lunes, 17 de junio de 2013

Azúa: Autobiografía de papel


Sokout (The silence, 1998) Mohsen Makhmalbaf.

 " Siente un rumor de playa desierta  en la garganta
(Chantal Maillard)

"... un vacío clínico en el que tiritamos de frío rodeados 
por una muralla de amenazantes mercancías"
(Félix de Azúa)


 De  Félix de Azúa  (Autobiografía de Papel) solo me distancia lo cercano de sus tesis con mi sentir. Yo, como él, me vivo nacido en otra época. Soy un lejano sosias del John Salvaje de Huxley (Mundo Feliz), incapaz de asumir que Shakespeare ya no juega en los partidos que televisan. Trastornado, miro la pantalla esperando a Pirri y Juanito. Salen Obama y Rajoy.  Como Azúa, creo que somos primitivos incapaces de hacer funcionar  el artefacto sentimental e intelectual que nos había llevado a creer en los poemas, las ideas, la letra, la escritura. El viejo papel que no admite la conexión múltiple de la red social. Soy un decepcionado más en esta democracia total incapaz de decir una frase con sentido a  las generaciones de pasado mañana. Imposibilitado para explicar la propia decepción.

 "La decepción y el desencanto se produce cuando las soluciones que nos han servido para sobrevivir en tiempos revueltos se demuestran como la principal causa de que esos tiempos fuesen revueltos.  O lo que es igual, cuando las esperanzas son nuestro peor enemigo o las medicinas que nos venden agravan la enfermedad que padecemos"

 Soy un viejo primate discapacitado que se deja arrastrar por el impacto visual de las flores en el lago o el movimiento de la niña al son de la cuerda en la película Sokut.  El primate lanza una piedra en el espejo y rompe todo porque lo cree irracionalmente peligroso. ¿Qué peligro esconde el rostro de la niña de la foto? Ug, Ug. No lo sé, pero hay un frío que me cala los huesos.

 Me siento al sol mientras los perros blancos se intoxican y entramos en barrena en un grupo de apoyo que carece de lenguaje. Extremadamente callado, cierro la mente y abro la piel al calor. Recuerdo el invierno y siento que el atardecer me rasga la retina. Por eso estoy aquí, primitivo, rodeado de rostros, incapaz de hacer entrar la vieja cultura de mis libros en las caladas de un cigarro, el sorbo de una cerveza, la opinión sobre las edades, el brillo en los ojos de quien me cuida por si me aburro. Soy una pantera coja y sin dientes que no masticará la carne del guisado que mañana otros se comerán. Masticaré con las encías el cuerno quebrado de un caracol.

 Hay una red que los antiguos decíamos técnica y que " acabará logrando el control más eficaz de las masas desde las grandes  religiones" (Azúa). Tecno-capitalismo, post-capitalismo, post-política, post-poesía. El sin fin de las palabras.

 Acabamos pensando que solo me distancia de la prosa testamentaria de Azúa su cercanía a mi sentir. Y no sé si somos primitivos en una nueva era que amanecerá cuando ya estemos muertos o sí,  en último estertor, debemos voltearnos en un primitivismo buscado, intuido. Un primitivismo inserto en una conversación en la que los sabios se unen al sol con los destructores de sus neuronas.

Como los salvajes cristianos que en el desierto avanzaban nuevos tiempos a pedradas.

 Sonrío. Quedan los pétalos de flor en las uñas de una niña y el golpe de mi mandíbula sin brújula. No sé si muerdo y destrozo la belleza de la niña de la imagen o si, por contra, soy el más fiel de los perros que acompañará su andar hacia el mañana. Casi prefiero lo segundo. Guardaespaldas del salvajismo destructor

 En silencio.

Incapaz de follar con los nuevos paisajes.


2 comentarios:

  1. Recuerdo un libro de Jean Améry en el que definía la vejez como un estado en el que tiene lugar un "no entender ya el mundo": sentirse descoyuntado, des-quiciado (fuera de quicio, fuera de marco), incapacitado para generar huellas de sentido que otras generacinoes podrán habitar, reconocer o expoliar... tal vez sea eso lo que se transparenta en estos libros testamentarios de Félix de Azua (Autobiografía sin vida y este otro, más flojito y predecible, más llorón y lapidario, más apesadumbrado también). Es un autor que me despierta bastantes recelos: un canon vertigionosamente androcéntrico (una sola mujer citada en la cascada de nombres) y una patológica incapacidad para reconocer las voces más interesantes y arriesgadas que en las artes transitan por el presente. En otras palabras: atrapado en los discursos apocalípticos, en la retórica del fin, sin descubrir por dónde fluye ahora la vida (en muchos lugares de Oriente, África y América, y por muchas bocas, manos y mentes de mujer: demasiado para el etnocentrismo machista y despectivo de Azúa y otros celosos guardianes de cierto patrimonio cultural ortodoxo, enciclopedista, reaccionario y pagado de sí mismo).

    Disculpa la dureza, hermano bicéfalo. Leo con mucho gusto a Azúa (excelente escritor), pero me revienta un poco la alianza de soberbia y la ignorancia de esos otros "caudales" o "afluentes", los puntos ciegos, la incapacidad de comprender, la incapacidad de acercarse: la vejez tan poco sabia y rencorosa del hombre se me hace cuesta arriba (por no hablar de su atroz ideario político, pero eso es otra cuestión). Queda el "Diccionario de las artes" y su frescura sardónica, y en esa erudición superficial de profesor-periodista sí encuentro cierta alegría, cierto desenfado redentor de un hombre que ha decidido envejecer envenenándose a sí mismo.

    Por lo demás, yo creo que sí tienes tu lugar en este mundo desenfrenado y "post"... un lugar oblicuo y mutante, tal vez inquieto y distanciado, la cálida ironía, algo salvaje y ya atemperado, adormecido por los sedimentos que el río vital va depositando en nosotros, como inclemencias, generando estratos para el reconocimiento en esa íntima geología de nosotros mismos...

    La película de Makhmalbaf es preciosa, y el libro de Maillard, un dispositivo deconstructivo de la mirada y mucho más...

    un abrazo!

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  2. Gracias por el largo comentario. Seguramente estoy de acuerdo en mucho (o en todo) lo que dices. Supongo que Azúa ha creado una trama un poco simple en esta su obra. Sin embargo, algunas ideas que expone, como la de nuestro carácter de primitivos, me parece interesante (o una obviedad). Creo que aún no hemos asumido la revolución industrial y el imperio democrático. Que hay mentes y almas que piensan y sienten, claro!!. Pero la perspectiva apocalíptica no anda perdida y sin razones.

    Abrazos

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