Cuento navideño (1)

 Finalmente aceptará que esas eran sus cartas. No sabe cuánto poder detentan porque, con la sorpresa,  ha  olvidado de que hay otros jugadores en su misma Partida. Una voz grita, unas mesas más allá,  hagan juego.  Intuye que las malas cartas encierran su propio as si  otros las tienen peores.  O si , en el farol, disimulan y disparan  miedo al contrincante, cuerpo interpuesto  que protege el corazón oscuro de la Partida.

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