martes, 2 de abril de 2013

AROMA DE VAINILLA (ISABEL MARTÍNEZ BARQUERO)


Aroma de Vainilla (Isabel Martínez Barquero) 




No exijo mucho,
 sólo un microscópico
 espacio donde vivir 
al margen de rencores
(Aroma de Vainilla)

 Querida Isabel:

   Las afinidades pueden constituirse al margen de los estilos y de las voces que, quizás, nos separan. A priori, desde la sinvergüencería que aromatiza la plataforma de emplazamiento en la que uno escribe y mal escucha,  la historia  de una familia murciana no sería de mucho interés para la Bicéfala. Acostumbrada la tortuga a sus ritos de alambre y óxido lento, el estilo fluido de  Mercedes Ortega Abellán - la narradora de tu novela - está muy al margen del mundo de la Tortuga. La estepa burgalesa no es la huerta murciana.  Sin embargo, huele tan bien en tu historia, Isabel, que cualquier olor a borrachera, vómito, corrida o sangre queda al margen. Digámoslo de una vez, aunque pierdas lectores: tus personajes no fornican como conejos aunque, ay, las hembras sí se preñan como conejas en la primera y única ocasión en que  la excitación contenida se expande con olores almizclados. Ese sexo tan reproductivo....¿no está en los márgenes de lo actual? Esa inactualidad es una de nuestras afinidades...

 Las afinidades se tejen al margen de los estilos y, en el caso, se edifica en el espíritu de la Tortuga como envidia por  la prosa fluida. Sí, Isabel, me enlaza con tu estilo el deseo por una habilidad que no poseo, el espíritu narcótico de esa narración que sigue su curso a pesar de mis  intentos macarras de encontrar fisuras en la historia, descontextualizaciones, modos demodé, huellas de dedazos grasientos que desvelen que en la tienda de Don  Segundo Ortega se venden no solo aromas del mundo y espíritus de flores sino chorizo y vino picado. Intento encontrar decepciones, Isabel, pero las palabras de tu  Mercedes buscan sus recodos y sus rápidos mirándome con altivez. Más chula que un ocho, tu prosa, Isabel es obstinada como Doña Julia o Mercedes.Me trata con desaire y eso, colega, me hace adicto a todos los aromas.... Ese desaire es vida.

Dice Mercedes: 
"Qué gran sorpresa se va a llevar mi hija cuando llegue el postre, porque espero asombrarla, despertar en su espíritu una pequeña sonrisa interior. Los sabores que siempre nos han gustado la suelen producir y Berta precisa estímulos que la sacudan, que le recuerden que la vida puede llenarse de sentido en cualquier momento" 

¿Es fácil llenar de sentido esta vida? ¿Es suficiente con el aroma de la vainilla y todas las otras especias? La moralidad  que encontramos en una primera parte de tu libro está marcada por la obstinación, palabra suave que esconde y tapona algo mucho más fuerte: obcecación, cabezonería, voluntarismo rigorista, puritanismo egocéntrico. En mi opinión tu "obstinación sin fin" es suave vocabulario que redescribe la maldad intrínseca de los comportamientos de Julia Abellán con Don Segundo, el rigor irracional e inmoral del "pacto de sinceridad" que llevó a Segundo Ortega  al onanismo, solo o en compañía de otros (Regina o Berta o sus libros). Pero también obstinación es la crueldad (¿inconsciente?) de Segundo abandonando a la Echá Palante u olvidando, tras un único coito,  a Brígida, ambas cosificaciones  sustitutivas de la maldita Julia. Pero no solo Julia o Segundo: es obstinación de Mercedes su huida a las ciudades y  su negativa a aceptar a Don Felix en los términos de su liberalismo y la actitud de este último al negar el pan y la sal a la muy enamorada Mercedes hasta que nace su hija - y solo en la presencia de su carne. Y, a pesar de todo, la narración exonera esas conductas y no podemos sentir sino simpatía y afinidad con ese mal... 

