lunes, 11 de febrero de 2013

Mamá



Fui a ver la película Mamá de Andrés Muschietti. La actriz protagonista -Jessica Chastain -  se parece un montón a una amiga (llamémosla P) que ahora está en un muy mal momento. Me sorprende ver a P en la pantalla porque, aparentemente, no había hasta hace unos meses demasiado lugar en su vida para el show business o la exhibición de sus inquietudes físicas o emocionales. Dominaba en P la discreción. Pero todo ha cambiado y, de un modo brutal, ella se nos hace presente ahora  en toda la trágica radicalidad de la carne y la sangre y el espíritu. Sin quererlo, P ha convertido su vida en el gran escenario de nuestros límites. 

Seguramente el talante desplegado por la la actriz protagonista es muy distinto al de P antes de su mal momento, mucho más fuerte y poco dado a complacencias el de la rockera  de la película que se despierta, al modo metamorfosis kafkiana, en mamá, aunque sin lugar a dudas P tendrá que cambiar su estilo en una dirección inesperada.... 

   Pienso durante toda la proyección en la posibilidad que todos tenemos de haber sido de otra forma o terminar siendo un doble fílmico en otra película. Es rarísimo verla y verse siendo uno mismo y, a la vez, abierto a la inmensa posibilidad del gran cambio que, como golpe de inspiración, nos transforma en otros.

******


 Si no se tiene una mamá, se inventa. 

 Leí en  Konrad Lorenz  que  la pulsión sexual de las palomas, si no encontraba su objeto en una pareja para la cópula, terminaban desplegando el baile nupcial ante un trapo o un esquina. Y el animalito aceptaba lo que el instinto mandaba. Es de chiste y, a la vez, muy triste....

La invención de la mamá trae consecuencias. Nadie confunda este proceso con el amigo invisible. La mamá inventada arrastra en su hálito muchas vidas del pasado, la mayoría finalizadas de mal modo y sin alegría vital en las venas.

 En la situación de crisis en la que nos colocaron los mandarines pienso que, cualquier día, nos inventaremos una mamá espectro que nos mimará


2 comentarios:

  1. estoy leyéndote. decir que volví no sería cierto porque no me fui nunca, aunque no me manifestara visiblemente (léase: por escrito).

    sos raro, rarísimo (léase "rare", conforme la acepción del adjetivo inglés: algo tremendamente difícil de encontrar, altamente inusual; inclasificable también, diría yo).

    cada entrada es un cross a la mandíbula y un trineo y una tienda de campaña. en tus entradas hay lobos y perros y linternas, una estructura psíquica que parece haberse tomado toda la droga dura de este mundo, una ternura constante.

    me alegra que, al día de hoy y a estas horas, los dos hayamos sobrevivido.

    te abrazo muy fuerte.

    ResponderEliminar
  2. mi querido pájaro:

    me sentía ya en el olvido, lastre de pasado vago recuerdo en el vuelo de tu espuma. Por lo mismo, iluso al fin, me reconforta sentirte en escrito con tus punterías y fortalezas. Me alegra la supervivencia de ambos y creo que jamás volveré a insistir en la precariedad.

    Es halagador que me digas raro (o rare). Si provoco esas experiencias que relatas, toda una epopeya cárnica para veganos, me siento impelido a retornar más rato a la escritura. Sos musicalidad...

    Lucho con la desgana y otros cuervos y, como el santo padre de Roma, me cansa la tarea (todas las tareas). Ahora, estoy experimentando - en silencio - con la crueldad de las cosas pequeñas, esas chispitas y reflejos y ternuras en las que pone uno el peso del seguir haciendo mientras se vive. Es la ternura de las cosas tan puta - en el maldito mal sentido - como las grandes, salvo que es chiquita (y en esa cuestión de mera cantidad justifico provisionalmente - como Descartes - la elección de sus senderos).

    Te abrazo más fuerte

    ResponderEliminar