miércoles, 25 de mayo de 2011

REDRUM, Tortuguita

ni luz
ni remoto centro
genesíaco:
sólo
eso pequeño




"Hasta que finalmente el susurro no le interesa a nadie" (Wallace Stevens)
"Hay un punto de estupidez sin el cual un escritor de ficción no puede arreglárselas y es la cualidad de tener que mirar fijamente, de no enterarse a la primera" (Flannery O´Connor)

Toma prestadas sartas de palabras y roba el verbo de los periódicos para decir  más de lo que comprende la carne y el intelecto. Como el tonto que repite incesantemente una tonada, neurótica por herencia y afición, hartísima de la lentitud de su paso y de la obsesión por las palabras no dichas (ni escuchadas), habita la tortuga en el eco saturado por el crimen o en la sorpresa del susurro. En la caricia que espera.  El susurro oculta palabras, las mejores, las más deseadas (ahí se dice el más intenso de los te quiero, el que se enuncia  más allá de toda precaución y redefine el impulso como fuerza cósmica en la brevedad del segundo). Cita palabras de otros y,  fijando la mirada como el búho, camina lenta la tortuga (más información sobre la dolencia: trata la bicéfala  infructuosamente de mantener el ojo atento a lo que dice la contingencia en segunda y tercera vuelta, al repetir la frase, en esa vibración que llamamos la ternura de las cosas).


 Quizás  citar explícitamente  las palabras de otros tiene siempre algo de inconveniente en el modo literario de la escritura. Busca el poeta un cierto ocultamiento de su patria. Por eso, si trascribimos frases, queremos  que actúen como matones, imponiendo autoridad militarmente (a la manera de la tesis doctoral) o que reverberen en toda la extensión de nuestro verso o discurso (a la manera de una oración, religiosa o místicamente). 

 Traigo palabras doblemente usadas, vestidas de coristas o bailarinas exóticas. No sé quién son Wallance Stevens o  Flannery O´Connor (y si lo sé me enmascaro de ignorante porque no importa). Me interesan sus palabras porque apuntan a las alas de la mariposa - el mundo tiene alas de mariposa- y se hunden en la precariedad, la impotencia y el primer latido del silencio. Lo que no entiendo.

Sólo poseo la larga sombra de la ausencia de algo y el sudor de esta tarde primaveral.
Por eso, incesantemente, necesito traducir en crimen discursivo "la extensión de mi inocencia"


Redrum, tortuguita.




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