domingo, 4 de mayo de 2014

La jamás respondida vieja carta a Bicéfala



Enfant Jésus au crâne
 (siglo XVII.  10 cm, x 4,5 cm) 
Musée du quai Branly, Paris



 Aranda de Duero, 4 de mayo de 2009


Querida Bicéfala:

Me encuentro en el ecuador de la vida con las emociones clavándose en mi piel como cuchillas infantiles y repitiendo el ciclo tedioso de sus reglas y continuidades. Inquieto, empiezo a creer que no me llegará nunca la serenidad buscada y que la muerte me encontrará, cuando llegue, triste y enamorado como siempre.

Debo confesar que esta angustia nace de mi torpe relación con  Escritura. Desde los catorce años he tenido una aventura relativamente estable con ella pero nunca hemos llegado a nada. Lo reconozco: no tengo Obra y siento esta ausencia como una lápida de sospecha sobre la sinceridad de sus intenciones  o sobre la virilidad de mis envites.

Nunca me atreví a dar el paso para convertirla en mi esposa. Quizás la he visto siempre inmadura y niña. No sé. Lo cierto, estimada Bicéfala, es que me muero por estar a su lado, pienso en ella constantemente y fantaseo sobre nuestro común futuro. Todo el tiempo está en mi cabeza, obsesionándome de un modo impropio. Al fin y al cabo creo que sigo aspirando a la sabiduría y, además,  me ha pasado ya la edad de todas las inocencias.

¿Qué hago? ¿Abandono familia y oficio por intentar llegar a algo con esa niña que se ríe de mi y con pretextos vanos me cita para otra tarde ? ¿O, más bien, debo arrojar al abismo esta locura juvenil y dedicarme a la acuarela o la fotografía, la historia local o la agricultura de minifundio? ¿No es perverso y malo para ella y para mi seguir con estos escarceos nerviosos, ese tontear casi onanista que no llega a ningún lado salvo, quizás, cualquier día al escándalo y el oprobio público, quién sabe si la violencia....?

Ayúdeme, amiga, a sacar de mi esta alienante calentura. Oriénteme.

Esperando un golpe de aire, reciba un abrazo

La Tête Droite



PD: Cinco años después de su escritura, encuentro copia de esta carta entre mis papeles. Nada contestó la Bicéfala en aquellos días y, perdido por ausencia de tutora egregia,  sigo en las mismas pero un poco más viejo. 

 O no del todo. Nunca pasa el tiempo dejando vacío como huella, al menos no lo ha hecho en estos cinco años. La Escritura finalmente se dejó de tonterías y una tarde que estaba tratando de meter mano debajo de su ropa me dijo:

" Has dejado necesaria huella en  mi piel novel y, a la vez,  curtida ya por mil tatuajes y diez mil aventuras que tuvieron como protagonistas a otras manos. Hazte hueco, imbécil y no me ensucies con niñerías virginales. Alguien me dijo:

Hay dos formas opuestas de profanar el agua:
recomendarle al río que se lleve
las serpentinas fétidas, el vómito
fabril, risas fecales
lejos de la ciudad:
alguien olvida
que el agua es una casa
la casa de los peces
la casa de las algas
la casa del insecto, la casa de los cristales…
la otra forma consiste simplemente
en pretender un agua
químicamente pura

RECETA TAMBIÉN VÁLIDA PARA EL AMOR (Aníbal Núñez)


Quede ahí mi último consejo 


Me dijo Escritura que, en los escarceos, sí estábamos creando Obra y que era cosa mía si luego publicaba yo las imágenes de nuestras intimidades. A ella le daba igual si aparecían sus hermosuras y debilidades amorosas en el facebook. Lo que haga yo con esos momentos en los que, sí, ella gozó en mi gozo. es asunto mío. Ella nunca es Esposa, dijo,  al menos en mi caso. No entendí esa mezcla del "nunca" y "en mi caso". 

 A veces pienso que ese objeto de mi deseo desde los catorce - fidelidad hay, no me digan - quizás no sea la célebre Escritura sino alguna  prima suya que suplanta el nombre.  Alguien que sabe que es error imaginarse "químicamente pura".





lunes, 28 de abril de 2014

HIPO (Del idiotismo, la muerte de la belleza y otros inicios de la Gran Tristeza)


Veo una película en la que aparecen naves extraterrestres pilotadas por seres grises. Van más cargadas de luces que un Árbol de Navidad. No comprendo la exageración de las luces en los vehículos intergalácticos y me pareciera más inteligente y cristiano que se presentaran con un poco menos de estruendo lumínico. Al fin y al cabo, su objetivo es pasar inadvertidos, transmitir la buena nueva del agotamiento del Yo y  reconstruir los lazos de comunidad perdidos por la especie humana. 

Desvarío. En el colmo del pensar desvariado, sospecho que los alienígenas  camuflan sus vehículos y llegan a la Tierra como el macarra que aparca con el coche chispeando colores y música rap en el centro comercial. Es decir, al modo del idiota perdido. La perspectiva de unos extraterrestres con gorras y pantalones anchos que llegan a nuestra pobre casa Gaia con un derroche tan inexplicable de luz y velocidad me entristece como buena persona que soy. De momento los marcianos son silenciosos pero cabe esperar que pronto en los noticiarios de todo el mundo se dé cuenta de avistamientos de bolas de fuego con música sincopada. El planeta se llenará de ruido exógeno y todo será un poco más feo.



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Reivindicación romántica del imaginario popular. Resulta curioso que los alienígenas tengan un aspecto tan similar a los elfos, las hadas y seres del bosque. La libertad imaginativa nos lleva a ser gregariamente simples en muchas ocasiones.

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Ser idiota es un destino humano y, si me extreman, cósmico, como demuestra la exageración luminosa de los platillos volantes.

