domingo, 5 de mayo de 2013

Tu campana, mi campana. Sylvia, nuestros cristales y el fin del imperio yoico ( y 3)




"... desapasionado sol blanco brillaba en el punto más alto del cielo...afilarme en él ... ser santa y delgada y esencial como la hoja de un cuchillo" (...) débil y traicionada... la piel mudada por un terrible animal... un alivio estar libre del animal ... parecía haberse llevado con él mi espíritu"

"la cosa más hermosa del mundo
la sombra (debía de ser)
 sombra en el cajón de los escritores y en los armarios y en las maletas
y sombras bajo las casa y los árboles y las piedrasy sombra tras los ojos y las sonrisas de la gentey sombra, kilómetros y kilómetros de sombra en el lado de la Tierra en que era de noche" 

"...la letra minúscula al principio podía significar que nunca nada era en su comienzo realmente nuevo, con mayúscula, sino que todo fluía de lo anterior"

(Sylvia Plath: la campana de cristal)

la camisa nueva que estrenaré este domingo se escribirá me dices con mayúscula y a parte de eso todo lo demás se deja caer letra a letra en la minúscula

y como el verbo fluir parece que embellece lo que se diga dígase lo que se diga y es recurso fácil para el pensamiento pues fluyamos sylvia y de paso fulminemos puntos y comas que vocación independentista de sintagma también tienen o por lo menos lo aparentan que en eso del fluir no solamente el mito abunda sino no en menor medida la tontería y la legaña en el ojo que es humor cuajado en el abanico del párpado

fluimos sylvita como el cuchillo ese que nombras  ese que se afila en tu sol blanco ese que desapasionado sirve al carnicero para libar kilo y medio de filetes que nos dicen son como espuma  esa espuma que es lo opuesto a la carne y la sangre

no importa demasiado la campana de cristal que nos cubre más que nada porque todos los que habitan poética o prosaicamente en la tierra se muestran cubiertos por ese birrete de atmósfera que hacia lo alto parece esfera truncada

no importa que duela el aire recalentado por el estornudo de mi atmósfera alérgica al humano

no importa tu comedia ni el chiste de todos los suicidios descritos en la novela poema minúscula mota de polvo

mota de polvo dices que es el poema

no importa tu comedia ni el chiste de todos los suicidios descritos en la novela poema minúscula mota de polvo en el reino de la literatura que prometió salvarnos de no sé cuantas angustias

las angustias son pequeñas molestias que solo las sombras comprenden

nos gusta el mundo sylvia aunque las pequeñas molestias lo joroben todo con su pretensión de no ser tragedias ni nada más que luces que deslucen las sombras y borran los poderosos efectos del claroscuro

pero ya te dejo que parece que con esa bandeja con pastelillos que me ofreces hay una despedida

y sobra el adiós si lo que se quiere decir es hasta luego

4 comentarios:

  1. hay algo enternecedor en esta manera tuya tan propia de ofrecer tu lectura de un libro... más que interpretar, acompañas, sin la violencia del desentrañar; no diseccionas, no analizas, no revelas: buscas penetrar en la carne textual por las nervaduras naturales de su respiración sanguínea

    y eso es delicadeza

    tomas el texto troceado con palillos, no lo hieres con el cuchillo y tenedor (la herida está en tus ojos, que ya descomponen y gimen y fluyen muy a su pesar)

    sería espléndido leerte hacer esta misma operación con libros magníficos de Jorie Graham, de Hélène Cixous, de Chantal Maillard, de Unica Zurn...

    el ojo atento al baile, a los claroscuros, a lo intenso vital (lo pequeño e ignorado...)

    un abrazo!

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    1. Acepto la descripción de mi método aunque yo, en ocasiones, ofrezca una versión más dura del proceso. Pero imagino que, en el fondo, lo que dices es adecuado. Seguir el trabajo reflexivo con los nombres que citas puede ser tarea de interés bicéfalo. Salud!!

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  2. una tercera entrega… ¿pero qué es una entrega ? ¿estarme quieto, atento, fijo para hacer un recorte y decir oh, representación ? …una lengua de lagartija fluye en la vena hinchada de mi pie derecho hasta el escritorio, da vueltas a un lápiz que cae. Y es cierto, tienes un modo muy delicado que rasga el cristal, esa pompa de sapiencia que rodea las palabras. Esa maldita seguridad que le confiere la realidad. ¿Es la realidad una entrega ? /// “(lo pequeño e ignorado…)” el hilo por momentos invisible, invisibilizado por la norma, inflexible dentro de la comunidad… y al cabo, frágil en extremo. Recuerdo vagamente el libro de Sylvia, pero ahora se reavivan los contrasentidos que fluyen, refluyen y confluyen con tu modo… los contrasentidos de ese libro…. dice Artaud “Se trata de esas suaves pláticas de psiquiatría bonachón que parecen inofensivas, pero que dejan en el corazón algo así como la huella de una lengüita negra, la anodina lengüita negra de una salamandra venenosa. Y algunas veces no se necesita nada más para suicidarse” . De todos modos, Sylvia, azotando la inmovilidad catatónica.

    un fuerte abrazo querido bicéfalo!!

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  3. En la situación, la entrega (tercera) es arbitrario juego de estilo. También, colcha construida con retale: los fragmentos de lectura copiados con mi letra estropajosa en un pequeño papel y pasados a la koiné de la cajita blogger después de un centrifugado azaroso que dura algunos días.

    El libro de Sylvia está marcado por el morbo del personaje. Si Esther Greenwood no fuera Sylvia Plath, los lunáticos movimientos del alma nos resultarían tediosos. Es algo exterior al libro lo que le otorga un aura. Si Esther Greenwood se construyera al margen de la escena-pánico-artaudiana del sucidio final, si la fenomenología de la campana de cristal se tomara en serio,entonces, la salamandra y la lengua reptiliana si nos entraría por las venas. Uno se tornaría terapeuta y, en salto esperpéntico, posterior paciente. El suicidio se vería como opción y, cobardes, optaríamos por abandonar la razón que nos lleva al cuchillo afilado por la bobalicona oración que dice que "la campana es bonita".

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