miércoles, 12 de octubre de 2016

Nous sommes mille vingt et trois

Nous sommes deux
Nous sommes trois
Nous sommes mille vingt et trois
Avec le temps, avec la pluie
Avec le sang qui l'a séché
Et la douleur qui vit en nous
Qui nous transperse et qui nous clou
(Moustaki)

En 1995, la princesa Diana de Gales, lady Di para la historia, se dejaba entrevistar con un semblante propio de tortuga bicéfala - gesto jánico entre el agotamiento y la ironía - , y nos dejaba la ya famosa sentencia: “ Bueno, éramos tres en mi matrimonio, y eso es una multitud”. La frase es ya de antología y llevó a muchos de los que oyeron el oráculo a dejar caer suavemente en vertical la cabeza, tres o cuatro repeticiones, signo inequívoco del “sí” o del más popular “qué razón tienes maja”. Todos los que asentían respondían empáticos al dolor por una infidelidad fea, por un matrimonio simulado como en caverna platónica y por el largo calvario de Di. 

    Sin embargo, llevada la frase a la categoría de verdad absoluta del común – tú cuenta que yo allá escucho - no deja de ser desconcertante. No dudo que tres son multitud en determinados casos y sin duda entiendo que uno de ellos es la relación de pareja en tanto engranaje sexo-emocional. No soy nada experimental en este campo, como ven, aunque admito que otros vivan de otros modos (soy liberal, como Diana). No obstante la frase en cuestión niega una evidencia y eso me hiere como pensador que sufre por la confusión de sus congéneres. En toda relación yo diría que no solo hay tres sino cuatro o cinco o cien o mil. Como en la canción de Moustaki que coloqué arriba. Esto debe ser asumido o, en caso contrario, violentas lo que queda de realidad y sentido común en este mundo. 

   El número y nombre de los interpuestos en una relación de dos es legión (por eso los ojos del otro nos miran como un viejo e invasor demonio). Esto es inevitable, es lo que hay y no puede ser de otro modo. Entre el tú y el yo median no solo los amantes actuales (si los hubiere, que eso es feo por lo del engaño y así, válgame el cielo). Ahí están también  todos los ex-, los virus y bacterias compartidos en tardes románticas, los hijos habidos y los no nacidos, las abuelas con todos los nietos imaginados y las tragedias de los desaparecidos, los novios y los que practicaron sexo con o sin, los amigos de la pandilla pasada y la futura, todos aquellos con los que se comparte una idea, una calada o mil risas, la silueta tentadora del primer amor y la excitación que provoca la joven panadera de ayer por la tarde. Sí, mi querida princesa, en la pareja pretender que solo dos habiten es imaginar un mundo irreal, quizás bidimensional.

ay....


Sí, una pareja es una confluencia chapucera del arca de Noé y el barco del holandés errante. Es mucho lo que se preserva y, sí, la mayor parte de lo que se guarda en las bodegas son cadáveres. 


2 comentarios:

  1. Borgiano te veo, al leerte me ha venido a la memoria el comienzo del relato de Borge, El Etnógrafo:

    El caso me lo refirieron en Texas, pero había acontencido en otro estado. Cuenta con un solo protagonista, salvo que en toda historia los protagonistas son miles, visibles e invisibles, vivos y muertos. Se llamaba, creo, Fred Murdock...

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  2. acepto borgiano y me alaga sentir esa sombra (si la hubiere)

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