viernes, 1 de junio de 2012

Auster(3). El resto, los restos. El viaje de invierno en otoño



James Mason vs Humbert Humbert
Lo-li-ta




cuesta abajo en mi rodada,
las ilusiones pasadas
ya no las puedo arrancar.
Sueño con el pasado que añoro,
el tiempo viejo que lloro
y que nunca volverá
(Gardel)

Anónimo: 31 de mayo de 2012:Quizás lo importante no es si se ha dado o no ese cambio de base que planteas puesto que sigues barajando sentimientos ambiguos que te hacen dudar y por tanto estás en movimiento y evolución. Y es que cuando uno está en su propia isla tiene pocos puntos de referencia. Tú última pregunta me lleva al tango de Carlos Gardel "Volver" y a su última estrofa: “Pero el viajero que huye tarde o temprano detiene su andar... Y aunque el olvido, que todo destruye, haya matado mi vieja ilusión, guardo escondida una esperanza humilde que es toda la fortuna de mi corazón.” Suerte Sr L por ese resto del mundo que te espera.

Querida Madame Anónimo:

Ambigua la suerte que al final me desea. Tan ambigua como mis sentimientos que suben y bajan en su condición de veleta o viento o Humbert Humbert. Cartógrafos todos de la isla de L. Vocación mineral en el fondo.

Pone velas muy amablemente por "ese resto de mundo" que me espera y, tirando del hilo, la palabra "resto" me salpica la cara. Convierto en plural eso que me queda y heredo, pienso que aguardan en el mañana "los restos" del mundo, el final de un banquete, la migas de la gran comilona de otros, de la propia Madame Anónimo, qué sé yo. Un tango que bailaré sin los dioses lo permiten.

Con la esperanza de llegar a los restos, al postre o al café, intento recordar "lo otro", lo que no eran restos de nada sino la pieza entera, el total de lo que me esperaba hace 9, 19, 39, 49 años. No caigo en la magnitud de lo que me tocaba en justiprecio por el hecho de haber nacido (lo que, mismamente, Calderón llamaba "el delito cometido"). ¿Cuál debía ser el tamaño de mi isla? ¿Cuáles mis instrumentos de cartografía? No recuerdo, de veras, la magnitud de la causa ni la elevación de la colina desde la que debía otear el paisaje. ¿Hubo alguna vez pieza entera? Seguro que sí, si es que ahora tocan los restos.

Mañana tocan restos. Como en el día post-fiesta, el post año nuevo, cuando la comida es vieja y recalentada. Me gusta la decadencia de ese rito, el choque de realidad que implica contemplar el lujo y el cuidado de la comida de celebración en el día después. Tierno. Igual que los restos de la vida. Sin embargo,como estoy en una isla(propia), mis restos son en parte pecios de naufragio, ni siquiera míos, fragmentos de otras vida, de otros banquetes. Mi vida como otra vida, la de otros.Je suis un autre

¡¡Y luego me dice que sigo barajando sentimientos ambiguos!! No se me ocurre otra cosa que la ambigüedad o, mejor dicho, al que maneja el faro o el molino de mis emociones,pensamientos y actos cree que la mejor respuesta es la ambigüedad sentimental del que sigue pensando en términos de fidelidad y traición, como si fuese un antiguo, casi un personaje secundario del antiguo testamento.El convidado de piedra en la cena de Baltasar

¿Solo restos? Si solo queda "un resto" la tentación de huir podría hacerse más imperiosa... O el deseo de ser un piel roja(al modo Kafka). Un piel roja, a caballo, recorriendo las grandes praderas que ya no son suyas sino del hombre blanco.

Muchos saludos y gracias por sus deseos y palabras. Me encanta que me hablen.



5 comentarios:

  1. Uno podría estar tentado a verlo también así, siempre tenemos los restos del mundo, incluso los restos de la vida de los demás.

    ¿Pero qué restos? Restos de un mundo que se está haciendo y deshaciendo contínuamente, restos de civilizaciones milenarias, restos de personas a las que dejaron sin ganas de seguir latiendo el corazón, que han pasado por tantos corazones antes de llegar al nuestro.
    Restos, pedazos esparcidos, apenas nada de lo que el mundo fue una vez.

    ¿Pero acaso el mundo, alguien, "fue" alguna vez? ¿Existe esa Edad Dorada, el Paraíso perdido? Es tan fácil creer en ello, incluso nuestra memoria es la primera en hablarnos de los felices tiempos pasados. En los que todo estaba entero, sin romper; la tarta sin empezar.

    Cuántos desamores viven eternamente por esos recuerdos de la perra de la memoria.

    Pienso que no hay "restos", aunque la tentación de creerlo es tan grande. Sí a lo sumo, etapas, ciclos, vaivenes.

