domingo, 26 de enero de 2014

un disparo de nievi

Diario (26.01.2014)




Vasili Grigórievich Záitsev "Nievi"


Viaje de invierno a una vieja canción 
cualquiera

 no hay disparo de nieve

nunca lo hubo, dicen

dejó la canción una marca en la piel con la palabra que nunca existió

y era nievi francotirador en Stanligrado o fusil soviético

y no era nieve lo que quebraba al fantasma

quizás ya no es sensato que ojalá pase algo

quizás ya no hay borrado cegador

ojalá será palabra proscrita

será el destello de un disparo en la lejanía que anuncia el crac de mi cerebro

target será el amor inexistente

el destello luminoso es solo una bala encendida

menos de un dólar




Words are trivial
 
Pleasures remain 

So does the pain
 
Words are meaningless 

And forgettable

(Enjoy the silence, Depeche mode)

viernes, 24 de enero de 2014

no soy digno de que entres en mi casa





 Las palabras han recorrido campos enteros en los que han visto acumularse las amapolas y los surcos de la labranza borrados por la lluvia y los pasos perdidos de dos amantes que siguieron la senda noreste creyendo que pronto se despertaría el camino, otro distinto a este que, por lo que pudieron comprobar, no llevaba a ninguna de esas partes en las que (suponían) podían estar al margen de las miradas indiscretas.

Un artista conceptual, muy crítico con las palabras que han recorrido campos enteros (etcétera),  pisó mil veces mil la línea imaginaria que definía un meridiano, con tan poca fortuna que confundió norte con oeste y se encontró marcando un punto que se quiso paralelo al ecuador más africano. Ese día murió el Land Art.

Una joven se sentó en el borde del camino y, mientras miraba sin demasiada atención al artista, se imaginó adicta a todas las adicciones que definían su vida de chica situada al borde del camino. 

Junto a la joven, como sombra luminosa, el ángel de la guarda imagina todos los hábitos perniciosos que también almacena en los pliegues de su toga, dígase su deseo de tener cuerpo para tocarse los pezones y, sobre todo, dejarse acariciar la mano que, como dicen, los ángeles la tienen muy pero que muy suave.

Y, sobre ellos, Dios Padre, los arcángeles y los coros celestiales, apoyan sus dedos fraudulentos en el clítoris del universo tratando de animar la creación que, ellos lo saben mejor que los teólogos, no ha terminado y, cabe esperar, seguirá aún muchos años luz en activo la obra, porque estamos aún en el segundo primero de la semana bíblica, con todo por hacer. Que la revelación haya sido mal interpretada no es asunto que haya preocupado nunca al señor de los cielos

Y el conjunto vibra haciendo que yo,  que escribo  esto cuando había prometido no volver a escribir una sola línea más, disfrute de  una enorme paz de espíritu y,  después de tantos años, intuya que las palabras solo las puede sentir mías por una suerte de ficción que cegaba el inmenso amor que sentía por las cosas.


jueves, 9 de enero de 2014

psicopatología de la vida cotidiana


Balthus

 Me susurra la gata desde su tejado palabras de bruja que llegan y no llegan hasta la celda en la que habita el fantasma de lo que ha llegado a ser mi alma.  La gata se lame las manos indiferente al empeño de mis invitados, que afirman con rotundidad que no tienen manos los gatos. Se arregla coqueta la piel  que hace poco yo acariciaba y prepara el discurso que lanzará a su terapeuta:
" Sé que no entenderá lo que quiero decir porque no he dicho nada y porque, como en alguna otra ocasión,  no sé qué quiero decir. Son sensaciones de falta de interés por lo que me rodea, por esa bondad de los " buenos" que me asquea, quizás porque me hagan sentir peor gata. Por las expectativas que se ponen en una cuando  no se  tiene ganas de cumplir con nada"

 Es ella, mi gata, la que va al terapeuta. Lo echamos a suertes y le tocó el bono que ganamos en un sorteo. Pero estoy tan hermanado con ella que repito su mensaje por si hay dudas o certezas: 

la mayor parte del tiempo, yo tampoco sé qué quiero decir, expresando en mi silencio o en mi discurso, una atmósfera emocional de falta de interés por lo que me  rodea, eso de ahí fuera que, parece, tiene expectativas de que yo haga algo  bueno,  cuando no se puede, o no se quiere, o algo que no es ni querer ni poder, hacer nada. Y, sí, desinterés y un poco de repugnancia por la bondad de los buenos en tanto se hace visible y me escupe en la impotencia.

 El terapeuta escuchará a mi gata cuando ella le hable.  Pero se quedará callado porque él tampoco sabe qué quiere decir,  desinteresado como está por esa gata que habla en discursos largos, ajeno a su afán de comunicación que dice no comunicar nada, salvo un asco hacia todo aquel que muestra expectativas cuando no tiene voluntad para  cumplir con nada

lunes, 6 de enero de 2014

Carta a los Reyes Magos (Verum ipsum factum)





Queridos Reyes Magos:

  después de acercarme, no sin cierto temor, a mis zapatos ilusionados, he comprobado que sus Majestades se han preocupado por mis problemas con la muda. En eso han demostrado que de veras son sabios porque, en mi microcosmos, disponer siempre de calzoncillos y calcetines es conditio  sine qua non  de un mundo en orden, un mundo en el que cabe esperar que la maravilla tenga lugar  y  la magia está ahí, a la mano, si somos capaces de sobreponernos a la infinita variedad de estupideces que nos acechan.

 En su enorme y oriental sabiduría, creo que sus Majestades  han intentado hacer comprender, a este ente tan plagado de taras emocionales, que la magia es asunto que me compete a mi y que no están ellos para traernos las ilusiones ya hechas. Hay que hacer un esfuerzo para ver, detrás de los ditirambos que acompañan al malentendido, aquello que aún podemos hacer para salvar eso que podemos llamar lo nuestro, esa red de cosas bellas y buenos ratos  que nos podemos ofrecer los unos a los otros.  La magia es, quizás, solo eso:  el reflejo de lo más íntimo en lo exterior, los rostros del otro en los que nos hemos encontrado como en casa. Y para esa magia se necesita de la salud que aportan esos calzoncillos y calcetines que han dejado ojipláticos a los zapatos, atontados ellos en el ruido de las celebraciones. Bien está el golpe de realidad porque, por muy mocasines o botas o zapatillas o escarpines o zuecos que sean, los cubre- pies que deben guiar nuestros pasos en el año nuevo no pueden ser gilipollas.

