miércoles, 26 de enero de 2011

20:05: Al fin un poco de sol en la tarde me calienta el buen humor. La bilis negra se diluye en mi andar de cigüeña, enterrándose en el suelo húmedo y entre los pliegues de la gente y la música que agudiza la sordera. Me gusta ver gente. Hoy. Ayer, no. Mañana no apostaría. ¿Es todo el mundo tan voluble? Si todo es tan poco estable, ¿cabe intentar una metafísica?

Compensa el amor e, incluso, un poco de idiotismo. Esto lo sé "intelectualmente" pero todos los demonios emocionales presentan objeciones pistola en mano.

El bueno del doctor Zhivago es hoy " un hombre flaco, que hacía tiempo que no se lavaba y por eso parecía cetrino, de aspecto salvaje....Llevaba prendas viejas, con las mangas demasiado cortas para él, que no lograba calentarlo". Llevo una semana siendoYuri Andréyevich Zhivago.

Ayer sentí la absoluta indiferencia del mundo, de la gente y de mi propia biografía ante el vodevil de mis  andanzas emocionales. No hay calles de dirección única ni doble carril en eso que, para abreviar, llamamos existencia. Vitalmente seguimos como los bichos del bosque. Marcando itinerarios confusos - olfativos - al son de la lluvia y las quebradas que la contracción del hielo deja en la foresta.

Soy el doble (o la sombra) de mi adolescente P. Contagiado y en régimen de aislamiento dentro de mi alma. Metafísicamente, un  ente leibniziano en un universo sin dios.

 En conclusión, un día bueno en el que he visto a mucha gente que quiero con el rostro luminoso.

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