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Decía hace poco Stephen Hawking que desconfiaba de los intentos de entrar en contacto con otras civilizaciones no humanas. Primero: nos contagiarían  todo tipo de enfermedades que podrían diezmar a la población animal o extinguirla. Segundo: tal vez sea gente violenta. El modelo de la invasión europea de América nos puede servir de advertencia. Estoy de acuerdo con el físico-matemático. El riesgo sólo sería asumible si su conocimiento nos aportara respuestas flipantes a nuestras dudas metafísicas. Sin embargo no creo que sea descartable que los alienígenas sean idiotas y con sus ropas anchas, sus piercing y su gorras ladeadas lleguen a la paz del bosque rimando las inquietudes de sus anos. El derroche de energía convertida en luz de parque de atracciones o skyline sólo puede ser síntoma de problemas intestinales. Los ET son como Elvis en Las Vegas. Las naves extraterrestres son horteras y el que vengan de fuera no les salva ni justifica.


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(Mi pequeño ET) Él habla con expresiones del tipo cabrónhijo de la gran puta y otras lindezas. Son todas para mí y las asumo. Me humillo un poco más, me derrumbo, lloro y me quiebro los músculos del cuello. No tengo motivos de orgullo. No tener orgullo me convierte en oruga. Vale. Luego , al poco rato, aquí me tienen: escribiendo sobre extraterrestres.

La sangre nunca llega al río ni la tristeza a Tokio.

Él es un extraterrestre con pinta de humano.... 

Hortera y con un exceso de luminosidad nacida del miedo y de los placeres más básicos 

(el temblor orgásmico en la propia presencia).

Bicéfala, 28 de abril de 2010







miércoles, 23 de abril de 2014

Ven y no pienses. La kippelización






En un ruinoso edificio vacío y gigantesco, que en su día había alojado a miles, un solitario aparato de televisión pregonaba sus mercancías en un salón deshabitado” (P.K. Dick)

La experiencia estética se presenta como una refuncionalización placentera de la experiencia cotidiana” (Diccionario de Estética)

En  ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? la teoría sobre el avance del kippel es expuesta por  un cabeza de chorlito, John Isidore, individuo fiel a la Tierra post-apocalíptica  que sirve de escenario a la novela de P.K. Dick ; individuo fiel a la Tierra porque no le permiten emigrar a los neoplanetas;  individuo fiel a la Tierra y discapacitado mental, sospechando si no debemos sustituir la conjunción por algún tipo de conector causal.  

  El edificio de apartamentos donde vive Isidore está abandonado. Todo es silencio y éste no es mera ausencia de sonido. El silencio es el signo del kippel. Dice:

" Kippel son los objetos inútiles, las cartas de propaganda, las cajas de cerillas después que se haya gastado el último, el envoltorio de un chicle o el diario del día anterior. Cuando no hay gente, el kippel se reproduce (...) el kippel expulsa el no-kippel (...) nadie puede ganar al kippel, a no ser, quizás, de forma temporal y en un punto determinado, como mi apartamento, donde he conseguido un equilibrio entre kippel y no-kippel, al menos por ahora" 

La kippelización aparece como el hueco dejado en (o por)  los objetos que fueron en su día útiles familiares, cuando han perdido su función y no han adquirido otra. El objeto, arrojado a la mera existencia física, persiste como pecio, fragmento o trasto pero al no haber adquirido otro papel respecto al que lo mira (no es obra de arte ni pieza de museo etnográfico, por ejemplo) se transforma en algo ajeno a nuestras connotaciones,  el otro lado de la realidad humanizada y familiar:  lo otro siniestro. Lo desaparecido se aparece bajo la forma de desaparición. Contradictorio y resbaladizo como un barbo.  En sus cercanías, el kippel que describe Isidore  es una atmósfera   y, a la vez,  una manifestación metafísica o ética de la exigencia de que los objetos sin nadie desaparezcan, se oculten.  Como no se desintegra y se mantiene perseverante en el ser, el kippel, como el silencio, grita.  Gritan los juguetes del cuarto del niño muerto porque su suerte debiera ser la extinción. 

 El kippel es "lo nuestro" (como cuando hablamos del amor decimos que qué hacemos con "lo nuestro") pero en ausencia de cualquier relación. Un grito de indignación o terror que nadie escucha. El kippel es la atmósfera en la que nacen los seres vacíos.


Apliquemos esto a los androides. Cuando un androide rompe sus lazos con su dueño humano, ¿no debiera desaparecer? Eso cree Deckard, el protagonista de la novela

Un robot humanoide es como cualquier otra máquina. Puede oscilar entre el beneficio y el riesgo. Como beneficio no es nuestro problema

Si el androide  -un objeto tecnológico humanizado - no desaparece cuando pierde su función y no adquiere otra,  ¿no se rodea de un extraño silencio de inquietud, el silencio que envuelve a las cosas que han cambiado en su destino, el trágico encuentro con algo que no debiera de ser así? Cuando el androide deja de ser útil,  debiera ser retirado. Al permanecer con nosotros se nos plantea la cuestión de su “dignidad”. Pareciera como sí al dejar de ser útil de cara al exterior (útil para nosotros) adquiriera intimidad.  Sucede lo mismo con los objetos abandonados de los que hablábamos antes.  El objeto que deja de ser un útil adquiere un cierto valor cultual por su ocultación, por mantenerse  al margen de nuestras simbolizaciones. Es una cosa encerrada en sí  y rechaza las connotaciones que nosotros le introducimos. Es un grito ético mudo que nos muestra la inmensidad de lo inanimado. Lo inorgánico hablante, el horror de la piedra con intimidad...

Lo mismo cabe decir de aquellos que fueron nuestros amores. Su sola presencia ofende porque amenazan. El otro es, ahora sí,  realmente otro, un alma privada y una materia compacta. Es un ello porque no hay posibilidad de volver a lo nuestro y, después de haberlo sido todo, ¿cómo plantearnos ser civiloizados conocidos? Bulle el silencio, el grito mudo.... De verdad ella es ella.


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PD: Es esta reflexión nacida en 2007, el 23 de abril. De la cita que abre esta nota surgió en 2006 el blog de la Tortuga que se llamó, entonces,  "seres vacíos entre mundo habitados". Curiosamente en aquel momento yo concluía más o menos con unas palabras que eran incoherentes con lo anteriormente dicho en el artículo y que, sin embargo, son lo que hoy considero. Decía:

Sin embargo, la vida, la existencia, borra esta reflexión. Mi reflexión y percepción del kippel. Nunca menospreciemos la infinita agilidad de las circunstancias para cambiarnos de perspectiva. Se desmontan ontologías. El cuarto de juguetes del niño muerto servirá de despensa o pabellón de deportes. Lo siniestro del kippel es la semilla de futuras bellezas y utilidades. 

