sábado, 3 de diciembre de 2016

SER VEHÍCULO Y VIAJE (Ejercicio de mindfulness dislocado)



   Soy el  vehículo de tu ascenso a los cielos.  Transito y derivo de acá para allá.  No fijo el itinerario; solo pongo el caucho de los neumáticos y el olor a gasolina.  Lo que se quema. El cliente manda y suya es la razón. 

   Soy la limusina de un banda de genes  egoístas apareada en un hotel Trump con la cultura dominante. Soy, a veces,  el deportivo de la pareja del momento: el  complejo de Edipo, delantero centro,  y el amor puro, modelo de éxito de Victoria´s Secret.  Por las tardes me convierto un rato en el 4 x 4 de la lucha de clases para asistir a un rastrillo solidario.  Soy el despliegue del Espíritu o la expresión del genio patrio moviéndose por los tubos de carburación hacia el punto blanco del escape. Podría darte dos hostias sin odio.  Me respaldaría la Historia.

 Soy un taxi que espera pasajeros anónimos en el aeropuerto. Miro pero no logro reconocer al que llega.  Sufro agnosia visual.  Solo su voz de mando me resulta significante. Me rasco como los monos y arranco. Veo pasar a las chicas y silbo para dentro, vulgar, imitando un mal beso invertido para no ofender a la clientela.

 Soy el carromato del que manda y la calabaza reconvertida de la Cenicienta (ella también criada).


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   Alguien habita en mi atención plena
y me coloca en el punto de salida como barcaza de lujo para sus invitados. 
(los invitados son yoes pequeñitos que reman)

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 Me aburro. 
Mucho. 
En las paradas. 
Sobre todo. 
Las esperas. 
Ya sabes. 
Son largas. 
Tan largas como una vida o los meses de invierno de una princesa exiliada.

  Bostezo mientras  reflejo el entrecejo en los restos....
  En un momento, ¡zas!, la grasilla del tofu hará mancha en el pantalón, que allí habita. 

   Hay cosas que no sé hacer  en el espejo retrovisor. 

  Atropello gatos,  giro peligrosamente en las curvas y adelanto en los cambios de rasante.  Actúo como en sueños. 

  No paro de interpretar  mientras me aburro en la inactividad del chófer, sentado en el volante como una mosca, esperando la voz del pasajero, el que  dice izquierda  derecha todo recto.

El que no llega.

Nadie viene. Nadie manda.

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Solo soy la frenada en el asfalto y la chapa siniestro total del atropello.

¿Soy responsable de mi tedio? Sea el tedio el que firme los papeles del seguro.

Quisiera matar al que me habita de una forma tan soez que algunos llaman solemne. 
Matar el alma sin cotas zen. Decir, por ejemplo:

  Si con furia me abrieras el cráneo brotarían tus sesos.

  Si dos manos prestadas por el diablo consiguieran reventar mi pecho sin dañar órganos vitales, en mi latido al ralentí sonaría aquella canción con la que te enamoraste y que nadie más conoce.

  Si tuvieras la curiosidad de medir mis intestinos cuantificarías la extensión de tu inocencia.

Solo soy el vehículo transmisor y el olor a caucho. 
El resto, es tuyo. Tú pagas con tu alma este viaje. 


sábado, 12 de noviembre de 2016

LUCIA BERLIN: MANUAL PARA MUJERES DE LA LIMPIEZA



Exagero mucho, y a menudo mezclo la realidad con la ficción, pero de hecho nunca miento” (L.B.)





       Nunca me ha gustado mentir, Lucia. 
     
      Y para no seguir habitando en la mentira me arrojé al vacío de una noche sin Luna, como un borracho que no encuentra un trago en la casa y debe ir creando un camino de ficción para soñar hasta que llegue el amanecer y abran la licorería. Allí mismo las ficciones se pulverizan como vampiros de corta-pega. Al alba fusilan las ficciones los malos escritores. Y esa es muchas veces la única historia que contar se puede.  

   Pero ahora da igual el caso aunque lo hubo. Si es inviable narrar podemos intentar leer. Y por ese vicio de metadona te he encontrado en un estante. Leerte es mejor que escribir, Lucía. Me has enseñado un poco más a creer en los cuentos aunque no sean mis cuentos. Creer como otros creen en el zen, en  Cristo o en un manual de autoayuda. Reafirmas mi fe siempre en el filo de la navaja.... 

En la profunda noche oscura del alma las licorerías y los bares están cerrados” - dices y tiene su gracia la distancia mística (la mística no siempre es graciosa) con la que narras un dolor tan hondo, el horror del bar cerrado, del sentimiento al otro lado de la cama convertido en un túnel sin salida. La letra quebrada sobre la pantalla. Esas cosas tan comunes.

Eres una gran contadora de historias Lucia. No bromeo aunque me mires con indiferencia porque estás atenta a las bombonas de oxígeno que mueves con tu carrito. Parece que te llama más la atención cómo chirrían las ruedas que mis requiebros. Sí, yo también reconozco en ese sonido un aleteo mecánico como de cigarra fronteriza. Siento el EPOC y espalda quebrada. En el conjunto de tus narraciones siento en la espalda la ironía un poco triste del arnés ortopédico que te ponían de adolescente. Y el temblor del alcohol en la noche oscura de las separaciones. Lo percibo todo en el interior de la boca, subiendo por la parte de atrás de mi cerebro aunque nada tenga que ver con mi vida real, ay Lucía, la real vida. Que tú me hermanes en esa experiencia, que la conviertas en experiencia común de la humanidad, es algo que te hace grande. Para ello, dices, exageras con verdad inmensa e intraducible. Luego te ríes al oír la palabra auto-ficción y con elegancia mejicana dejas que caiga el prefijo.

Vivimos en el mundo y eso, a nadie, debe importar demasiado. Lo relevante ahora, Lucia, es el paseo por esos lugares  prosaicos y sublimes que son tu escenario.  El Paso, Albuquerque, Oakland, Ciudad de México, Chile. Contigo de guía se me ha quedado la sed hospedada en la garganta. Es la sed de la madrugada de aquel señor de las mil y una noche. La sed que ahora sabe a fármaco, a distensión de morfina, a vino dulce mezclado con jarabe, licor de sexo ausente y silencios. 

