lunes, 9 de enero de 2012

Drop Out (3)

Naomi Fisher: The Brave Keep Undefiled A Wisdom of Their Own(2009)

   Boca abajo y crucificado, L observa, tras un velo de sangre y legañas,  a Jane y al muchacho. Crean hogar en medio del bosque y a salvo de los pantanos que rodean al grupo. Se oye el suspiro de un río que no ha sido aún vencido por las raíces. A su vera están ellos con amplio afán arquitectónico, hermosos fantasmas jugando a los poemas. Pasan de L como de comer mierda aunque sepan que están aquí para cuidarlo.Los espectros hacen como que no lo ven. Esta actitud de la mujer y el niño le permite a L ser un voyeur del acontecimiento: ellos crean un primer campamento, una futura Roma, y él podrá decir que allí estaba, sin pena ni gloria, mirando los movimientos de los otros, saboreando sus propias flemas sanguinolentas. A L le encantan estos masoquismos históricos. Ser el opuesto ridículo del alma del mundo entrando a caballo en la selva. L es un masoca sin huesos.

 Logra L desenlazar su cuerpo del correaje vegetal con la ayuda de Newton. Se deja caer imaginando ligeros movimientos que enderezan sus  manos y resbala, al modo babosa,  mientras se despelleja un poco más las piernas. Deserta de su condición  botánica - era hermosa su crucifixión entre las ramas - mostrándose ahora como baya, semilla o capullo que busca la horizontalidad de la  tierra húmeda. Algo brotará en él, tiene la sospecha, pero no podría determinar qué. Recién descendido de la cruz invertida,  toda su atención se centra ahora en controlar el miedo al hundimiento en las arenas movedizas de la  fantasía infantil. Lamenta no tener coleta - como el barón de Munchausen - para escapar de sus pesadillas. El miedo es agua estancada y es miedo al agua estancada.  Por suerte no ha llegado aún el momento de la tierra. Tumbado en un milagroso camastro tejido con lianas y otras comodidades, contempla el cielo y las copas de los árboles emborronadas con líneas dispersas. Acostado sobre un túmulo  floral, es una pantera o leopardo sin osamenta que otea el camino y el poblado de Jane. L es un traje de leopardo inflado con el aire de la vida. Las mallas- guepardo de una chica punk puesta hasta arriba de heroína. Mejor que muerta; a punto de resucitar.

Naomi Fisher: Act Like A Cheetah, How,How? (2009)


Jane y el niño miran la masa de piel y creen que,  descartada la hipótesis del pellejo de vino o la  vejiga desafinada, L debe ser catalogado como lienzo rasgado en varios puntos, inflamado por su afición bacteriana  y necesitado de un bastidor. La idea, dice Jane, es construir un espantapájaros en el interior de L, repasar con hilo quirúrgico las heridas y dejar que el conjunto cuaje como espectro de sí, cyborg o marioneta eslava. Entiéndase la tarea - nos expone Jane . No se trata de dar vida a un artefacto al modo golem o pinocho. No gritaremos, tras el trabajo, que la cosa está viva. Aquí lo que tenemos es un ente biológico, una palpitación precaria que se ha soñado,siempre con mala fortuna, vegetal y bacteria, gusano y vejiga de toro. Debemos dar forma al lienzo con un marco. Vamos a cosear al ente sicoseado. Mimarlo, en definitiva, con un punto de desapego y descaro.

Jane y el niño de trece años han buscado un rápido acomodo en un claro del bosque, construyendo un pequeño poblado. Cerca del agua más clara de la ciénaga han inaugurado una playa fluvial. Frente a la plaza del ensanche aprovecharán un cubículo con techumbre de tallos (nada triste, por cierto) para protegerse de los meteoros. Comen flores y, a  veces, insectos, artrópodos y pequeños mamíferos. Si la antropología nos enseña que no hay desdoro al ofrecer al investigador el tradicional cocido de rata, tampoco lo debe haber si, en esta situación , se consume la carne cruda del roedor (no cabe el tránsito hacia lo cocido). La proteína y su búsqueda, dice Marvin Harris, es cimiento de civilizaciones.No por su dieta es menos sexy Jane y humilla más que se encargue de atender, con ayuda del niño rarito que come flores, a L.  Acepta su destino de enfermera crudívora. Se acerca a L y limpia sus heridas con pétalos y agua. Los espectros son pasivos en la mente de L porque él es la más pasiva de las criaturas de la isla. Chupa huesecillos de rata con poca pasión pero no imperceptible vicio.

