jueves, 18 de julio de 2013

Fotografía


EDDIE CARMEL
Jewish Giant, taken at Home with His Parents in the Bronx, NY, 1970
Fotografía de DIANE ARBUS


"Muchas personas se inquietan cuando van a ser fotografiadas: no porque teman, como los primitivos, un ultraje, sino porque temen la reprobación de la cámara"
 (Susan Sontag)


  Te ríes de mí, con esa seriedad que tanto me gusta, cuando digo que la sospecha de que todos los que me rodean poseen su propia mente me resulta purita sorpresa  y, en un salto más, maravilla. Nunca cito del todo bien, ni siquiera a mi mismo, y en verdad quisiera decir que en todos los que por aquí y allá navegan, humanos y hasta algún que otro animal, hay alguna cualidad que merece el calificativo de rara. Y es la rareza la que me sorprende, la comprensión luminosa de que en sus cabezas flotan mundos tan morbosos y encantadores como los que en el mío acampan. Y percibo, como lazo de color del mundo,  la extrañeza de los cuerpos y las almas, los perfilados diversos y las locuras afectas al trompicón.

 No te gustas, dices, en esa foto que me ordenas destruir y me amenazas con no volver a  acercarte al extremo de la cámara. No admites la mentira del fotograma, el más que cuestionable afecto a las imágenes que parecen nos dan eternidad y fama momentánea. Crees que no debo forzar el obturador en el futuro. No, no merece la pena alcanzar la gloria en determinadas condiciones y es éste asunto que ya la teología debatió cuando se hablaba de la resurrección de los cuerpos. Resucitar, ¿en qué condiciones? ¿Con los brazos pellejudos y la ojeras de mandril? ¿Con la polla escupiendo piedras y colgando de su deseo de no ser más ya nada? Por eso, prometían los sabios  resurrección en cuerpo glorioso, en acme que denote madurez, quizás los treinta y tres del Cristo o a la tierna juventud.

 Duele no saber que puede dolerte lo que la cámara que se apoya en mi mano te ofrece.  No sé si cuando te fotografío, cerca de los padres o del esposo, en tu casa de Brooklyn  o en la misma playa, estoy encontrando los matices de tu rareza o, por contra, falseando tu ángel. Por eso admito tu riña y destrozo la cámara que a mí, en suertes, me toca.

 No haré más fotografías aunque, sin duda, seguiré mirando todas.

1 comentario:

  1. Yo tampoco me gusto y es que me llevo muy mal con las fotos, los espejos y todo aquello que refleja. Las tengo, las miro una vez y ya está, sin volver ni recrearme. Las fotos apresan el pasado y es nocivo colgarse del pasado y terrible para la coquetería contrastar el paso de los años, brrrr.

    Me encantó tu texto, Luis.

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