 Así que, Majestades, me alegro de que me hayan ofrecido este año una apostasía del idiotismo y una recomendación de racionalidad. Porque, sí, se impone la inteligencia de las cosas imprescindibles, la muda necesaria que nos abre al nuevo día. Y ganado eso, el acceso a las cosas relevantes, el amor, la amistad, la justicia, el saber, el sentido, la belleza, los brillos de las cosas pequeñas en los ojos o en las copas escanciadas de vino, la divinidad debilitada, el cuidado..., todo esto y más,  está permitido

 Con la muda a cubierto en mi armario y cubierto con la enorme seguridad de poder tener una muda, me abro al año y emplazo a quien corresponda a seguir en los juegos y las seriedades. Y a ustedes, Majestades, que el Oriente les siga iluminando en ese Palacio de Ilusiones que, como ya les dije en mi anterior carta, prometo visitar.

L

domingo, 5 de enero de 2014

Carta a los Reyes Magos





     Queridos Reyes Magos de Oriente:

este año no sé si he sido bueno. Ni siquiera puedo certificar, con un mínimo de dignidad, si realmente lo he intentado. De pequeño creía que vosotros teníais acceso a esas extrañas verdades del bien y del mal y que, por ello, de nada servía decir que he sido bueno o malo o regular porque, cuando abríais mi carta, yo ya estaba catalogado en El Gigantesco Libro de los Niños Buenos, Malos y Regulares que, imaginaba, presidía la mesa de vuestro despacho. Sin embargo, en aquellos lejanos días, sí solía escribir con mi mala letra de estropajo que había sido bueno y había obedecido a mis padres porque estaba convencido de que era verdad. Sinceramente me sentía sincero. Ahora que soy un poco más mayor, no me atrevo a decir casi nada y así me va el pelo. A veces creo que he sido bueno pero, en el año que acabó hace unos pocos días, también he traicionado, decepcionado o dañado a más de uno. No he podido evitar la crueldad y me han faltado fuerzas para emprender acciones dignas de ser rememoradas. Por esa razón, y sin estar tampoco en una atormentada sospecha, que ni ahí llego, creo que no sería mal regalo acceder al Informe Personal de Conducta e Intimidad que elaboran sus Majestades y describe mis quehaceres y los subraya con lápices de distintos colores. Si mañana por la mañana, cuando mire entre los zapatos, encuentro el grueso volumen de mi Evaluación Anual, podré decir que es un puntazo de regalo, no me digan que no Majestades. Tendría un plano general de mi quehacer y el resultado final de las sumas y restas.

Sucede, y perdonen mi torpe soberbia, que las cosas están quizás mal planteadas en esto de las cartas a los Reyes. ¿No sería mejor que fueran otras personas las que hablaran de uno y dijeran, por ejemplo,

Queridos Reyes Magos: voy a enumerar las cosas buenas que Tal ha hecho este año y de las que doy fe , haciéndole merecedor de regalos ?.

Este ejercicio resulta más fácil porque yo, desde luego, sí que visto a gente cercana a mi hacer cosas buenas. No es que hayan sido perfectos en todo momento porque también les he podido ver en actitudes poco dignas, digamos que con los pantalones bajados y sodomizando a un cervatillo con su egolatría. Pero, ya digo, creo que hay muchos Tales y Cuales que han hecho cosas bonitas que merecen ser recordadas. La carta sobre ellos podría continuar así:

Si sus majestades quieren, me gustaría que trajeran a Tal el convencimiento de que tiene un buen puñado de virtudes y no muchos más defectos que la inmensa mayoría. Además, me gustaría que Tal me siguiera apreciando aunque sé que no es tarea fácil porque yo me encuentro a varias galaxias de algún punto de serenidad. Seguro que este año llenaré su cabeza con mis bilis, quejíos y decepciones. Por eso, creo oportuno que le dejéis una cajita llena de santa paciencia y otra de buen talante para que, si tiene que mandarme a freír espárragos, lo haga con suavidad.

Vale, sé que esto del final es un poco egoísta por mi parte, pero estas cartas van de sinceridad y ese rollo, y si yo me muestro egocéntrico en mi petición para Tal, al menos le estoy dando la oportunidad de ser bueno (conmigo) y, por la misma, ser digno merecedor de un notable en conducta.

Por otra parte, podría decir que si lo que me ha traído Papá Noel es significativo de mi moral en el año pasado, he debido de ser un bicho malísimo porque, sin duda, sus regalos en Navidad no han sido precisamente de contornos suaves y golosos. El Hombre de Rojo y sus Renos me han dejado cosas llenas de aristas, botes de ansiedad y ausencias, juegos de destrucciones, muñecos de ojos negros y cosas así. Una pasada, Majestades, que me gustaría verle a él en mi situación. Pero, bueno, asumo los regalos si Santa los ha considerado oportunos. He creído adecuado decíroslo , no por afán chismoso sino para que lo tengáis en cuenta, no vaya a ser que reciba una doble penalización o algo así.

Por todo lo dicho que me ponga ahora a pedir cosas creo que no ha lugar. Insisto en que sí querría que otros recibieran un poco de luz para que con ella me iluminen. Estoy un poco cansado de la conciencia autónoma y, en lo que a mi respecta, quisiera ser tutorado por algunas de las personas que he visto por ahí1. De igual forma, sigo anotando que poder acceder a su Informe de Evaluación sería una pasada. No es que ya esté harto de autoevaluarme en plan liberal ilustrado, es que, sencillamente, no tengo ni fuerza ni criterios para hacerlo. Y estoy agotado del sarcasmo y la ironía. Recordad que, de pequeño, nunca me trajisteis el Scalextric.

Les deseo que tengan un buen regreso a sus palacios. Quizás algún día vaya a visitarles porque he anotado  algunos destinos pendientes en Oriente. Sería un honor y un placer inmensos poder ser recibido en sus salones, solo o en compañía de otros.

