domingo, 23 de enero de 2011

8:56:  Se abre la luz sin necesidad de romper nubes, saliendo el calor del sol de las entrañas mismas del frío. Un espectáculo heraclitiano que nos redime de la adocenada metáfora de la luz.  Este es el invierno que me gusta.

   Duermo mucho estos días  y me siento, en general, adormilado. Física,  química o magia. Estar adormilado no es vivir en "glaciación", otro de mis objetivos de la década. Hay una gran diferencia térmica (o térmicamente se ubican en la opuesta) pero en ambas situaciones se relaja mucho la sensibilidad hacia lo significativo del caso, es decir, que todo lo que acaece adquiere ese valor como de que  vale lo mismo: con un poco de piedad,  sin esfuerzo ni sacrificio,  se supera la prueba. El mundo, en el estado adormilado, es un viejo desván por el que discurren los espíritus de la alegría, el entusiasmo o la ironía como ralentizados por una sobredosis de opiáceos o aprisionados en  una cámara que arrastra con desidia sus fotogramas por la superficie de la vida.


Dudo del proyecto. Ayer ya hablé de mi terapeuta invisible. Supongo que el hecho mismo de "dudar"  me redime filosóficamente del pecado ético-religioso de apostar por una vida habitada en la cálida modorra de la indiferencia. La duda libera a los filósofos de todo. Es como el bálsamo de fierabrás. O un confesionario que, tras pasar el umbral del perdón, nos anima a alternar con las tentaciones.

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Ayer vi dos películas. Balzac y la joven  costurera china (Balzac et la petite tailleuse chinoise) y Hannibal. Me gustaron. La petite tailleuse chinoise que prefería a Balzac - cómo te entiendo, mi niña - no la había visto nunca. Hannibal, sí. De esta última destacar a Julianne Moore que me parece  devora con su alma a Lecter (también al de el silencio de los corderos) y a la agente Starling (también a Jodie Foster) . Da miedo. Las escenas en las que se tumba en el sofá para escuchar cintas grabadas de conversaciones con Lecter son perversas, erótica y premodernamente perversas, de un erotismo sin climax ni esperanza.La obsesión en estado casi puro.  En esta película todos los tipos me parecen un poco kitsch, malignos pero vacíos (o en el vacío):  Lecter, el desfigurado millonario Mason Verger,  el policía italiano y su mujer.... Todos me provocan bostezo (aunque me den miedo) salvo Clarice-Julianne Moore. Yo, que estaba pensando en vivir el adormilamiento o en la glaciación, encontré en ella un ejemplo paradigmático de la segunda opción. Con todos sus complementos. En fin, me di cuenta de que para generar una glaciación del alma, necesitaba una gran  obsesión y no tengo ninguna a mano. Quizás porque las grandes obsesiones se la crea uno y eso cuesta mucho. Luego, si no quiere morir por efecto de su obra, la obsesión se  debe cristalizar en el frigider. Por eso, como ya decía, ahora estoy en el adormilamiento inducido.

La película de la petite tailleuse chinoise me gustó, como he dicho, pero destapó un aire tijerillas en mi alma que impidió que me entregará a la ternura y los encantos del amor bonito-bonito. Me fascina la facilidad de los chinos para doblarse, sobre todo cuando se ponen en  cuclillas. Toda la película me imaginé a la joven  realizando danzas acrobáticas, pasándose la cabeza por la pantorrilla y así. Además, pensé, quizás sólo los jóvenes de las economías emergentes son capaces de tomar en serio el arte y creen que éste puede cambiar la vida. Estás afectados de cierto bovarismo que combinan a la perfección con la flexibilidad de sus miembros y la capacidad de anegar infinitas tierras para construir la Gran Presa.

Anoto: la diferencia entre un pueblo decadente y otro emergente es que el primero no es capaz de emocionarse de veras con Emma Bovary porque le sale la tontuna, la ironía o ambas. El pueblo emergente se emociona en la privacidad de su alma con Emma hasta la tragedia y en el hueco que deja la desesperación bovarista construyen una presa que anega todo el pasado y cambia el clima del planeta si es preciso. Y lo hacen en cuclillas y fumando al modo en que lo hacen los chinos.

 Domingo.

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