martes, 10 de junio de 2014

Larga prédica (a mi pesar)


Anselm Kiefer Resurrexit , 1973



And take upon ’s the mystery of things
As if we were God’s spies.


no quiere ser reconocida
 y pixela su rostro






Prédica Aerostática

 Garnerín se arroja en paracaídas desde un globo en 1797


En la navegación aerostática, ausentes los ejes determinantes del arriba y del abajo, arrojar lastre por la popa puede ser el camino más directo para chocar violentamente contra algún suelo celeste.

En el trascurso de la vida, hermana, te enfrentarás en ocasiones con la enojosa tarea de realizar una mudanza o considerarás deseable un corte radical en tus costumbres, ideas y emociones. En esos momentos se hace más necesaria que nunca la entrega a un cartógrafo o piloto que te marque el este y el oeste de tus emociones, el arriba y el abajo de los deseos que te abrazan. Sin esa rosa de los vientos, en las bifurcaciones del destino que exigen acción precisa y, a ser posible, quirúrgica, sabes que delimitar qué es lastre en tu vida es tarea bien difícil.

Lástima que no existan esos pilotos expertos. Tendrás que apañártelas tú sola y los mapas de la tribu, que con tanto celo guardas, ya no sirven para los nuevos tiempos.
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  Es humano destino contemplar la quema de las últimas cartografías personales. No hay cura ni terapia que tome en serio sus planos tribales construidos con huesos y conchas. No hay pilotos ni héroes imprudentes. Quedan, última esperanza, dioses desconocidos ( el dios de siempre, hermana, se ha tornado el gran desconocido y como si fuese otro, el inexistente, el yo soy nada que hace burla y gana al yo soy el que soy bíblico). Debes olvidar, tú solita, sin la ayuda de otros, engañando a la memoria de tu cuaderno de bitácora... 


...pero, dices,  olvidar según qué cosas puede conducirnos a mantener la herida infectada. 

Cortar por lo sano con una situación para intentar sobrevivir y elevar de nuevo el vuelo y la dignidad, puede llevarte a acabar, finalmente, en un violento choque contra el suelo. El suelo celeste, ese que te atrae y está arriba y abajo (o al este y al oeste). Porque el cielo tiene su techo que, bocabajo, lo mismo es que el suelo. Y, en ausencia de cartografía, lo mismo es el subir que el bajar porque en los extremos habita el baquetazo.

...  el gran batacazo puede evitarse, dices. Es tarea del navegante saber qué toca. Tirar lastre o reducir la temperatura de los gases ascensionales,  evitar el suelo o  el techo, elevarse y  descender con los ojos puestos en lo más cercano, maestría del que se mueve en la niebla. Evitar todo salto en la anorexia completa de horizontes. Para el nihilista cobarde que soy, tu voluntarista creencia en la sabiduría del cotidiano navegante, apuesta por el sentido común, es admirable. Yo me agacho en la cesta del aerostato, digo que lo mejor es no moverse de la media voz y de la atmósfera en calma. Sueño de nuevo con la vieja adicción al opio.
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Garnerín, en su globo, para intentar subir más alto, tira el lastre más preciado. Se arroja  a sí mismo para, con ayuda del paracaídas, elevarse mejor allí donde puede hacerse, sea, en el descenso libre. Es hermoso que, en la caída, el para-caídas lo primero que consigue es elevarte, te engaña amoroso con la ascensión para más tarde, poco a poco, como un diletante del ser, reconocer que la caída es inevitable. Toca suelo con un beso.

  Garnerín lanzándose en paracaídas es ejemplo para evitar el batacazo. Uno cae con su sombrilla - a lo Mary Poppins -, pero no en el modo de la pesada copa de cristal delicado que se hace añicos. Suave cae. En el descenso, gracias al artilugio de Garnerín, somos dignos y lentos, pompa y ceremonia. Caemos, sí, pero no me digas que no es elegante. Este tirarse con paracaídas, implica traición al proyecto-globo, al entusiasmo,  pero evita, creo, el batacazo más salvaje. El método es abandonar el globo en su ingobernanza. Ser un cabrón de cuatro suelas con uno mismo.
Y mientras, el globo de nuestra fantasía, el nido del deseo, asciende liberado de nuestro peso para encontrase quizás con el suelo celeste, hasta convertirse en estrella o, mejor, ser devorado por las presiones atmosféricas

EN EL MAR DE LOS SARGAZOS

Pensó en El Mar de los Sargazos de Janvier. Del mismo modo que aquellas aguas imaginarias eran historia de la civilización en forma de chatarrería marina, el estudio(cinematográfico) era otra forma de basurero de sueños. ¡Un Mar de los Sargazos de la imaginación! Y los desechos crecían continuamente porque no había un sueño a flote en parte alguna que no acabase allí más pronto o más tarde, después de cobrar un aspecto cinematográfico con ayuda de escayola, tela, listones y pintura. Muchos barcos se hunden y nunca llegan al Mar de los Sargazos, pero ningún sueño desaparece nunca por completo. Atormenta a algún desgraciado, y un día, cuando ya ha atormentado bastante a esa persona, el sueño se reproduce en el estudio”( Nathanael West: El día de la langosta)


   Quizás existe un mundo propio de los deseos. Si es cierto que nada hay más democrático que el deseo, yo apostaría por la convivencia de las grandes teorías filosóficas y el monólogo del borracho al lado de las ensoñaciones. Al fin y al cabo, el mundo de las ideas debe ser ese mundo cambalache que denunciaba el tango.

Y luego va Nathanael, en la cita, y dice que el cine (o el arte) plasmará cualquier sueño, cualquier verso, cualquier tesis o amorío en imagen de papel y yeso. En fantasmagoría 3D que descansará, cuando finalice la temporada, en el estante numerado de la arqueología.

.... debe existir un
Mar de los Sargazos para el alma y nuestros sentimientos.  Allí van a parar las ideas que no tienen quien las re-piense, los malos poemas olvidados y aquellos otros que no encontraron oportunidad para hacerse voz. Los sueños amorosos y las ansias de libertad. Cuando muramos, a lo mejor, nos despertaremos en esa escombrera del espíritu y sus copias en cartón piedra. Entre los eslóganes perdidos y las películas de serie B, cerca de los versos del punk flamenco y las imaginaciones libertarias, nuestras almas repensarán la chatarra anímica. Y eso será la eternidad.

Con suerte, alguna tarde de la eternidad, encontraremos un verso suelto que diga:

“... y poseeremos el misterio de las cosas,
como si fuésemos espías de los dioses; y sobreviviremos
entre los muros de nuestra prisión a las sectas y a los poderosos
que a merced de la luna surgen y sucumben
”(King Lear)

(And take upon ’s the mystery of things
As if we were God’s spies. And we’ll wear out
In a walled prison packs and sects of great ones
That ebb and flow by the moon.)

Nos preguntaremos como Lear acabó en la basura del Mar de los Sargazos... y sentiremos un inmenso placer al ver nuestros pequeños deseos al lado del más grande.

Once again and for ever

Aranda de Duero y Burgos; 10 de junio de 2014, de  2012 y  de 2009

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