresa, he tomado conciencia de que tengo un público por ahí.

  Este es un asunto que debe estar a la sombra de toda esta legión de amigos del blog, la facebook o los twitter. Pero la categorización y distanciamiento de la cuestión, hasta convertirla en asunto de muchos, no me libera de la desazón gozosa de esta "conciencia de que tengo un público y a él me debo tanto a o más que a mi propio genio o a la conciencia de clase, género y especie".

 Esto no es broma. Hace unos años no me planteaba esta cuestión  porque escribía en cuadernillos de cubiertas negras a los que nadie tenían acceso y que ni yo releía. Podría afirmar que, como San Agustín, yo escribía para Dios y sólo él era mi público, que trabajaba en la búsqueda de la perfección expresiva porque Dios lo ve (Oscar Tusquets). Pero creo que realmente  nunca me plantee las cosas de esa manera y ni me tomaba en serio a mi mismo ni a mi escritura. Creo que es ahora, y solo ahora, en este momento en el que me pienso en la presencia de mi público humano, gente con penes y vaginas, dedos y uñas, caries y déficit en la recaptación de la serotonina, solo ahora, me digo, la idea de escribir para Dios o con Dios me resulta claro del bosque para edificar mi tienda. Es ahora cuando yo me siento digno y hablo con propiedad de mi obra o, dada mi edad, de mi legado.

Rendido a mi público,  he conseguido finalmente la dignidad como hombre y como artista.

Por eso ahora me preocupo más por las formalidades de mis artefactos: los errores mecanográficos, las faltas de concordancia, los matices de la provocación, las fórmulas de cortesía, mi atención a las peticiones silenciosas de mis lectores. Giros, bises, claridad conceptual y sentimental. Ha sido ver al público y pensar en Dios y, a la vez, todo junto, atender a la gramática y a la ortografía. La figura del "observador imparcial", propuesta por Hume creo recordar para establecer valoraciones racionales en el contexto emotivista, no es exactamente a lo que me refiero. La figura del público no es un constructo teórico para salir o entrar en algún sitio, ni está ahí fuera garantizando un distanciamiento imposible. El público me habita desde el interior de mi alma, como una hinchazón aparecida de improviso al modo de las alas de la mariposa o esa erección no esperada que se despliega cuando,castamente, besamos a una persona a la que amamos.

Él me domina y yo me someto. Vivo en el placer a la rendición.

 Supongo que ya he llegado a una cierta altura en la génesis de mi obra. La aparición del público ha configurado la primera fuerza armada de mi espíritu, que ya no es solo alma, que ahora participa en el devenir de los juegos simbólicos, en el despliegue de las connotaciones.

De rodillas ante mi público, creo que esta rendición me está otorgando un nuevo reino de libertades.

No se rían, por favor. Mediten.


 

sábado, 3 de agosto de 2013

«Show me, show me, show me how you do that trick"






And moving lips to breathe her name
I opened up my eyes
And found myself alone 
Alone
Alone above a raging sea
That stole the only girl I loved
And drowned her deep inside of me


 moviendo mis labios para respirar su nombre
Abrí mis ojos
Y me encontré solo
Solo
Solo sobre un mar de rabia
Que se robó a la única chica que amé
Y la ahogó en lo más profundo de mí



Creo recordar que uno de mis primeros poemas - ya ha prescrito el delito así que puedo confesarlo -  trataba de la misma secuencia que nos describe la canción de Robert Smith, tema que en esta ocasión interpreta más dulce Katie  Melua. Quizás me faltaba el inicio, ese brillante show me, show me how you do that trick, pero en todo lo demás era muy parecido. Mis versos narraban en un tono épico agónico el triste destino de una balsa espacial  que se dirigía hacia la nada y en la que la voz  iba rodeada de cadáveres.  La historia tenía que ver con un naufragio ontológico y acababa muy pronto porque el protagonista del relato estaba solo y vacío, así que su trayectoria era muy limitada. Pero yo insisto en que aquél poema estaba en una atmósfera muy cercana a la del Just like heaven. No tengo pruebas pero, supongo, todos ustedes confían en mí.

 Me gustaría volver a recuperar  los trucos del escritor adolescente que, embriagado, era Rimbaud mismo redivivo, a veces Morrison y en algún punto Robert Smith. Porque allí, en mi pequeño cuarto y enfrentado físicamente a una máquina de escribir que pesaba sus buenos quince kilos, negra, de teclas potentes, tan arcaicamente americana que parecía soviética, en ese punto axial de la historia de esta pobre carne mortal, en el allí que era un jetzt-zeit filtrado por el truco químico de las diversas visiones, allí era yo el rey del poema y de la enciclopedia. También un Voltaire cachondo con camisa maoísta.

 Y ahora, tantos años después, sigo rogándote que me enseñes el truco, que levantes las olas del mar para enmarcar tu espectáculo y que si desapareces, como inevitablemente sucede contigo, al menos me quede con la boca abierta porque has superado al gran  Harry Houdini. No estarás pero como todo ha sido un truco, algo que está entre la magia y el engaño,  aún se me permite tener la esperanza de volver a sentir tu mano navegando en los vientos.

Y tus manos en el viento ya sabes que me gustan.






sábado, 27 de julio de 2013

Poder, coches y chicas

Packard 343 serie 8 y Marion Morgan Dancers (1927)

  Uno, de por sí tonto, se asusta si al salir a la calle se encuentra con este espectáculo de belleza y automoción, turgentes figuras femeninas y estruendo de motor más bello que la Victoria de Samotracia. Y es que L fue futurista y sabe que, como los alcohólicos y los adictos a otras sustancias,  nunca se deja el mal hábito.¡Ah! La novedad, la modernidad, la progresía, lo cool, lo ye ye... Nunca deja (el) uno de ser siervo de ese conciliábulo y sabe que el pacto inicial con el ídolo motórico no admite cese ni traición.  

