sábado, 19 de abril de 2014

Poco a poco y de repente




 [era] martes santo

los penitentes llevan cadenas y arrastran sus pies desnudos por el asfalto. Emboscando su rostro en la tela púrpura y en la cónica elevación de su sombra,  dicen evitar  el fatum de los quince minutos de fama

no ser nadie salvo espectro; ser un cualquiera  convertido en el suelo inestable por el que caminan las legiones de desventurados

un niño sin pecados confesables, aunque los tenga ya todos, aceptará  llevar hábito y capirote sólo para elevar su autoestima y herir a sus amigos o por imposición de la sagrada familia (merecedora de escarnio).

  un niño - capuchón resucita en mí la religiosidad dormida y pido a dios en estos altares de celebración morbosa que destruya  la ciudad que lleva a sus niños a la muerte del dios-hombre con cánticos de Fama

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me deprime ver niños nazarenos



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[Leía] Nación Prozac de Elizabeth Würtzel. [Vi] Nación Prozac, con Christina Ricci.

La depresión es un bonito tema para anotar en un cuaderno o escribir una primera novela. Leí el relato de Würtzel en 1995 o 1996, mientras mi Mario hacías sus abluciones logopédicas y yo me escapaba a la biblioteca municipal huyendo de otras faenas hogareñas y de cuidado.  Me resultaba atractiva la imagen de la portada del libro y , vicioso de diversos tipos de tristezas, melancolías y derrumbamientos desde mi más tierna infancia, el desparpajo de la X-generation de Würtzel me sedujo. Cansado ya de ser progenitor con niños pequeños, no puede integrarme en la X -generation aunque en espíritu sentía mucha de su apatía. Tengo pruebas de que aún estaba enamorado de mademoiselle Winnona Rider en esos días.

[En 2001] bostecé un poco con el libro de Würtzel pero me gustó Christina Ricci.

Dicen en la película que la depresión viene poco a poco y de repente. Y lo mismo pasa con la curación que nos explota un día en la cara y, superado el mal trago, nos hacemos auto-biógrafos de nuestro dolor.

[Sed non] El libro que nos habla de la Historia Clínica de Aby Warburg, el célebre historiador del arte, se titula "la curación infinita".  No sé que sentido tiene el "de repente" en una duración infinita.

En cualquier caso decir que algo - la depresión, por ejemplo - viene poco a poco y, luego, de repente, es muy poco decir. No puede centrarse la tesis de la experiencia en ese axioma, por muy tomado que esté de Hemingway,  porque no marca rasgo diferencial alguno. Todo funciona más o menos así en la vida. Pasamos de repente del tedio y la lentitud al espanto. La tortura china también sigue el mismo proceso: gota a gota cae el agua sobre la cabeza hasta que el fluir intermitente te trepana el cerebro.  ¿Y en enamoramiento? ¿Y el tsunami? ¿Y el trabajo creativo,  la inspiración que debe sorprendernos trabajando?

 De repente se muere la gente incluso aunque vivieran poco a poco.

Te enamoras de repente en un bar y una extraña corriente eléctrica que atraviesa la espalada anunciándote los mil cambios físiológicos

....  y la quiebra llega de repente

y me aburre de repente escribir.

Poco a poco me lo he ido ganando.

Se salva la voz de Jessy Norman ( Je te veux, Erik Satie)
que por casualidad sonaba en mi reproductor de cd.




 Bicéfala Nación, 19 de abril de 2011

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