martes, 6 de agosto de 2013

El público


Isabelle Stoffel: La rendición


¡¡ Hostias!! ¡ No se lo tomen a broma!

 Llevo un tiempo preocupado por la cuestión del público. Perdonen la falta de modestia y eviten la risas: me interrogo con toda seriedad por "mi público", hasta el punto de convertir su presencia en el gran horizonte hermenéutico de mi meditación sobre el mundo.Ni verdad, ni belleza, ni bondad. Ya, ni siquiera, la escritura como alivio onanista o tiro de carreta terapéutico. Ahora el público es eje de mi decir porque, por sorpresa, he tomado conciencia de que tengo un público por ahí.

  Este es un asunto que debe estar a la sombra de toda esta legión de amigos del blog, la facebook o los twitter. Pero la categorización y distanciamiento de la cuestión, hasta convertirla en asunto de muchos, no me libera de la desazón gozosa de esta "conciencia de que tengo un público y a él me debo tanto a o más que a mi propio genio o a la conciencia de clase, género y especie".

 Esto no es broma. Hace unos años no me planteaba esta cuestión  porque escribía en cuadernillos de cubiertas negras a los que nadie tenían acceso y que ni yo releía. Podría afirmar que, como San Agustín, yo escribía para Dios y sólo él era mi público, que trabajaba en la búsqueda de la perfección expresiva porque Dios lo ve (Oscar Tusquets). Pero creo que realmente  nunca me plantee las cosas de esa manera y ni me tomaba en serio a mi mismo ni a mi escritura. Creo que es ahora, y solo ahora, en este momento en el que me pienso en la presencia de mi público humano, gente con penes y vaginas, dedos y uñas, caries y déficit en la recaptación de la serotonina, solo ahora, me digo, la idea de escribir para Dios o con Dios me resulta claro del bosque para edificar mi tienda. Es ahora cuando yo me siento digno y hablo con propiedad de mi obra o, dada mi edad, de mi legado.

Rendido a mi público,  he conseguido finalmente la dignidad como hombre y como artista.

Por eso ahora me preocupo más por las formalidades de mis artefactos: los errores mecanográficos, las faltas de concordancia, los matices de la provocación, las fórmulas de cortesía, mi atención a las peticiones silenciosas de mis lectores. Giros, bises, claridad conceptual y sentimental. Ha sido ver al público y pensar en Dios y, a la vez, todo junto, atender a la gramática y a la ortografía. La figura del "observador imparcial", propuesta por Hume creo recordar para establecer valoraciones racionales en el contexto emotivista, no es exactamente a lo que me refiero. La figura del público no es un constructo teórico para salir o entrar en algún sitio, ni está ahí fuera garantizando un distanciamiento imposible. El público me habita desde el interior de mi alma, como una hinchazón aparecida de improviso al modo de las alas de la mariposa o esa erección no esperada que se despliega cuando,castamente, besamos a una persona a la que amamos.

Él me domina y yo me someto. Vivo en el placer a la rendición.

 Supongo que ya he llegado a una cierta altura en la génesis de mi obra. La aparición del público ha configurado la primera fuerza armada de mi espíritu, que ya no es solo alma, que ahora participa en el devenir de los juegos simbólicos, en el despliegue de las connotaciones.

De rodillas ante mi público, creo que esta rendición me está otorgando un nuevo reino de libertades.

No se rían, por favor. Mediten.


 

4 comentarios:

  1. Tener un blog es lo que conlleva, no se está solo y te lee mucha más gente de la que te comenta. A mí, si lo pienso despacio, me da un corte terrible; por eso, ni me lo planteo. Además, si se es muy consciente del "público", tomado en plan genérico, podemos acabar pareciéndonos a las folclóricas, jajaja.
    A lo tuyo, artista. Y que conste que me alegro muchísimo por tu público. La filosofía también puede ser una estrella.

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    1. Gracias Isabel por tu comentario. De algún modo, este atender al público con el que, de repente, nos encontramos en débito, nos hace un poco católicos en el sentido de ritualistas, atentos a las formas, primando una cierta unidad de estilo... Es divertido. Por eso, quizás, me gusta tanto el intercambio epistolar: en esa actividad o juego la idea de público y autor se muestran en una limpieza conceptual mayor.

      uN AbRAZo

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  2. Respuestas
    1. Oh, Serenus, no es fácil la erección (del hombre en su integridad y como en metáfora) del que se rinde ante la evidencia de un público. Ya lo dicen las folclóricas.

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