L

Nota 1:

 Sobre la bondad contemplada en los Tales y Cuales:

Poema traído a mientes por El Viaje de Inuk:
Los Justos


Un hombre que cultiva un jardín, como quería Voltaire.
El que agradece que en la tierra haya música
El que descubre con placer una etimología.
Dos empleados que en un café del Sur juegan un silencioso ajedrez.
El ceramista que premedita un color y una forma.
Un tipógrafo que compone bien esta página, que tal vez no le agrada
Una mujer y un hombre que leen los tercetos finales de cierto canto.
El que acaricia a un animal dormido.
El que justifica o quiere justificar un mal que le han hecho.
El que agradece que en la tierra haya Stevenson.
El que prefiere que los otros tengan razón.
Esas personas, que se ignoran, están salvando el mundo.

Jose Luis Borges

martes, 31 de diciembre de 2013

TENDENCIAS (2)



Anselm Kiefer


   El eStado y el entramado cApitalista han follado tanto que se han fundido – no hay reproducción pues son más entidades víricas (implantadas en lo existente que desfiguran ) que bacterianas - dando lugar a un “aLgo” en el que nosotros (perdón, yo) ya no podemos (perdón, puedo) ser un cualquiera abierto al libre cuidado de sí y del otro,  sino que nos (me) identifica(n) por un perfil que, eso es lo cojonudo, asumo.

Perdonen el tartamudeo.

Mi perfil es miiii pppp erffiil.

La esperanza en un Estado como fin de la teleología humana se rompe en las diez mil frustraciones que se implican en esta conversión de mi poder en un perfil identitario fluyente,  definido por algoritmos que recogen variables diversas: oficio y beneficio, marcas socio-sanitarias, curiosidades estadísticas...

Lo público y lo privado. ¿Ha lugar la distinción salvo que se reinventen los sentidos y se perviertan los perfiles en virtud de acciones caóticas y, como siempre, valientes?.

Hay una exhibición simultánea y diferida (mediada, no meditada) del eStado y de mi alma en el modo omnipresente de lo pornográfico. Lo más público, lo más íntimo. Conocemos las tripas negras del eStado, de las eMpresas, de los mEdios de comunicación y eNtretenimiento, tanto como todos ellos tabulan nuestros gustos, manías y  signos de la intimidad. Convertidos en tubos dilatados, son /somos la exhibición pública de nuestras amígdalas e intestinos, en las que se implantan, al menos mitológicamente (en el peor sentido de esa palabra), terminaciones nerviosas, artefactos clítoriales del placer. Eso sin que pase realmente nada.

Solo la opción libertaria, como siempre en el margen del sistema y empobrecida, parece tener un poco de luz en su mirada. Y sueña la vOz que en la comunidad libertaria puede salvarse la intimidad y, a la vez, establecer un marco decente para el cuidado. La comunidad libertaria, ¿ rescatará los elementos míticos y mágicos que aún quedan en la sopa espesa del Ruido? ¿Quién se atreve a tragarse los grumos informes?. Confusa, no sabe esa comunidad inexistente si es antimoderna o antitecnológica --- o lo contrario. Pero hay algo positivo en esa mirada.

- Sin embargo, me dice la vOz, esa comunidad exige un mesías...
- Sí, ¿la decencia, la sinceridad?
- Comprueba si sabemos usar esas palabras.
- No.... no sé
 - Por eso, temblarás ante la idea de que la única opción sea la fuerza.


¿Deberíamos liberarnos de todas las adiciones de la red del entretenimiento, la diosa que ha conquistado la cultura?

¿Deberíamos crear microespacios de rehabilitación que, como se sabe, funcionan en un nivel de simplicidad voluntaria?



Mi visión no dice si alcanzaremos esa posición estratégica. Mi formación filosófica también define mi perfil y  me lleva a sospechar de la vOz.

Mi visión anota un leviatán sano;  si les sirve de algo.


lunes, 30 de diciembre de 2013

TENDENCIAS (1)


    El Ruido bloquea cualquier tentativa de Percepción y Sinceridad. Todas las palabras que salen de mi boca saben a falso, aunque no sepa yo ya discriminar tal cosa y actúe por mero impulso o vago recuerdo,  porque han sido maceradas en la bilis negra precocinada que me suministra, en dosis precisas, los entramados del Ruido. Ellos me enseñaron la gramática con el objetivo de ser un funcionario (aunque sea en la sombra) y ahora mismo posiblemente esté a su servicio. En otra época yo hablaba de  las pequeñas percepciones con las que aliviamos nuestra sed de sinceridad, compromiso y eso que antaño se llamó la comprensión de lo real y el entramado del sentido. Sin embargo esas pequeñas percepciones son los peones de ese Algo Peor que nos anuncia la pErcepción . Si observamos anatómicamente su figura,  las  formas de esas pequeñas percepciones que consideramos nuestras gotitas de saber y hasta experiencia,  contrastamos que han sido sodomizada por el Ruido, dejándonos sin puerta atrás para ulteriores fugas. 

 Así las cosas, la crisis de las artes y los saberes seguirá siendo tema y campo abonado para inventar nuevos movimientos postreros. A veces el odio sustituye, sin más, a las pequeñas percepciones que llevan masturbándome mil años. Quizás sea lo que nace caminos de hiel.


La ironía y el sarcasmo provocan una extenuación cultural sin precedentes aunque consiguen hacernos sentir más sabios. Nos consuelan en el vacío de los Templos y la soledad de las Comunidades.


.... y así lo decimos....

martes, 24 de diciembre de 2013

Cuento de Navidad (y 3)

Ni  el ganar ni el perder cierran la partida. Nunca se gana ni se pierde del todo en el camino.  Esas eran las cartas que tratamos de jugar. Malas cartas que  sacrificarían en su altar las mejores voluntades, el nunca más que entonó sincero ante su amante al salir de casa.  Pero el jugador no puede vencer la excitación que le supone imaginar cuáles serán las bazas de los otros, la ilusión de contemplar, en el centro de su mente, las constelaciones de cartas distribuidas en la mesa y arropadas por la apuesta de su sangre. Falla la cartografía y gana la banca del demonio, se sabe, sin perder nunca la esperanza. Derrotado por  la falta de liquidez -  él no ha elegido salir de la timba sino que ha sido expulsado-   encara la fría calle  y entona una hallelujah rabínico, a cold and broken Hallelujah .

Una mujer, cubierta con un velo su cabeza, enciende una vela en el altar cuando el jugador derrotado entra por la puerta sin un jodido euro en la cartera.

Y el hogar  entona un frío y roto aleluya.

Aleluya al fin y al cabo.