Porque los velos no se velan ni siquiera en la sociedad de la transparencia que describe Byung Chul Han . Inconscientemente, a pesar de nosotros, se construyen en torno a un nuevo punto atractor nuevas imaginerías...

Ven y no pienses – dice Rachel, una androide con la que se acostará Deckard, el caza-recompensas que debe eliminar a los androides -. No te pongas filosófico. Porque filosóficamente es aburrido. Para los dos”







sábado, 19 de abril de 2014

Poco a poco y de repente




 [era] martes santo

los penitentes llevan cadenas y arrastran sus pies desnudos por el asfalto. Emboscando su rostro en la tela púrpura y en la cónica elevación de su sombra,  dicen evitar  el fatum de los quince minutos de fama

no ser nadie salvo espectro; ser un cualquiera  convertido en el suelo inestable por el que caminan las legiones de desventurados

un niño sin pecados confesables, aunque los tenga ya todos, aceptará  llevar hábito y capirote sólo para elevar su autoestima y herir a sus amigos o por imposición de la sagrada familia (merecedora de escarnio).

  un niño - capuchón resucita en mí la religiosidad dormida y pido a dios en estos altares de celebración morbosa que destruya  la ciudad que lleva a sus niños a la muerte del dios-hombre con cánticos de Fama

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me deprime ver niños nazarenos



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[Leía] Nación Prozac de Elizabeth Würtzel. [Vi] Nación Prozac, con Christina Ricci.

La depresión es un bonito tema para anotar en un cuaderno o escribir una primera novela. Leí el relato de Würtzel en 1995 o 1996, mientras mi Mario hacías sus abluciones logopédicas y yo me escapaba a la biblioteca municipal huyendo de otras faenas hogareñas y de cuidado.  Me resultaba atractiva la imagen de la portada del libro y , vicioso de diversos tipos de tristezas, melancolías y derrumbamientos desde mi más tierna infancia, el desparpajo de la X-generation de Würtzel me sedujo. Cansado ya de ser progenitor con niños pequeños, no puede integrarme en la X -generation aunque en espíritu sentía mucha de su apatía. Tengo pruebas de que aún estaba enamorado de mademoiselle Winnona Rider en esos días.

[En 2001] bostecé un poco con el libro de Würtzel pero me gustó Christina Ricci.

Dicen en la película que la depresión viene poco a poco y de repente. Y lo mismo pasa con la curación que nos explota un día en la cara y, superado el mal trago, nos hacemos auto-biógrafos de nuestro dolor.

[Sed non] El libro que nos habla de la Historia Clínica de Aby Warburg, el célebre historiador del arte, se titula "la curación infinita".  No sé que sentido tiene el "de repente" en una duración infinita.

En cualquier caso decir que algo - la depresión, por ejemplo - viene poco a poco y, luego, de repente, es muy poco decir. No puede centrarse la tesis de la experiencia en ese axioma, por muy tomado que esté de Hemingway,  porque no marca rasgo diferencial alguno. Todo funciona más o menos así en la vida. Pasamos de repente del tedio y la lentitud al espanto. La tortura china también sigue el mismo proceso: gota a gota cae el agua sobre la cabeza hasta que el fluir intermitente te trepana el cerebro.  ¿Y en enamoramiento? ¿Y el tsunami? ¿Y el trabajo creativo,  la inspiración que debe sorprendernos trabajando?

 De repente se muere la gente incluso aunque vivieran poco a poco.

Te enamoras de repente en un bar y una extraña corriente eléctrica que atraviesa la espalada anunciándote los mil cambios físiológicos

....  y la quiebra llega de repente

y me aburre de repente escribir.

Poco a poco me lo he ido ganando.

Se salva la voz de Jessy Norman ( Je te veux, Erik Satie)
que por casualidad sonaba en mi reproductor de cd.




 Bicéfala Nación, 19 de abril de 2011

jueves, 17 de abril de 2014

EL PASADO (o los efectos de una negatividad sobredimensionada)




 "El espíritu es lento porque se demora en lo negativo y lo demora para sí. El sistema de la transparencia suprime toda negatividad a fin de acelerarse. El hecho de demorarse en lo negativo abandona la carrera loca en lo positivo"                                                          (Byung-Chul Han: La sociedad de la transparencia).
   
¿Hasta cuando demorarse sin hundirse en la deflación de lo real?


  Veo « El pasado »(Le passé, 2013), película francesa con guión y dirección de Asghar Farhadi. El relato nos presenta a Ahmad, un hombre iraní que regresa a París para firmar los papeles de su divorcio. Allí descubre la tensa situación en la que viven su ex-mujer (Marie), la hija adolescente de ésta (Lucie), su actual pareja (Samir) y otros dos niños que habitan en una destartalada casa de las afueras de París. La mujer de Samir está en coma en hospital, tras un intento de suicidio cuyas razones trufan el final de la película.  Nadie se aguanta y el amor, posible protagonista de la historia,  está envenenado o envenena la vida. Ahmad intenta introducir un poco de « talante » comunicativo pero no hace más que sacar más focos de tensión (incluidos los suyos) que no conducen a nada. La negatividad campa a sus anchas y las fuerzas dramáticas invaden toda la pantalla.  El argumento ahoga la historia en su propia desazón porque nadie se salva del tormento. Los niños parecen víctimas de las locuras de los adultos pero, en su justa medida, no ocultan las pequeñas crueldades. O la crueldad sistémica se manifiesta también a través de ellos.

A la hora y media de película, me dije que iba a ser muy difícil que el guionista encontrara una salida de este infierno. ¿Cómo romper la sensación claustrofóbica y la angustia? El guionista-director sabe que debe girar la historia en algún punto.  La película exigía romper la inflamación trágica de lo negativo, el trabajo de lo lento. Hay un totalitarismo de las sombras y la opacidad nos ahoga. ¿Qué pasa en la película? Para liberarnos del dolor que está a punto de despertarse tedio (el horror del tedio frente al horror),  el guionista  transfiere  la sensación de "culpa"  -  la responsabilidad por el suicidio de la mujer del amante de Marie-  a una joven empleada de la tintorería de Samir que no había tenido mayor relevancia en el relato. Un auténtico deus ex machina o un remedo de la expulsión neotestamentaria de los demonios en la piara de cerdos. Pero esto es solo un alivio temporal porque la historia nos habían mostrado el lento trabajo de las sombras de un modo apabullante. En el fondo, que un cordero pascual se lleve una porción de angustia solo es un anuncio de que la película (o el culto ritual) debe acabar y que toca la hora de salir a la calle. En la sala, sospecho que no va a ver solución ni arreglo. 