 El mal, Isabel, habita en tu  Aroma de Vainilla de un modo subterráneo. En ocasiones las especias sirven para ocultar el mal olor de la carne o las corruptelas de nuestros principios morales.Creamos micromundos en los que aislamos, como en un laboratorio,  nuestras pequeñas crueldades

Tanto era el amor que le profesaba, tan acaparador y tan violento, que no toleraba presencias femeninas en la existencia de su amado, aunque fuesen remotas y anteriores a su llegada
  su amor frustrado por Segundo; ese amor que se había vuelto extraño y oscuro, ajeno a las palabras dulces y a los signos amables, próximo sólo a los reproches por no haber alcanzado la cima a la que estaba destinado; ese amor que no la abandonaba en su deforme furia y que le salpicaba con sus miasmas todas las facetas de su carácter
Tu prosa, Isabel, limpia y adictiva, suave,  fluye en mi mirada como las viandas soberbias que decoran la mesa en una día de fiesta . O los flanes que endulzan los postres. Mantiene las formas y la forma, con un aire de romanticismo decimonónico que, sin embargo, nos sigue mostrando lo siniestro de la saga. Mercedes, dice, respecto a su hija, que  actuaría con una alegría fingida y emuladora. No era mi deseo marcarla con los estigmas del resentimiento. Lo mismo sucede con tu prosa: la fábula engancha como una vieja droga. La botica nos afecta mientras vemos como el lado oscuro recorre los tiempos mientras se mantienen las formas.

Debo reconocer que el primer apartado (La obstinación sin fin) me parece más intenso que el segundo. Me embobó su construcción en vaivén, como si las palabras que van contando la historia al margen de la linealidad imitaran el aroma de las especias. Quizás Mercedes es incapaz de crear una mitología tan potente sobre su vida como la que había dibujado en lo que respecta a sus padres y abuelo. O quizás es que Julia puede vivir en una burbuja de obstinación que "ennoblece" sus actos porque vive aún en el siglo XIX,  mientras que Mercedes debe buscarse la vida en las ciudades y el principio de realidad rompe la morbosidad de la tradición de las Abellán. No sé. Tampoco tengo claro que si mi mayor interés por la primera parte tenga un sentido objetivo dado que tu prosa, Isabel, engancha en su ritmo y soltura desde el primer momento. En todo caso, sí quisiera resaltarte una experiencia que no termino de explicar y que no sé si es buscada o espontáneamente nacida en tu texto (o en mi lectura). Mientras leía los dos primeros libros me decía: qué modo tan particular de describir el mundo de los Ortega Abellán  al margen del contexto histórico y social. Parece que los personajes viven en una burbuja cristalina. En ocasiones me dije: ¿no será todo esto un tablado de marionetas que Isabel instrumentaliza para demostrar su talento como escritora, su efectiva capacidad de dibujante? ¿Cómo puede ser, me decía, que el nivel de renta de la familia sea un fondo oscuro siempre posibilitando el bien vivir cuando se dice, desde el inicio, que la familia está en franca decadencia al salir Don Segismundo de Lorca? Por otro lado, si Merceditas es concubina de Don Felix, ¿cómo acaba por heredar la casa? Una mujer marcada por su querido liberal (o libertario), ¿puede salir de rositas del conflicto bélico?. Sin embargo, bruscamente, en la tercera parte, la burbuja de intimidad y la "feminidad" del aroma de las especias se rompe cuando Berta y Rafael comienzan a sentir los hachazos de la maldita sociedad intolerante. La violencia del estallido del "movimiento narrativo" es importante. Da un sentido al conjunto como si se acumulara el precio a pagar por el orgullo de la familia y se precipitara la vía de los pequeños mundos.

 Dices en un primer momento:
El destino juega con nosotros como quiere y, en su juego caprichoso, nos lanza a orillas de mares muy próximos a nuestro propio océano. 

Sin embargo, el destino acaba - en la parte final del libro - convirtiéndonos en pecios en una isla distante a la creada por Doña Julia. El mundo jode a los hijos de Mercedes sin compasión y, creo, los anula, rompe la sangre fuerte que heredó la hija de Doña Julia. El exterior gana. Un cartero loco y una maestra. Todo se hunde quebrando el espíritu del aroma de la vainilla....Pero es aquí donde, de un modo brillante, la obstinación deja de ser un mal y se concilia con el sentido común  a través de la estética de lo cotidiano. Hay que tomar las riendas de la vida sabiendo que estamos en mundos pequeños que deben dejar aire a las grandes ilusiones.