Y eso, amigos, que haya un hogar al final de las caídas, eso es la navidad.

lunes, 23 de diciembre de 2013

Cuento Navideño (2)

 Un par de manos más y se va a casa. Pero no de cualquier modo. En su hogar él  es el  Ludópata y, como todo adicto descrito con palabras esdrújulas de más de tres sílabas, es mirado con una  mezcla de desprecio y conmiseración. Por eso sale de casa fingiendo citas de trabajo, engaña a su padrino de A A, y acaba en alguna timba.  Las cartas esconden siempre un as de triunfo y el aroma de la Jugada Perfecta. Hoy su sombra le decía que la suerte  le estaba engañando con otros,  pierdes más de lo que gana en un mes, so capullo;   o, tal vez  en  un año, susurró él entre dientes .  Pero el jugador sabe que la Jugada Perfecta se oculta siempre detrás de la mala racha y su sombra no sabe de esas reglas. Hoy podrá llegar a casa con el triunfo entre las piernas y en la cartera. Un par de manos más y hará el amor a su amiga como hace tiempo que no lo haces, cariño. Un par de manos más y la Jugada Perfecta abrirá el cuerno de la abundancia en el rostro ansioso de sus hijos que verán llegar al desastre de su padre con diez mil cajas de regalos fantásticos. Y de sus rostros saldrá ese amor que, a veces, tan dulce sabe.

domingo, 22 de diciembre de 2013

Cuento navideño (1)

 Finalmente aceptará que esas eran sus cartas. No sabe cuánto poder detentan porque, con la sorpresa,  ha  olvidado de que hay otros jugadores en su misma Partida. Una voz grita, unas mesas más allá,  hagan juego.  Intuye que las malas cartas encierran su propio as si  otros las tienen peores.  O si , en el farol, disimulan y disparan  miedo al contrincante, cuerpo interpuesto  que protege el corazón oscuro de la Partida.

viernes, 13 de diciembre de 2013

Mundo hostil. La centralita





 En el muy lejano 1987 trabajé durante un tiempo como telefonista para una organización  ---- que, por lo que sé, sigue existiendo. 

Mi tarea consistía en  recibir llamadas del exterior y del interior del organismo social antes citado -----  y que calificaría, no sin miedo, como estructura muy jerarquizada 

  Las voces solicitantes de mis servicios exigían que metiera sus palabras dentro o las sacara fuera del sistema. Dado que yo  debía permanecer simbólicamente en la membrana de la cosa, en la frontera donde el aduanero supervisa y hace realidad la comunicación, en mi quehacer cotidiano mi mente funcionaba como un algoritmo perfectamente engrasado. Si la llamada llegaba del exterior yo decía: "G.M. (nombre de la organización) buenos días". Y si, por contra, era alguien del interior el que me interpelaba,  susurraba virilmente: "Centralita buenos días".

 Las voces que me hablaban  desde el exterior pedían cosas muy simples. Básicamente que las pasara con el departamento Z o Y;  o, en segunda opción, con alguna persona con nombre y apellidos de una  lista finita que yo podía consultar. 

Algunos llamaban sin saber muy bien con quién querían contactar y solo tenían claro, en el mejor de los casos, qué deseaban decir al oído del que fuera competente en el asunto que les inquietaban.

Una vez llamó alguien que amenazaba con hacernos saltar por los aires. 

  La mayor contingencia  se desvelaba si la extensión interior solicitada no estaba operativa.  En ese caso, el peticionario  permanecía en espera. Yo no era responsable del contratiempo y la mayor parte de la gente se mostraba amable aunque la posición de espera con el teléfono en la oreja era, en aquellos años, gesto idiota. Hoy las cosas se ha normalizado también en lo que toca a ese aspecto.  

Otra variable relevante en el trabajo, y no había muchas más,  era la posición jerárquica que el comunicante, ya emisor, ya receptor, poseía. No era igual estar abajo en la pirámide que ocupar una posición privilegiada. En este último caso,  debía yo presentar  la llamada que entraba en tan digno espacio con mi propia voz, sin distinguirme o señalarme, de manera sencilla y cortés pero humana. Debía violentar la eficaz mecánica con un simulacro de trato diferencial y representando ser siervo o ayuda de cámara  que anuncia una buena nueva: señor, le paso la llamada de....  En los casos en los que el emisor y el receptor no tenían un estatus de dignidad, me limitaba a lanzar la llamada, sin más,con un par de golpes en el teclado.

 En aquellos años, encerrado en la torre en la que estaba el centro de comunicaciones, me sentía a salvo de los rigores del invierno del alma. No era exactamente feliz pero sí sentía la seguridad que nos ofrecen las actividades en las que las variables ocultas o sorpresivas parecen volatilizarse en la actuación ritual, en la reiteración de lo mismo.  Además, cuando la actividad se relajaba al final de la jornada laboral,  yo podía aprovecha para leer alguna cosa o, incluso, escribir. Recuerdo que en aquellos días medité en extraño estado de ánimo sobre La condición postmoderna de Lyotard. Me enfrenté a la idea del fin de los grandes relatos mirando el teclado de mi centralita, ubicados, ella y yo,  en la frontera entre dos universos muy poco amables: el interior y el exterior del sistema.  En el límite sentí, hermanado con la máquina, casi un híbrido,  la amabilidad de las cosas cuando todo tiene lugar al otro lado.

 Mi centralita era un artefacto rectangular con teclas numéricas cuadradas y grandes. Todo el aparato me parecía consistente, con su carcasa de duro metal pintado en un decoroso marrón mierda y sus estructuras de plástico reforzado. En la parte superior había una pantalla en la que, creo recordar, podían verse hasta dos líneas de signos numéricos. Esta pantalla me informaba de quién me estaba llamando desde el interior o exponía en color rojo el número que yo marcaba. En un lado de la máquina, cada extensión o departamento era  representado por una lucecita que solo tenía dos posiciones, encendida o apagada. Ese punto rojo  me decía si estaba disponible o no el habitáculo que buscaban las voces.

 Mi centralita era una tecnología muy a la escala humana.

