domingo, 26 de febrero de 2012

WENDY (004). OTRA TARDE EN LA CASA DE PABLO (1)

  Para cualquier otra chica, llamarse Wendy podría ser traumático. Eso dice Pablo muy suave, acompasándose mientras me mira, después de dos o tres horas de estudio, en el atardecer de un martes del segundo trimestre, tumbado en su cama y marcando el ritmo de un ritual que quiere ser amable e interesante. (.....)

  Idéntica la fuerza en la madre y en la hija, sin poder determinar quién es más fiel o más resistente a ella, porque el ímpetu no se ajusta al devenir temporal, lo mismo es el después que el antes, niega cualquier jerarquía y salta por encima de los treinta años que nos separan. Me gusta sentir ese deseo que nos unifica a mamá y a mí (quizás a muchas más mujeres) aunque me niegue a dejarme llevar por él y, por eso, lo crucifico como a un viejo dios, introduciendo aristas geométricas de burla en su estómago, cuchillas que me raspan el vientre como en un aborto y me rasgan el corazón, el sexo, la piel o lo que sea. (....)

Burlar al cuerpo. Sobre todas las cosas. Quebrar el deseo sin cabrearlo, buscando su sonrisa, alambicando nuestros juegos hasta el extremo,(...)

Pablo – y en eso se parece a tantos otros – tiene una obsesión casi patológica por lanzar su semen al mundo. El semen no es agradable ni desagradable. Su temperatura me resulta sorprendente . Su textura no. El semen de Pablo es parecido a un gran moco o a un salivazo. Pero me resulta tierno. No sé por qué y tampoco sé si con otros sémenes sentiría esa ternura que percibo en el caso de la leche de Pablo.


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