martes, 5 de noviembre de 2013

Luis y Cernuda (1902-1963)

"El susurro del agua alimentando,
con su música insomne en el silencio,
los sueños que la vida aún no corrompe,
el futuro que espera como página en blanco"

(Luis Cernuda: Tierra Nativa)

   Bien pudiera ser la noche o el amanecer. Gira en ambos momentos el silencio su rueda de dientes insomnes, colmillos y muelas  como de  zombi aturdido por esa momentánea tranquilidad de muerte nocturna. Ya, ya sé que es falso el sosiego y la apariencia hace honor a su nombre. Pero deja el que se abre a la escucha,  a eso de las 3:30 a.m., que rule la fantasía y que solo el susurro del agua comparta con él este inesperado despertar.  Con los ojos cerrados y el tacto follándose otras pieles en el calor de las sábanas, soy todo oídos. Yo me pregunto siempre, antes del abordaje del día bajo la forma de poner un pie en el suelo, si ya habrá llegado la hora. Por eso escucho antes un buen rato, buscando indicios sonoros. Espero una señal ajena a todas las melodías, como si no fuera decisión mía dejar marcadas las sábanas por el peso de mi cuerpo. Como si no fuera mía la decisión, me repito, y gozo de que sea otro el que trace la senda.  Es esta ilusión de futuro o, nunca se sabe,  este realmente nos espera como página en blanco y nos despierta, nos saca de la cama, nos mueve de aquí para allá en la casa e incita a hacer esto o lo otro. Duende loco ese futuro en el que uno siempre ha sentido su patria. Allí encuentran acomodo algunas maravillas. Por ejemplo habita la princesa esos sueños que la vida aún no corrompe, como dice el otro Luis.  Pero uno se hace viejo de tanto despertarse antes de tiempo y el futuro, cuando uno se da cuenta,  es ya mujer madura en las que cristalizan las sombras de la memoria de aquello que se quiso o supo luz aunque acabara pronto su destello. Queda el sueño  como esquirla de la bomba que explotó ayer y en otro sitio. El sueño de pasado, el sueño de futuro. ¿Por qué llamar con la misma palabra a dos puertas tan dispares? Brilla en el ayer la decepción inevitable de la especie corrupta, el deseo que pronto se acaba y deja una estela de tristeza (bien que dulce). No brilla ni luce, por contra, el futuro. Solo nos espera allí en frente, como un camello a su yonqui. Se mantiene a la escucha para que yo, por la mañana, opte por levantarme dispuesto a dejarme penetrar por el día.

 Al menos así yo me lo represento a partir de un poema de Luis Cernuda
 (Yo soy mayor que su muerte)

2 comentarios:

  1. …pocos poetas como Cernuda han sabido cincelar con tan rabiosa efusividad y fuerza al ser humano. Hablar, hacer sonar la página blanca todavía sin corromper por la vida. “La realidad y el deseo” figura entre los libros de poesía que más venero amigo Luís. Íntegro estratega contra la hipocresía. Instigación sonora y molecular de un animal que sabe crear distancias comunicables aún acercando el infierno, el amable abismo. Espero que tus pies caigan de lleno sobre la princesa. Abrazos.

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    1. Sí, resulta atractivo Cernuda y toda la dulce violencia que destila. Los versos que coloco en el inicio de la entrada me parece que provocan un ligero temblor que, no sé muy bien por qué, lo genera algo metálico, no sé si puñal o engranaje. Quizás se "la fortaleza" de la estructura formal, el endecasílabo que acaba con el verso, o la secuencia susurro- insomne-corrompe-espera. No sé. Quizás es solo que me gusta lo que dice y me provoca una sensación de inteligente optimismo (sí, es raro).

      Un saludo, Daniel, y que el otoño te llene el monte de duendes y princesas.

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