jueves, 7 de junio de 2012

Entremés saleroso. Memento mori, memento labori




Digo y escribo:

Trabajar muchísimo en las tareas mecánicas que pagan mis facturas
para que el tiempo pase rápido


en todo momento con disciplina y dedicación
completa al engranaje


a mayor gloria de la velocidad que vence los andares zambos
del tiempo que huye


Es ese mi ejercicio espiritual de la jornada.

Digo y escribo:

Memento labori es un Memento mori invertido pero, a la postre, llegando a la misma conclusión.

Pensar el tiempo solo es sano para el alma si provoca risa, sonrisa y carcajada.

Superioridad de la comedia

Digo y escribo:

El memento mori imagina la violencia del frenazo del tiempo y del pensamiento en el final de lo sucesivo. Allí donde uno se muere, se coloca la imaginación aterrada a la que solo salva in extremis, nunca mejor dicho, la razón travestida de sacerdotisa parmenídea que anuncia la broma del tiempo, su radical inexistencia.

Tiene su gracia frenar en el final:
el coche que se estampó contra el árbol también frenó
impecablemente al final de su escapada.

No se las daba de filósofo.

Digo y escribo:

El memento labori, la dedicación exclusiva al engranaje de los quehaceres, un estajanovismo desideologizado y despolitizado, el trabajo como vía de huida, la laboriosidad compulsiva, pretenden quebrar la cadencia del tiempo, anular acelerando, hacer correr al cojitranco tiempo.
La expresión “el tiempo pasa rápido” exige risa y comentario. Creemos, a tenor de la frase, que el tiempo tiempea a destiempo, saltándose su propia pompa y ceremonia en la aceleración de su paso. Anda raro como el cojitranco y sus zancadas deshilvanadas, como de gigante enano.

Pero es idiota.

El tiempo no puede pasar rápido. Realmente nada es rápido ni lento. Todo es a su tiempo porque él, el Señor del antes y después, marca ese horizonte de lo temporal y sucesivo sobre cuyo fondo trazamos lo que pasa. Y lo que pasa simplemente discurre, ni más rápido ni más lento. De igual modo que se frena siempre al final, y en esa obviedad descansa el memento mori, el tiempo pasa a su tiempo, en su tiempo, egótico en su paso inimaginable. No somos ni liebre ni tortuga ni zambo ni plusmarquista ni mal danzarín. El tiempo no tiempea a destiempo ni yo puedo hacer nada para que el tiempo pase rápido en este mes de junio. La razón me salva en la carcajada y, sin embargo, me dejo follar por su doble travestido de sacerdotisa antiparmenídea.


No alcanzo satori. Mecachis.

Esto no es aún zen, ni místicismo castellano. No, no, no. Estás, compañero, en la fase de la perplejidad, a punto del idiotismo, ese idiotismo que debes mirar a la cara para hacerlo tu amigo.

En el tiempo perplejo vives, haciendo como si trabajaras más y, así, el tiempo pasara más rápido. No pasa nada más rápido ni cabe la vida en la lentitud del tiempo. En el final todo es frenazo y, en la media res, tono salmódico. No canta el tiempo, filósofos, arrastra sus zapatillas del alba al anochecer.

Un poco de sexo metafórico:

 El amante puede acelerar su envestida para correrse pronto y salvaje o demorarse en tantrismos táctiles e idas y venidas, frenar la eyaculación - ese memento mori de la carnalidad - en paseos espaciales por el cuerpo que el tiempo contempla.
La ilusión del orgasmo sexual: en el climax, el tiempo se paraliza. Mentira. La corrida es el climax de la fantasmagoría, esa loca de la casa que dice tonterías como que puede parar el tiempo, hacer que corra más o lentificarlo o pararlo. Nadie se corre en el tiempo.

Tempus fugit. Somos tortugas tras la liebre.Solo podemos huir con el que huye, amiguitos todos del tiempo monótono, like rolling stone


Imágenes:



 Frans Hals: Joven con cráneo. Vanidad(1626-8)

Alekséi Stajánov y un amigo


2 comentarios:

  1. Me has hecho sonreír mucho hoy con esta entrada y mira que me pasa como a ti: que me llevo muy mal con el señor Tiempo. Jamás haremos las paces él y yo, que pasa lento cuando quiero que vaya rápido y se acelera cuando deseo demorarlo.
    Posiblemente seamos como el tiempo, sucesión acelerada, como él, que se convierte en pasado al nombrarlo.

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  2. Isabel: el objetivo del texto, de casi todos, es esa sonrisa. Por eso llamé al texto "entremés". Mis relaciones con Tiempo no son buenas aunque, de veras, como demuestra el texto, hago intenciones de entrega de óbolo.

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