 Dices: 
De esa manera, me convertí en una mentirosa que ensamblaba artificios sobre una base cierta, en una fabuladora de mi propia vida. Consideraba que eran ardides necesarios para mantener la calma familiar (...)
   No hablemos de esto nunca más, nunca. No hablemos, no vaya a ser que a mí se me escape la lengua y cuente lo que merece ser callado (....)
Debía despertarla del letargo que inocula la desgracia, de la autocompasión de los débiles, del magnetismo de las visiones destructivas y negadoras. los humanos sumidos en la desesperación vuelven a retomar el gusto por la vida de una forma tímida y apenas perceptible. Comienzan apreciando el sabor de un alimento, la luminosidad de una mañana, la calidez de una manta o el alivio de una compañía que los sostiene. Poco a poco y de manera titubeante, como un bebé que se cae innumerables veces antes de conseguir mantenerse firme, amplían los motivos de su gozo, en principio siempre simples y elementales. Y tras un período de claroscuros donde se derrumban y se levantan, donde se desesperan y remontan, un buen día, sin apenas darse cuenta, su interior deja de oprimirlos continuamente y los lanza de nuevo al juego agridulce de la vida.
Resuelves bien el contraste y la obstinación, convertida en voluntad de felicidad, cierra la historia.

   En fin Isabel, me gustó tu novela y quise compartir con mis torpes espamos la envidia que me convierte en un afín, eso que debe ser el lector. Enhorabuena y siga fluyendo la palabra que, con suavidad de aroma y caricia, pela y aligera la pátina opaca que el abandono deposita sobre todos los objetos no mimados


Luis


 Nota; Los textos en cursiva son de Isabel Martínez Barquero: Aroma de Vainilla.

Blog de Isabel: Cobijo de una Desalmada

12 comentarios:

  1. Ufff, Luis... Maravillosa sorpresa me acabo de llevar. Llego de la fiesta, del Bando de la Huerta (hoy es festivo en Murcia) y me encuentro primero el comentario en el blog y, ahora, esta magnífica ¿carta, reseña, sensaciones...?
    Necesito tiempo, Luis, digerir tus palabras para responderte tal y como te mereces.
    Por otro lado, qué debe decir una autora ante la opinión de un lector, qué expresar ante las sensaciones y pensamientos que la lectura de su libro le ha producido... Respeto profundamente la crítica que has hecho, tus opiniones e, incluso, tus disensiones.
    Tiene miga tu carta, Luis, y volveré con la mente más serena, mañana, cuando no lleve encima los efectos de un día festivo (hoy lo es en Murcia) donde se cometen excesos en el comer y el beber.
    Pero no quiero despedirme hoy sin agradecerte tus palabras y sin decirte que enlazo tu crítica en mi blog ya mismo, en el epígrafe "Reseñas y menciones...", además de que la daré una mayor publicidad en la próxima entrada.
    Un abrazo agradecido.

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  2. También le daré ahora a esos botoncitos que comparten en otros lugares como Twitter, Facebook o Google +.

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  3. Me alegro mucho por Isabel y felicito a la tortuga por su elegante critica que, estoy seguro le hace justicia. Estoy a la espera de recibir la novela de Amazon. Esta es una razón mas para esperarla con ansia. Enhorabuena a los dos.

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  4. seguís aquí, y maravillosamente entrañables...

    abrazos, Tortuga bicéfala e Isabel...

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  5. Me ha encantado. Estoy con ella también y sé que me va a gustar. Muchos besos y hasta que la termine, Isabel.

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  6. Uff digo yo, Isabel. Me agrada el número de personas que han pasado por aquí movidas por tu llamada. Es hermoso. Por lo demás, es mi texto una expresión de "primera hora" escrita nada más terminar tu novela. Perdona lo que pueda haber de ininteligible y torpe. Todo es matizable y, en el devenir de los comentarios sobre tu novela, podré -tal vez - corregirme.

