domingo, 16 de diciembre de 2012

La filosofía y yo. Reflujo de identidad y vida (I)



 

 Remolones y Lido Pimienta. Atrás. 

(Cumbia sobre la re-asignación de roles)   


"ahora tú eres mi perra, ahora soy tu perro y yo me pongo atrás… me vas a respetar… te voy a acribillar… yo te lo meto atrás” (Atrás, tras)


¿Qué motivos podía tener el Quemado para ocultarme su verdadera nacionalidad? No me sentí estafado. Me sentí observado. No por el Quemado, en realidad por nadie en particular: observado por un hueco, por una carencia.(Roberto Bolaño: El Tercer Reich)

" Solo tu nombre es mi enemigo" (Romeo, Montesco finalmente) 

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  Esto donde vivimos debe de ser el sistema.  El sistema es la vida nominada por algo grande, el falogocentrismo o algo así. Quizás el público de un programa de TV de otra galaxia. La cuestión de si hay algún tipo de espacio anterior a los nombres y las descripciones - la vida, la voluntad, lo en sí, el Mí Mismo... -  se tira al río como el pañuelo de la canción:


Tire tu pañuelo al río para mirarlo como se hundía era el ultimo recuerdo de tu cariño que yo tenía se fue yendo despacito como tu amor pero el río olvida. 


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La resistencia frente a los nombres, las identidades, las descripciones de nuestras sendas vitales, lo que hay en su extrema precariedad, es destino de la época.  La filosofía en acción - Foucault, Butler, Rorty - nos dice  que podemos proponer redescripciones novedosas de nuestra identidad. Dar un giro en la vida, en esta mi vida, para ir a otro lado, como en una novela. La reasignación  de nombres y de identidades pretende aprovecharse de los resquicios de indeterminación que dejan "vacantes" los mecanismos troqueladores - ya nunca jamás omnipotentes sistemas -  de eso que somos ahora. Así las cosas, podría ser el caso de que yo fuera otro dentro de un tiempo. Eso es liberación.

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 No sé si esa libertad en la escritura de sí es ganancia. Es lo que hay. Y en la nostalgia de las identidades  me digo que no fue tan chollo eso de aupar a la libertad y a su sombra, la contingencia, a los rincones de excelencia de nuestros altares. Como que echo en falta la seguridad de ser el mismo sin escape para ningún otro. Esto último es casi bicéfala broma, pero aquí me veo, con esta alma proteica que lleva cincuenta años buscando su rayo de identidad e in-spiración y, mientras tanto, asume lo que hay y toca según dictan las costumbres, costumbres que mientras se viven parecen condiciones trascendentales y, poco más tarde, se re-descubren modas. Aquí me veo, "... tristecuitado, que vivo en esta prisión",  supurando la  contingencia que, mala cabeza, no supo aprovecharse de los resquicicios de indeterminación y se dejó arrastrar sin resistencia por los cantos y bailes tradicionales que, al final, fueron modas. Caguental.


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También me sorprende...  palabra fuerte esta de sorprender-se; digamos, redescribiendo la situación, que "también me atusa el bigote con ligero desparpajo" que sea el sistema, el capitalismo , el que mejor haya asumido la propuesta. Véanse las redescripciones de los hechos que caracteriza el estilo político vigente, las flexibilidad máxima de las identidades (laborales) en la época de la crisis permanente, la posibilidad que se nos anuncia de cambiar nuestro destino, identidad y nombre, en la plaza del mercado de la  sociedad de clases... Todos estos son motivos de la resistencia  postmoderna que tanto nos cuesta poner en obra a los individuos y que también asume el orden que maneja nuestra nave. Quizás eso explique el enamoramiento mutuo del arte contemporáneo y el capitalismo.

  A decir verdad, lo que se nos pide desde la resistencia  es que aprovechemos eso que se nos plantea, la matriz entera del troquelado de oficio, para subvertir desde la libertad la propia máquina de nuestras identidades. O como decía en un poema de los catorce años:

ser a la vez dios
y marioneta
 Aunque en ocasiones me da que el sistema no puede subvertirse pues, en su abstracta falta de horizontes, es capaz de digerir todo.

(Próximo capítulo: el arma de las repeticiones)


4 comentarios:

  1. Hola señor L: ahora más que nunca me gusta lo de “Sé tú mismo, los demás puestos están ocupados”.

    Muchos recuerdos con un abrazo de lazada.

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  2. “subvertir desde la libertad la propia máquina de nuestras identidades” y como en esencia el ser es un niño que juega, (hasta que la flexibilidad rompe) su vida transcurre en una especie de sana indeterminación. O citando a Adorno en su dialéctica negativa “sólo hay una forma de comprender la libertad: en negaciones concretas, a partir de la figura concreta de lo que se le opone”. No nos pensamos. Un niño sí lo hace y por eso usa constantemente la imaginación(su impaciente). Me pregunto si el empobrecimiento de la imaginación y lo sensitivo tiene relación con el hostigamiento de la razón. Y por ende, decenas de letrados admirando ese “logos” que mencionas para convertirse en vez de filósofos en meros gramáticos taciturnos.
    Abrazos Luís.

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  3. Querida Anónimo: cuesta ser uno mismo (por ignorancia, quizás; o por tedio) y no sé yo si los demás puestos están cubiertos. Tal vez no: uno un día se levanta otro - trapecista, payaso, ente desvalido, señor de todos los insectos.... Quede el abrazo de lazada como señal de eso que circunda cualquiera de las identidades.

    Muchos recuerdos también para ti...

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  4. Gracias Rider por el comentario. Admito y habito en tu reflexión. Sin embargo la sombra oculta de mi nota mostraba el otro lado de esa libertad re-creadora e imaginativa, ese lado de hartazgo y manipulación al que estamos expuestos - ese es el riego - por renunciar a las identidades que "parece" que la máquina social nos impone. Sin embargo, esa máquina social impone sus normatividades con debilidad extrema, como diciéndonos que las identidades que nos han sido impuestas están para pocas dominaciones, que vendrán nuevos tiempos que nos exigirán ser otros, que se nos impondrá el ser de los más variado pero exigiéndonos una postura activa, una aceptación de la condena de manera voluntaria (como los presos que, en los juicios de Moscú, asumían su pecado y su nueva identidad de traidores). En fin, es mi nota un poco de nostalgia de las identidades... Gracias por tu presencia.

    Luis

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