miércoles, 20 de marzo de 2013

Solo lo que te ahoga, Ofelia, consigue rescatarte del traspiés


 El agua rodea la isla de L por definición y con evidencia bien alta, salvo confusión en el uso de las palabras. En el océano, cerca de las costas,  caminan cubiertas de agua y largos vestidos blancos mujeres melancólicas que, sin vocación auténtica, hacen embarrancar a los navíos. Desean ellas mostrar su tristeza -  a veces enamoradas, a veces simplemente hartas del uniforme de damisela - y es por ello que se lanzan  a la caminata submarina, con la cabeza cortada por la superficie y el oleaje, pero con los pies bien amarrados a la arena y esos fondos marinos donde se acumulan los detritos (o las dentritas, casi digo, el orden nervioso de las mareas y las simas de más de diez mil metros de hondura).

 Ofelia tropieza a cada paso en su caminar de sonámbula y, sin embargo, el agua que ella deseaba que la anulara la mantiene en la vertical, evita su ahogamiento por efecto de las fuerzas físicas de Arquímedes y las no menos interesantes del conatus de la supervivencia. Nunca termina de caer y mantiene  la cabeza siempre afuera por mucho que se empeñe en cerrar los ojos (vocación idiota en las noches sin luna) o mire vacía de sí más allá de las esferas exteriores. Ni la muerte te tolera, amiga, y por eso recorres como alga, transmutados los pies en largas trenzas de sargazos, las costas de la isla de L, centinela a tu pesar, mensaje y boya, anuncio de que solo se pisa tierra si se sumerge el alma en la ensoñación, la tiniebla dolorida por las mil drogas o la pataleta de los niñitinos.

 Pensaba, hace unos días, en la posibilidad de crear en la isla un cuerpo armado que pudiera, en caso de amenaza e invasión, utilizar toda la crueldad física para la que estamos el resto de los habitantes de L incapacitados. La niña rastafari frunció el rostro entero como si fuera una persiana y se largó de viaje, dejando una larga señal de ofensa cruzando el cielo en forma de trenza y caos de pelo.  Hoy lo he pensado mejor: el ejército de mis ofelias  recorrerá, melancólico suicida, la costas de la isla para hundir en el deseo las naves de cuantas flotas nos amenacen. Un ejército del morbo. El genuino grupo armado de la decadencia. La negritud o el corazón tan blanco de Lady Macbeth.

1 comentario:

  1. Necesitamos defensa, que no te quepa duda, sea con Ofelia, Lady Macbeth o quien sea.
    Ante tanto silencio, se impone alzar la voz y armarnos para que no nos destruyan.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar