sábado, 31 de diciembre de 2011

Bogavante


"El hecho de que no haya poso en tu taza de café, ¿demuestra que eres inmortal?
- Debería , dice
" (Téa Obreht: La esposa del tigre)

" También en las artes del sabor, en el corazón de la gastronomía festiva, se hace real aquella definición de Rilke: "Lo bello es el comienzo de lo terrible que aún podemos soportar". El vídeo de la muerte del bogavante nos lleva a confirmar que la civilización y sus ornamentos se cocinan sobre el movimiento de los miembros desgarrados por el cuchillo de piedra o metal. Civilización y barbarie. Buen apetito -- contradictio in adjecto" ( un uno, ele; ayer).

***** 

 Finalmente se hace balance y se navega por las aguas del recuerdo con skateboard: la gorra de lado y la mirada centrada en los rodamientos.  En el pasado - un poco al modo de los paseantes de Friedrich pero en lago suizo y con temperatura primaveral -  me imagino navegando en un pequeño velero, buscando el viento cálido y acompañado de Mary Shelley y su criatura. 

No estoy en Suiza (es invierno). Me gustaría estar pasando (ahora) el fin de año en Praga o reposar decadente en un Karlovy Vary desalojado de turistas, habitado por fantasmas de señoritas necesitadas de psicoanálisis y monjas de manos blancas y temple de acero. O calentarme en  una caminata loca, bien abrigado, por Nueva York.

 No es el caso (dictan los posos del café).

Pero estoy contigo. 

 Doy gracias a Dios - y así se lo comunico al mundo -  por no ser el bogavante del vídeo. En su sacrificio, el animal me ha subrayado la hermosura de lo que tengo ( y no sólo de lo que soy). Doy gracias a Dios porque el cuchillo no me ha partido en tres cachos la cola ni dividido geométricamente, en simetría cruel, la cabeza. No tengo necesidad de mover los miembros como bailarín cubista (y como sin ganas) cuando me pasan por la sartén.

No soy un bogavante rodeado de arroz ni la tortuga de la sopa.

Soy un náufrago en la isla de L y eso es una suerte. Es suerte la tristeza y la impotencia, la sonrisa y el trazo preciso de la cuchilla en la yugular. Doy gracias a Dios porque la sangre nunca llega a Tokio ni la pena desborda el río. 

 Doy gracias porque el dulce olor de la marihuana me provoca náusea metafísica en las tripas.

Doy gracias porque es tanto lo que no he hecho que lo que nunca haré se torna irrelevante.

Doy gracias porque los pies fríos descansan en mis zapatillas viejas.

Doy gracias porque ahora voy a seguir leyendo los cuentos de M y es maravilla que, mientras yo miro sus pasos,  mis hijos y C estén en la cama, durmiendo, soñando con pesadillas, dejando olor en el cuarto.

Doy gracias porque al menos hoy no comeré arroz con bogavante y  cuando lo vuelva a hacer sentiré todo el esfuerzo que la crueldad debe hacer para convertirse en la espuma de los días.

Doy gracias a los que me miran y no temen mostrarme su lágrima.

Doy gracias al poder que me miente y sodomiza porque me hace sentir vivo e inteligente.

Doy gracias al té verde de las mañanas, al teclado de este ordenador y al plátano amarillo con el que inicio mis oraciones. 

Gracias a la escritura que me permite aceptar que lo que ahora degusto en el fondo de la lengua es el sistema nervioso del bogavante.

Doy gracias por el don de la profecía . Doy gracias a los posos del café.

Deseo que todo el año sea the fairest of the seasons


10 comentarios:

  1. Señor L:
    Hace tres días entré en esta bitácora por segunda vez. Hoy he vuelto a entrar. No era muy tarde y tú ya habías escrito esta mañana. Aciertas cuando dices que quieres provocar estremecimientos con tu escritura sierva de la piel. Qué manera tan rotunda y hermosa de describirlo. Escritura sierva de la piel. Reflexiono sobre ello y me parece una ambición maravillosa y absolutamente lograda. Es imposible leerte, señor L, sin detenerse a contemplar despacio el lenguaje creado y admirar su fuerza torrencial y su belleza. Y ese afán de búsqueda de la esencialidad, desde el propio signo que ha perdido el resto de letras del nombre. Me gusta. Admiro también, como ya sabes, el valor de escribir para el mundo. El escritor tiene que ser valiente con su escritura y con el hecho de escribir, si no, no se puede ser escritor. Esto último lo digo por mí, claro. Gracias por darme noticia de la existencia de esta tortuga bicéfala. Te deseo que escribas mucho el próximo año. Y que yo lo pueda leer. Abrazos. Mila.
    P.D. No es que coma yo habitualmente arroz con bogavante, pero sí estaba en mis planes aprender a cocinarlo un día de estos. Ahora siento que el bogavante ha adquirido una dimensión cósmica en tu texto y lo veo como una metáfora del sufrimiento humano. Tal vez siga conformándome con un sencillo arroz con gambas. Es más difícil imaginarse los últimos suspiros de una fragilísima gamba.

    ResponderEliminar
  2. Gracias por tus palabras. Por correo electrónico te envío mis impresiones sobre tus historias.
    PD: Creo que para reyes prepararé el bogavante. Supongo que lo compraré ya muertito porque soy débil. Sin embargo, el bogavante se ha convertido en un personaje de "el libro de L", un habitante de la isla.

    ResponderEliminar
  3. Emocionante, L. Sólo diré esa palabra.

    Textos así bastarían para introducir un detonador silencioso en las grandes verdades heredadas. Hacerlo estallar todo por los aires. Con palabra-ternura. ¿Es posible?

    Aquí lo parece,

    abrazos y más

    ResponderEliminar
  4. Mientras bebo mi té verde de la mañana (el segundo) y sin posibilidad de un plátano que hoy se ha transmutado en piña; mientras Satie suena en la pequeña radio-despertador (mostrando la ternura del ruido de la mala conexión), me alegro de oír tu voz convertida en signo y grafía.

    Lo demás (el "y más" que acompaña a tu abrazo de nuevo año) es detonaciones en el espacio.

    ResponderEliminar
  5. leerte me estremece, siempre. no me "recuerda" que estoy viva. te leo y me digo: "estoy viva". un abrazo de dos vueltas.

    ResponderEliminar
  6. Un placer, pájaro, contribuir a la palpitación de tu presencia.

    ResponderEliminar
  7. Sospecho que el señor L es de tierra adentro en sus orígenes y no tiene pueblo marinero.
    Quizá también por eso necesita esa isla.
    Un abrazo!

    ResponderEliminar
  8. No todo el mundo, anónima, tiene la suerte de ser asturiana. ¿Cortás vos, mi amiga, el bogavante en la flor de la vida? Para reyes prepararé el arroz con bogavante. Creo que utilizaré, para empezar, un bicho congelado. Luego me atreveré con el vivo. Por cierto, ¿eres experta en ese curioso plato?

    Un abrazo o achucón

    L, a veces un truhan, a veces un señor, algo bohemio y soñador....

    ResponderEliminar
  9. LA muerte del bogavante me produce dolores metafísicos en el vientre. Ha sido un vuelco excesivo por demasiada tibieza, correspondería sonreir a los crustaceos y desearles un mar celeste entre islas y campos de concentración

    ResponderEliminar
  10. cc Rider: el bicho blogger había colocado tu comentario en la carpeta spam (nunca había visto tal cosa). ¿Qué cosa has hecho que te arroja al vacío este artilugio?. Sean dos las sonrisas para el crustáceo.

    ResponderEliminar