lunes, 6 de enero de 2014

Carta a los Reyes Magos (Verum ipsum factum)





Queridos Reyes Magos:

  después de acercarme, no sin cierto temor, a mis zapatos ilusionados, he comprobado que sus Majestades se han preocupado por mis problemas con la muda. En eso han demostrado que de veras son sabios porque, en mi microcosmos, disponer siempre de calzoncillos y calcetines es conditio  sine qua non  de un mundo en orden, un mundo en el que cabe esperar que la maravilla tenga lugar  y  la magia está ahí, a la mano, si somos capaces de sobreponernos a la infinita variedad de estupideces que nos acechan.

 En su enorme y oriental sabiduría, creo que sus Majestades  han intentado hacer comprender, a este ente tan plagado de taras emocionales, que la magia es asunto que me compete a mi y que no están ellos para traernos las ilusiones ya hechas. Hay que hacer un esfuerzo para ver, detrás de los ditirambos que acompañan al malentendido, aquello que aún podemos hacer para salvar eso que podemos llamar lo nuestro, esa red de cosas bellas y buenos ratos  que nos podemos ofrecer los unos a los otros.  La magia es, quizás, solo eso:  el reflejo de lo más íntimo en lo exterior, los rostros del otro en los que nos hemos encontrado como en casa. Y para esa magia se necesita de la salud que aportan esos calzoncillos y calcetines que han dejado ojipláticos a los zapatos, atontados ellos en el ruido de las celebraciones. Bien está el golpe de realidad porque, por muy mocasines o botas o zapatillas o escarpines o zuecos que sean, los cubre- pies que deben guiar nuestros pasos en el año nuevo no pueden ser gilipollas.

 Así que, Majestades, me alegro de que me hayan ofrecido este año una apostasía del idiotismo y una recomendación de racionalidad. Porque, sí, se impone la inteligencia de las cosas imprescindibles, la muda necesaria que nos abre al nuevo día. Y ganado eso, el acceso a las cosas relevantes, el amor, la amistad, la justicia, el saber, el sentido, la belleza, los brillos de las cosas pequeñas en los ojos o en las copas escanciadas de vino, la divinidad debilitada, el cuidado..., todo esto y más,  está permitido

 Con la muda a cubierto en mi armario y cubierto con la enorme seguridad de poder tener una muda, me abro al año y emplazo a quien corresponda a seguir en los juegos y las seriedades. Y a ustedes, Majestades, que el Oriente les siga iluminando en ese Palacio de Ilusiones que, como ya les dije en mi anterior carta, prometo visitar.

L

4 comentarios:

  1. Qué bueno! La muda como símbolo, indicio, pista,....para llegar al verbo mudar: adoptar o adquirir otra naturaleza,estado,figura,lugar u otra cosa.
    Es una buena forma para comenzar el año.
    Que esa muda o transformación te sea en el sentido o aspecto deseado y sea augurio de tiempos felices.

    Mis mejores deseos con esa muda.

    Un abrazo también a estrenar Sr L.

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    1. Por sus abrazos los reconoceréis y hasta aquí me llegan los regalos. Gracias.

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  2. A mí no me parece que sea cualquier cosa que te regalen algo que está en contacto con lo más íntimo, y cuerpo para vestir lo que te sostiene día a día:calcetines. No entiendo que tiene la gente en contra de los calcetines, es que sólo a mí me gusta llegar a casa poner los pies en alto y tenerlos calentitos????

    La magia ha de hacerla uno mismo. La palabra magia no me gusta. Porque la palabra magia implica truco; una mentirijilla. Alguien que hace magia es demasiado vanidoso, para hacer un truco engañando a todos y demandar aplausos (atención). Magos narcisistas...
    La magia, mi querido Luis ( siempre que viajo en trenes... ) hemos de construirla nosotros, regarla nosotros, creerla y crearla nosotros, es difícil sí, pero qué remedio...

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    1. Esa es la idea, la necesidad de cuidar eso que podemos llamar magia y que, en algún sentido, es siempre un reconocimiento de lo íntimo en lo otro (una piedra, un animal, los ojos de alguien...). ¿Hay truco? Sí, ese es el riesgo, el autoengaño que puede arrastrar. Pero... nadie es perfecto. Y gracias por el poema de Borges

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