 Por eso L, de por sí tonto pero al fin y al cabo superviviente en la economía darwiniana, tiene miedo de que al  salir a la calle y encontrarse con las señoritas de belleza clásica y el Packard 343, la sentencia esté trazada en el aire y un golpe seco de flecha le atraviese el pecho.

  ¡¡¡ Ay, dios mío, qué jodido es ser  un traidor infiel a sus viejas filias!!!

 Me fijo en las cariátides que enmarcan el templo del progreso automovilístico y el mejoramiento de todas las clases sociales. Esta hermandad de los humanos en los vehículos de motor está bien lejos de la  bailarinas del viejo cuadro de Matisse



 Las chicas de Marion Morgan son punta de lanza de las potencias del Packard, proyectiles de carne y tersa piel de los cilindros y las vielas. Absorbe el automóvil  la belleza de las mujeres y, en la vampirización, ellas se convierten  en máquinas de morbosa belleza (como la María de la película Metrópolis). Mecanizada la compañía de ballet, las jóvenes adquieren una fuerza como de superhéroes, mujer araña o Supergirl,  capaces de tirar del coche como genuinos caballos (o yeguas) de vapor, abstracción física tras el frágil cuerpo que recuerda a las vestales cariátides aunque ya estén en otro universo.

 Los bailarines de Matisse abrían un hueco, cercaban poéticamente el espacio y creaban la danza. Las jóvenes del Packard son el avance de un sunami, el inicio de la nueva era llena de cosas, el mundo después de Ford que imaginó Huxley en el Mundo feliz. Su belleza es flecha y cuchillo que arrastra todas las factorías de Detroit, el Ruhr, Tokio o Shangai. Son la bomba atómica.

 Y yo, como soy un poco tonto, y a pesar de mi patente de superviviente, caeré de nuevo en el falso amor por las jóvenes bailarinas, engañado, atrapado en la tela de araña de las ensoñaciones, de nuevo futurista, de nuevo creyendo que un coche de carreras es más bello que la Victoria de Samotracia



jueves, 18 de julio de 2013

Fotografía


EDDIE CARMEL
Jewish Giant, taken at Home with His Parents in the Bronx, NY, 1970
Fotografía de DIANE ARBUS


"Muchas personas se inquietan cuando van a ser fotografiadas: no porque teman, como los primitivos, un ultraje, sino porque temen la reprobación de la cámara"
 (Susan Sontag)


  Te ríes de mí, con esa seriedad que tanto me gusta, cuando digo que la sospecha de que todos los que me rodean poseen su propia mente me resulta purita sorpresa  y, en un salto más, maravilla. Nunca cito del todo bien, ni siquiera a mi mismo, y en verdad quisiera decir que en todos los que por aquí y allá navegan, humanos y hasta algún que otro animal, hay alguna cualidad que merece el calificativo de rara. Y es la rareza la que me sorprende, la comprensión luminosa de que en sus cabezas flotan mundos tan morbosos y encantadores como los que en el mío acampan. Y percibo, como lazo de color del mundo,  la extrañeza de los cuerpos y las almas, los perfilados diversos y las locuras afectas al trompicón.

 No te gustas, dices, en esa foto que me ordenas destruir y me amenazas con no volver a  acercarte al extremo de la cámara. No admites la mentira del fotograma, el más que cuestionable afecto a las imágenes que parecen nos dan eternidad y fama momentánea. Crees que no debo forzar el obturador en el futuro. No, no merece la pena alcanzar la gloria en determinadas condiciones y es éste asunto que ya la teología debatió cuando se hablaba de la resurrección de los cuerpos. Resucitar, ¿en qué condiciones? ¿Con los brazos pellejudos y la ojeras de mandril? ¿Con la polla escupiendo piedras y colgando de su deseo de no ser más ya nada? Por eso, prometían los sabios  resurrección en cuerpo glorioso, en acme que denote madurez, quizás los treinta y tres del Cristo o a la tierna juventud.

 Duele no saber que puede dolerte lo que la cámara que se apoya en mi mano te ofrece.  No sé si cuando te fotografío, cerca de los padres o del esposo, en tu casa de Brooklyn  o en la misma playa, estoy encontrando los matices de tu rareza o, por contra, falseando tu ángel. Por eso admito tu riña y destrozo la cámara que a mí, en suertes, me toca.

 No haré más fotografías aunque, sin duda, seguiré mirando todas.

domingo, 7 de julio de 2013

HIPOPOEMA SOBRE OBJETOS ENCONTRADOS (I)



El aire de familia citó a Wittgenstein en la calle más oscura de la academia con clara voluntad de homenaje y asesinato. En la categoría de " buena mujer"  transformado,  intentó  la seducción del célebre compañero de clase del tal Hitler y, en vista del desencuentro, optó por el crimen directo. Crimen aún sin resolver.

 De regreso a su despacho, ideó hipercampos en el aroma de  la sangre que aún caía, con evidente placer, por su muslo. Y ella, suspirando, se dice que si no fuera tan cobarde escribiría novelas eróticas con faltas
de ortografía.

  

*******
  Hemos establecido seis hipercampos o áreas generales del saber a los que deben asignarse cada uno de los textos «informativos» del corpus. Cada uno de estos hipercampos se ha estructurado en áreas temáticas más concretas. La parte de ficción —textos «imaginativos»— se ha considerado, por razones de orden y clasificación, como el hipercampo 7. ( CREA , Centro de referencia de español actual)


Hipercampo 2. Ciencias sociales, creencias y pensamiento. 