    Pero todo esto es anécdota. Dan igual ahora las alegrías y tristezas. También es irrelevante el recorrido vital por relaciones familiares o sentimentales desestructurantes y desestructuradas, parejas que nos enamoran, matrimonios e hijos.  Prima facie de tu escritura me seduce el arte de esa escritura. La extraña tecnología. El estilo. La artesanía de la contadora que me saca de mis casillas podridas ¿No soy sensible al dolor de los personajes? El arte es el modo que tengo de sentar a tus personajes a la mesa. Así los hago reales siendo como son tan extraños a mi real vida.  Empatizo con el dolor de los desgraciados en la madrugada a través del estilo de esas frases tuyas que cortan el lugar común y se desmontan a sí mismas con chispeantes cambios de registro, comparaciones que hacen sonreír, ironía que invierte las lentes sin cambiar de párrafo. Y siempre la inmensa ternura de las cosas, mi diosa haciéndose presente. Ternura en lavanderías y en el polvo de ciudades mineras, junto a la hermana enferma terminal, en el baile pijo y haciendo el amor en el arrecife.

Tienes chispa Lucia. Me haces gracia. Ya sabes que lo que un hombre quiere de una mujer es que le haga reír. El amor gana al menos como esperanza de volver a intentarlo. Otra copa, pues, y aunque yo también exagero en estas letras - esas letras que nadie leerá Lucia - una cascada de lágrimas que no se dejan poner nombre y se hace llamar, bromista, alegría, inunda mi interior maloliente.

Gracias

Habla la señora  Lucia Berlin:

Me encantan las casas, todas las cosas que me cuentan, así que esa es una razón de que no me importe trabajar como mujer de la limpieza. Se parece mucho a leer un libro"
“Las parejas mayores tomaban café y leían o hacían crucigramas. Sus conversaciones eran breves, monosilábicas. La gente bien avenida hablaba tan poco como la que destilaba rencor o aburrimiento; era el ritmo de sus palabras lo que cambiaba, como el vaivén perezoso de una pelota de tenis o los rápidos manotazos para espantar una mosca”

“(El abrigo) tenía un cuello de pieles. Ah, las pobres pieles apelmazadas, en otro tiempo plateadas, amarileaban ahora como las patas traseras meadas de le los osos polares en el zoo” 

“Son preguntas inútiles. La única razón por la que he vivido tanto tiempo es porque fui soltando lastre del pasado. Cierro la puerta al pesar a la pena al arrepentimiento”

“El mundo sigue girando. Nada importa mucho, ¿no? Me refiero a importar de verdad. Sin embargo, a veces de pronto, durante apenas un segundo, se te concede la gracia de creer que sí, que importa muchísimo” 

“ Una cosa sé de la muerte. Cuanto “mejor” es la persona, cuanto más cariñosa, feliz y comprensiva, menor es el vacío que deja su muerte” 


“ Mamá, tú veías la fealdad y el mal en todas partes, en todo el mundo, en todos los lugares ¿Estabas loca o eras una visionaria? Qué más da: no soporto la idea de acabar como tú. Me da mucho miedo, estoy perdiendo el sentido de lo que es... precioso, verdadero”



LUCIA BERLIN: MANUAL PARA MUJERES DE LA LIMPIEZA
(selección de relatos de Lucia Berlin, 1936-2004). Alfaguara. 2016

viernes, 11 de noviembre de 2016

SEREMOS

11.11.2016
canta Leonard Cohen
llueve en la cava superior
y la meninge se ahoga
en un charco farmacológico


el veintiséis de junio de dos mil cuarenta y seis

seremos fantasmas despojados de dolor
y a eso lo llamarán suerte

seremos también carne vieja pegada a un hueso deformado por el tiempo
y la genética
un tiempo que no nos hará justicia
- que el tiempo ciega pero no repone -
ni edificará la leyenda de nuestra osadía
ni llenará nuestros ojos de orgullo

seremos el hueco de la última oración
la que agradece la mesa vacía y el amor quebrado
la oración del cegado por cataratas
demente por cataratas
mojado el pañal por cataratas
el que llama madre al hijo
y pronuncia el nombre del que fue el más grande amor de todos los tiempos
el número seis o siete
el que provoca risa
ignorante
porque no hubo historia
y el recuerdo es sueño de efecto secundario


seremos, sí, las indistinguibles sombras
del olvido
sombras caídas como mujeres rotas arrojadas sobre una canción de Cohen
pero sin la santidad de Suzanne, Marianne o Janis
una sombra cualquiera que renunció en nombre del cansancio

seremos así allí quizás o con suerte


y todo porque el presente se ha devorado a sí mismo delante de nuestras narices
como un niño suicida en el desierto
o un ángel en su primera misión estúpida
deglutido al modo insecto con babas impronunciables
por desgana
por esa falta de fuerzas

fuerza es todo lo que no te puedo dar

seremos en un lugar tan lejano como ese tiempo en el que los petirrojos caídos gritan aleluya te necesito no te necesito porque caer solo ya sé y todo sobra en esta habitación de hotel

seremos sombra de fantasma
seremos tan viejos que llamarnos ciegos será alago
y ciegos
seremos y seremos por la gracia de un fármaco de esos que te hacen perder el amor

qué pena de presente
donde el ángel en su primer misión arrancó el amor del árbol de una cama deshecha

qué pena aquel veintiséis de junio de dos mil cuarenta y seis
salvado por la amnesia
sin poema
sin odio ni pena ni nada


domingo, 30 de octubre de 2016

Y mi reino no tendrá fin


                                                     Nacen estas letras en agosto de 2009 .  Brotaron  distintas y ahora las recupero tergiversadas. Como el asunto solo a mi afecta, la falsedad queda convertida en deuda ajena. Amén Jesús





Cambiamos cromos y somos como niños que cambian cromos. Concretamente de la colección “Vida y Color”. Hay una desproporción que recoge la cámara - la película ya ha sido filmada -  en un movimiento atrevido: tú tienes un taco de estampitas bien alto y yo, casi pegadas a mi mugrientas manos, solo dos piezas. Soy tan pobre que no tengo ni repeticiones. Mis dos cromos son todo lo que poseo. Mi cuerpo y mi alma. Dos cromos hay y uno de ellos es el más común del universo de los repetidos.  El otro, ay, es la rareza … es la pieza final, el alma del mundo que para sí quiso comprar el Diablo. ¿No te dije que había desproporción? Gana el que solo dos tiene y aún así le sobra uno. Gano yo y de nada sirve que tu taco de cromos se eleve más allá de los montes Himalayas o las torres de Trump. Yo soy la rareza de tus sueños hastiados. La raíz multiforme del deseo. 