Imposible ya evitar que la cámara cierre el obturador y diga « fin » en un momento cualquiera, sin culminar la historia ni moralizarla. Porque yo creo que « El pasado » no quiere ser un reportaje nihilista sobre el dolor de las relaciones humanas sino un cuento moral, un poco en la línea del A puerta Cerrada de Sartre. Pero el cuento moral no aparece y el guionista nos saca de la historia a través del olvido narrativo del micromundo que habíamos sufrido en las dos horas del película. La casa destartalada de Marie se abandona y acabamos en otro sitio. Centrados en Samir, personaje que crece en el último cuarto de la película, a los otros personajes los deja en su dolor « al otro lado del río », desfigurados. No hay fin. Ni el amor ni la comunicación triunfan en la última escena aunque "lo parezca".

El sobredramatismo que refleja la película impide que la tragedia narrada nos emocione de veras. Sin embargo, en nuestras vidas, ese sobredramatismo que imposibilita  el objeto artístico se muestra sin ningún tipo de rubor. Las tragedias se encabalgan unas sobre otras y el Sistema de Reparto de la Buena o la Mala Estrella puede insistir en la avalancha de golpes sin término sobre un único individuo o grupo. Unos pocos reciben demasiado y la miseria llama a las futuras desgracias. Por eso, es ya lugar común afirmar que el arte no debe (o puede) imitar a la vida. No. El arte es escenario, ficción, representación de máscaras y caricaturas. Lo otro de la vida  para oxigenarla de orden y belleza.

Pero hay otra reflexión  que me ha sugerido la película. Si en el mundo del arte demasiada verdad rompe la verosimilitud, en el orden de la moral y la apertura fraterna al otro, la acumulación de desgracias cancela la empatía. Por eso quizás decimos que  el pobre es pobre pero honrado, como si la imagen del desgraciado cabrón nos trastornara el sentido ético. Tanto en la narración artística como en la apertura moral,  debe existir algún tipo de forma que dé proporción, un límite que trasparente el consejo y la idea,  unas fronteras que nos permitan centrarnos en unos puntos que anuncien espacio de salvación. Por eso, si toda narración o ficción artística es un falseamiento de la vida porque no admite la sobredramatización, la respuesta moral exige también un ajustamiento, un simulacro que alise los infinitos pliegues del dolor, y nos permita que el otro se positivice, se coloque a la mano de nuestra solidaridad. Ni la obra de arte ni la respuesta ética no pueden ser indefinidamente lentas (en el sentido de la cita y la reflexión de Han). Cuando empatizo,  mantengo una distancia de objetivación o positivación  que me ayuda a que pueda prestar mi brazo, lanzar una señal de apoyo sin que el vórtice del horror me atrape. En ese horror por ser engullido, la moral se apaga. Nace la teología. Quizás el terrorismo.


La película nos dice – sin que saque más consecuencias narrativas de la tesis - que el pasado es el telón de fondo sobre el que se construyen todos los dramas. Y, por eso, lo mejor es mirar hacia el futuro sin lastre. Pero eso que se nos dice no lo vemos en la película sino, quizás, fuera de ella, en sus márgenes no narrados. ¿Cómo podemos evaluar ese peso del pasado para saber si es preciso cerrar ya  las puertas? Porque la comunicación como instrumento de resolución de tragedias queda en entredicho. Sabemos, eso sí, que hay veces en que romper con todo, partir los nudos, abandonar por la puerta trasera como aquellos que salían de Sodoma, es la alternativa más sensata. No todo lo puede el diálogo ni el amor. Pero la película no pone en liza al amor frente al olvido y la escapada. No subraya la inseguridad positiva  que hará que nunca sepamos si merece la pena seguir con la comunicación como planteaba el personaje de Ahmad, si cabe el amor un poco más rato, pero que aún así lo contrario es la muerte.

  La película nos saca de la historia... como esperando una secuela que.... ¿tendré interés en ver ?

martes, 15 de abril de 2014

Cosas que debieron hacerse en Denver sin necesidad de llegar a estar muerto (2)




   Creía, nada menos, que su oficio era el de prescribir unos lentes correctores para las almas terrestres, ya que muchas de ellas estaban perdidas y afligidas porque, pensaba Billy, no tenían una visión de las cosas como la de sus pequeños amigos verdes de Tralfamadore.
(Matadero Cinco; Kurt Vonnegut).




   Enseñar a mirar con los ojos de mis amigos verdes. No sé si era esa mi vocación cuando, como decía ayer, en abril de 2009 me proponía la tarea de « hacer una voz. Oír la voz que hago. Oír voces ».  Lo que sí que es cierto es que en aquellos días me encontraba en una fase muy expansiva, en un momento guerra-relámpago. Además,  la propia dinámica vital me empujaría meses después por los senderos del entusiasmo, alucinación que se fue quebrando, de manera más o menos dramática,  con el devenir de las decepciones pero que, no lo duden, jamás me hicieron perder la fe en la escritura. 

  En el mes de junio de 2009 creo que adelgacé, de golpe, más de diez kilos en un clima de entusiasmo sin parangón. Este acontecimiento llevó a algunos a preguntarse por mi salud y a otros a alabar mi nuevo aire juvenil. La escritura, además de la vida, estaba en los alrededores del terremoto que provocó ese síntoma, mordiente físico que levantaba acta del momento, del deseo de ir descubriendo los matices de la voz bicéfala.