Religión 

Lingüística y Lenguaje 

Historia

Sociología 

Literatura

Astrología y Ciencias ocultas 

Erotismo, Sexología 

Psicología 

Ética 

Geografía 

Filosofía 

Civilización, Etnología 

Antropología 

Mitología 

Folclore 

Educación 

Mujer 

Arqueología 

Urbanismo 

Testimonios varios


Hipercampo 7. Ficción: 

Novela, relatos y teatro.

jueves, 4 de julio de 2013

Situaciones de bicefalia (cámara rápida)





 El hombre de Vitrubio también sufre la indigestión de la Bicéfala


"... porque en ese preciso instante sonaron al unísono el teléfono y el portero automático, ambos ruidosos y torturados, y tan abruptamente que parecieron penetrar a través de un agujero diminuto en el gran balón de silencio coloreado en el que él estaba sentado esperando, y primero avanzó hacia el teléfono y luego hacia el portero automático, luego convulsivamente hacia el teléfono y entonces intentó avanzar de algún modo en ambas direcciones a la vez, y finalmente, permaneció allí con las piernas separadas, los brazos agitados y frenéticos como si hubiera algo por el aire, sepultado entre los dos sonidos, sin un solo pensamiento en la cabeza" (David Wallance Foster: La broma infinita)

domingo, 30 de junio de 2013

Consilience. I like that serotonin was the last of neurotransmitters?


Consilience: 
voluntad de unir los conocimientos 
y la información de distintas disciplinas para crear un marco unificado de entendimiento.

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Dicen tantas cosas que no se sabe lo que quieren, más allá de su obvio deseo de cartografiarnos.

Por lo mismo, tampoco sé  si ellos, los señores y las nuevas criaturas , me quieren.

Y esa es una pregunta importante para mi que la neuroquímica traduce en texturas bipolares

Quizás por eso cubro el beso con tenue capa de serotonina.

*****

No sé mi me aman los señores cuando

me redescriben  con seriedad de prospecto médico,

(el prospecto es un texto traducido sin pasión )

 ellos, los señores y las nuevas criaturas,  comunican al neófito que el ondansetrón se usa para prevenir

las náuseas
y
los vómitos causados
por
la quimioterapia,
la radioterapia
y otras cirugías. 

 El ondansetrón 
 antagonista receptor de serotonina  (tipo 5-HT3).

 bloquea la acción de la serotonina, 

*****

es serotonina una su- stancia natural 

neurotransmisor manipulable y, sin embargo, libre

que puede frenar tus deseos de muerte o exacerbarlos

puede causar la serotonina

náuseas y
vómitos

como el existencialismo

*****

Dicen los señores y las nuevas criaturas

escitalopram 

inhibidor de la recaptación de la serotonina

director invitado de la orquesta  serotoninérgica
del cerebro

aumenta el nivel de serotonina como un Wagner mutado en  los Chemical Brothers




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   Dicen las nuevas criaturas:


 La serotonina ( también) se encuentra en varias setas y plantas
incluyendo frutas vegetales.

la serotonina representa un papel ( importante) como neurotransmisor, en

la inhibición de la ira,

 la agresión,

 la temperatura corporal,

el humor,

 el sueño,

el vómito,

 la sexualidad

el apetito.

(Nota: al bicéfalo le  atraen la ira y la agresividad, el cuerpo y sus temperaturas- los pies fríos enredados en la cama que el otro nos ha calentado o las manos frías que nos calienta la amiga -, el humor y  sus variaciones, el sueño como faz adolescente de la muerte (sweet sister), el vómito, el sexo, el apetito)


   atracciones todas que nos arrastran como engranajes dentados y son objetos queridos de eso que llamamos nuestra libertad, nuestros amores, las pequeñas cosas que hacen la vida encantadora

practicar el club de la lucha con tu hijo

calentarse la lengua en la espalda

el deseo de ser un indio apache bipolar y cortar cabelleras riendo y llorando

el sueño en las esquinas que unifica en un cajero al director ejecutivo del FMI y al esquizofrénico exclaustrado

vomitar todo el tiempo que hemos estado sin mirar triste la tierra
vomitar segundos, minutos...

ser esclavo de tu propia polla y saber que se piensa con ella por imperativo genético

devorar con las manos salsa de pollo frío,  nata en su boca, fresas,

agua

*****

  La falta de este neurotransmisor puede producir una gran variedad de síntomas, como depresión, ansiedad, irritabilidad, pánico, síndrome premenstrual, problemas de sueño, o dolor muscular.

 Existe el síndrome serotoninérgico pero por hoy cerramos la poética:

El síndrome serotoninérgico se produce cuando la persona toma medicamentos que causan los altos niveles de la sustancia química serotonina para acumular en su cuerpo. El síndrome de serotonina puede producir al aumentar la dosis de una droga o agregar un nuevo medicamento a su régimen.
Ciertas drogas ilícitas y los suplementos dietéticos también están asociados con el síndrome de la serotonina. La serotonina es un químico que el cuerpo produce lo que se necesita para que sus células nerviosas y el cerebro para funcionar.
Pero demasiada serotonina provoca síntomas que pueden variar de leves, escalofríos y diarrea severa, la rigidez muscular, fiebre y convulsiones. El síndrome de la serotonina severa puede ser fatal si no se tratan.
Las formas más leves del síndrome de la serotonina pueden desaparecer en un día de dejar los medicamentos que causan síntomas y a veces, tomar medicamentos que bloquean la serotonina.

(Fuentes.  el por ahí)

Egon Schiele(1910)

miércoles, 26 de junio de 2013

El beso





 El beso de Klim se ha convertido en un sello, en la pulsión burocrática de un impuesto. Fiscaliza el poder el beso de Klim, el beso de los enamorados y convierte el más que sobado cuadro en una pieza de coleccionista. El estúpido filatélico, con perdón.

