martes, 22 de enero de 2013

Jornada de nieves y violencia


mover el esqueleto
como diciendo bailar
vivir
disfrutar

el lenguaje está lleno de idioteces semejantes

mover el esqueleto
simulando triunfo en la  batalla
mutación dramatúrgica de muerte
teatro de títeres y seres hilados

la vieja calavera
ni ríe
ni baila

inmóvil el esqueleto
ni folla
ni muere

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Proyectando mi propia bilis en las calles que recorro, ya ni perdono a la jóvenes hermosas y, en el trasiego, supongo que el mismo desprecio y como deseo de cataclismo que redactan mis pasos en la nieve, es común a todos y todas y no cuela ya el rostro bello ni el culito en pompa como abstención de  la mala hostia que te dedico

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Ahora que sé  imposible aquel entusiasmo, lo apuesto y digno sería el silencio, no volver a dirigirte la palabra, vengar en ti la distopía del a mi plin, el amor que se rompió en los acantilados de piel y escritura. Sin embargo, volveré a hablarte con reserva y un  poco de asco, convertida mi sonrisa en esas bolas de blanca saliva afeminada que florecenen la comisura de los labios

 Mi homenaje a tu maldad

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La Bicéfala no odia. Describe.

miércoles, 16 de enero de 2013

Fetiche de mujer pensante (III)



 Qajar(1998) por Shadi Ghadirian

 La mujer de la imagen piensa a través del posado y apoya su presencia en el gesto leve, aparentemente casual, de colocarse la gafas. Ordenado el abigarrado entramado de telas, establecida la línea de los labios  como boquita de pitiminí, el último movimiento de la mano hacia las gafas rompe el estatismo del retrato que se anuncia -joven con vestimenta tradicional - y desvela la suavidad de un caricia erótica, el calor de la mano izquierda sobre el muslo.En ese instante ella medita satisfecha sobre el millar de detalles que ha conseguido organizar,  sabiendo que aún falta el toque final, el gesto que ya tiene decidido o, mejor, está a punto de dibujar. Y solo en ese ahora es ella mi fetiche de mujer que piensa.

Es la belleza leve e inútil, hermana.

Un poco más tarde, con las gafas colocadas y todo en su sitio, la mano diestra se colocaría en su lugar natural. Mi amiga dejará de pensar para que ningún movimiento enturbie el posado y en su hieratismo me demostrará de nuevo, como si necesitara yo más pruebas, que el mundo es sitio amenazado por la tristeza. Será ella  muestra de folclore, jotera de oriente, náusea en el fondo de mi estómago. Y, si me apuran, sospechará el que mira que las gafas ocultan bizqueo,ojos estrábicos de una idiota cualquiera.

lunes, 7 de enero de 2013

Fetiche de mujer pensante (II). Mujer penitente o el sueño de un pensar táctil



Eva Herzigova por Jean-Baptiste Mondino (Fall 2002)                                 Qajar(1998) por Shadi Ghadirian:


Caen las dos imágenes a la mirada, contrapuestas de nuevo por la simplicidad caprichosa del espacio, incapaz él de ser solo arriba o solo abajo o nada más que derecha o únicamente izquierda, imposible mantener una neutralidad de vacío, el paraíso precedente a la diferenciación cardinal. Impelido por  la exigencia de colocar a la dos mujeres sobre el espacio, una va a la derecha y otra a la izquierda, sin que pretenda yo añadir  significado alguno a esta su ubicación y aunque sepa que necesariamente sucederá ese añadido y seré malinterpretado por mi flacidez inicial, por dejar hacer al capricho y no fijarme en lo que  cabe esperar que signifique (para la tribu) el que coloquemos algo a la derecha o a la izquierda. Esa desidia en mi primer movimiento, todo un síntoma,  no sé si se justifica en mi modo amateur del pensar o en la fantasía del jugar con fuego y dejar que el azar vaya mostrando sus cartas para que, al final, nos haga el trabajo de encontrar la escritura.

Dos imágenes y dos mujeres que piensan y que son signos de oriente y de occidente, de carnaval y cuaresma, de drama y comedia,  de la risa y el espanto, de la asepsia y de la orgía de los microorganismos. Las dos imágenes aparecen ya envegadas por determinaciones, significados o aires de familia, que preceden a mi intención y van contra ella,  supurando ya simbologías en mi mirada, como si yo tocara las famosas tierras vírgenes y las viera  casadas y amarradas antes de que yo me centre en el detalle y las nombre.... ¡Ay la maldita  ilusión de ser primero y comunicar el descubrimiento a  nuestros camaradas!