Hoy sé que, aunque uno escriba en un medio tan abierto al mundo como es el blog, las probabilidades reales de ser leído son mínimas. ¿Cuántas personas llegarán hasta este punto  del texto ? Puede que nadie. Curiosamente, la privacidad o, mejor, el secreto, está protegido en este medio de la transparencia. Por eso, el éxito o el fracaso de la voz bicéfala es asunto históricamente irrelevante. ¿Tiene mucho sentido, mérito e ímpetu proselitista o martirológico decir que la voz con la que ensayaba en aquellos días trataba de aplicar un doble movimiento de encantamiento y destrucción lógica a sus objetos ? ¿Que la Bicéfala,  a través de un análisis de la conciencia alterada por una mirada oblicua, me llevaba a  descreer de todo lo que previamente yo mismo « romantizaba » ? ¿Y que me entusiasmaba emocionalmente con esa demolición de las ilusiones de la que yo era amante rendido? No, no hay demasiado sentido en el decir estas cosas porque no hay lector que lo afirme y lo medite. Y sin lector, la escritura es …. ¿qué es ? ¿Oración a Dios? No hay nadie... ni, quizás, vocación de guía por mi parte. Pero eso no importa. Mi mundo se irá como lágrimas en la lluvia.... (etcétera)

A partir de abril de 2009, brotaron voces, aparecieron gatos y princesas berlinesas con sombreritos azules, motines en el mundo de las orquídeas, cuadros con los lienzos desgarrados y oquedades. Hay muchas voces por ahí que hacen que uno viaje, como es mi caso, sin abandonar la silla. Y en ese viaje, aunque  se deje uno la piel y la sangre en las marchas forzadas, en las huidas y el empecinamiento por llegar a la Tierra que no existe nada más que en los mapas, aunque suceda esto y más, el cuerpo se divierte y altera, sale un poco de casa. Se da una vuelta.


Por todo esto,  si hoy tuviera que escribir algo parecido a lo que anoté en aquel abril de 2009, apuntaría las mismas cosas creyendo un poquito menos en ellas.  El método se ha enfriado o la voz ha reconocido que había algo de muerte en su esencia. Debe dejar la voz  paso a otras miradas...  Ríe la tortuga. Ríe.

lunes, 14 de abril de 2014

Cosas que debieron de hacerse en Denver sin necesidad de llegar a estar muerto





 El 14 de abril de 2009 estaba yo en este mismo blog (aunque  en otro sitio) y  decía:


COSAS QUE HACER



1.- Hacer mi autobiografía.

2.- Hacer una voz. Oír la voz que hago. Oír voces.

3.- Hacer violencia a las cosas --- según dicen, la única posibilidad de hacer filosofía.

4.- Hacer (-me) una colonoscopia.

5.- Hacer que la ternura de las cosas no se vea flagelada por la violencia de la filosofía (y la colonoscopia). Salvo si la ternura de las cosas cede a la voluptuosidad y olvida la inteligencia. En este caso,

6.-¡ Haced de mi un tipo duro!.

7.- Hacer de danzante y cantor para entonar himnos y nanas que saquen a Bicéfala de su hueco óntico.

8.- Hacer un blog (éste). Hacer una escritura (ésta).

9.- Hacer lo que debo sin morir antes de hacer lo que no debo(en Denver).


10.- Hacer que la Semana sólo autorice dos días de hundimiento, caída y pústula.


Hoy creo que han pasado muchos días desde aquel 14 de abril de 2009. Soy cinco años más viejo y el recorrido por este lustro creo que me ha permitido vivir muchos estados del alma y habitar en moradas de muy diversa condición. En cierto sentido, desde los años de la adolescencia no me quebraba y remendaba con tal contundencia. Es posible que algo parecido les haya sucedido a muchos de mi edad aunque ser "un caso" no es asunto que me importe para bien o para mal.  Hoy, si la poca distancia no me engaña, no solo soy cuantitativamente mayor; soy otro en eso que llaman el orden de lo cualitativo. Tengo alguna propiedad nueva, no necesariamente mejor. No significa que no me reconozca en mi o que me sienta más sabio porque no se da ni lo uno ni lo otro. Soy aquel, sí, pero con algunas protuberancias y oquedades añadidas, con fisuras en el yo que, sin duda, conforman mi estructura trascendental, mi modo de ver, mi perspectiva o circunstancia.

  Supongo que en el mes de abril de 2009 yo no sospechaba  los diversos parajes que la vida me tenía destinados pero, leyendo hoy estas notas, percibo en ellas un cierto elemento profético. Si en concreto, en el dato positivo,  no podía yo imaginar el porvenir, en mi estaba ya construyéndose la plataforma de emplazamiento para que se hiciera real esa experiencia de futuro. El asunto tiene algo de fascinante y solo lamento que la comprensión exacta de lo que quiero decir se vea obstaculizada por el carácter personal e íntimo de muchas de las aventuras que ilustrarían los hechos acaecidos en estos cinco años (razón por la cual, en buena ley, deben permanecer semienterrados, sabiendo que además afectan a otros). Y luego está el amor extravagante de la voz bicéfala por la ininteligibilidad o lo críptico, tendencia que por amor a esa voz no voy ahora a traicionar

Quiero celebrar los cinco años de esta lista y hacer homenaje a todo lo sucedido en el periodo, sabiendo que mucho de lo que fue el caso puede entrar (y sigue entrando) en la categoría de lo trágico, de lo no ejemplar ni memorable.  Entre lo bello hay sitio para lo patético y lo rematadamente estúpido y malvado. Pero no vamos a renunciar a lo bello por  una tontería. Y, además, seguramente lo que a mi me parece grandes proezas del alma - acaecidas casi sin salir de casa - seguro que todos las pueden encontrar en su entorno. Porque si algo he aprendido en estos cinco años es que todo el mundo tiene un universo en el interior de su cráneo y que ese cosmos, incluso en el más insignificante de los humanos, merece narración y provoca, en su ingesta, estados alterados de conciencia. Los desgarros me han hecho menos soberbio y a los demás los ha convertido en tarados fraternos.

  El 14 de abril de 2009 creo que estaba entrando en la poética y, sinceramente, estaba yo en el punto adecuado para buscar mi voz, la voz, las voces (como señalo en el punto 2). No en vano, en el año 2009 escribí más que nunca en este sitio-blog (193 entradas) y pude disfrutar de, al menos, la ilusión de encontrar una voz narrativa y conocerla in nuce, en sus momentos de desvelamiento. Esa experiencia es recomendable para todos aunque, como sucede en mi caso, no se tenga valor ni fuerza suficientes para mantener el pulso.