 Sin embargo, no puede negar el poder el poder del beso, la firma de la conversación en la carne. El diálogo se queda sin palabras y, por un momento, se sueña que no hay vuelta atrás, que se ha iniciado un camino nuevo, una senda desconocida y clandestina. Se sabe del riesgo porque hay mitos que hablan del beso como traición (así Judas). Se conoce, está visto, escrito, dibujado, reconocido.

El beso. ¿Cómo lo has sentido? se pregunta él(o ella) en el centro de su cabeza. ¿Lo esperabas así? No, es mejor. ¿Mejor que qué? Mejor que nada, mejor que todo, mejor que el sabor de la ginebra y la fruta exprimida, mejor que la tentación, mejor que el aire que se ha respirado.

Mejor que toda la escritura.

Mejor que el silencio.

Y, sin embargo, sabemos que el beso está fiscalizado. Por la tentación ética, por lo impropio que nos atosiga,  por el desgaste de la confianza. Por el sexo que late imponiendo su legislación. Todo parece querer cercar al beso que, sin embargo, grita la libertad.

Todo críptico. Todo dedicado a él o ella.

 El beso que convierte un tiempo en un "ahora" que brilla en el cielo.

lunes, 17 de junio de 2013

Azúa: Autobiografía de papel


Sokout (The silence, 1998) Mohsen Makhmalbaf.

 " Siente un rumor de playa desierta  en la garganta
(Chantal Maillard)

"... un vacío clínico en el que tiritamos de frío rodeados 
por una muralla de amenazantes mercancías"
(Félix de Azúa)


 De  Félix de Azúa  (Autobiografía de Papel) solo me distancia lo cercano de sus tesis con mi sentir. Yo, como él, me vivo nacido en otra época. Soy un lejano sosias del John Salvaje de Huxley (Mundo Feliz), incapaz de asumir que Shakespeare ya no juega en los partidos que televisan. Trastornado, miro la pantalla esperando a Pirri y Juanito. Salen Obama y Rajoy.  Como Azúa, creo que somos primitivos incapaces de hacer funcionar  el artefacto sentimental e intelectual que nos había llevado a creer en los poemas, las ideas, la letra, la escritura. El viejo papel que no admite la conexión múltiple de la red social. Soy un decepcionado más en esta democracia total incapaz de decir una frase con sentido a  las generaciones de pasado mañana. Imposibilitado para explicar la propia decepción.

 "La decepción y el desencanto se produce cuando las soluciones que nos han servido para sobrevivir en tiempos revueltos se demuestran como la principal causa de que esos tiempos fuesen revueltos.  O lo que es igual, cuando las esperanzas son nuestro peor enemigo o las medicinas que nos venden agravan la enfermedad que padecemos"

 Soy un viejo primate discapacitado que se deja arrastrar por el impacto visual de las flores en el lago o el movimiento de la niña al son de la cuerda en la película Sokut.  El primate lanza una piedra en el espejo y rompe todo porque lo cree irracionalmente peligroso. ¿Qué peligro esconde el rostro de la niña de la foto? Ug, Ug. No lo sé, pero hay un frío que me cala los huesos.

 Me siento al sol mientras los perros blancos se intoxican y entramos en barrena en un grupo de apoyo que carece de lenguaje. Extremadamente callado, cierro la mente y abro la piel al calor. Recuerdo el invierno y siento que el atardecer me rasga la retina. Por eso estoy aquí, primitivo, rodeado de rostros, incapaz de hacer entrar la vieja cultura de mis libros en las caladas de un cigarro, el sorbo de una cerveza, la opinión sobre las edades, el brillo en los ojos de quien me cuida por si me aburro. Soy una pantera coja y sin dientes que no masticará la carne del guisado que mañana otros se comerán. Masticaré con las encías el cuerno quebrado de un caracol.

 Hay una red que los antiguos decíamos técnica y que " acabará logrando el control más eficaz de las masas desde las grandes  religiones" (Azúa). Tecno-capitalismo, post-capitalismo, post-política, post-poesía. El sin fin de las palabras.

 Acabamos pensando que solo me distancia de la prosa testamentaria de Azúa su cercanía a mi sentir. Y no sé si somos primitivos en una nueva era que amanecerá cuando ya estemos muertos o sí,  en último estertor, debemos voltearnos en un primitivismo buscado, intuido. Un primitivismo inserto en una conversación en la que los sabios se unen al sol con los destructores de sus neuronas.

Como los salvajes cristianos que en el desierto avanzaban nuevos tiempos a pedradas.

 Sonrío. Quedan los pétalos de flor en las uñas de una niña y el golpe de mi mandíbula sin brújula. No sé si muerdo y destrozo la belleza de la niña de la imagen o si, por contra, soy el más fiel de los perros que acompañará su andar hacia el mañana. Casi prefiero lo segundo. Guardaespaldas del salvajismo destructor

 En silencio.

Incapaz de follar con los nuevos paisajes.


lunes, 10 de junio de 2013

¿Por qué me comprasteis un walkie talkie si era hijo único?




 Santi Balmes: ¿Por qué me comprasteis un walkie talkie si era hijo único?
Principal de los Libros. Barcelona 2012
Ilustraciones de Ricardo Cavolo


 En algún momento de la novela,  el camarero Invictus habla de la necesidad de jerarquizar lo que sea que se jerarquice en esta vida que dios nos ha dado. Objetivo: encontrar una buena plataforma de emplazamiento para culminar la percepción y el gusto por la vida (sana o no tanto).
 "Considero que la vida  es un asunto demasiado serio como para desperdiciarlo en talentos de Serie B. En líneas generales, Fernando, nuestra vida ya es, por desgracia, una concatenación de escenas mal encuadradas y con personajes mediocres o directamente infames y lo que uno necesita es belleza, Fernando, evasión.¡Serie A!:"
 Quizás esta ilusión de diferenciar entre la serie A y la serie B - o la cara A  y la cara B de la discografía cósmica- sea el motor de la narración que nos ocupa,  el Geist der Geschichte que se destila tras el  uso y abuso de drogas,  las variadas escenas románticas o esas hermosas explosiones  del amor que habita en los huevos. Algunos polvos que aparecen en la novela son ejemplos impecables del  Jetzt-zeit de Walter Benjamin, el now-time,  el momento en el que el mesías hace su entrada en el mar de las tribulaciones humanas.Y eso, hermanos, sí que da gusto...