 De igual modo  que, en ocasiones, fantaseo con  la posibilidad perdida de haber sido un joven seductor y haber ligado con docenas de mujeres y, en un mismo movimiento, haberme enamorado de un buen puñado de ellas,  o con todos los viajes que no he podido hacer,  mi mente desbarra y se representa un mundo paralelo en el que el oficio de telefonista fuera aún el mío en este momento. Dejando en su contingencia otras farándulas que he intentado conseguir y, a veces he conseguido, como familia, propiedad y salario, las cosas podrían ser  mucho más amables si me  hubiera asentado en aquel trabajo en el que, a cien metros por encima del mundo, ponía en comunicación a las personas. Supongo que hubiera sido feliz como suele suceder siempre que reescribirmos el pasado y nos vemos, tan reales, siendo jóvenes que seducen a decenas de mujeres, se enamoran de un puñado de ellas y, cuando las cosas se tuercen, se van a trabajar a una centralita telefónica  en la que, con amable sonrisa, ponemos en contacto a unos seres humanos con otros.  Esta tontería me parece deliciosa.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                    

miércoles, 11 de diciembre de 2013

Mandela vs Madiva



El presidente Obama, junto al primer ministro británico, David Cameron, se han una foto con la jefa del Gobierno danés, Helle Thorning, en presencia de Michelle Obama.
 ROBERTO SCHMIDT (AFP), en EL País



la extrañeza de la muerte en  un  formato extraño 
extraño funeral africano televisado
(y ya se sabe que televisar es como añadir 
mayonesa sin excepción a todos los platos).



Quizás se ponga de moda en el mundo

Todos lo decimos en la previa de la muerte:

                                         en mi funeral no quiero sino fiesta.

Luego no se sabe si en verdad algo pensamos
o pensamos que mejor callamos
o callamos sin más y dejamos
hacer sin pensar que pensamos



Huxley en el mundo feliz  hablaba del festejo en la muerte y, más acá, en  la misma agonía




No sé si en el funeral africano

encontramos sospechas de hipocresía internacional 

 y  bla bla cínico

y no seré yo el que con el dedo occidental juzgue 

a Charlize Theron
a Bono
a Castro
a Rajoy
( cómo aplicará su teoría de la Gente Normal en un  funeral tan cantado y bailado)
a Sarko
a Mandatario Anónimo


La alegría  y el baile aún sorprenden
en funeral pero poco


Thorning, Cameron y Obama se hacen una foto con el dispositivo móvil.

Es el mismo gesto de posado universal
gesto- festival
el gesto- fiesta retratada
gesto-gesto
que luego será mostrado
dando fe de lo que es inminente


 Ahora no me pidan opinión sobre el difunto. Queden las fotos
y mi simpatía


martes, 10 de diciembre de 2013



  La cajita blogger me ha dicho que hay un error en mi escritura antes de que comenzara a escribir. El mensaje apareció arriba y se reflejó inconsciente en el espacio en blanco, mostrando que, en la escritura tecnológicamente mediada,  no hay  espacio realmente vacío.  Luego el mensaje desapareció. No sé si esta ausencia del aviso se justifica  porque el fallo ha sido eliminado o porque aquello fue un error de diagnóstico. O quizás la cajita blogger solo advierte una vez y no da segundas oportunidades. Más tarde, cuando publiques el resultado de tu meditación, se mostrarán las consecuencias de tu mala praxis bajo la forma de letras de tamaños dispares o subrayados no buscados o frases recortadas. Lo peor es si tu fallo no encuentra expresión una vez publicada la entrada. En el código html o en un nivel más profundo seguirá existiendo el error. Quizás tus palabras se amputen en un futuro no muy lejano y, en el fondo de las pupilas del sistema blogger, qué sé yo en qué extraña criatura se convertirán.

miércoles, 4 de diciembre de 2013

Aventuras de albedo en la Snowball Earth




Al invierno, para que pase


Hace muchos millones de años en el ecuador terrestre se besaron dos inmensas capas de hielo. Consumaban así un matrimonio hacía ya tiempo ajustado en cifra y hora. Dicen algunos que con la conquista por parte de la masa glaciar del paralelo 29, más o menos a la altura de Nueva Orleans,  la suerte estaba echada. Habitaba allí un punto crítico.  La Tierra se convirtió en una bola de nieve y  algunos de los sabios de entonces creyeron que las condiciones para la vida estaban ya, definitivamente, perdidas. Ahora sabemos que la cosa no fue así y que los volcanes y el dióxido de carbono ajustaron feroces cuentas con la glaciación. Como en tantas otras ocasiones, los puntos de no retorno se mostraron como engañifa. Pero en aquella época, con las grandes masas de hielo uniéndose en el centro del continente africano, nadie daba un duro por la vida futura. Nadie quiso poner la mano en el fuego por mi ni por todos mis compañeros. Pretender salvar a la princesa futura era deseo imposible.

 La Tierra helada consiguió alcanzar el récord de albedo. Nunca como entonces las radiaciones solares fueron reflejadas con tanta furia. Visto desde el exterior el planeta debía de brillar como una bola de navidad que todo lo vomitaba. No hay en las crónicas ninguna otra época que, como aquella, rechazara  con tanta energía el sensual placer del calor solar en la piel. Para las cohortes siderales,  la Tierra era ejemplo paradigmático del amante desdeñoso.

 Cuando se abrieron los primeros canales y el océano asomó su cara de pequeño delincuente, en la frontera entre el hielo y el agua se dieron la mano los extremos.  Los que aquello quisieron ver, que no eran muchos, asistieron maravillados al combate entre el espacio con más albedo, el hielo polar y su ochenta y seis por ciento, y la masa marina, con su escaso diez sobre cien. El agua se emborrachaba de sol y erosionaba la Alaska ecuatorial.

 Dicen que en el fondo del mar estaban nuestros abuelos bacterianos y que de aquellos solares polvos feroces del océano en las costas del glaciar infinito,  acabamos saliendo nosotros. La prueba es que seguimos chupando sol en el límite del miedo al gran hielo.  Seguimos temiendo la glaciación que el invierno anuncia y las celebraciones parece que, en el mejor de los casos, conjugan con papel de colorines.

lunes, 11 de noviembre de 2013

Un long suicide acide





Quand tout est gris
La peine est mon amie
Un long suicide acide
Je t'aime mélancolie
Sentiment qui
Me mène à l'infini
Mélange du pire. de mon désir,
Je t'aime mélancolie
(Mylène  Farmer)

JUDITH
Puedes maravillarte
ante este amanecer,
ante esta claridad paradisíaca.
Tenemos que abrir todas las puertas.
Y por ellas pasará el aire saludable.
¡Todas las puertas han de estar
abiertas, abiertas!