    “Qué se nos ofrece y qué pedimos” es ahora  el juego. Se nos daría mucho más de lo que parece y parece mucho. Como si me ha tocado la lotería  parece. Eso  o se me  ha presentado el genio de la lámpara. Es la ficción que por una vez deja huellas en la tierra, huellas como de gigante. Es el domingo de la gloria, la jornada del tiempo del ahora. 

Rápido pensamos en la pregunta y en la respuesta. Pienso veloz y poderoso como un dios.
Qué quiero. Siempre esa pregunta. Esa es la pregunta y en ella puede estar la tortura incesante, el devaneo de la existencia humana. El deseo (el ser es ahora subalterno). Qué deseas realmente ahora que no es ficción el deseo. 

 Dictamino:

            Me gustaría que alguien me ofreciera lo que traduce en día de fiesta estas palabras:

“ Si me entregas tu tesoro, oh amigo, si en mí confías, recogería yo de tu labio una última gota de agua dulce y, con sumo cuidado para que no perdiera perfume, la dejaría caer sobre las páginas de un viejo atlas. Dibujaría la gota al estallar sobre la página impresa una flor azul, marcando con límites livianos una novísima región que se convertiría en reino nominado por nosotros y solo a nosotros accesible. Ampliada la zona en escala y extendida sobre la mesa toda la cartografía disponible, tocaría esperar un poco. Yo te seguiría día y noche hasta que alguna lágrima forzara tus ojos, da igual si por herida o por odio o por risa. Y con un tubo de cristal purísimo tomaría esa lágrima y, desde gran altura, volvería a desplomarse agua ahora salada sobre ese nuevo reino extendido.  Quedaría nombrada en el acto una ciudad , la ciudad que el destino ha elegido para encontrarnos. Yo te pediría el viaje a los límites de la flor azul  que siempre has deseado, porque ya en ese momento la vida anterior no es nada. Te pediría un viaje, salir de la ciudad que te he regalado.  Como quien pide un baile así escribiría mi deseo. El baile.  Pasearíamos por las calles de la ciudad elegida para salir de ella, contemplando con tus ojos el brillo de las plazas y los estanques en la despedida. Y pisando con tus pies esas callejuelas y avenidas, oliendo el perfume de los árboles cuyo nombre ignoras y yo bautizo, quizás la tarde en la que la caravana estuviera ya esperando para salir fuera me atreviera a besarte y tú, caprichoso, me dirías que esa noche podría arroparte o frotar tus pies con colonia o buscar en los bosques de ese reino dulces recién nacidos”.

Eso pido por mi rareza. No es suerte que deba derrochar. Dame  tú esas palabras o yo buscaré a otro ahora que ya sé lo que quiero. Quede dicho ". 




Oh, qué ingenuo suponer que dejarían soñar antes del robo a la mano mugrienta que casi lleva pegado ese cromo a la piel. 



sábado, 29 de octubre de 2016

sobre el pensar: solo recogida


 Pensar. Quizás antes – no sé si en la época de Descartes, Hegel o Heidegger – el creador del pensar   pretendía ser la Voz. Épico más que lírico, sin vergüenza, ser  la Voz de una generación,  de la verdad y la realidad, la Voz de Dios y de la novela que dice el siglo o de  una filosofía que grita la nueva era.... Qué grandioso es esto. Yo, que estoy aquí aunque no me veas,  me identifico con "una voz"  en los días de entusiasmo. Eso sí: soy una voz entre millones de voces, voz  que, en las jornadas de plomo y lluvia que siguen al ascenso,  se torna pasadizo de las más turbias corrientes de la pena y la insania. Y así desparezco y me doy por muerto.

    En la cima del optimismo, soy  una entre tantas (¿por qué iba a ser mejor?). Descubrí no hace mucho que   “todo el mundo tiene una mente” - y me lo digo constante no vaya a ser que me crea que los otros son solo sombreados perceptivos más o menos guapos. Es mi mantra recordar que todos  están ahí con sus cosas. No soy capaz de intuir lo que hay detrás de los ojos que miran y, por eso, confío en el revés de las palabras que dicen. Todos tienen una mente distinta y distante.  Guirigay de pajarería. Los jilgueros ahora en mi balcón, esclavos que cantan.  Así las voces y mi voz se siente igual: seguro que no es ni  mía. 

 "... estamos seguros de que los pensamientos y sentimientos de A no son suyos " (Erich Fromm)

Pienso con mi voz a pesar de todo. Tampoco eso lo elijo. Y pienso que quiero ser red fina de caza, red atrapa guirigay: que se queden pegadas a la liga  las voces fragmentadas e incompletas que por ahí van. La voz nada original que me apela a ser así quiere describir, en el modo de la artesanía,  el común del pensar: la filosofía popular, la psicología popular, la física popular, la religión popular, la política popular.... (ahora que no hay pueblo, apelo a todos).  Artesano, sí, y solo eso.....  porque en otros lados hay ya algoritmos que nos pueden describir mejor que nosotros mismos, como profetiza Zizez en un artículo que hoy publica en Babelia:

“Lo que cierne sobre el horizonte de las ciencias del cerebro es la posibilidad real d euna máquina externa que nos conozca mucho mejor —biológica y psicológicamente— de lo que nos conocemos nosotros mismos: al registrar lo que comemos, compramos, leemos, vemos y escuchamos, nuestros estados de ánimo, miedos y satisfacciones, obtendrá una imagen de nosotros mucho más exacta que la de nuestro yo consciente, que, como sabemos, ni siquiera existe como entidad consolidada. Nuestro yo está formado por relatos que, de forma retroactiva, intentan imponer cierta coherencia en el caos de nuestras experiencias, para lo que borran las vivencias y los recuerdos que los alteran. En cambio, la máquina grabará las discordancias y quizá incluso podrá abordarlas de manera mucho más racional que nuestro yo consciente”.