 El párrafo de Balmes-Invictus, citado arriba, me recuerda al famoso proemio de La espuma de los días de Boris Vian que, más o menos, dice así:

En la vida, lo esencial es formular juicios a priori sobre todas las cosas. En efecto, parece ser que las masas están equivocadas y que los individuos tienen siempre razón. Es menester guardarse de deducir de esto normas de conducta: éstas no tienen por qué ser formuladas para ser observadas. En realidad, sólo existen dos cosas importantes: el amor, en todas sus formas, con mujeres hermosas, y la música de Nueva Orleans o de Duke Ellington. Todo lo demás debería desaparecer porque lo demás es feo, y toda la fuerza de las páginas de demostración que siguen procede del hecho de que la historia es enteramente verdadera, ya que me la he inventado yo de cabo a rabo. Su realización material propiamente dicha consiste, en esencia en una proyección de la realidad, en una atmósfera oblicua y recalentada, sobre un plano de referencia irregularmente ondulado y que presenta una distorsión. Como puede verse, es un procedimiento confesable donde los haya.
 Que una  novela, la de Balmes,  me lleve a la otra, la de Boris Vian, es capricho mío. Que, incluso, pueda emperrarme  en dibujar tradiciones literarias  para taxonomizar el libro de S.B. ni quita ni pone nada al hecho y al acto de la lectura, siempre tan cercano al movimiento no-ajedrecista de hacer el amor o la amistad.  El amor y la lectura, siempre dispuestos a vomitarse pronto y mal o a demorarse indefinidamente en la hermosa flacidez del miembro.

Y hay más opciones.  Constancio Obs, papá de Fernando e hijo de incesto y extraterrestre, niño prodigio, mutante todo él, Constancito, era capaz de fornicar con su esposa durante long time e, incluso, se salía de su vagina in media res para recoger la cocina y  fregar los platos sin que ella se enterase  del abandono. Constancio dejaba los labios exteriores e interiores de su amante vibrando como mariposas, como puertas de saloon o  alteraciones lisérgicas de las meninges. Pues de igual modo, que es lo que quería decir antes de perderme, en la lectura del libro  uno saca su cosa-mente a ratos de la grata cueva del libraco y se dedica a otras cosas - hacer decretos leyes, corregir test o tejer camisetas -  y  el alma sigue creyendo estar siendo follada por la escritura y  el imaginario balmesiano.  Es un efecto como el que produce el LSD, pequeños recordatorios del trip-----Ornella Muti: amigo Balmes, no podrías haber elegido mejor icono para los tiempos que corren en mi corazón nostálgico. El libro, amigos, traspasa la realidad.





 "¿Por qué me comprasteis un walkie talkie si era hijo único?" es una historia de la transición española, es decir, de los últimos años que nos vieron crecer a algunos. Es una historia que, siguiendo a Vian, se construye como "una proyección de la realidad, en una atmósfera oblicua y recalentada, sobre un plano de referencia irregularmente ondulado y que presenta una distorsión".  Por todo ello, estamos ante una novela realista en el sentido más genuino de la palabra. Y a las experiencias me remito:  era dejar de leer la novela y salir a la calle para comprobar que el mundo, mi mundo, era exactamente como el descrito por Fernandito Obs.  El colorín del mundo de la canción era el hilo musical que acompañaba mis paseos en los días de la lectura. Y, así, he entrado en mi trabajo cantando Por qué te vas en más de una ocasión y para sorpresa de mis pupilos. Y hoy, concluida ya la novela, me he visto a mi mismo protagonizando el vídeo musical de la canción Dancing With Tears In My Eyes con la que casi termina el relato. Todo es de un realismo que enlaza con Galdós por otros medios  más lisérgicos.

En el afán del historiador, Mr Balmes nos trae a las meninges una historia sentimental y pop (sic) de nuestros tiempos de mentes colocadas por todo tipo de psico-tropos, posiciones sexuales inverosímiles y conspiraciones cosmogónicas de alto calado sodomita y nacionalsocialista.

El libro de Santi Balmes no lo hubiera leído de no ser por orden perentoria de  X (que ella no quiere ser reconocida y pixela su rostro en el temor de las redes) o por algún que otro azar. Y como me lo he pasado bien con el relato, pues caben  las gracias al autor de la letra y al otro que le sigue con las ilustraciones o los santos (Mr Cavolo) el hilo narrativo. Y también a la que me entregó el libro para que lo terminara en fecha y hora, por imperativo de amistad, honor y muerte. Sea grato decirlo todo. Y sea preciso decir delicioso. Y que es ella, X, la que es fan de Love of lesbian que, como puede comprobarse, no aparecen en mi reseña.

Y firmo la presente aquí y ahora, sin pretensión crítica, quizás sí recomendando la lectura para renovar nuestra vivencia de la historia reciente y liberarnos un poco de la imaginería matrix.
.


viernes, 31 de mayo de 2013

the artist is present (1)




 ¿Por qué no?