    ¿La decadencia? Bueno, nuestro cuerpo mismo nos la enseña. Lo demás es cuestión de perspectivas.

    Por otro lado, qué buen sabor el de la comida recalentada. Esa, a las tantas de la madrugada, abrir la nevera, mirar el plato girar en el microondas y saborearla al sonido único del tictac del reloj. No sé si mejor que acabada de hacer o tan solo sabores diferentes.

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    1. GGM: aprecio tus palabras y, en la evidencia, me da vergüenza casi decir que comparto tus sensaciones. Hay mucho de sentido común en tus palabras y, como pragmático, el sentido común es mi guía. En este caso, las letras juegan al ironismo.

      Sin embargo,por mantener viva alguna llama, creo que la imagen (o fantasmagoría) de "la pieza entera" de la que el "los restos son resto" o la tarta sin empezar o la edad dorada de los inicios, tiene un sentido y uso más allá de la neurosis del desamor que insiste en no salir de su bucle, reforzándose en esa memoria des-focada que insiste, una y otra vez, en una época de amor en la que todo eran plenitud e inicio a diario.

      Digo: si nos encontramos con las espinas del pescado y, en sus huecos, fragmentos de carne fría de salmón, puede ser "interesante" pensar en el pez entero, el salmón en su esplendor e, incluso, en sus saltos de peregrinaje. Me han tocado las espinas, vale, y me nutro de ellas y acepto el vaivén, el juego de los ciclos. Decadentista, gozo de la comida recalentada. Sin embargo, en el análisis de las contingencias que me conforman, ¿por qué no pensar en la pieza entera, ese salmón vivo en la corriente, su muerte y condimentación, el brotar de su carne sonrosada que se deliza por el plato en grandes trozos, feliz espacio revelados por cuchillo y el tenedor? Esa nostalgia - en peligro de neurosis y drogadicción - tiene cabida en el análisis, por mucho que sea la perra memoria la que nos la ofrezca. Nos permite imaginar otros horizontes de interpretación de la vida que tienen su cabida en el futuro (y no solo en el pasado y el presente). Puedo pensar en que el cabrón que todos los días come el salmón entero merece que algunos días coma solo escamas.

      Contemplar "la pieza entera" puede ser, en el dolor y en la nostalgia del que solo posee hoy espinas, no solo consuelo. También motor de nuevos vaivenes, ciclos y etapas. Contextualizar el mapa de nuestras contingencias. Pensar en varias dimensiones


      Un afectuoso saludo y abrazo

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    2. Leo tarde la respuesta, pero la distancia del tiempo hace bien.

      Releo mi comentario y veo mucha rabia contenida, quizá rabia porque la Edad Dorada no exista.

      Vuelvo ahora con el manto de la risa y la ironía que uno tiende a cubrir siempre sobre el pasado, cuando los problemas que eran ya no nos parecen tales y, quizá como autodefensa, tomamos a los niños en tono de burla. Igual que a los niños de nuestro pasado. A esa luz veo ahora mi comentario. (No digo que sea la luz que mejor ilumine.)

      'La pieza entera' como motor, sí, ¿por qué no? Pero para ello uno debería estar ya curado en el presente, preparado para seguir escribiendo capítulos. Y quizá entonces ni siquiera echaría en falta observar el salmón. Pero creo saber dónde querías llegar, y de sobra estoy de acuerdo. Sin embargo, 'siempre hay un cabrón, con cara de amigo' dentro de nosotros que nos dice todo lo contrario. Bueno, más de uno y más de dos y más de veinte voces distintas, cada una con su tema. Quizá de voces esté hecho el hombre. Tortugas con dos cabezas.

      Un abrazo punzón.

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  2. Me admira Sr L la enorme habilidad que tiene para sobredimensionar las ideas y castigar la vida de cara a la pared.
    Esa simple “s” que transforma el resto en restos, vuelve del revés mi expresión y la hace rebotar contra mi intención.
    Y me reitero en “el resto del mundo” haciendo alusión a la parte mayor de la tarta que queda después de servirse una sola ración.
    Así que la suerte es para lo mucho que aún le queda por disfrutar.
    Un abrazo.
    PD.: Estupenda elección la de Carlos Gardel.

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    1. Imaginaba que la canción de Gardel le gustaría. De lo otro, ya sabe: es todo broma y picardías del juego con las palabras. Me alegran sus deseos para mi persona. Y usted que lo vea.

      Me gusta lo de castigar a la vida de cara a la pared. No sé si es cierto (o es ella la que hace la cosa conmigo). Imagen muy erótica, por cierto.

      Un beso de agradecimiento, por si quedaba duda.

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