    Y gracias a todos.

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  7. Querido Luis, hoy, ya más despejada, vengo a comentarte las impresiones que me ha generado tu reseña.

    En primer lugar, estoy de acuerdo en que se puede dar afinidad entre personas de estilos y voces muy distintas. Si sólo nos gustara lo que nos es semejante, sería aburridísimo, aparte de poco enriquecedor. Los personajes no “fornican como conejos”, de acuerdo, aunque sí se ven inmersos en climas de sensualidad reiterados y, por otra parte, sólo se preña a la primera una de las mujeres, una sola. El resto de las de la novela tienen más encuentros carnales, pero no entraré en detalles para no destripar el argumento.

    Sé que nuestros estilos son diferentes, Luis. No es que uno sea mejor que otro, no; sólo son distintos, lo cual no obsta para que nos leamos y nos reconozcamos en la inmensa mayoría de las ocasiones, pues como te he insinuado antes uno no busca sólo lo igual o el espejo de los narcisistas. Lo agradable y expansivo es que reconozcamos las afinidades desde la disimilitud. Lógicamente, la tolerancia gana una batalla y amplia nuestra mente a otras voces. Pero no podemos salirnos de la propia, como no podemos salirnos de nuestra propia identidad.

    En cuanto a tu pregunta sobre si es fácil llenar de sentido la vida, te respondo que no. A veces nos cuesta hacerlo más de lo prudente desde la perspectiva temporal y desaprovechamos años en derroteros que nos aburren y que no nos aportan nada. Cada cual busca un sentido y es bueno y lícito que lo tenga para no desfallecer.

    (sigue...)

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  8. Te doy la razón en el comportamiento inmoral de Julia. No lo tildaré de «maldad» tal y como haces tú, pues los absolutos me han espantado siempre y no creo que exista alguien malo de manera intrínseca. Pero sí diré que el comportamiento de Julia es extraño y desviado. No lo juzgo ni lo juzga su hija, sólo lo analizamos y pretendemos entender sus razones, eso es todo, sin salvaciones ni condenas, que no somos curas.
    Y apuntarte que Segundo jamás tiene nada sexual con Berta; con ella, jamás, pues es su nieta. Quizá querías decir Brígida. Lo mismo que con Brígida hay más de un coito, no uno solo.

    La narradora, Mercedes, es mujer de alta transigencia por todo lo sufrido y no exonera de culpa ninguna conducta, sólo las describe, las muestra, incluso las suyas propias más desfavorecedoras. El mal, como el bien, habitan en la novela, como en la vida. (Se trata de narrar, no de juzgar. Los juicios son del lector. Recuerdo a este respecto algo que siempre me ha guiado: no digas «estoy triste», sino escribe de forma que el lector deduzca «está triste»).

    Lo que no me manifestaré será sobre tus gustos. Bien entiendo que te pueda gustar más una parte que otra, por los motivos que sean. Ahí no debo yo entrar, que ya sabes que sobre gustos...

    Por lo que se refiere al contexto histórico y social, creo que queda perfilado, sólo perfilado en las dos primeras partes. Mercedes, la narradora, era ajena a la situación política que vivieron sus antecesores e, incluso, a la que ella misma vivió durante su juventud. Sus intereses giraban en otros derroteros, de ahí que no incida en esas cuestiones. Sí lo hace a partir de la tercera parte porque ya ha adquirido conciencia social al haberla machado personalmente.

    Por último, creo que la situación económica de la familia, sus fondos, sí quedan reflejados en la primera parte: vuelven de Lorca por la escasez de dinero y la necesidad de atender unas tierras que los mantendrán durante la vejez de Don Segismundo. Después, entra en juego Segundo Ortega con su comercio y sus ganancias.
    En cuanto a que Mercedes herede la casa del jardín de Floridablanca siendo concubina, no es ningún disparate jurídico, te lo aseguro. Reconocida por Don Félix su hija, es ella su legitimaria (en dos tercios de la herencia de acuerdo a nuestro Derecho, también el que regía entonces). Respetada la legítima, Don Félix podía disponer en favor de Mercedes del tercio libre e, incluso, legarle el usufructo universal (práctica tan común en nuestra historia testamentaria). Lógicamente, madre e hija no discuten al respecto y yo no iba a entrar en detalles jurídicos.
    Y claro que Mercedes salió indemne físicamente de la Guerra Civil, pero sólo físicamente, como muchas viudas de hombres sacrificados. Moralmente, es patente que no.