Quiero decir que me ha gustado The artist is present,
Quiero decir que me gustan las cosas que veo y que ellos titulan performances de Marina Abramovic, 
Quiero decir que me gusta el nombre Marina Abramovic

también me gusta hablar de la realidad del concepto o de la diferencia  en el habitat del ser del ente

me gusta que un té verde me acompañe ahora, aquí a mi derecha, en una vieja tetera de acero y en una tacita blanca y alargada
repartido

es mágico

es significativo

pequeñas cosas significativas y mudas como las llaves enrolladas con mi reloj junto a este teclado
o la noche aún al otro lado de la ventana

es espiritual

vivo para eso


pero no es importante lo que a mi me gusta
solo es la espuma
hago también lo que no me gusta
me hago daño
hiero
cumplo deberes
friego cacharros
no soy un puto buen samaritano


vivo para sentarme frente a Marina Abramovic
sin hacer cola

viendo el entramado material y los efectos colaterales de todo montaje
sin importarme la farsa de la sinceridad
ni el fingimiento

me gusta el espíritu porque sé con una certeza oscura que es rareza
acontecimiento
performance

y me gustan esas chorradas
como me atraen y me aterran todos los estados alterados
de la conciencia

la química el agotamiento el ayuno la escritura(a veces)

no tengo que dar razones de mis gustos
para cuando mis palabras lleguen a sus oídos sus cerebros estarán ya muertos
así la luz de las estrellas

triste

por eso Marina y yo nos miramos durante el espectáculo
lloramos y simulamos sentirnos plenos
enamorarnos del mundo
hablar de nuestras identidades

perdonar

olvidar sutilmente que
cuando la luz de nuestras miradas llegue a la retina del otro
seremos minerales

por eso mirarnos tan fija y espiritualmente es el equivalente de hostiarnos


permitimos ser visitados como santos eremitas en el borde de la vida y la muerte
como una montaña-  dice Marina

permitimos ser protagonistas de una sarao mediático

el espíritu
los estados alterados de conciencia y la cuchilla bailando en la carne
lo que amo y temo

sobrios
acojonados del cuerpo momificado que nos invoca


miércoles, 22 de mayo de 2013

SOMEONE TO LOVE


Cristina Núñez: Someone to love (1988-2011)

 No sé jugar al autorretrato.

El autorretrato es una práctica que se me escapa. En ese modo expresivo, en ese dictum, mi yo  huye  porque presiente que quiere atraparle una pelota recubierta de cuchillas afiladas cuyas líneas de acero alguien ha lubricado con alguna sustancia urticante.

 Quizás sea esa doble r de la palabra. No sé.

En un principio quise decir al personaje que nos muestra Cristina Núñez:

- Señora, conozco a las de su especie. Hay algo extremadamente cruel en el fondo de su mirada, ya la aplique a sí misma o a otros.  Su exhibición muestra la sombra de algo más básico que usted misma y que se me escapa. Reconozco que me asusta lo que veo....

Eso podía haber escrito aunque después he pensado que se notaba demasiado una soberbia que no poseo. Ni yo conozco ya especies (se me han roto las taxonomías) ni sé si la sombra que noto en el trabajo someone to love de Cristina Núñez es algo básico o profundo.... quod nihil scitur

 La doble r del modo autorretrato dicta un juego lingüístico para el que me muestro inútil. Y eso que son muchos los que creerán que este espacio de escritura es pura exhibición de mis interioridades.Pero, de verdad, no es el caso. El autorretrato exige una fuerza de la que carezco y que la fotógrafa sí se dice capaz de disponer. Cristina Núñez opta por un camino directo y provocador: el desnudo y la definición de las constelaciones familiares. Bueno, quizás en el mundo del arte (que es el de la vida y la historia) ya no sea ese modelo de exhibición el más arriesgado. Como se sabe, la privacidad anda quebrada hace un tiempo. El caso es que, como propuesta, mostrar el propio cuerpo y el viaje vital que a uno le ha tocado sigue pareciendo que desnuda más y hace más fiel el autorretrato. Da sinceridad a la reflexión. Por ejemplo, yo podría desnudarme y mirar el obturador secreto de una cámara y contar lo de papá, mamá, carmeta, pablo, mario, n y qué se yo. O mirar a un punto....




Sí, yo podría apretar el clic del disparador ---  me gusta que en las imágenes de Cristina Núñez se vea el artilugio en algunas ocasiones, esa especie de pera como la que en las camas antiguas servía para encender y apagar la luz.  Digo: Yo podría entrar en la terapia del autorretrato como propone Cristina (the self-portrait experience). Pero ...

 Los cuerpos, al exhibirse en algunos contextos y bajo algunas miradas, lejos de ofrecer fragilidad y simbolizar la precariedad de las almas, se nos muestran como realidades contundentes, fronteras con el mundo, signos de inmunidad. Un poco al modo de la mirada que dicen genera la heroína en ciertas personas.Los cuerpos de Cristina Núñez tienen la contundencia de un testimonio de sí. La misma experiencia, bajo una forma anónima, la encontraba en la playa. Cuando paseaba por la orilla, me sentía brutalmente atraído por el poder de los cuerpos desnudos. En ese límite entre el mar y la tierra, bajo los auspicios de la luz solar,  la piel de la joven hermosa y la  de la vieja recorrida por pliegues indescifrables y venillas varicosas se confundían en mi mirada. Toda la carne era fuerte y esa fuerza me provocaba la ternura a la que soy adicto y doliente sufridor de sus abstinencias. El caso es que yo no estoy entre esas pieles: las miro en los otros pero no en mí porque seguramente no está. Y el asunto  no es que yo sea un ángel etéreo o un alma descarnada o un ser sin autoestima. Lo que sucede es que me falta ese disparador que permite el autorretrato - solo o en grupo. Noto la ausencia del clic y el artefacto.