Y yo camino por las calles con mi sombra – ese eterno y solo y solo y solo camino hacia algún lado como un cualquiera – pensando en qué es eso a lo que debiera dedicarme como hombre sin vocación que busca la llamada. Qué hacer sino anotar el pensar y tratar de subrayar con un viejo lápiz algún signo. En una época en la que todo el mundo escribe una canción original al menos en su vida, quizás mi voz debiera ser más micrófono que bafle. Todo el mundo tiene una mente y en la mente de cada uno seguro que se repiten menos de mil ideas, menos de mil sonidos que se ganan y se pierden para pasado mañana en los ecos de los cafés y las plazas.

 Mil palabras no es tanto y el optimismo me lleva a suponer que habrá al menos mil ideas que se repiten en el eco de las cabezas que van por ahí con y sin sombrero. Antes de que se hundan en el vacío de la extinción captaré cien ideas. Cuando aún son .

 Sin voz colecciono imágenes e ideas. Ideas que quizás construyen marcos, perspectivas, plataformas de emplazamiento, llamadas a la acción, poemas e hipótesis.


Foto: http://www.ecuavisa.com/articulo/noticias/actualidad/33433-ninos-trabajan-en-la-basura

domingo, 23 de octubre de 2016

POLÍTICA ACÉFALA:CRONO-INTERVENCIONES BICÉFALAS

  Domingo. Alguien me ha dicho esta mañana que las tardes de los domingos debieran ser planificadas a cargo de los presupuestos públicos para superar la sensación de vacío que embarga a gran parte de la población en ese día, sobre todo después de la muerte de Dios. En vez de discutir sobre las estrategias para mantener un gobierno o cambiar una legislación irracional, los mandamases tendrían que estar la semana pergeñando estrategias adaptadas a cada ciudadano – como dicen que serán los fármacos del futuro - para no caer en el ostracismo fosilizado del domingo por la tarde. Esa es la propuesta que me ha contado un desconocido antes del mediodía, anticipando con terror en su cara lo que iba a suceder después del almuerzo. Sin querer entrar en discusión con tan amable ciudadano, no es mi vocación ni estilo, creo que hay en mi otra línea de opinión que paso a comentar. Una línea que no exigiría participación estatal y que, por lo tanto, dejaría libre al gobierno de la tarea de mejorarnos el domingo. Quedaría así su agenda franca y expedita para ocuparse de las misiones trascendentales que, es de suponer, exigen nuestra abstención. Al grano con mi discurso.

    Que las tardes del domingo son penosas y que esa pena densa se reitera todas las tardes de los domingos es un tópico tan extendido y conocido que seguir en él ,cuando se puede estar en otro sitio (y se puede estar porque después de tomar conciencia de que estamos en un tópico podríamos romper su embrujo) es síntoma de que nos hallamos morbosamente a gusto estando mal. ¿A qué se debe ese gozo enfermizo? Sencillo: obstinarse en el malestar nos hace sentir verdaderamente libres y esperanzados. Lo habrán comprobado y algunos de ustedes, los más reflexivos, están ya  moviendo su cabeza en señal de aprobación. El prejuicio considera que si fuésemos máquinas programadas no viviríamos espacios de tristeza . Luego si estamos tristes es porque no somos máquinas. Sufro luego soy libre; soy libre luego hay esperanza de redención.  De esta forma, el peso vital de la tarde del domingo es un para-impuesto que fetichistamente pagamos. ¿Con qué objetivo? Sentirnos libres y ligeros en otro lugar o tiempo. Sufrimos para tener esperanza en otro momento ¿Cuándo? El lunes. En efecto, y aquí está el núcleo de mi discurso, si el domingo es doloroso, el lunes queda bendecido como el día en el que acabó el maldito domingo. El lunes es visto como la línea de salida de nuestra proyección vital positiva. Será mañana el día en que empiece todo y para que lleguemos al primer día del resto de nuestra vida, al punto alfa del ciclo en el que definitivamente todo será mejor, pagamos con un domingo pre-suicida. Pensamiento mágico de manual: si no sacrificas no recibes bendición. Sin embargo, ¡ no funciona el algoritmo mágico!  La prueba es que seguimos lunes tras lunes acabando en domingos infernales. El lunes nunca abre el futuro definitivo. ¿Por qué? ¿Debemos perder la esperanza al ser negados por la experiencia histórica? No. Hay que buscar las causas. Creo que el lunes no arranca hacia la felicidad como el primer día del resto de nuestra vida porque el domingo pesa demasiado y lo lastra con su  pena fósil hacia un fondo en el que habita una mala filosofía de la historia. Sí, el domingo hunde al lunes como los viejos presidentes hunden a los países. Con modestia creo que yo tengo una propuesta revisionista. Por un lado, hay que seguir considerando el lunes como el punto de inflexión para el resto de nuestra vida. Mantenemos la bandera en alto. Que el rojo amanecer nos envuelva. El error ha estado en creer que fatalmente el domingo debe ser domingo de ansiedad. Y no. El domingo puede ser mejorado por una ligera crono-intervención. Fuera el malestar a lo bobo. nada de sufrir por el mañana.  Sin perder ese sentimiento optimista hacia el lunes de renacimiento propongo crear un espacio de ensueño cerrando el domingo unas horas antes. Creemos un lunes de ficción – un "como si"  lunes –  que sustituya a la tarde del domingo. El domingo se mantiene en la mañana, justo hasta la sobremesa, y luego pierde unas horas que entrega al NEO-PRE- lunes. Un prólogo "como si" con música de vals. Propuesta concreta: el domingo termina a las 16:00 y esas ocho horas sustraídas se aportan al nuevo espacio de ligereza que anticipa el renacimiento del lunes en el que todo cambiará. Planifiquemos el domingo desde la iniciativa personal convirtiéndolo en ejercicio de nuestras libertades soñadoras . Diseñemos, artistas de nuestro porvenir, con un real lunes de gloria, inicio de una semana en la que, esta vez sí, alcanzaremos la senda luminosa del futuro que nos espera: el amor correspondido, el fin de las disputas, la buena mesa en todos los rincones. Cuando lo consigamos, si lo conseguimos, puedo prometer que el domingo será el último domingo. Y no habrá más lunes. Aleluya.

viernes, 14 de octubre de 2016

hoy como ayer, manifiesto

Hoy como ayer sostengo lo mismo aunque sé de la desdicha y de la luz que corrompe. Ayer, julio de 2009; hoy octubre 2016.    Melancolía platónica combinada con granos de emociones diversas que todo lo nublan.