BARBAZUL
Ignoras, Judith,
lo que hay al otro lado


JUDITH
¡Dame las llaves
de las demás puertas!
He de franquearlas todas.
¡Tenemos que abrirlas todas,
abramos todas las puertas!


BARBAZUL
¿Por qué Judith?

JUDITH
Porque te amo.


BARBAZUL
¡Mi castillo se estremece!
Puedes abrir las puertas.

(Béla Bartók: El Castillo del Conde Barbazul)

*******

 Miro a mi alrededor y solo encuentro las siete puertas cerradas del castillo de Barbazul.

Sé que detrás de sus cerraduras se esconden delicias y otras oscuridades. Sin embargo, como siempre, prefiero contemplarlo todo desde la cama. Encerrado en mi habitación,  acolchada por la moralidad y otros hábitos creados hace ya tanto tiempo que he olvidado su origen, a todas luces extraterrestre, me niego a ventilar las estancias.

 Cancelado el entramado teórico por una hiper-intuición oscura nacida de la hipoxia.

Pienso dentro de un estado de ánimo alterado por la grisalla y otras atmósferas ralas. Eso debe significar, desde cualquier lógica, que mi pensar es erróneo y que me he pasado en la solarización. Por eso la respuesta es cerrar un poco más la ventana a la luz, amputar el diafragma y, de paso, no ver sus rostros de comadreja, de zorro, de hurón desprevenido.

 Los textos de otros dicen casi todo lo poco que hay que decir.

*****

"La mujer me explicó que el anciano estaba impedido y no podía levantarse de allí, La montaña de papel estaba formada por cartas procedentes de todos los puntos del país, en las que se indicaban remedios contra la parálisis. Las cajitas contenían medicamentos. Y es que el anciano solía pedir a todos los viajeros que cruzaban el paso los remedios que conocieran para curar su mal. Leía también atentamente todos los anuncios de medicinas que aparecían en los periódicos y se hacía enviar todos los preparados de que tenía noticia. Nunca tiraba una carta ni un paquete, sino que iba amontonándolos a su lado y vivía con ellos, sin dejar de contemplarlos. De  manera que, con los años, había levantado un verdadero parapeto de papel viejo" 
(Yasunari  Kawabata: La bailarina de Izu)

*****

Resisto al mundo negándome a sus alegrías.
Parapetado en el castillo de papel, las siete puertas almacenan cartas y cajitas de fármacos psicotrópicos, cicuta y cianuro, química robada a los ejecutados por la inyección letal.

 Todo en mi cerebro.

Gratis

martes, 5 de noviembre de 2013

Luis y Cernuda (1902-1963)

"El susurro del agua alimentando,
con su música insomne en el silencio,
los sueños que la vida aún no corrompe,
el futuro que espera como página en blanco"

(Luis Cernuda: Tierra Nativa)

   Bien pudiera ser la noche o el amanecer. Gira en ambos momentos el silencio su rueda de dientes insomnes, colmillos y muelas  como de  zombi aturdido por esa momentánea tranquilidad de muerte nocturna. Ya, ya sé que es falso el sosiego y la apariencia hace honor a su nombre. Pero deja el que se abre a la escucha,  a eso de las 3:30 a.m., que rule la fantasía y que solo el susurro del agua comparta con él este inesperado despertar.  Con los ojos cerrados y el tacto follándose otras pieles en el calor de las sábanas, soy todo oídos. Yo me pregunto siempre, antes del abordaje del día bajo la forma de poner un pie en el suelo, si ya habrá llegado la hora. Por eso escucho antes un buen rato, buscando indicios sonoros. Espero una señal ajena a todas las melodías, como si no fuera decisión mía dejar marcadas las sábanas por el peso de mi cuerpo. Como si no fuera mía la decisión, me repito, y gozo de que sea otro el que trace la senda.  Es esta ilusión de futuro o, nunca se sabe,  este realmente nos espera como página en blanco y nos despierta, nos saca de la cama, nos mueve de aquí para allá en la casa e incita a hacer esto o lo otro. Duende loco ese futuro en el que uno siempre ha sentido su patria. Allí encuentran acomodo algunas maravillas. Por ejemplo habita la princesa esos sueños que la vida aún no corrompe, como dice el otro Luis.  Pero uno se hace viejo de tanto despertarse antes de tiempo y el futuro, cuando uno se da cuenta,  es ya mujer madura en las que cristalizan las sombras de la memoria de aquello que se quiso o supo luz aunque acabara pronto su destello. Queda el sueño  como esquirla de la bomba que explotó ayer y en otro sitio. El sueño de pasado, el sueño de futuro. ¿Por qué llamar con la misma palabra a dos puertas tan dispares? Brilla en el ayer la decepción inevitable de la especie corrupta, el deseo que pronto se acaba y deja una estela de tristeza (bien que dulce). No brilla ni luce, por contra, el futuro. Solo nos espera allí en frente, como un camello a su yonqui. Se mantiene a la escucha para que yo, por la mañana, opte por levantarme dispuesto a dejarme penetrar por el día.

 Al menos así yo me lo represento a partir de un poema de Luis Cernuda
 (Yo soy mayor que su muerte)

jueves, 31 de octubre de 2013

Insomnio en el mundo tres de Karl Popper

 Franz Marc


 El insomnio de las palabras que nunca se dijeron  habita en el más discreto de los cajones de la teoría.

Y no se dijeron muchas palabras: aquellas que no eran de recibo ni procedían, las palabras impropias y esas otras que nos hubieran avergonzado para siempre de haber sido pronunciadas. No se dijeron las palabras feas, ni el innumerable ejército de las que convertían un verso que debía ser endecasílabo en un mísero ente de doce o diez sílabas

Las palabras que, según informe de todos, iban a herir a alguien,  también se fueron a la sombra.

No se susurraron ni gritaron las palabras lujuriosas porque no era el momento o el contexto o qué sé yo.

No se dijo para ni venga ni sí ni no ni pero ni no obstante ni solo a ratos.

¿Nadie pronunció en aquel momento el sigue ni el ni se te ocurra seguir? No, ni él ni ella ni nadie.

Todas las palabras que no escribo se convierten en tigre en el insomnio.

