jueves, 5 de enero de 2012

Drop Out (1)


Naomi Fisher: Untitled(2007)

Dropout, she´s in a fix
Amphetamine has made her sick
White powder in the air
She´s got no bones and can´t be scared
(Lou Reed: Chelsea Girls)

 Abandono la playa y la línea curva humedecida. Me exilio voluntarioso hacia el adentro de la isla de L con sana vocación aventurera y científica metodología. Sin embargo, una estúpida metáfora me lleva a republicar(sic!!) el texto y forzar la máquina de la temporalidad escribiente: borrado y corrección. Insinuaba L ayer en este texto  que  el pliegue de tierra que moja el mar es vagina lubricada por las aguas saladas que eyacula el horizonte. Esto, más o menos decía o daba a entender.  El caso es que, en el inicio, imposta L la voz ajustándola al pliegue vaginal, convirtiendo el adentro en cueva y matriz, feminizando la isla, cerrándola aún más, por labios de arena que nunca son vencidos por la marea. Así que pienso, durante todo el día, en la imagen de la playa,  imposibilitando el érase una vez, demorando el relato de L aunque ya estuviera escrito, quebrado en la tontería el simulacro de una narración. La voz, en los primeros pasos de este episodio, medita sobre lo que significa que una metáfora sea idiota. Lo metanarrativo cierra el paso, como si la conjunción de estilos y modos - poema, meditación, relato, disección.... - fuera quimera, los niveles narrativos hicieran luz de gas o se echaran zancadillas y tramaran entre sí como en un realitishow en el que los concursantes se lían para jorobar al contrario. SE rompe la línea, se curva y, en el primer paso, se ramifica en la hermosa selva de fractales que nos espera.

Concluyamos el primer paso: L abandona la playa porque no  cabe construir una cabaña con tejado de tristeza en este paraje.

 Dejo la costa como el niño que  humilla  sus pasos a la línea recta, sin conciencia de su ceguera transitoria o mortal, impotente en sus trece años para girar a la derecha y entrar a través de la puerta metálica (arbeit mach frei se lee en en el frontis) de la escuela. Una fuerza negra niega entre carcajadas de autos de choque el ascensor social de la educación secundaria obligatoria. Nada las olas pueden ya enseñarme, piensa/pienso, y camino recto hacia los pantano selváticos. Entre fractales arbóreos, como un tarzán, me convierto en Jane y hago equilibrios alquímicos muy cerca del foso de los grandes simios. El parterre de los monos es el lugar más feo del zoo. Las ramas se cruzan en redes complejísimas y como de laberinto por encima y por debajo de los simios. Las palabras circuncidan lo feo y luego orbitan en  torno a lo desvelado.

 Siento yo (y el niño que abandona o la Jane marginada de las luchas de su chulo) que en cualquier momento la poca humanidad que me queda se derramará, diseminada como el polen o las palabras de los grandes filósofos, en la protoanimalidad de las bacterias. Cae derramada la civilización en mi alma bacteriana. Soy bacteria en la selva seca por la que camino. Me digo:

Nacimos para devorar el tejido que nos soporta.

Por lo demás estoy en uno de esos días buenos caminando entre las ramas. Recorro la isla ciego de luz y sombra. Aún puedo mantener una posición de erecta responsabilidad, máscara de la fantasía bacteriana,  posando los pies en la red rígida que forman las ramas del bosque que sobrevuela los pantanos. Soy equilibrista, artista de circo que bandea sus acrobacias a la altura de la red, imposible el más arriba de los trapecios, la dimensión angélica. He perdido las alas y no hay quien vuele en estas condiciones atmosféricas. Sin embargo, arriba las ramas son tan iguales a las de abajo que no sé si el fondo está en lo alto o en lo bajo. Me mareo porque habito en el medio. Quizás esté saltando entre el follaje con algo parecido a una mano-pie simiesca. Sin norte.

 Pero no minimicemos el riesgo. La red no es el final. Hay un más abajo aunque uno se mueva embrollado entre el correaje de la selva. Hay algo de irreversible en mi movimiento, como si fuera partícula de una ley física. Puedo caerme mientras parece que asciendo. Caigo -----  y buscando el tejado de la tristeza, exigencia de mi abandono insular,  tal vez encuentre unos gramos de felicidad.  Arriba  o  abajo, sé que mis miembros se dislocarían formando figuras imposibles entre las ramas si osaran quitarme el equilibrio. Me imagino en un volatín inconsciente que me moldea con las articulaciones dislocadas, boca abajo como un san pedro, con la cabellera dentro del pantano y los ojos al nivel del agua espesa, hermanado con los insectos que caminan patilargos por la superficie, viendo a las ratas acercándose a mis ojos con ganas de comerme el humor vítre.

Un asco en la boca del estómago (que compartimos, hermanadas,las  ratas y L), denota un no sé qué de ausencia de huesos.

Todo panteísmo habita en la ausencia de huesos y de miedo(She´s got no bones and can´t be scared)




(Nico: Chelsea Girls; vídeo: A.Warhol:Chelsea Girls)


2 comentarios:

  1. Es sorprendente como, en ocasiones, en los "tejados de la tristeza", mientras caemos, puede hallarse la brizna que nos salva, la delicada palabra que nos asiste, una forma de felicidad nada desdeñable.
    Mientras nombremos, cabe la esperanza.
    Un abrazo, L.

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  2. ¡ay mísero de mi! ¡Ay infelice! Debe L conformarse con briznas y palabras delicadas... la masa amorfa de lo que L ha llegado a ser se formalizará no con arquitecturas platónicas sino con suspiros de amores fantaseados, el viento en la cara al caminar por el bosque, el brillo de los vasos. Platón negaba sitio en el mundo de las ideas a todas esas cosas. Se con-forma L con un vago proyecto de encontrar el tejado de la tristeza y con el aleteo del ser y del no ser.

    Gracias por el comentario, Isabel.

    Un abrazo bicéfalo.

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