PARA TI ( ETERNO FEMENINO)
Sólo la propia salvación puede ser un imperativo moral"
El juego sólo es posible si se puede contar con la buena fe de los contertulios(Onetti, La vida breve)

UNO
Escribo desde siempre y escribo, sobre todo, cuando no escribo. Nada original, comprendan me. Y tan tonto es eso del escribir sin escribir que abunda. Escribo cuando paseo y recorro las calles sin objetivo pero con rutinas, siempre los mismos itinerarios, las mismas sendas, las mismas horas, siendo, por tanto, objetivo fácil para los terroristas que desean acabar conmigo, para mis bajones depresivos que me encuentran dispuesto a recibir disparos en la nuca. Y escribo – aunque no escriba (agg!) – esperando que llegue el encuentro, la princesa que me monte en su caballo y me saque fuera, fuera de lo que no es escritura e, incluso, fuera de la escritura, lejos de todo aquello que no es la música o los rostros de las mujeres bonitas o un buen té con manzanas verdes en el silencio de la mañana o la cerveza y los cigarrillos clandestinos. Huida de la vida, escape, escape, skape...

Escribo para invocar su llegada. Me debe salvar Ella y (mientras tanto) me muevo con su criada morfinómana, la escritura, en formas de lo más diverso, a veces de un modo y a veces de otro. Pero todo es erróneo, fallo, siniestro y avatar frustrado o perversión de clase media. Ella no llega y, por eso, construyo frases y párrafos, enhebro el hilo y lanzo pespuntes. Escribo, espero y me sacrifico en la conciencia de que nada hay salvo el error y las derivas y todas las energías frustradas.

Una mañana de verano estaba yo en el banco descansando de la caminata cuando llegó entre luces y sudor la amiga de Xena, la princesa guerrera. Vista al trasluz creí que podía ser aquella que estaba esperando, cuerpo terso y vientre fecundo. Me hice por ella lesbiana para convertirla en esposa. La formalidad me mata, lo sé. Ahora comprendo que no es ella la que está por venir y anuncian mis úlceras porque después de unos días de idilio retorné a la escritura, lo que viene a ser como si el terrateniente algodonero abandonara en el lecho conyugal a la jovencísima recién casada y se sumergiera en los establos con aquella esclava negra a la que conoce desde la infancia y que ya no es ni siquiera bonita pero es ella, fiel cómplice, llena de trazos de memoria e imperativos de deseo.

En efecto, no era ella – nunca es ella si no es tú - y por eso escribo, incluso y sobre todo cuando no escribo, perfilando a la amazona que me liberará de mi estupidez y de la escritura.

DOS

Nada, inútil, fracaso. Uno más. Otra página. Demasiadas páginas pasadas sin haber escrito nada en ellas (Hemos creado una extraña amistad, el club de los que pasan página).

Escribí en el pasado repitiendo el momento inicial, el primer desagarro en la página en blanco, el primer golpe en la tecla. El resultado era nada ( o casi), la mera posición, el rito del cuaderno y del bolígrafo. Nada. Frases que fueron quemadas como diciendo al mundo ¡lo que te has perdido! Y ocultando en esa filigrana de la pose la nada de la nada. ¡No hay escritura sin Obra! ---- y el eterno principiante, achispado – ni siquiera borracho – en el giro inicial de la mano, cree que escribe, traza y borra con el gesto, sobre todo cuando no escribe. Por eso mantiene el tono, el movimiento inicial (el 0+ n, siendo n pequeño pequeñísimo). En proceso de escritura, in nuce, con la potencia en acto en un subatómico giro de la mirada.

Idiota, llegue a creer que ser escritor era mejor que ser Papa, o rey o constructor o presidente de comunidad autónoma. La hostia.

Pero de la juvenil inocencia han pasado ya muchos años. La idiotez, que persiste, es ahora no más lúcida pero si más zorra. Por eso ahora escribo para salvarme ; ahora escribo sólo para ti y necesito la presencia invisible, la amabilidad, la sonrisa y el sonrojo, las claves del reino de la piel que me devuelven acrisoladas los ojos cómplices en la extraña faena de ver colores. Los cruces y los pasajes donde intercambiamos una mirada. Y sigo pensando que todo lo demás es un puto rollo. No va a llegar nunca la princesa guerrera o su escudera para sacarme de aquí. Y por eso eres tú más importante aunque te sepa en tránsito, pronta a desaparecer, purita contingencia, ironía y solidaridad en precario, todo en precario, que sé que la enfermedad y la muerte y el olvido y la distancia nos acechan a todos (y cada vez más cerca, como un tam tam).


Escribo para ti y tenía que decírtelo. Aunque no sepa tu nombre, aunque tengas muchos nombres o sólo pases por aquí o tal vez no seas ésta sino la otra, insospechada, encuentro en un cruce, entrevista tras los visillos o en el contraluz del disco-pub.