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De izquierda a derecha y de arriba a abajo. La significación de mi imagen  se ve golpeada por la visión de la serie de cuatro. Hay tres imágenes que preceden a la fotografía  en la que yo acampo y, por ellas, y aunque no quiera, contemplo el rostro de Eva, sus ojos cerrados y las manos atadas, determinaciones que antes se me escapaban. En el juego del fetiche de la mujer que piensa, me impongo el deber de ignorar las tres imágenes previas y la familiaridad que las unía. Rompo y convierto mi imagen en  fragmento huérfano, amnésico como la materia y tan receptivo como ella a las formas . Se llame Eva o Juana, está sola, desplazada al escenario de mi mirada, dispuesta a cargarse de significados .... a pesar de ella, a pesar de mi.


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Ahora ella, doblada en cuerpo y alma, subordinándose a la cuerda que la parte e inmoviliza,  me resulta familiar en su historia. Es Eva penitente cristiana, guerrera que abandonó la Cruzada rendida voluntariamente y después del triunfo al cautiverio, sumergidos con ella  en el no querer pensar ya de aquél modo que nos trajo hasta estas posiciones, a la victoria sobre los infieles o la toma descarada de nuestro deseo para mayor gloria del erotismo.  Ahora y aquí, traspasado ya el desierto de la desesperación, sosegada por la aceptación de las ataduras que la niegan en su condición de guerrera o belleza.  Ahora intenso y circunscrito casi ritualmente en el que se apodera de ella un soplo como de sueño y concentración en el que las imágenes y las ideas - las ideas nuevas que se necesitan para salir del atolladero - se van fraguando.

 Ella, Eva,  se sumerge en la supresión ansiolítica de las grandes decepciones. Nada mira ni oye y, por eso, la imagen de Eva estimula nuestro tacto y a él se dirige.  Ella percibe a través de la piel como solo saben hacerlo los depresivos que abandonan la depresión o encuentran un fuego de hogar entre sus fronteras. Solo por el tacto Eva piensa, es decir, medita  atmosféricamente,  sumergida en la estela del sueño que rompe lo que había sido su vida de conquista y guerra, dejando que el viento de la dejadez depresiva haga jirones sus banderas. 

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 Miro y pregunto, Eva, si en tu cuerpo hay respuesta a mis dudas, al fin y a la postre cómo salir de la crisis  que nos embarga, y te veo al punto como personaje de Gustav Klimt, sumida en una agonía tranquila de postres, en el inicio de nada, adoptando la pose de la penitente cuando ya pasó el tiempo de las curaciones. La decepción, después de la intromisión sifilítica de Klimt, es inevitable y, por eso, solo nos cabe, si acaso, regodearnos en el detalle morboso de la cuerda marcándote la piel, dejándote abandonada al deseo grasiento de una viejo carcelero...

¡¡No!!

¡Niego ese viaje!.

 Insistamos, apretemos el vestido, la cuerda y el cierre de los ojos. Hundida, Eva, eres mi fetiche de la mujer que piensa en el pozo del sueño gris, la depresión salvífica en la que se redefinimos al tacto por encima de la vista, convertido el amor en caricia que se extiende como efecto secundario de las pastillas o de la concentración. Dejémonos llevar, Eva, por el dolor de la tela y el placer del cáñamo enredado sobre la piel, y  aunque Klimt nos diga que no hay sino un preservar en el sueño, supongamos con los ojos cerrados que estamos el inicio de algo y que esa caricias que nunca nos ofreceremos, tu rostro cerrado sobre sí y libre de sonrisa, son el nuevo mundo.

Seguirá

sábado, 5 de enero de 2013

El fetiche de mujer pensante (I. Prolegómenos)



Variaciones del orden de la chiroptera en el infrarrojo 

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 Sea que todo pensar se construya en imágenes, analogías o aires de familia que se encadenan con los lazos del amor bizarro de un sábado a la noche o de un romance de estío.

 este postulado  fragua espasmódicas 
imágenes  en el pliegue 
del infrarrojo

 la nocturnidad  del mamífero alado  gana su acceso a la existencia en 
la belleza de la caverna superpoblada

las potencialidades - con o sin teleología -   de lo que sucede  llena el mundo de una bendita indeterminación y morbosa posibilidad de error e idiotismo

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RECETARIO

 El fetichismo sobresignifica  imágenes en un bonito proceso

       Sea primero desmontar, al modo profesional o amateur, las piezas componentes del artefacto-madre, esa casa originaria en la que habitaba el fetiche en estado de potencia  o pulsión. En este proceso de caída de los significados, debe quedar preservada la atmósfera de esa madre como  memoria o criptograma que añade el aire excitante al fetiche.
Así, en ejemplo, amputada la mano y los otros miembros del cuerpo de King Kong, se mantiene fantasmal y presente la huella de lo que fue el cuerpo todo del gran simio, ese cuerpo en el cual la mano era mano y  terrible. La mano amputada ya no es mano  y, convertida en fetiche, se muestra como pieza del Kong Museum . La excitación del objeto que atrae cada año a miles de visitantes, nace de la atmósfera preservada,  la comprensión (morbosa) de que esa mano que hoy es un objeto de museo  fue en su día la mano de un cuerpo, el cuerpo del Gran Kong.

