sábado, 5 de mayo de 2012

Cuentos Teológicos(007). El plazo de la lágrima


Marc Chagall: la novia(1950)


“De mi vida errante llevas tú la cuenta ¡Recoge mis lágrimas en tu odre!”
(Salmos 56,9)


No sé si me consuela, Señor, que conserves con memoria notarial todas mis lágrimas. Son muchas y su volumen me garantizaría alivio y aplacamiento en la justa distribución de tu ira. Sin embargo, las lágrimas derramadas en mi loco amor por Carlota han tomado tantos significados que solo Tú, el mismo que lleva la cuenta, podría nombrarlas como lágrimas de amor, de odio o de triste alivio. O lágrimas violentas que surgen como esquirlas de cristal deseosas de abrir su cara y teñirse de rojo. Lágrimas de mérito diverso, blancas y negras, debe y haber. Solo Tú eres sabio en la cuenta.

Perplejo en mi creencia, dicen los sabios que el odre de mis llantos es pesado y medido por ti Señor y que volverá a mí bajo la forma de lluvia fina, ducha conciliar o baño contemplativo para después del kadish. Quizás, Señor, ya me bendices en vida, revirtiendo mis lágrimas, tamizadas por el lienzo de tu santidad, en el sudor que se eleva en la piel de Carlota cuando los brillos de nuestros ojos encuentran la conexión de un recuerdo pasado que podía ser común o cubro de perlas blancas su espalda. ¿Es la lágrima de decepción y llanto de ayer la saliva que hoy bebo de su lengua y la niebla y el rocío que me muestran sus caderas?

Señor: callas y me embarga la duda sobre el fondo de mi liquidez errante. ¿Está mi cuba llena del tremendo dolor de mis tribulaciones? ¿O ya me has devuelto todas las lágrimas vertidas bajo la forma de los placeres en la piel y en la dulce palabra de Carlota? ¿Y si, Señor, ya me enviaste la liquidación de mis dolores y estoy ahora en el préstamo de placer a cuenta de las lágrimas que yo o mis descendientes deberemos derramar en el futuro? O, peor, ¿he sido bendecido con Carlota y no he sabido ver en ella el premio que se me concedía, malgastando mi dote celestial, condenado a vivir ya por siempre en el pago de la hipoteca de este amor que no supe ni sé gozar?

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