Tortuga bicéfala, 27 de julio de 2009

miércoles, 12 de octubre de 2016

Nous sommes mille vingt et trois

Nous sommes deux
Nous sommes trois
Nous sommes mille vingt et trois
Avec le temps, avec la pluie
Avec le sang qui l'a séché
Et la douleur qui vit en nous
Qui nous transperse et qui nous clou
(Moustaki)

En 1995, la princesa Diana de Gales, lady Di para la historia, se dejaba entrevistar con un semblante propio de tortuga bicéfala - gesto jánico entre el agotamiento y la ironía - , y nos dejaba la ya famosa sentencia: “ Bueno, éramos tres en mi matrimonio, y eso es una multitud”. La frase es ya de antología y llevó a muchos de los que oyeron el oráculo a dejar caer suavemente en vertical la cabeza, tres o cuatro repeticiones, signo inequívoco del “sí” o del más popular “qué razón tienes maja”. Todos los que asentían respondían empáticos al dolor por una infidelidad fea, por un matrimonio simulado como en caverna platónica y por el largo calvario de Di. 

    Sin embargo, llevada la frase a la categoría de verdad absoluta del común – tú cuenta que yo allá escucho - no deja de ser desconcertante. No dudo que tres son multitud en determinados casos y sin duda entiendo que uno de ellos es la relación de pareja en tanto engranaje sexo-emocional. No soy nada experimental en este campo, como ven, aunque admito que otros vivan de otros modos (soy liberal, como Diana). No obstante la frase en cuestión niega una evidencia y eso me hiere como pensador que sufre por la confusión de sus congéneres. En toda relación yo diría que no solo hay tres sino cuatro o cinco o cien o mil. Como en la canción de Moustaki que coloqué arriba. Esto debe ser asumido o, en caso contrario, violentas lo que queda de realidad y sentido común en este mundo. 

   El número y nombre de los interpuestos en una relación de dos es legión (por eso los ojos del otro nos miran como un viejo e invasor demonio). Esto es inevitable, es lo que hay y no puede ser de otro modo. Entre el tú y el yo median no solo los amantes actuales (si los hubiere, que eso es feo por lo del engaño y así, válgame el cielo). Ahí están también  todos los ex-, los virus y bacterias compartidos en tardes románticas, los hijos habidos y los no nacidos, las abuelas con todos los nietos imaginados y las tragedias de los desaparecidos, los novios y los que practicaron sexo con o sin, los amigos de la pandilla pasada y la futura, todos aquellos con los que se comparte una idea, una calada o mil risas, la silueta tentadora del primer amor y la excitación que provoca la joven panadera de ayer por la tarde. Sí, mi querida princesa, en la pareja pretender que solo dos habiten es imaginar un mundo irreal, quizás bidimensional.

ay....


Sí, una pareja es una confluencia chapucera del arca de Noé y el barco del holandés errante. Es mucho lo que se preserva y, sí, la mayor parte de lo que se guarda en las bodegas son cadáveres. 


sábado, 8 de octubre de 2016

Right Now, Wrong Then



Ahora sí, antes no ( Hong Sang-soo, 2015)
Ahora sí,
            antes no

en ocasiones  no hay posibilidad de viceversa
en ocasiones sí

en ocasiones
la    &                                    se quiebra
en ocasiones queda una  coma
luego el ocasional  vacío de una sombra
y al final....
     al final es un ahora no

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   Por si no han visto la película, podemos decir  que nos cuenta la misma historia dos veces. En la magia de la "narración primera" (la del no)  habita ignota la segunda versión (la del sí) aunque en ésta nos persigue la sombra del recuerdo de lo ya pasado, el ahora frente a un antes que fue ahora. La certeza de que el no es irreductible.

    No suele ser así, claro, pues nunca te bañas dos veces en el mismo río. Los protagonistas de la película tampoco: no saben ellos que son héroes de dos historias que son la misma.  La pareja es como nosotros y su  historia acaba con resaca o con enamoramiento. Somos nosotros, espectadores,  los que vemos la excepción sintiéndonos "como si estuviésemos viajando a un país remoto"  en el que cada curso de acontecimientos se rueda en dos versiones. Es difícil  tratar de aplicar las enseñanzas de la película allí donde no cabe esa excepción, en el ahora incorregible.


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    Da miedo pensar en la responsabilidad que pueden llegar a tener los pequeños actos: mirar dentro de una bolsa al salir del templo, beber demasiado y caerse, coger el teléfono para responder a una llamada equivocada. Las consecuencias.  Los mismos escenarios y personajes se nos ofrecen en las dos versiones (el antes y el ahora) pero las ligeras variaciones que provocan los personajes - humanos al fin y al cabo, improvisadores - dan lugar a otras  historias. Un sí o un no se decide. Qué frágil es todo final. Pero, ¿es tan realmente otra la segunda versión? ¿No son los mismos humanos los que actúan?¿No hay siempre un aire de familia, una secuencia de tópicos definidores de la identidad de cada personaje,  que anuncia que tras el final del "sí" se oculta ya el "no" porque al fin y al cabo lo que rompe la dinámica sigue vivo en nuestro modo de ser?

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 Dicen en las dos historias: si desconoces el camino a seguir en tu tarea, si el destino del viaje es incierto, deja que ganen la percepción y las sensaciones. Vive la alegría de no tener proyecto.  Sin embargo,  para que una situación así no te destruya debes ser sensible y valiente ¡Qué bello es lo incierto de un destino para los que así son!

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 Fragilidad de las cosas
qué malo es beber para lidiar con esa brecha de contingencias (salvo si el objetivo es hacer un espectáculo para los que miran embobados)

me da resaca en la película el licor de arroz

siento la resaca de algunos bebedores
miro sobrio la borrachera que ralentiza los movimientos y convierten al borracho en un extraño bailarín del que se burlan todos los dioses y todos ellos quieren mover a la vez, condenándolo a la quietud trémula.

borrachos que son estatuas oscilantes
borrachos de ojos rojos que blasfeman e insultan
borrachos que balbucean onomatopeyas
y se quedan dormidos sobre una mesita
borrachos que quieren ligar con la sombra en la que te conviertes al beber demasiado arroz licuado



Disculpas: estaba borracho.
Disculpas: estaba equivocado.
Disculpas: estaba muerto de frío y por eso me metí en tu cama.
Disculpas: estaba deprimido.
Disculpas: estaba vulnerable en aquella época.
Disculpas: estaba encantado con la música

          ¿Estabas?