¿Ven la diferencia? Apuesto que a los cuerpos y a las alma nos une la necesidad de preservar la propia desesperación sin agotarla nunca jamás. Algo así dice Cristina Núñez en algún momento de su vídeo. Y en esa tarea mostraremos las imágenes de unos y de otros. Buscaremos y encontraremos alguien a quien amar.

martes, 14 de mayo de 2013

Patología en la isla de L


Hancock enferma

"No importa si pateo un gatito, si te arranco los ojos, incluso si hiero a gente inocente... ¡El mundo siempre perdonará mis pecados! ¿Por qué, preguntas? Pues porque yo soy... ¡¡¡Hermosa!!!!" (BOA HANCOCK)

 "No deberías haber rechazado tan bruscamente sus cuidados médicos, al menos el tratamiento psíquico. No le gusta que se prescinda de eso. Yo tampoco gozo de su estima porque no suelo hacerle muchas confidencias. Pero de vez en cuando le cuento algún sueño para que tenga algo que disecar" (Thomas Mann: La Montaña Mágica).
 " Lawrence LeShan, psicólogo y psicoterapeuta newyorquino (autor de You Can Fight for You Life: Emotional Factors in the Causation of Cancer, 1972), sostiene que "se configura una personalidad de tipo general entre los pacientes de cáncer" y un modo propio de ver el mundo que "data de antes de la aparición del cáncer".  Divide "la estructura emocional básica del canceroso " en tres periodos: Una infancia y una adolescencia marcadas por sentimientos de  aislamiento", la pérdida de "la relación profunda" hallada en la edad adulta, y la subsiguiente "convicción de que la vida ya no puede deparar esperanzas". "El paciente de cáncer" escribe LeShan, "casi siempre se desprecia a sí mismo, como desprecia sus capacidades y posibilidades". Los cancerosos "no tienen sentimientos ni conciencia de sí mismos" (Citado por Susan Sontag: La enfermedad y sus metáforas)
" Suponed que alguien  pretenda excusar su inclinación al placer  diciendo que ella es para él totalmente irresistible, cuando se le presenta el objeto amado y la ocasión; pues bien, si una horca está montada delante de la casa donde se le presenta aquella ocasión, para colgarle en seguida después de gozado el placer, ¿no resistiría entonces su inclinación? " (Inmanuel Kant. Crítica de la razón pura).

****** 

 Reconozcamos y repasemos (despellejando) el impulso de supervivencia que se exige azuzar a todo enfermo (debes ser fuerte y luchar contra ello).  Se ordena que cuando la locura animal de la vida en el combate orgánico estalle, apostemos por la sumisión al impulso que nos salva y que, por lo visto, debe ser perfectamente distinguible. Que el trabaje sin nuestras fruslerías y quejidos. Para empezar, ubiquemos en el rincón de los enemigos  todo aquello que nos relaja y nos convierte en pusilánimes contemplativos: la aceptación de la proliferación de las otras células, la convivencia humillada en el parón neurológico, el bajón depresivo, el cansancio, esa vaga tendencia a no querer ser ya nada.... Hay que pegarse como lapas al miedo a la horca.

El miedo a la horca, tan bien narrado por Kant en la cita anterior (un argumento de bruto de pueblo). Coloca el maestro a la misma altura ese sentimiento y la ley ética y sus  valores, porque todos ellos muestran la libertad como hecho. La libertad en la ética, ¿es violencia de pánico vestida con armadura principesca?
En la lucha, lo esencial es el dejar hacer a los maestros, permitir que nuestro cuerpo y nuestra alma se conviertan en campo de batalla cartografiado por la ciencia médica, señora de los humores y sacerdotisa de las fuerzas orgánicas. Nos dicen: no se le ocurra negar esa fuerza  que solo se deja ver cuando la vida pierde su modales y se dedica a perjudicarnos. Dejemos entrar por la puerta a ese poder lubricante de sabor salado, el olor brusco de la voluntad de curación.

Ahora sí. Ahora, después de ser negada la biología con mil explicaciones espiritualistas o tangadas de mercado ético o estético, se nos exige obedecer a la vida traducida por los maestros.

Ahora, sí. La parturienta  se ve en el parto concentrada en su coño, impulsada por la salvaje fuerza del empuja, empuja, empuja que la llevará a defecar y miccionar, lo prohibido por maloliente, y da igual que sea la virgen misma, la señorita que esperó al príncipe conservando el altar de las libaciones pulido o la más promiscuas de las señoritas de Avignon. Da igual:  pa´l caso pudo ser puta. La libertad que nos arroja el impulso vital a la cara con su exigencia de supervivencia, es terror de un alma totalitaria solo parcialmente propia

Ahora sí. El ciudadano que entra en el reino de la maladie debe saber que ahora toca la animalidad del que lucha y se agarra con uñas y dientes a eso que, dicen, se nos va y que, ay dios mío, uno siente más vivo que nunca. La propia vida ahora sí que ruge y escuece y se moviliza. Ahora, amigos, así dice el terapeuta, debemos aliarnos con sus humores y fluidos, hablar de flemas y bilis, pensar en ellas como enamorados sin miedo.

******

Pero ya se sabe que esa entrega a la fuerza del combate siempre tiene trampa y oculta un juego de poder, una biopolítica. La lucha debe subordinarse al dominio del mago o del médico o del terapeuta que nos grita.. ¡¡Déjate cuidar!! Ese dejarse hacer por el cuidado amodorra al animal que debe habitarnos en esa lucha contra nosotros mismos. El animal salvaje debe hacerse dependiente de un fármaco, de unas confidencias al terapeuta. Un salvajismo de otro nivel marcado por la ciencia. El miedo a la horca se despierta ley moral (Kant) y el animal que nos habita en la lucha vital se convierte en alma de terapia nombrada como paciente. No hay otra...