  Mantienen a L  lejos del refugio, bajo un techo improvisado de ramas,  invocando la idea de hospital en ese poblado minimalista de la isla de L. El primer núcleo urbano, el newyork de la cartografía por hacer.  Noli me tangere, parece ser la consigna.


Naomi Fisher:Vizcaya(2011)

"... los cuarenta días del alma empiezan a la mañana siguiente de la muerte. Esa primera noche, antes de que empiecen los cuarenta días, el alma yace todavía contra las almohadas sudadas(...) Para recibir el espíritu recién liberado, los vivos no limpian, no lavan ni ordenan, no retiran las pertenencias del alma durante cuarenta días, con la esperanza de que el sentimiento y la añoranza la traigan de vuelta a casa y la animen a volver con un mensaje, con una señal o con el perdón" (Téa Obreht: La esposa del tigre)
 Piensa L en los cuarenta días del alma y del sacrificio. Cuarenta días entre el hospital y la rehabilitación, cuarenta días para salir de la selva atravesando los pantanos y convertirse en el digno bailarín que luce un tu-tú embarrado. Cuarenta días tentado por la atmósfera húmeda y los insectos. Decía la joven poeta que el amor durante tres años (si es amor de veras) y L cree que, por extensión, esa es duración mínima  de toda salida del laberinto de la neurosis. Sin embargo,  sólo dispone de cuarenta días para reconstruir el lienzo y  comprobar si la armadura de madera y barro que Jane le ha metido dentro no provoca rechazo ni hay incompatibilidad entre la ortopedia espectral y la vida. Cuarenta días para salvar el mundo a través de la rehabilitación y  la búsqueda del sendero que nos saque fuera. No son tres años pero, si es fuerte en estos cuarenta días y no se enamora de Jane, evitará los tres años que  llevan inscrita su penitencia: los cuarenta días de duelo, los cuarenta meses de huella y herida, los cuarenta siglos de vibración cósmica. Cuarenta días, por lo tanto, no es mala cifra para evitar el desastre y, en cualquier caso, para que los difuntos nos aporten mensajes ocultos en sus objetos más amados. Él es un  difunto de sí que ha olvidado el último mensaje y sólo tiene cuarenta días para recordarlo.

 Dice Om y le duele un testículo (está malo de cojones,  como dijo una muchacha francesa)

 Tres años dura el amor y siete la reconstrucción del mundo. Sin embargo son sólo tres los sexos (incluyo a los hermafroditas) y esa pobreza biológica logramos humanizarla por las infinitas categorías del sexo - más de cuarenta en todo caso -  que cada día descubren los aficionados al porno, quizás los últimos científicos naturalistas y, sin duda, guerreros de un platonismo ginecológico. Tres días también tarda dios en resucitar pero sólo a los cuarenta días se produce la ascensión. El día cuarenta es el día del mensaje. Lo que L olvidó (o nunca tuvo).

Plantea L la construcción de un calendario cósmico de cuarenta días basado en palos colocados en forma de cuadrícula. Piensa esto mientras no ha logrado aún mover un dedo. Ve borrosa a Jane y creo que ella se muestra  escéptica en un principio. Finalmente acepta la idea porque el fantasma, como todos lo monstruos, son esclavos de las mentes a las que aterrorizan o placen.

- Construiremos en tu piel un calendario portátil. ¿O es que piensas permanecer aquí tirado todo este tiempo? Los cuarenta día de estancia en los pantanos es más apuesta que destino. Quizás el recorrido sea mucho más corto y la selva fangosa termine a la vuelta de la esquina. Tarzán nunca quiso revelarme el secreto. Crearemos el calendario en tu piel aplicando acupuntura. Colocaré erectos palitos o agujas en tu rostro de Romeo. Se te verá como un erizo. El erizo leopardo.

2 comentarios:

  1. Duro, como duro es el miedo que se acera en el interior y destruye la esencia de los seres, como duran son las esperas, las épocas que se viven como una agonía última e insoslayable.
    Un abrazo que mitigue la desolación del ultimatum.

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  2. Miedo, aceración del alma, espera agónica, ultimatum... acepta la voz y la bicéfala todo el diagnóstico. Pero también hay reflejos de sonrisa y sonrojo y algún que otro ataque de carcajada cortado por el hipo de la historia.
    Nunca la sangre llega a Tokio.

    Mujer fina en su mirar. Acepta la tortuga el abrazo aunque se oculte en el interior de la desolación.

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