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   Dos historias de la misma historia (lo sé:  es paradoja y es imposible). Dos historias como un juego de siete errores. Busquemos pequeños cambios en la conversación. Las personas son las mismas pero las palabras brotan según esa gramática del azar que tan presente está en nuestros diálogos cotidianos (¡¡Cuánta violencia implicaba el diálogo socrático para intentar vencer al azar!!).

 Sin embargo, los pequeños azares no niegan la evidencia de que decimos lo esperado, somos lo que somos, igual de bobos, de listos,  de enamoradizos. Un saco de tópicos.  Pequeños azares al seleccionar una pausa o sorber un último trago. Esa palabra que sobra y que provoca, en el otro, el insulto. Sin la palabra, chaval, esta noche ya te besaba de nuevo en la boca.

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Dicen en una de las historias: pintar o escribir o filmar para reconfortarse, por autocompasión y consuelo. Mal camino. No hay ahí osadía ni atrevimiento.

 Sí.

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¿Por qué decimos una cosa y no otra a nuestro interlocutor? Seducimos, tratamos de enamorar, sudamos amabilidad por los chacras de las bellas palabras. Controlamos la conversación en virtud del objetivo. La verdad es esa mentira que  chupa el trasero a la autocompasión para que se ponga en marcha y nos lama el alma. En ese entretenerse de dos se acabará ligando o insultando, se amarán si y solo si hay un malentendido que se resuelve, se diluye, se difiere a un después. Si antes no y ahora sí.

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Dicen: nunca me aburro.
¿Puede haber tristeza sin aburrimiento?

No me aburro porque estoy en constante actividad. Miro agendas, rescato tareas pendientes, reflexiono sobre reintentar construir nuevos castillos y volver a salvar a la princesa tris tras, sí, la que nos dejó por un ogro.


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Orfebrería fílmica. Dice la crítica. Pocos escenarios, pocos personajes. Un patio, un café... ¿quedamos? ¿comemos?Historias de amor in nuce.

 Nada permanente, nada que te atrape. Hagas lo que hagas alguien dirá: antes sí, ahora no.
(o viceversa).



lunes, 3 de octubre de 2016

mind the gap


Alepo era una ciudad cualquiera      ni mejor ni peor ni igual      como deben ser las mejores ciudades


Alepo era una ciudad sin vocación de agujeros en sus tripas


Alepo recordaba en folletos ilustrados un viejo pasado en el que generales de todo tipo rompían la tierra con sus compases binarios de bota y espada        pero era pasado y el pasado creemos en las ciudades cualquiera  que es esa nada tontorrona que visitan los turistas, el borde line de nuestros objetos de  nostalgia, un paquete desactivado de museo


Alepo se llenó de agujeros y es ese un destino que nos hace temblar a todas las ciudades cualquiera


mi ciudad cualquiera abierta a cientos de cualquieras ni mejor ni peor ni igual mira conmigo y se pregunta


qué se siente al mirar desde arriba un agujero abierto allí donde había plaza


cuánto tarda una ciudad a acostumbrarse a ser mina de polvo salpimentada de sangre y horneada por el clima hostil de la historia


qué orificio deja en el muro o en la piel una 9mm


cuántos agujeros serían precisos para cegar la mirada de los dirigentes mundiales regionales nacionales locales zonales


cuántos agujeros de sol necesitaría una patrulla de ángeles para advertir mind the gap al salir del tren de la historia





lunes, 5 de octubre de 2015

me digo tantas cosas que ya tu coro ni oigo (oratorio)




    Escribir sin meta, pintar sin que haya en la cumbre o en la senda ni tesis a la que llegar ni canción con la que animar a la tribu. Ni historia. El escribir este que ahora miras expectante - buscas su utilidad como es lógico - muere cuando el bolígrafo mancha la hoja, en el momento horrendo en el que el cursor escupe sombras de grafito en una pantalla. Es este escribir un gesto que se cancela con una torsión de cabeza - como la niña de “El exorcista” hacía por vicio-  porque, al ser leído, el mensaje es solo ya el olor de un cadáver . Y huele el signo, sí, pero  no a mi propia putrefacción - ay, qué alivio entonces – sino a cadáver de otro y como en clave de broma. No es el propio muerto con el que uno se topa al girar la esquina de este escribir. Son otros los que, habitando tu mente, se despiertan sin aliento que ofrecerte en comunión o desayuno.

  Sin embargo, lo sé con esa certeza perversa que brota de la pérdida de todas las otras, no he caído aún en el más abajo. Quepo en otro error: suponer algo seguro de sí y como salvaje – muy hombre y con nombre – ubicándose emboscado en el momento previo a esa escritura necrófaga. Un ímpetu hacia la grafía que en ella se pervierte y que justifica el acto con la conclusión de que es mejor cerrar la escritura para que eso se me muestre puro. La inocencia de la intención. El pre-, lo- no- tematizado-aún  ¡Ay, infeliz! ¡Qué sabrás tú de ímpetu! ¡ Qué sabrás tú de eso! El momento previo es el último expirante. No especialmente querido tampoco ---  ni el elegido. 

 Escucha ahora el silencio tras la música de Franck (Les Beatitudes). No me llega el rumor del coro. Atiendo, sí,  a lo que se resquebraja en la cercanía hiriente, las escamas arrumbadas de un pez que se me anuncia como padre y hermano. O lo que sea. No, yo tampoco lo oigo ya. Estamos sordos para el los cielos y los infiernos. Peces sordos en superficie hablando por whatsaap. Gente.

Me hablo a mí en las letras y me crece la nariz de Pinocho mientras babeo a menos de una cuarta de distancia de mi rostro. Me hablo y me ensalivo.  Soy una mujer embriagada que, para vencer el ruido ambiental, me cuenta su historia tecleando su lengua en el tímpano que, una vez, fue mío y ahora es solo la pared solitaria que se  hace eco de sus entusiasmos. Me hablo, en la escritura que es muerte, como un adolescente que intentara marcarme en su edad y en su desfase con el tapiz de todos los miedos y cobardías que pudimos compartir. Tapiz del sentido en la broma de  un amor malogrado y otros psicodiagnósticos. Me hablan ellos y yo me digo lo mismo en la escritura que ya no es mía ni dice lo que pienso recién parida en la hoja. 