 Y en los días que me llevarán a lo largo de esta semana santa, voy a comentar algunas de las cosas que decía yo en esta lista de dos mil nueve, dejando declarado por delante que la idea de "hacer un blog(este)", como apunto en el punto octavo, no es ya inquietud que me embargue. Finalmente, estuvimos en Denver y ahora sabemos que no estábamos muertos....

    Salud y república

jueves, 10 de abril de 2014

Despiste empático

 Hay una ventana que oculta, bajo la forma de la visibilidad, a una mujer joven montada en una bicicleta estática. Quiero y puedo hacerme una composición de lugar. A veces la vida interior de los otros, contra toda evidencia y zancadilleando a la tradición filosófica, se me muestra más nítida que mi propia intimidad. El caso, para no perdernos, es que la joven pedalea con fuerza e intenta recorrer la ruta que conduce a un horizonte verdaderamente extraño definido por el cronómetro incorporado en el artefacto o la reacción de su mente ante el esfuerzo del cuerpo. Si el corazón se siente como entidad extraña a punto de reventar, la joven dejará para otro día el camino emprendido. No es cuestión de morir para no ir a ningún sitio. O, no niego la posibilidad, la mujer luchará contra el sudor y contra el palpitar encabritado de su corazón evidentemente enamorado y llegará a la marca del reloj, la media hora pongamos. En el trayecto, como todos, ella pensará en esas palabras llenas de connotaciones que ha oído a su compañera de trabajo. Arco iris de sentidos, insinuaciones, maledicencia, sospechas infundadas acerca la doble vida que, desde hace un año, la ciclista compagina con la simplicidad del quehacer. Como en el exterior, de manera un tanto sorpresiva, ha empezado a llover, el ruido del agua distraerá la concentración, despistará a la deportista que pondrá fin al ejercicio. Una ducha. Una cerveza y la mirada fija en la televisión que vomita un concurso en el que hay que adivinar palabras a partir de la inicial y la definición. Un penúltimo recuerdo para el corazón enamorado de aquél que habita ahora en otra  ensoñación, quizás la misma,  sincronizados en la más profunda empatía.

Despistes

 Estoy en la biblioteca pública. La mayor parte de la gente es muy joven y estudia. No sé muy bien si se percatan de que hay un hombre mayor mirando y leyendo y especulando enlaces causales.

 Una pareja se besa en la mesa de al lado.

Un poco más allá un chico y una chica comen un bocadillo que se me antoja demasiado grande para las dimensiones convencionales del pan en esta zona.

El caso es que atiendo al universo con los ojos fríos y creo que eso es bueno. Pienso en lágrimas pero consigo convertirlas en gotas de vidrio en cuyo interior se proyectan historias, las más antiguas historias de la humanidad.

 El pelo de una joven encuadra la geometría de un rostro que lee y sonríe --- como si la física de primero fuese divertida.

 Me siento el ser más cansado en todo este relato y la vida sigue teniendo un componente de encanto.

La inteligencia tiene en mi un siervo.

No soy capaz de ubicarme en la rosa de los vientos

(Despistes, 9 de abril de 2014, circa 19:45 horas).



lunes, 24 de marzo de 2014

Serendipity (avec moi). La fuerza del carácter y el camino del ridículo patetismo


 Cindy Sherman/ Untitled #66 1980

- I - 


   ¿Quién dijo que era obligatorio vivir en una tierra (...) aún no arrasada por la guerra y la peste, o sujetar el dintel de la puerta a las leyes de la buena arquitectura,  obligatorio y sujeto como lo es la erosión de la piedra bajo la cascada, grano a grano el mineral deslizándose por el río hasta formar deltas o estuarios que se mantienen dignos en su insularidad hasta la siguiente crecida, vapuleados por la marea que dura lo que marca la fase lunar, la menstruación cósmica, el calendario imposible de tallar en piedra para el hombre y su matemática?


- II -


¿Quién aseguró la permanencia del amor y el cariño y la amistad y el odio y el deseo y las ganas de acariciar o de morder como un perro hasta la primera sangre, marca roja en la camisa de los duelistas o los amantes? ¿Iba a durar eternamente el cuidado del otro? ¿Quién dijo que era obligatorio vivir cuando solo morir y sufrir se garantizan con firma de diablo y visto bueno divino?


- III -

Por qué la fidelidad de Job a una senda que muere en lo precario

esos malditos deberes que harían reír a un niño y a un mono, 

si gana la infinita arbitrariedad

                            el arriba se cae en el abajo, 

                            el agua empapa la tierra, 

                                                              el sol quema la piel del que goza



*                                                                                                           ****



¿Quién me fuerza a la escritura y pretende que su poder es tan grande que impide el acto por el cual mi letra teclea el último punto .... (y fin)
.

... y por qué debía ser lo dado (bajo la forma de punto) el fin de la frase y no su inicio persistente como mi dolor de cuello, mi dolor y mi gozo, imposibles mezclarlos porque es imperioso el primero y domina incluso en el amor como puñalada de lo imposible, lo improbable, lo impropio, lo indebido e inmerecido, lo que no se dará y no debe, lo que no va ni fue ni irá pudiendo ser o haber sido en el marco de la gloria merecida y ya debida, probabilidad de beso que se ejecuta en las afueras de la traición y la puñalada, lo propio, precario, innecesario....mi entrega al azul Sherman?


NOTA: Mi entrega al azul se resquebraja en el primer movimiento de una danza. Limpio mis poluciones en colores más lejanos... mientras,  juro fidelidad a la jovencita de Sherman, llegada desde décadas ya muertas, necesariamente irrepetibles, cruzadas por mil varas y flechas, definidas en nombres superpuestos en un concurso regional de traslados en los que la precariedad juega a la ilusión y la decepción, en el azul, el azul que dura solo si no se encadena al tiempo ni al deseo ni al precio ni a la vida ni a la escritura ni al amor... quizás solo enganchado a la muerte ...

