domingo, 5 de febrero de 2012

Confieso que he soñado



Je veux de l'amour, de la joie, de la bonne humeur
Moi je veux crever la main sur le cœur
Bienvenue dans ma réalité
Et je suis comme ça
(ZAZ: Je veux)


   No sé por qué soñamos. Cabe suponer que, en el proceso evolutivo, no saltó el gen que nos hubiese permitido desconectar completamente de la vida  durante el periodo de sueño que, a todos los efectos, sería fase de  muerte. Si hubiese el azar querido (es una forma de hablar) crear esa peculiaridad, si detrás de las orejas tuviésemos un interruptor que nos permitiera apagar la actividad mental completamente, cuando nos levantásemos por la mañana, familiares, amigos o vecinos nos preguntarían amables: ¿qué tal has muerto hoy?. Vale, sé que todo esto es absurdo y que no es posible una desconexión total provisional porque las moléculas, la carne y la sangre, las cosas esas que desgarran los médicos y alteran los fármacos, son extremadamente  proclives a la corrupción si las dejas un ratito al margen del oxígeno, no pueden pasar unos segundos sin el intercambio de flujos. Así, rebajada la atención consciente y el logos, las ganas de contar historias mientras estamos dormidos son comandadas por el tedio de la ronda nocturna . El spleen del cerebro de guardia mata los ratos ejecutando sincopadamente  la filosofía del como si .....  y narra escenas que nunca podrán ser públicas (toda la reconstrucción de los libros de sueños está condenada al fracaso o al autoengaño).

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 Hoy he soñado que me tragaba una moneda de diez céntimos partida en trocitos puntiagudos. Al soñar que despertaba, he notado un malestar en el estómago y he tomado esomeprazol. Es importante salir del país de Oniricón con el estómago gastrorresistente y gastrorresidente.

  No sé por qué me he comido la moneda (quizás era una apuesta y he optado por la de menor tamaño)

He soñado que era amable con una persona que conocía de la realidad. Cogí su mano, suave y sin pretensión de generar más movimientos corporales, para unir nuestras emociones en un fluido rosa, camino de ningún sitio, emocional como los versos de Zaz que están arriba, en sintonía, creando confianza sin exigir nada. 

 He soñado muchas cosas y escenas porque aún era pronto para despertar. Habitantes de la realidad mirando cómo arreglaban el pasamanos de madera de la escalera. Otros en una mesa recogiendo  escritos, exámenes, propuestas, votos, instancias o solicitudes (qué se yo).  Pregunto a una mujer - está conmigo en una de las mesas - por su especialidad  o vocación. Ella es muy hacendosa, tímida y responsable (es la jefa del cotarro)  y tiene pocas ganas de hacer amigos mientras ejecuta su trabajo. Sabe que no nos volveremos a ver, que esto es un encuentro casual en una función irrelevante, dentro de un sueño no demasiado profundo y, por eso, por todo lo que cree que sabe, actúa como si estuviese ocupadísima en la tarea de recoger papeles y hacer cruces en listas.  Me mira, sonríe, y contesta  a mi pregunta: como mi marido es médico deportivo, yo he aprovechado y me especializado en .... Ahí se corta la conversación no porque la mujer no haya seguido hablando sino porque he dejado de atenderla. 



 Ayer, sin soñar, caminé por entre estas tierras sin temer al frío ni a la ventisca. No fue un sueño. En el monte me siento idéntico al niño de trece años que comenzó a salir de excursiones con el grupo montañero porque se había quedado sin amigos.Creer esto sí es un sueño - el sueño de que por dentro somos iguales a todos aquellos que fuimos, clones emocionales del adolescente que pisó los caminos hace treinta, casi cuarenta años. Somos benévolos y decimos que es sueño pero es otra cosa. Es mentira o intoxicación, es efecto secundario de todo el oxígeno que, a estas alturas, hemos ingerido.  Es un engaño tolerado, como la violencia entre dos fieles del amor sadomasoquista, sin responsabilidad penal, como cuando Johnny Guitar y Vienna niegan la realidad, miénteme, dime que me quieres; miénteme,  Zaz, dime que es verdad que quieres el amor, la alegría y el buen humor, miénteme con fuerza y apoya la mano en tu corazón esperando la muerte. Dime que soy el niño, miénteme; yo soy aquel muchacho que abría sus poros a la ventisca  porque hacía bien poco que había dejado de creer en dios, de sentirse amado por dios, y encontró su fe en las montañas, en el frío del invierno que aleja a las gentes de la calle, a la noche que cae a las seis de la tarde, el chico triste que siempre sonríe, el joven que tiene tanta fe que imagina que Wendy, hubiera sido su amiga en el instituto aunque luego se fuera por ahí con Pablo, más listo, más perverso, más excitante. 


  Camino por el campo abatido por el viento, tierra endurecida en el hielo que penetra sus vetas y  mineraliza el calor y la ternura. Yo allí, hace treinta años, ayer, como en sueños, sin soñar porque tengo una fotografía que lo prueba.


Johnny Guitar (Nicholas Ray, 1954)




 Esta semana me ha decepcionado un tipo de mujer (no una mujer sino un arquetipo) en el que llevaba creyendo desde hace decenios. La mujer callada, morena seria e inteligente, tan parecida a lo que yo creía que era, tan gemela, tan mi doble. Me decepciona ahora, a mi, al señor de las decepciones, al tipo que para poder seguir soportándolas, por ese vicio malsano de amar la frustración, se convirtió en tortuga bicéfala (¡¡ cuantas protecciones!!).

 Estoy dejando la medicación. Esta expresión me parece tan literaria que me entran ganas de abandonar aquello que designa. Esa frase es simulación de sí, como un club de autoayuda o de medicamentados anónimos. Esto no es sueño. Realmente lo hago; no pude tirar por la borda de lo imaginario mi paseo por el campo helado ni la decepción de esa tipa que tan maja y atractiva me parecía, ni a  Johnny y Vienna reencontrándose cinco años antes que ahora, en el ahora. Más allá del sueño. Sin medicación. Patéticos.


2 comentarios:

  1. He silenciado un rato a ZaZ. Ver a la gente bailar sin música es bastante extraño y hasta ridículo. ¿Serán las decepciones tan sólo unas proyecciones de nosotros mismos y nuestra vanidad? ¿Será que no estaríamos atentos a las alertas? ¿o que siempre estamos esperando demasiado? SErá que somos humanos y por eso esperamos.

    Todo sigue siendo una leyenda probable para poder vivir fuera del frío que ahuyenta a la gente de la calle y a las 6 de la tarde cae la noche.

    Eres un niño. Eres aquel muchacho que abría sus poros a la ventisca.

    Miénteme, dime que aún tienes fe en las montañas

    Miénteme, dime que no estás dejando la medicación.

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  2. Inuk:
    tengo fe en las montañas.

    Inuk:

    no estoy dejando la medicación.

    Inuk:

    las decepciones puede ser (o no) proyecciones de nuestra vanidad. Las decepciones "son" (y eso es dato relevante: su realidad, su entidad como ligera porosidad oscura del resto de las cosas en su presencia). Por lo demás, alguien se decepciona porque tiene en alto concepto aquello que le hiere(ahora dicen mucho: "porque tiene puesto en valor aquello que le hiere"). La decepción desvela un brujula y una cartografía (aunque sea, ay, cuando el náufrago está ya en la isla, encerrado en su farmacopea).

    Inuk: miénteme, dime que soy un niño, aquel muchacho que abría sus poros a la ventisca.

    Merci du fond du coeur

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