Pudimos serlo todo, digo sin convencimiento

Un cascote vuela sin huracán que lo sustente. 

Me dejo arrastrar por el hueco arcano del tarot sin cartas.


 Sin embargo, espero la alegría - ¿alguien lo duda? - y el anuncio mesiánico es lo que cuenta. Ese anuncio que hoy llega en la conciencia de un letra que ya huele al cadáver de otros. Hermanos e hijos, supongo. Una letra que debía callar para que tu coro a mi oído llegara y mi voz en tu tímpano encontrara la santa consigna de la fraternidad o el matrimonio. La alegría, te digo, de escribir por fin el poema que a todos prometiste.

sábado, 19 de septiembre de 2015

poseí





Yo poseí más de mil libros y, en su ausencia, la decena que ahora veo desde esta cama me resulta superviviente de una gran pérdida. Como dicen de aquellos que se salvaron de los campos de exterminio, ahora esos pocos libros se sienten culpables de su presencia en este mi nuevo mundo. De un modo oscuro, su visibilidad en el espejo de mis ojos les aterra. Piensan los libros liberados que, quizás, ellos merecieran con mayor motivo y peso permanecer en el espacio de la pérdida. Aquellos otros que en aquel lugar se quedaron, ¿son acaso menos dignos? ¿no fue el azar el que actúo eligiendo a “El alemán es fácil” frente al muy digno y honesto “Don Quijote”?. Por ello, casi me digo porque me dicen, todo libro ha perdido ya su valor y significado antiguo. Repito, no es esto simple creencia mía. Yo ya solo miro lo habido y lo por haber. Esta pérdida de sentido es una misteriosa y siniestra decisión de las inertes páginas y sus ahuecadas palabras. Un misterio tremendo que fascina en la cercanía de extinción..

jueves, 17 de septiembre de 2015

sé lo que hicisteis en vuestras últimas vidas ( o el paciente de lo incurable)



That Girl in yellow boots (2011)

“ Sé que el hombre más inteligente del último siglo, Nietzsche, escribió esa terrible frase: no hay que querer ser médico de lo incurable. Pero esa es en gran medida las frase más errada entre todas las paradójicas y peligrosas que nos dio para descifrar. Lo correcto es exactamente lo contrario, y yo afirmo: hay que querer ser médico de lo incurable, y más aún: sólo ante lo incurable se prueba un médico. Un médico que acepta de antemano el concepto de incurable deserta de su auténtica tarea, capitular antes de la batalla” (Stefan Zweig: La compasión peligrosa - La impaciencia del corazón)


Es necesaria mucha violencia y una gran disciplina de la voluntad si, como decía el filósofo, se rechaza en soberbio gesto ser médico de lo incurable.

No es fácil dimitir de la cura de lo incurable  y de nuevo engañan las apariencias.

No es fácil porque


todos los cánticos nos llevan a negar con impaciencia la sentencia. Es postura cómoda y queda bien en cámara (quedar bien es signo de los tiempos en red y lo fue en la época de las mitologías y religiones).
hay algo recto y bendecido y auténtico  - según todos los cánticos - en ese no rendirse ante aquello que, sin solución, va dejando  cadáveres en el margen de la historia (común o privada, universal o personal). Sea  torpes  ejemplos de aquello que va muriendo en la rueda del devenir:
         nuestros proyectos vitales (que se convierten en plan de pensiones, iniciativas emprendedoras o cursillos del mes de septiembre),
         la paz del alma y el sosiego,
         el deseo mismo (tornado kama sutra del porno),
         el deseo y la boda,
        nuestra imagen whatsaap 
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lo incurable es la búsqueda de lo sin condición, el significado libre de contexto, la refutación del pragmatismo, el imperativo categórico ante los niños muertos en la playa

RUTH ( la chica de las botas amarillas) en los oscuros callejones donde los turistas mean o en esa casa en la que un masaje se amplia por mil rupias en la entrepierna del final feliz, busca lo incondicionado por la hermosa vía del suburbio pecador. Busca al padre. El padre nuestro que siempre buscamos en el cielo. Todo el sacrificio encuentra su sentido en ese (sí, incurable) afán del padre incondicional en su amor a la niña. Ruth recorre su torturado camino hacia el final feliz ganando mil rupias por un "happy ending".

Ruth busca a su padre, quiere encontrar la incondicionalidad de ese padre que es Dios. El padre que curará la insatisfacción incurable --- incurable para los otros médicos, no para el guía, el maestro, papá, papaíto.... la niña quiere el abrazo de papá, el abrazo diferido que debió estar en la infancia y que - no puede ser de otro modo - deberá ahora estar sí o sí, en el final del camino. Todo lo justifica ese camino hacia el padre porque solo en él Ruth podrá descansar de un novio yonqui y de un trabajo sucio o de la corrupción en la que chapotea.




No voy a mostrar al padre como hace la película.


 El fin justifica la vida errática y la blasfemia.
 Fin: qué palabra más incurable (casi tanto como el "hacer planes").

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El sabio al modo Nietzsche -no hay que querer ser médico de lo incurable - sabe que el final que, con mucho tiento, cabe en esta tierra de cosas feas se circuncida en la posesión de un par de botas amarillas para caminar sobre el asfalto.

Nada más profundo que las botas amarillas. Mis botas, mi dignidad...

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. pero aquí estoy YO sin botas amarillas. Ahí estamos todos o casi, aterrados y anhelantes por estar a la altura de lo que se debe: amar o servir, buscar al padre o al hijo, comprometerse con alguna bandera de las que prometen elevar el alma en nombre del padre que Ruth busca.


Mil años pensando en mi mal y, ay, me hundo en la conciencia de lo incurable. Sin cura. Sin padre ni hijo. Sin maestro ni buda.

Solo me queda la premura de tiempo. Es ya mucho el camino quemado. Indago sobre nuevos puertos en lo que atracar mi nave. Caeré en la tentación de lo incurable. Quedan muchas batallas en las que caer víctima de francotiradores.

Mostrar mi fuerza.
Rechazar la derrota y
lo incurable,
escupir en la incondicionalidad....

ser astuto y fuerte como el viejo Odiseo