domingo, 10 de marzo de 2013

Margaly, la niña rastafari(II). Desconexiones súbitas



       " El magnetismo de los materiales se destruye por calentamiento, pero puede volver a recuperarse por enfriamiento" (Mi otra mitad, Beatriz Sanchís).

    " Nadie se pasea impunemente bajo las palmeras y las ideas se alteran , seguramente, en una tierra que cobija al elefante y al tigre"(Goethe: Las afinidades electivas,1809)

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    ".... donde los individuos entran en relaciones más o menos efímeras....sujetas a desconexiones súbitas que los acostumbran a la impermanencia..." (S. Giner: El origen de la moral, refiriéndose a Tönnies)

 "...seguramente aun se manifestarían muchas otras relaciones y afinidades de los seres inorgánicos entre sí, de los orgánicos con ellos y también entre sí, cuyas afinidades y relaciones nos son desconocidas" (Goethe: Ibídem)

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 Margaly, mi niña rastafari me dice:

   te encierras en esta isla y no digo que no sea envidiable tu destino. Es la isla de L hermosa y hay en ella rutas y  exploraciones que me llevarían por lo menos dos vidas y media. Con gusto apuntan mis trenzas a estas tierras para el descanso, que no faltan ni las montañas con huellas blancas de castillos ni pantanos con árboles de hueso. Lo que me entristece, amigo, es que no sea tu voluntad realmente profundizar verticalmente en esta tierra ni en ninguna y que perseveres en el encierro isleño únicamente por  tu miedo. Sé que, en la nostalgia, quieres llegar hasta los lejanos horizontes que atesoran los meridianos de mis cabellos. Nunca has querido patria ni hogar y no sientas que porque viajes huyes de nada ni que al mutar dejas de ser el mismo en tu historia. No hay traición. A nadie debes nada. No hay tal cosa. Te invito al viaje...

Digo:

 Hoy gozo de tu amistad que parece de bronce. Animado estoy, y guiño un ojo, a tirar todo y seguir el viejo empeño de mi corazón. Sin embargo, temo que un día, como las otras, te vayas y que solo con girar la cabeza un segundo ya no estés sentada bajo ese árbol. Están prohibidas en mi isla las desconexiones súbitas de las afinidades que se supusieron de hierro. No me muevo para que nada pueda avanzar hacia la impermanencia.  En una de mis pesadillas  la gravedad desaparece y salimos todos rebotados hacia el vacío.No me molesta ser yo el que cae en ese abismo sin peso. Lo que me resulta insoportable es verte alejándote en el cosmos de mí proximidad cuando había creído que esta vez sí habíamos vencido los obstáculos que nos separaban. Ni una decepción más. Prefiero, por tanto, el sueño del opio de tu relato. La visión nublada por la adormidera o la miopía ficcionada me dan la confianza y el alivio de que tal vez seas solo un sueño.

 Dice ella:

 yo te espero en el frío, si es allí donde crees que puedes sentirte a salvo de mi peligro. No pidas que, aún siendo niña y rastafari, no pueda conseguir tu amor o cualquier otra cosa que sea entrañable.



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