    Podría continuar con más matices, Luis, pero me parece que es ya extenderme demasiado. La lectura recrea el texto y nuca mejor dicho: re-crea. En las conclusiones del lector, no creo que deba entrar el autor.

    Lo que sí hago, una vez más, es agradecerte la reseña, crítica, carta o como queramos llamarlo. Lo que más me agrada es que hayas disfrutado de la novela. Con eso me siento contentísima.
    Un abrazo.

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  9. Buenisima y merecida crítca Isabel, te felicito

    Un abrazo

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  10. Querida Isabel: tomo nota de mis errores de mala memoria o confusión de nombres. En todo caso, lo de quedar preñada a la primera, sea anécdota o categoría, es asunto curioso. O no tanto. Para calentar el ambiente entre los lectores, animo a que realicen un balance de los encuentros sexuales y construyan tesis doctoral sobre el tema.

    Agradezco tus puntualizaciones de jurista sobre la herencia de la casa del jardín de Floridablanca y otros asuntos económicos.

    Respecto a los "contextos históricos" no pretendía anotar falta o señalar con el dedo deficiencia. Sólo mostraba mi sorpresa por el cambio de ritmo en la sucesión Julia-Mercedes-Berta en lo que podemos llamar el "destino". Me da la impresión que el espíritu de la vainilla no protegió a la última. Y eso es triste.

    Discrepo contigo en lo de evitar la censura de ciertas conductas. Julia me resulta atractiva y, a la vez, malvada. El ojo irritado por el aire del desierto que castiga con voz intolerante la tropelía de los poderosos y la maldad de los soberbios, creo que tiene su lugar. Decía Spinoza que él no observaba la conducta humana para irritarse con ella ni para azotarla sino solamente para comprenderla. Spinoza está contigo. Yo, humildemente, creo que hay hueco "también" para el profeta censor y apocalíptico.Y el profeta no es sacerdote.

    En fin, como me parece que sospechas, no he pretendido hacer una crítica de tu novela sino expresar impresiones. Lamento, como alguien dice en alguna nota, haber destripado en exceso la novela. Me disculpo mucho- mucho. Y acepto mis errores de incomprensión. La carta iba dirigida a ti y en ella te mostraba la afinidad que he sentido con tu voz a través de la envidia por tu modo de narrar que, sin duda, me ha sorprendido muy agradablemente.

    Un abrazo que reverencia tu talento.

    L

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  11. Jajaja, Luis, no te preocupes por la confusión de nombres ni por otros detalles en los que yo haya entrado en mis comentarios. Quizá he pecado de excesivamente rigurosa (cosas de ser la autora, brrr), pero quiero que sepas que tanto ayer como hoy me encanta tu reseña, tu carta o lo que sea, que me ha alegrado de veras. No me gustaría que te hayas llevado una mala impresión de mis comentarios, no, por favor. Tampoco he pretendido señalar errores en plan soberbio, uy, no, para nada. Ya te digo: precisiones de autora que, quizá, no debiera haber expresado.
    En cualquier caso, ya he hecho el extenso comentario y hecho queda. Lo que me importa ahora es expresarte que la afinidad se ha producido en doble sentido, que yo la he sentido contigo y esto me hace feliz.
    Además, me dices algo que me gusta mucho, un auténtico piropo para mí: que ando con Spinoza en el tema de censurar o no la naturaleza humana, y es cierto. Siempre me he sentido atraída por Spinoza. Por supuesto, respeto tu censura,claro que sí, que la libertad de opición no falte nuca.
    Otro abrazo inmenso para ti y, de nuevo, manifestarte mi agradecimiento, que es real y profundo.

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