Las palabras que nunca se dijeron habitan en los cajones de la teoría bajo la forma de insomnio. No sé por qué  están allí,  ni si hay intención segunda en el encuentro. Me miran a los ojos y nada me dicen. Ni siquiera se quejan por no haber sido dichas.  Se han convertido en animales sabios que exudan vapor y la amenaza del ataque.  Son mudas. Peligrosas. Salvíficas.


martes, 22 de octubre de 2013

Tristeza o, quizás, melancolía




melancolía.

(Del lat. melancholĭa, y este del gr. μελαγχολία, bilis negra).

1. f. Tristeza vaga, profunda, sosegada y permanente, nacida de causas físicas o morales, que hace que no encuentre quien la padece gusto ni diversión en nada.

2. f. Med. Monomanía en que dominan las afecciones morales tristes.

3. f. ant. Bilis negra o atrabilis.




Medito como quien sobrevuela el quehacer cotidiano buscando un espacio para aterrizar.

Busco a la princesa del cuento para que me ayude a balizar la pista pero ¡ ay! ¡ nos vemos tan poco!.

Por eso me entrego al maestro. Platón, por supuesto.

*

Medito como sucedáneo, suplente, metadona. Medito en un punto en el que la admiración o el amor o el horror me quedan a la mano

(en un sueño me vi manco)

*
Agota estar siempre en las alturas.  Desde mi aeronave platónica busco en los jardines de un suburbio un lugar adecuado para tomar tierra. Pero necesito el balizamiento. Marcas como tatuaje de luz en el espacio. Eso solo me lo puedes dar tú.

*

Me pregunto, y no es por hacer tiempo, si en el contexto platónico del Mundo de las Ideas cabe hablar de la la existencia de una "idea de Tristeza".  Las Ideas son esos artefactos que habitan el cielo filosófico de la comprensión y que, según el maestro griego, una vez visitadas no solo te ofrecen una clara percepción de las cosas (quizás "clara" no sea realmente término fino para el caso) sino que, a la postre, impiden que se actúe, tanto en los asuntos privados como en los públicos, en conflicto con esas Ideas. Quien conoce la idea de Bien, no puede ya actuar mal (etcétera).

 Es fuerte la tentación.

*

No sé si el maestro admitiría una idea de Tristeza. Lo eterno de la tristeza, ese núcleo común  y universal que une las particularísimas tristezas que todos habitamos. Allí, en su cercanía, comprenderíamos el sentido final de por qué merece la pena vivir en ese estado. Crearíamos la comunidad de los tristes.

No sé, si en su afán  a veces tramposo, Platón tendería a definir la tristeza en términos negativos (la tristeza es la ausencia de...). Quizás desearía  dejar claro que ella allí no está ni se la espera. Sin embargo, la definición de tristeza en el orden de lo negativo me plantea el problema de encontrar el positivo del que la tristeza es ausencia (¿la alegría?¿la plenitud?¿la vitalidad?). Y, sobre todo, creo que definir en negativo una cosa tan importante en la historia de la intimidad como es la tristeza,  es una solemne tontería. Desfigura la peculiaridad de ese estado, de-construye sin verdadera necesidad (no hay urgencias)  una plataforma de emplazamiento del mundo que, además de común, creo que aporta interesantes matices de lo real.

...esas definiciones en ausencia son crueles. Como un entierro sin cuerpo  o su cenotafio. O la casi certeza de que nunca dormiremos juntos en una isla del Índico. .

Apostemos, pues, por la   Tristeza como  idea del cosmos platónico.  Asumamos  la curiosa paradoja de que es en el interior de nuestra intimidad triste donde encontramos aquello que nos une a los humanos en un sitio desde el que atendemos al mundo. Allí violentemos a la tristeza  porque quizás allí habita la primera piedra de la comunidad imposible.  Si, como decía Borges, lo que nos une  no es el amor sino el espanto, giremos la manilla del biplano noventa grados y aterricemos en los campos de Tristeza, esa pista balizada  donde comprendemos como es ella: un  punto singular en el que se cruza lo más íntimo y lo más universal.

Nada mejor que la tristeza para hundir el maldito yo y abrir la pista número 26 para que aterricen los otros.

*

 Ahora bien: la simbolización y el cifrado de la Tristeza, en el esquema del platonismo que aquí sigo, no puede ser ajena a la comprensión experiencial de aquello que se conoce. Comprender la tristeza es vivir en ella y desde ella,  entrar en el proceso de conocimiento y  proyectar el famoso eros, la emotividad del que exige la simpatía, el encuentro vivencial.


   Pero, grita el otro,  ¿todo esto implica que la comprensión de la tristeza nos llevará inexorablemente a la  depresión? Y ese hundimiento ¿no nos volverá del todo impotentes para crear esa sociedad buscada?

No. Es la depresión otra cosa. Es un constructo de las sombras, de la sociedad (mal) ficcionada. Es la depresión un ser sin monstruos en el que ni tú ni nadie puede matarlos por mi.

*

Ojos y almas tristes. Si es verdad la dialéctica, la  ciudad al otro lado del espejo en el que se refleja la tristeza es la alegría del encuentro, la complicidad en la que se asume la infinita soledad del triste como espacio común de la comunidad imposible en la que habitaremos según dicta una vieja promesa.

*

Cierro la meditación. Caigo en la cuenta de que no sé que es la tristeza aunque sé que me habita desde siempre. Tampoco tengo exactamente consecuencias políticas de todo esto (que la política era el objetivo último del viejo filósofo y no vamos a traicionarlo).

Sé que la amo como se ama a una desconocida que está ahí, a mi lado, contándome historias, contándose nuestra historia.

jueves, 17 de octubre de 2013

Day little heroes. Weatherscocks day









Todas las versiones

encuentran sitio en mi mesa


No quiero que lleves de mi

nada que no te marque.


(Jorge Drexler)


  Podría escribir lo que quisieras. Solo señala unas palabras y, como en un juego escolar, yo connotaré el mundo. Lo marcaré con líneas y planos que así, dicen,  hacen los amantes en los cuerpos que aman.  Ya estoy capacitado para proyectar el itinerario de la mano a través de la piel y el aliento. Según la promesa, debe la andadura extenderse todo una existencia ( y más tarde debatiremos qué hacer con la próxima).

Yo puedo hacer eso, solo dame unas palabras. Soy el gallo del buen tiempo.

