sábado, 22 de marzo de 2014

Dream of spirit: A disappointment is a blessing in disguise

Jaume Plensa


 De adolescente leí un libro que me enseñó a

salir del cuerpo
colocarme en una esquina de la habitación
observar el paisaje de mi presencia de un modo muy similar a como hacen los muertos. 

Los muertos  contemplan  su reciente ausencia embargados por una mezcla irrepetible de sosiego y ansiedad.  Los viajeros del alma, por el contrario, disfrutábamos del amor spinoziano, la mirada limpia, la curiosidad del forense enamorado de la anatomía.

 El texto me aconsejaba ser muy cuidadoso con el hilo de plata que me unía al cuerpo y sus quehaceres. Si, por descuido,  se tazaba la senda argéntea, yo perdería la posibilidad de contemplarme, la autoconciencia quedaría huérfana, como un ovoide que confunde la casa con la estratosfera por una sobredosis de helio y, al llegar al más arriba, revienta. Me convertiría en zombi. Sería uno más. Otro mono degradado.

 Creo que se me rompió el hilo de plata. Noté un punto rojo de sangre cósmica en el ombligo que no supe interpretar. Luego un moratón en la cadera, un presencia del corazón mal hilvanado, una presión en el pecho y un tic en el párpado. He intentado regenerar el delicado amarre pero parece que no hay posibilidades.  Regresé a  aquel libro de mi niñez y, al tratar de repetir sus ejercicios espirituales, noté el gran hueco. No me decían nada sus palabras. No había palpitación. En mi corazón podía oler el desgarro, ver el lienzo rasgado por la uña. Un extremo del hilo roto se replegó en mi osamenta; el otro agarró la conciencia que se fugaba hacia el anonimato y se convirtió en estela.

Me vi como un perro con una gran herida abierta a la altura del muslo.

Ciego y apedreado, podía diferenciar un billón de olores.

Extraña habilidad que no me tentó.

No veía la bendición así que la maldije.

Me taponaron el morro con mentol por desagradecido.

No sería nada ni nadie.

Todo lo que pensara o escribiera sería cita, ventriloquia de la especie, eco de erudición senil.

Podría decir y llenar el aire de sílabas. Pero sin gozo. Dejando el honor en casa de otros.


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