      Sea segundo movimiento envolver la  pieza desgajada con  telas orientales y casi trasparentes, pergaminos, óleos santos , fieltros untados en grasa como los de Joseph Beuys .... todo el catálogo Ikea de las abstracciones. La sobresignificación creadora del fetichismo exige el secuestro de un miembro honesto de una familia (v.g. el cuerpo de Kong en el ejemplo) para reubicarlo artificiosamente en otra familia (v.g. el museo Kong).

Ahora bien: artificio es término confuso pues, por un lado,  el fetichismo precisa de esa oposición de lo natural, lo previo y original,  y lo artificioso, creado y tan hermosamente contingente. Esa es la banalidad y ligereza de todo fetichismo. Sin embargo, el fetiche nos lleva a cuestionar que habite en algún punto  "lo natural" o primigenio. No se trata de que desde la negación de una familia originaria o biológica  impongamos la nueva familia política (como las damas anglosajonas que adquieren el apellido del esposo). No hay familia biológica, nos asegura el fetichismo. Toda reinterpretación es solo otra interpretación.


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Eva Herzigova por Jean-Baptiste Mondino (Fall 2002)                                 Qajar(1998) por Shadi Ghadirian:



 Miro las dos imágenes y me dejo arrebatar sin demasiado esfuerzo por la morbosa tinta del fetichismo. Me pregunto si la atracción se cumple porque yo veo en ambas imágenes la actitud de la mujer que piensa y mientras piensa.  

   Ahora bien: ¿realmente son signos de reflexión los que habitan y me atraen en la curvatura del cuerpo y las cuerdas que atan a la mujer de la izquierda o en ese gesto de colocarse las gafas, última tela en la sucesiva superposición de ropajes,  de la joven de la derecha? ¿En qué piensan y por qué su pensar  me resulta atrayente? ¿ Cuál es el aire de familia reservado, ese hogar que precedió al fetiche? ¿Qué eran estas dos mujeres y todos los atrezzos antes de convertirse en objetos de contemplación fetichista?

Seguirá.....

miércoles, 2 de enero de 2013

Burgos: capital internacional de la Bicéfala

 Cambia el tonto que esto escribe, otro nombre no merece, la cabecera del blog y, con el gesto, ubica a la tortuga en un espacio bien reconocible como joya o patrimonio de la humanidad.  Sin embargo hay confusión en la performance, habida cuenta de que la Catedral es, en la imagen, espacio demasiado gris incluso para lo que hoy son días de lluvia en esta ciudad célebre por sus frescuras. Ese gris de la imagen no es actual ni conforma una ontología de  presente. Viene con matasellos del pasado y, para qué negar, de ese ayer que conforma parte de nuestra  experiencia al modo machadiano (aunque los días azules y el sol de infancia sea, en el caso, casi chiste). Es la imagen postal del entorno de 1959, en una ciudad en la que aún no hemos nacido pero que ya intuye la presencia de LGS, la mirada con la que recorrerá sus calles. La ciudad le espera así pasen unos cuantos años. ¿Nos debe llenar de orgullo saber que ella nos esperaba abrigada en los muros de su propia arquitectura?.  Lo relevante es que ni ella ni nosotros, hoy, anhelamos amores constituyentes y, al modo kantiano, trascendentales.

La Bicéfala mira, ahora, más arriba del edificio pero no vea nadie soberbia en el acto sino mero  deseo de mejorar la perspectiva. Sin embargo, ese movimiento arriesgado y tan como de futuro de la tortuga,  se ve contrarrestado por el color - si es tal el nombre -  que nos ubica en aquellos años en los que la ciudad era toda atmósfera de grisalla. Que el que escribe ama esas tonalidades, sobra decirlo.Y que con ellas la Bicéfala seguirá intentando encontrar las sendas que nos unen con las cosas invisibles, es también superflua aclaración.Pero, como decía Ortega, solo lo superfluo es necesario... incluso en esta sobria ciudad de la meseta.

 La zorra perderá el rabo pero no las costumbres. Esta vieja ciudad y, a su vera, el que escribe, siendo yo  el otro que nunca vivió en París, en el inicio del año de gracia y desgracia de 2013.

Pace