martes, 17 de junio de 2014

Una filosofía que no utiliza su cuerpo como plataforma activa de transformación vital es una tarea vacía. Las ideas no bastan. El arte no basta. La buena intención no basta. La simpatía no basta. Toda filosofía es forzosamente un arte de autovivisección, cuando no de disección del otro o de lo otro. Una práctica de corte de sí, de incisión de la propia subjetividad. Cuando el amor de la vivisección escapa del cuerpo propio y se dirige escapa del cuerpo propio y se dirige hacia el cuerpo ajeno, el cuerpo de la colectividad, el cuerpo de la Tierra, el cuerpo del Universo, la filosofía se transforma en política (...) Solo es posible modificar la cartografía psíquica al precio de una cierta toxicidad

( fragmento hallado entre las páginas 251 y 252 del libro  Testo Yonqui de Beatriz Preciado y anotado en esta bitácora, cuando lo era, el 17 de junio de 2008, poco tiempo antes de estar muerto y resucitado por efecto del tóxico vivir. No es necesario que quede constancia. De esto y de nada)

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