viernes, 3 de julio de 2015

Cuentos de verano # soyhannahmontana




qué fácil imaginar en los otros 
la trampa de la marioneta que burla 
la libertad en la sonrisa de un destino 
o capricho burdo                                 

 

 Mi vida es el relato que esperas.
¿Cuánto interés realmente te despierta?

             
  El relato me narra intermedio tragicómico entre la majestuosa presencia en el inicio
de una Luz que me vomitó llena de expectativas (como la hermana de Gregorio Samsa al final de la Metamorfosis)   y aquella sombra del Fin negro azabache, oquedad del ojo perdido por un topo sin ano que deglutir no puede sin estallar. Signo el bicho anómalo de la escatología.

  

Yo soy el relato  y hay quién pide explicaciones, justificación, exposición del porqué de aquellos márgenes que, intempestivamente, parece que se han cambiado a mitad de la partida. 

---- Nótese, sin embargo, que  bien pocos reclaman en verdad el discurso que, en la vertical, explicaría el vuelco en la vida. Cómo gana en el siglo un cierto espíritu de tolerancia que se engorda con la ira estreñida del topo antes citado.  Quizás solo yo mismo, travestido de socrática y majadera plañidera, me pido respuestas. Me guardo, pues, el relato en el intestino


 Nadie pide nada, amigos,  porque la matriz de la orgía del tanto decir fustiga ya con cambios tan notables como el de Hannah Montana en la horizontal del devenir cronológico. Insuperable Hannah


  Por otro lado no interesa, a efectos artísticos, ni el origen ni el destino escatológico. Ahí están, sin más,  para tarea de ontólogos. Yo solo digo: el relato me narra como intermedio tragicómico y etcétera. 

Mi vida en su irrelevancia. Como me dije hace más de treinta años:

Vivo en el mundo,a nadie importe

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