 Ahora, incluso,   es usted culpable si muere porque, como decíamos en el día de ayer, si no hay rebelión no hay derecho a la queja. Su mal es usted, el mal fue su aislamiento y la decepción, el mal fue la tristeza de su lucidez al descubrir que sus cualidades y propiedades eran despreciables. El mal fue la desmovilización.

... y bien pronto se acaban, en el caso, las metáforas.

jueves, 9 de mayo de 2013

Sumisión submarina





Sub mission
Going down down
Dragging her down
Sub mission
I can't tell you what I found

SEX PISTOLS, 1977


Los proabortistas votan defender los embriones de cefalópodos y mamíferos porque sufren. Por qué no defienden el embrión de un ser humano?
BEATRIZ ESCUDERO,  MAYO 2013



 Primero decir, cariño, que nada envejece mejor que el punk y se refuta la vieja idea del fenómeno adolescente. Solo un cuerpo reventado y recosido por mil cirugías torácicas y las filtraciones de ocho mil radiaciones gamma es capaz de acudir presentable a la gala del punk. Todo lo demás, incluida la reflexión,  es la herrumbre que acompaña al diamante: un equívoco.

 Me dices que si no hay rebelión no se tiene derecho al quejido. Y esa rebelión es hoy huelga, en los preámbulos manifestación y, si me apuras,  postrera barricada al atardecer. También voto de urna, apuntas, que todo es arma o instrumento de cirugía. Votamos porque sin voto ni algarada ni huelga ni voz en grito o sindios no hay derecho a la queja.

  Y se revuelve el cerdo que me folla por dentro y  dice que no es poca dignidad la pérdida del derecho al quejío, andar suelto de cuerpo y dejar que gobiernen los aminoácidos, las fuerzas productivas condonadas por las siempre caducas relaciones de producción, el ocaso de los dioses o la divina providencia. Que todo me atraviese con sus condicionantes y destinos, y sea al fin la marioneta de mi segundo poema de infancia (que yo prometía como poeta, lo juro). Sub-misión.

 Sumisión a las proteínas y a las células germinales, a los embriones abortados y a los tasados en la desgracia del ser nacido (que a ellos nadie pide perdón) por influjo de neurotransmisores de estructura cachonda que premia con lingotes de placer electroquímico la combinatoria de adn, salivas, manitas tiernas, esclavas sexuales, amantes y esposas, dulces encuentros fortuitos, masturbaciones pensando en ti y desperdigadas en pañuelos de papel de origen vegetal, noches de amor y muerte. Sumisión submarina para captar embriones de cefalópodos y la noche cachonda del John Lindon en su canción como de otra época, antes de lo que pasó y jorobó todo, sobre todo el deseo de rebelión .

 Y ahora, sueño con el hágase en mi según tu palabra. Y dejo que la corriente de la bioquímica muestre finalmente el mapa del sentido.

 Si no me rebelo, decías, no tengo derecho al quejido... y, amiga, la tentación es ya mucha.

domingo, 5 de mayo de 2013

Tu campana, mi campana. Sylvia, nuestros cristales y el fin del imperio yoico ( y 3)




"... desapasionado sol blanco brillaba en el punto más alto del cielo...afilarme en él ... ser santa y delgada y esencial como la hoja de un cuchillo" (...) débil y traicionada... la piel mudada por un terrible animal... un alivio estar libre del animal ... parecía haberse llevado con él mi espíritu"

"la cosa más hermosa del mundo
la sombra (debía de ser)
 sombra en el cajón de los escritores y en los armarios y en las maletas
y sombras bajo las casa y los árboles y las piedrasy sombra tras los ojos y las sonrisas de la gentey sombra, kilómetros y kilómetros de sombra en el lado de la Tierra en que era de noche" 

"...la letra minúscula al principio podía significar que nunca nada era en su comienzo realmente nuevo, con mayúscula, sino que todo fluía de lo anterior"

(Sylvia Plath: la campana de cristal)

la camisa nueva que estrenaré este domingo se escribirá me dices con mayúscula y a parte de eso todo lo demás se deja caer letra a letra en la minúscula

y como el verbo fluir parece que embellece lo que se diga dígase lo que se diga y es recurso fácil para el pensamiento pues fluyamos sylvia y de paso fulminemos puntos y comas que vocación independentista de sintagma también tienen o por lo menos lo aparentan que en eso del fluir no solamente el mito abunda sino no en menor medida la tontería y la legaña en el ojo que es humor cuajado en el abanico del párpado

fluimos sylvita como el cuchillo ese que nombras  ese que se afila en tu sol blanco ese que desapasionado sirve al carnicero para libar kilo y medio de filetes que nos dicen son como espuma  esa espuma que es lo opuesto a la carne y la sangre

no importa demasiado la campana de cristal que nos cubre más que nada porque todos los que habitan poética o prosaicamente en la tierra se muestran cubiertos por ese birrete de atmósfera que hacia lo alto parece esfera truncada

no importa que duela el aire recalentado por el estornudo de mi atmósfera alérgica al humano

no importa tu comedia ni el chiste de todos los suicidios descritos en la novela poema minúscula mota de polvo

mota de polvo dices que es el poema

no importa tu comedia ni el chiste de todos los suicidios descritos en la novela poema minúscula mota de polvo en el reino de la literatura que prometió salvarnos de no sé cuantas angustias

las angustias son pequeñas molestias que solo las sombras comprenden

nos gusta el mundo sylvia aunque las pequeñas molestias lo joroben todo con su pretensión de no ser tragedias ni nada más que luces que deslucen las sombras y borran los poderosos efectos del claroscuro

pero ya te dejo que parece que con esa bandeja con pastelillos que me ofreces hay una despedida

y sobra el adiós si lo que se quiere decir es hasta luego

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