Con suerte,  la criatura no nos saldrá del todo tarada y, si lo hace, podemos  siempre devorar sus partes más tiernas o lanzarla  a los perros o dejar su huella en el pudridero. Nada de eso es cruel porque no hay crueldad en la atmósfera que crea el aire caliente de tu boca.

Con las palabras que tú me ofrezcas, yo connotaré mundos por ti sin miedo al riesgo. Sugiere palabras porque no es cobardía ni maldad  lo que tanta exaltación de los significados nos provoca en el vientre. Es otra cosa.  Soy mercenario y, con tus palabras, el horizonte se llena de versiones.

.... y en esa selva interpretativa, no te extrañe que sea tan veleta. No lo censures.  Por cierto, es decir veleta e imaginarme gallo metálico, silueta de óxido en el viento, ternura del ave que mira en círculo, atenta literalmente a los alrededores. No sé quién debe decidir si esa versión de mi - qué soberbia usar el "mi" - es lo propio, lo impropio o lo tolerado con risa sardónica. Sobrevolar y falsar las versiones para trazar un mapa de lo bueno y lo malo que todo lo simplifique,  es la tarea menos grata del asunto y yo la rechazo. Quién tendrá la fuerza para negarme que soy  el rey de la cima del tejado. Quién definirá si el amor  que se apuesta para tan largo tiempo no es risa contenida.

  Hay que mirar muchas cosas, dice el gallo-veleta. Redescribir  toca los caminos de cabras en pistas de aterrizaje bien balizadas. Redescribir enamorados locos en princesas. En la aventura de las connotaciones, convertida la experiencia en un oráculo parlanchín hábil en múltiples idiomas, debemos trazar caminos en muchas frondas, convertir el bosque en jardín botánico o santuario de dioses invisibles, en el reino de fantasmas abrumados por sus secretos como tumbas o, quizás, en el escenario de una pasión en la que los héroes de Bowie se relatan una tarde de amor

I, I will be king
And you, you will be queen
Though nothing will drive them away
We can be Heroes, just for one day
We can be us, just for one day

Esos frágiles y blindados emocionales, pequeños héroes de adolescencia, recorren las frías calles para encontrar el sitio perfecto, mutando por su pasión de aventura el callejón sucio en entorno de palacio.
Pueden ellos decir me gustas, te deseo, te quiero,en el orden combinatorio que deseen, mezclando el aliento cálido de sus bocas. Ellos.

  Y transformar el bosque en cama,  mirando el mar, previsiblemente el Índico,  en todas las versiones.


*


Así de veleta. A los quince o a los diecisiete años. Y suma y sigue hasta llegar al anclaje cronológico que quieras.

Solo dame unas palabras



viernes, 11 de octubre de 2013

Violeta se fue a los cielos (2011)




Violeta Parra


".. el tema es el amor, 
el amor que no siempre construye
que casi siempre destruye 
y mata
(Violeta se fue a los cielos, Andrés Wood 2011)


Volver a los diecisiete
después de vivir un siglo 

es como descifrar signos 
sin ser sabio competente 


volver a ser de repente 
tan frágil como un segundo 

volver a sentir profundo 
como un niño frente a Dios

(Violeta Parra: Volver a los diecisiete) 




  Empédocles, que ya en vida alcanzó fama de sabio e inmortal, quizás se vio forzado por su propia nombre y las exigencias del público ya constituido. Motivado el sabio por esa violencia del que promete escuchar y que hace temblar el necesario rigor del pensamiento, habló del amor y la discordia como fuerzas cósmicas que tejen, con el cuidado de toda neurastenia que se precie,  las tramas de la historia. Una duplicación a todas luces inútil porque el amor se sobra y se basta para destrozar todos los caminos y dejar claro que es tan precario el toldo que nos cubre como el jugo que queremos sacar a nuestro amante apresándolo en la cama.

Y también Platón  inventa y rescata a la  materia como para simular oposición al eros divino que, el muy puto, quiere solo mostrar la faz del sonriente y musculado héroe de la dialéctica, constructor de palacios y academias, del Estado y la belleza. ¡¡ Oponer el amor a la materia !!  No era necesaria la jugada y esa exuberancia no sienta bien al manjar filosófico,  que  siempre debe ser lo más parecido a una corteza de queso regada por la última gota de un vino que ha emborrachado a otros. Tuvo la materia que cargar con la culpa y enmascarar que  Eros derrumba todas las pequeñas cosas en su ascenso a la luz que promete y que, todos los sabemos, acabará cegándonos.  Exige superar la belleza de las cosas e incluso su ternura en un siempre más allá circense, más difícil todavía. Todo lo explosiona el amor. Deja cascotes el amor. Y el sabio que nos quiere librar de la visión de tanto desgarro en el lienzo, nos trae a la materia como víctima de paja.

Freud cedió en su firmeza austriaca y al eros le añadió la sombra de tánatos. No soportaba que el amor lo fuera también a la patria.

Gusta al amor ocultarse.


 Y tantos otros o casi todos lo mismo

Parece que los pensadores debieron construirse nuevos párpados para cerrar el primitivo ojo, la mirada  abierta al trabajo y la búsqueda de los últimos testigos. El ojo que desentrañaba sin necesidad de la cobertura de un párpado, tan fuerte que no necesitaba  que cada pocos segundos se borra el exceso de luz, ese ojo al parecer era solo del visionario que se queda sin palabras, calla mirando la uralita del mísero refugio y se ubica en el limes del desierto.

Por eso olvidaron que el amor es la gran fuerza destructora

Por eso se inventaron a su sombra.

Para ganarse un aplauso

Para que el dolor del ojo enrojecido por el viento parara de una vez y no nos hiciera, en este renuncio, cobardes.

Antes tontos

Prometiendo un amor que construye un nuevo futuro si y solo si lo preservamos, delicado le decimos ahora,  cosa tonta para hablar con un dios idiota y blando...

Inventamos esa fuerza entrometida de la discordia para ocultar los crímenes

 Y la tememos étcetera.

Oh, filósofos y poetas, qué mentirosos al no reconocer que nos ha vencido el desierto.

El amor ríe en lo alto de los cielos. Destruye y, adorarlo, ahora es maldecir.


BUENOS CONSEJOS (fábula). Este cerdito es ya carne y manteca

  Tiresias you teach us what it means to hold your own (Kate Tempest: Mantente firme ) Lejos del país del verano rumia el ce...