CUESTIÓN: ¿Quién dijo que era obligatorio vivir y escribir cuando ya no es posible que quite la ropa a la joven azul de Sherman? ¿Qué estupideces malgastaron mi tiempo en 1980 impidiéndome llegar hasta los brazos de ella?
(...)
La Bicéfala, 24 de marzo de 2010

sábado, 22 de marzo de 2014

Dream of spirit: A disappointment is a blessing in disguise

Jaume Plensa


 De adolescente leí un libro que me enseñó a

salir del cuerpo
colocarme en una esquina de la habitación
observar el paisaje de mi presencia de un modo muy similar a como hacen los muertos. 

Los muertos  contemplan  su reciente ausencia embargados por una mezcla irrepetible de sosiego y ansiedad.  Los viajeros del alma, por el contrario, disfrutábamos del amor spinoziano, la mirada limpia, la curiosidad del forense enamorado de la anatomía.

 El texto me aconsejaba ser muy cuidadoso con el hilo de plata que me unía al cuerpo y sus quehaceres. Si, por descuido,  se tazaba la senda argéntea, yo perdería la posibilidad de contemplarme, la autoconciencia quedaría huérfana, como un ovoide que confunde la casa con la estratosfera por una sobredosis de helio y, al llegar al más arriba, revienta. Me convertiría en zombi. Sería uno más. Otro mono degradado.

 Creo que se me rompió el hilo de plata. Noté un punto rojo de sangre cósmica en el ombligo que no supe interpretar. Luego un moratón en la cadera, un presencia del corazón mal hilvanado, una presión en el pecho y un tic en el párpado. He intentado regenerar el delicado amarre pero parece que no hay posibilidades.  Regresé a  aquel libro de mi niñez y, al tratar de repetir sus ejercicios espirituales, noté el gran hueco. No me decían nada sus palabras. No había palpitación. En mi corazón podía oler el desgarro, ver el lienzo rasgado por la uña. Un extremo del hilo roto se replegó en mi osamenta; el otro agarró la conciencia que se fugaba hacia el anonimato y se convirtió en estela.

Me vi como un perro con una gran herida abierta a la altura del muslo.

Ciego y apedreado, podía diferenciar un billón de olores.

Extraña habilidad que no me tentó.

No veía la bendición así que la maldije.

Me taponaron el morro con mentol por desagradecido.

No sería nada ni nadie.

Todo lo que pensara o escribiera sería cita, ventriloquia de la especie, eco de erudición senil.

Podría decir y llenar el aire de sílabas. Pero sin gozo. Dejando el honor en casa de otros.


sábado, 15 de marzo de 2014

Phineas Gage´s performance




Comienza la lectura de este texto sabiendo que lo que en él se plantea te exigirá  volver a leer  - no sabemos cuántas veces - lo que ahora se te presenta. Tú única y última certeza al entrar en este espacio es que lo que en el presente estás haciendo es solo una simulación de lo que de verdad debe ser el caso.

 Te ordena el texto que, poco a poco,  rompas la velocidad habitual de lectura hasta llegar a la paralización en las últimas sílabas. Ese es el imperativo al que tú te sometes de modo voluntario. Si lo consideras oportuno imagina al Diablo riéndose en un rincón del chiste de tu sometimiento. Pero aquí acaba la última oportunidad de la risa.

 Imagina con un poco más de detalle la acción. De un modo lento y progresivo,  tu mente contemplará su propia implosión porque, al final del tiempo otorgado para la lectura de este escrito,  deberás perder la capacidad de descifrar las letras. Todo se volverá ininteligible. La lentitud te enredará en la fonación mental de cada palabra, en el seguimiento de  la línea de cada signo. Las pausas que se hacen eternas.  Debes prepararte para el balbuceo mental .  Examina la extensión del texto. Prevé los ritmos del cese.

¿Crees que lo conseguirás? ¿Te falta valor y sabiduría?

 Acomoda tu culo en la silla. Mira el retrato de Phineas  Gage. ¿Ves la barra de metal que sostiene? Esa barra le atravesó el cráneo. Un accidente. No murió. La barra le reventó el lóbulo frontal pero no murió. Le dejó ese ojo en ausencia. Volvió a la vida en forma de milagro. Pero Phineas no era el mismo. Básicamente se convirtió en una cabrón sin moral que, además,  era incapaz de no destrozar  sus proyectos. Siempre encontraba la acción que no le convenía. La elegía. Pequeños movimientos que derriban el castillo de naipes.

 Siéntate e intenta pensar en una barra de hierro atravesando tu cráneo. Nota el crujido del hueso o la sorpresa de un golpe contundente.  Usa tus recuerdos. Una vez que sientas el peso del hierro en la línea que une tu ojo y la parte posterior del cráneo, deja reposar el metal. Siente su veneno sabiendo que no te mata. Gana tu vida. Poco a poco, reposado ya en la nueva sensación, nota como se disuelven los preceptos morales y todas las bellas intuiciones. No hay nada que violente el caos de tus ideas, nada cortocircuita el análisis racional . Por vez primera, tus ideas fluyen sin cortapisas emocionales.

Despierta. ¿Ya has olvidado que la lectura debe caer, por lentitud, en las ininteligibilidad? ¿Has dejado que se borrara el objetivo de la acción? La perspectiva de ser Phineas Gage, de ser o vivir su desgraciada vida, te ha hecho perder el norte. Retorna.  Con el cráneo atravesado por el metal, frena la lectura, mira los trazos de las letras, haz ecos con los sonidos. No te conformes con la idea de que en la próxima lectura lo harás mejor. No lo dejes  para mañana. Mejor ahora. Mejor sentir la quiebra ahora. Mejor  el estallido de tu cráneo aplastado por la barra de hierro disparada ahora. Siente la fuerza del vacío. Siente que no te importa que nada signifique nada. Mira el lento fluir de las letras cayendo por el hueco abierto en tu cabeza. Di: Vuelvo, leo, reitero, soy Phineas, Phineas Gage. Vuelvo, leo, reitero, soy Phineas, Phineas Gage. Soy, es,

miércoles, 12 de marzo de 2014

el camino de la perdiz

Valley of Fire (Nevada)


debemos imaginarnos un inicio de relato en cinemascope, ancho paisaje forzado un poco por el artefacto de la mirada y el desgaste de las ruedas que derrapan, iconografía del oeste americano, anchas estepas rusas en primavera, carreteras lineales devoradas por el deseo de ser recorridas en el estado de Nevada o en los Monegros, caminos polvorientos a punto de desvanecerse, sendas derretidas que avanzan hacia la lejanía de algo que se dice horizonte


el Desierto y la Ternura como personajes de un auto sacramental

domingo, 9 de marzo de 2014

y la piel desea el otro lado (viaje narcótico)



sin género narrativo ni viaje

la pena penita pena 

el movimiento procaz del sarcasmo o la ironía

show me


****


Extrañeza (se) desplaza en expectativas y narcóticos paseos,
encuentros y conversaciones frustradas. 

