lunes, 18 de junio de 2012

Efectos colaterales de un vigilante de las Pruebas de Acceso a la Universidad .




Has sido estos días corrector-vigilante en las Pruebas de Acceso a la Universidad. Hace años te nombraban solo corrector aunque también ejercías la tarea de control. Ahora dicen corrector y vigilante, con conjunción que une la sapiencia del juez con el ojo avizor del policía. Es tierno este ataque de realismo nominalista para identificarte.

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Estás en una gran sala de la Politécnica de estructura cúbica y con dos grandes columnas de hormigón que sujetan su techo a quince o veinte metros de altura. Supongo que, en la idea, ese espacio debía destinarse a la investigación o a pruebas de taller. El espacio es más bello que un gimnasio o polideportivo. Un chico nos pide que no le coloquemos cerca de la columna, amenazado por su sombra de metro y medio de diámetro. Le produce desazón estar pegado al cemento, en el hábitat de la grisalla.

No es capaz de sentir la piedad del espacio desangelado.

No se cambió al chico de sitio.

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Dices: “quedan quince minutos para que acabe la prueba”. Te gusta tu voz en la sala habitada por el susurro de las hojas de papel y el ruidito de las sillas que chirrían dentro de la respiración adolescente. También sientes atracción por tu letra, escrita con bolígrafo azul en un papel de examen, redactando este fragmento que ahora trascribes. Aparecen todas las letras, redonditas e inteligibles. La ternura de las cosas.

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Dilema. La norma dice claramente que solo se puede entrar en la sala de examen si se muestra al vigilante la acreditación y el DNI. Cuando los alumnos salen, finalizado el primer ejercicio, dejan el carnet y la documentación dentro, por descuido o intentando adueñarse del espacio con esa espontaneidad tan bonita en la gente teen. Evidentemente, cuando de nuevo quieren entrar, el vigilante aplica la norma e impide su paso porque no tienen acreditación fuera de la sala, en el limes. De ese modo, los individuos se enfrentan a una situación en la que, si quieren introducirse en la sala, deben poseer el documento que se haya, precisamente, en la sala.

¿Cómo salir del entuerto? Solo se puede rompiendo la universalidad de la norma o, seamos humanistas, flexibilizando su interpretación. Los chicos y chicas entraron en la sala sin poseer acreditación porque el vigilante confía en los rostros jóvenes que ve o porque más tarde, en el futuro dilatado, se podrán comprobar sus identidades o, en fin, porque ya entraron una vez y suponemos que las condiciones del solicitante no han variado en un par de horas salvo por esa tontería de la acreditación que demuestra que son solicitantes.

La hermosa flexibilidad interpretativa nos impide terminar jacobinos del culo y guillotinar a la masa estudiante olvidadiza. Los chicos entran porque cuando se les nombra dicen “oui, c´est moi”, el vigilante reconoce cuerpos y rostros y se supone que ningún pretendiente ilegítimo va a desear entrar en ese espacio cúbico. Suponemos la ausencia de malicia y actuamos con flexibilidad sin necesidad de decir que no hay normativa.

En las Pruebas de Acceso se pide una corrección flexible, suponiendo que el alumno está de hecho preparado para acceder a la universidad aunque el documento que lo acredite esté dentro de una sala cúbica

Todo dilema se supera asumiendo la falta de malicia.

Esta situación parece un sueño con apariencia de paradoja lógica.

1 comentario:

  1. Superar la prueba, de hacer y deshacer sin salirse del cúbico principium enunciatum, sin perder la reserva energética empleada, empapelada, redactada. Aunque dentro de esos manojos de nervios andantes tal vez alguna futura tortuga a saber si policéfala, exista un germen que se aproxime al texto de forma radial y a medida que pierde terreno corte como una cizalla la referencia, la regla, rotando hacia el bluf del aprobado.

    Saludos.

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