El otro no aparece. Cambian las fases lunares y solo mi sombra me sigue mudita. El otro tiene que estar en el otro lado, a punto de tomar un vuelo transoceánico o de cruzar en piragua un río tropical. Tiene en el ahora mismo una entrada en la mano. Nerviosa se acerca a las salas que revelan el genio de Botticelli en Florencia.

Tocar mi piel y la piel de mi piel me hace sentir el temblor del mundo


Nota: ¿debemos renunciar al gimoteo, a las pulsaciones del yo y su caterva de emociones, naderías, semillas de rencor, ansias y cristales de la decepción y la frustración? ¿O nos dejamos hundir en ellos, como si fuese un mar interno, tan poco dado el océano subjetivo a la mayúscula, ni con vocación de universo y concepto, solo salvados por la voluntad de estilo en el contar, narratividad sin horizonte?



La bicéfala, 2011(8 de marzo)

sábado, 1 de marzo de 2014

Deseando amar (In the Mood for Love --- Fa yeung nin wa ) La magnificencia de los años pasa como las flores




No hay conversación en la película. No se rompen las fronteras de la enorme distancia que separa una puerta de su vecina. Un ladrillo tabiquero es el espacio de los años luz. A cada lado, espalda contra espalda, los protagonistas son signos de un deseo humillado por algún otro deseo más sombrío. Nadie se suelta la soga del cuello como si todos quisieran morir ahorcados para mayor gloria de algún dios.

 Las palabras se sienten arrinconadas por los gestos y su lentitud en idéntica medida a como lo hace el deseo de bajar la cremallera del vestido.  No hablar: el inquietante precio de la estética. O, de otro modo,  subir y bajar la cremallera a distancia quemándose en el hielo hierático del movimiento de las caderas. Se  asciende y desciende por unas escaleras en las que intentamos girar levemente la cabeza para ver la belleza de aquel con el que nos encontramos. Tan extremado el disimulo que nunca apartamos la vista del frente. El vestido nunca cae al suelo; se ve siempre ajustado al estilizado cuerpo.  Palabras arrinconadas





 Pero, ¿quién soy yo, cuáles son mis credenciales,  para cuestionar la historia de un amor que no se consuma sin que por ello deje de devorar a sus protagonistas? ¿No es el amor consumado una contradictio in adjecto? En la distancia del que mira,  aunque en el fondo yo también esté a mis cosas,  constato que se abre el hueco de la posibilidad de acceso que titula el deseo. Se abre así la película y con ella un hueco para el amor entre puertas de vecindad, calles y escaleras. Sin embargo, en ese hueco se derrumban la rigidez de las formas, las voces como coro censor  y los  trajes femeninos tan estilizados que parecen corazas. En alguna escena vimos, bajo la cama, unas viejas zapatillas de esas que se nombran como "de estar por casa". Sin embargo  ganó el rigor de los tacones que machacan los pies de la mujer (por amor a la estética o a la decencia).  Duele el pie que no se ha descalzado y llega el dolor hasta las lágrimas del hombre que descansa sobre los muslos de ella  y  acaricia los tobillos.

 No se elige el momento de amar, dice él bajo la lluvia. Sí se elige convertirse en flor seca en el interior de un tubo de vidrio. Brota el sentimiento de un modo tan lento que podemos dejar el jornal en el local de los tallarines, subiendo y bajando las escaleras,  haciéndose ver por el otro en una danza infinita . No se elige, pero, en un punto, se hace nombrar bravo e inconmensurable el amor, siendo como es, el mismo deseo y toda su fuerza. Sin embargo, elegido o no, el ímpetu es frenado por lo que se desmorona: la rigidez, las voces. Todo podría haber sido distinto si....

Mientras tanto - todo pasa mientras tanto -  nosotros vemos cómo los protagonistas ensayan  las escenas de los otros, el perverso  juego de la contención y del simulacro,  la falsa rectitud moral ("haremos como que somos ellos pero nosotros somos distintos"). No puede cobrar cuerpo la dramaturgia. Pervierten el arte en su represión, se castigan el pecado de los otros. No follan es expresión demasiado simple porque en nel fondo da igual si el director nos ha querido evitar la escena.  Mejor decir que se muestra una violencia en la que los dos amantes golpean con la olla de los tallarines el sentimiento hasta dejar su rostro irreconocible.

No hay éxtasis, ni risa. Nunca se sonrojan de veras y con ganas.  Hay inmolación en la decencia que, cuando pasa el tiempo de la historia, nos parece la mala de la película. La decencia: subir y bajar las escaleras mientras suena,  repetitivamente,  la misma música, ya seria, ya en ironía doliente (Nat King Cole: quizás, quizás, quizás)




Podría alguien decir:

     ¿Sabes una cosa? Tú y yo nunca viajaremos a Angkor Wat.  Ni tú ni yo recorreremos las calles de la vieja ciudad  de los dioses. No podemos hacer planes y la magnificencia de los años pasará como las flores. Contaré el secreto a un árbol de piedra y taparé con barro la pequeña cueva en la que hacen ecos esas palabras que no son posibles, que nunca han sido posible, porque se han visto arrinconadas por la lentitud de los gestos, por las escaleras que se suben y se bajan.  Pero cabía otra respuesta, lo sabemos. Aunque nunca podamos  viajar Angkor Wat cabe romper el tabique, despedir a la decencia, abrir una herida de luz, conversar.


   


Todas las imágenes de la película   Fa yeung nin wa Deseando amar, (Wong Kar-wai, 2000)

BUENOS CONSEJOS (fábula). Este cerdito es ya carne y manteca

  Tiresias you teach us what it means to hold your own (Kate Tempest: Mantente firme ) Lejos del país del verano rumia el ce...