miércoles, 29 de febrero de 2012

EQUIPO DE PROTECCIÓN INDIVIDUAL (EPI, 04). La tentación autobiográfica


Los EPIs (Equipos de protección individual) para un determinado puesto de trabajo relacionados en esta guía,no serán necesarios en aquellos riesgos para la salud o la seguridad de los empleados que pudieran evitarse, o limitarse suficientemente mediante la utilización de medios de protección colectiva o la adopción de medidas de organización del trabajo (Guía de Selección de Equipos de Protección Individual)

Ha escrito el menda en ocasiones con tentación autobiográfica. El movimiento noble de la escritura, el enorme riesgo de abrir la caja de las palabras con la viril intencionalidad de Pandora - reacción de la mujer ante la pusilanimidad del segundo hijo de Jápeto-, buscando, en el mismo gesto guerrero, decapitar algún dragón de sin sentido, queda cancelado por la estúpida pretensión de convertir la vulgaridad de "mi vida" en lienzo ejemplificador de algo (mi vida como en un cuadro, decían Uriel da Costa o el Cartesio). Pido disculpas por la réplica y sabed que soy consciente de lo fácil que es decir estúpido (casi tanto como serlo). Sólo por daño colateral pueden sentirse, los millones de escribientes que se ajustan a ese deseo de narrar su vida, ofendidos y mi ansia de perdón crece como el aroma de las flores en la primavera virgen.

Decimos poner en orden la vida, haciendo gala de lo visto y vivido (profilaxis terapéutica que incrementa la autoestima bajo la forma: ¡Ay, si yo le contara! ¡Mi vida da para varias novelas!). O, en otra vuelta de tuerca (es más de los mismo y superfluo), creemos ingenuamente desperezar las palabras para vivir otras vidas desde la fidelidad absoluta y mojigata a la propia, sin querer vender la existencia que  nos toca en suerte en el lupanar o en el mercado de esclavos, estúpido también, dígo, convertir el texto en mandala del alma, de ese rabo baboso, el yo, y su jefe en la sombra: el humilde y buen tipo que somos.

Lamento el adjetivo, pero hay que ser serio en la tarea de determinar el equipo de protección individual que hace al caso, y su necesidad o trascendentalidad, no dando razones fáciles a Wendy que, como ya se dejó constancia en estas páginas, cree que los equipos de protección individual no existen.

Michael Crichton, en su Parque Jurásico, nos planteaba la idea de hacer biotecnológicamente viable el deteriorado ADN de los dinosaurios, sustituyendo los fragmentos perdidos por cadenas de ADN de rana. Por su propia esencia, la biografía de uno, si es el mismo el que la redacta, debe completar los huecos de la memoria y las deformaciones de la subjetividad con algún tipo de gelatina de rana. Las manías y los odios por las amantes que nos despacharon, los desprecios propios hacia aquellas otras que nos amaron cuando éramos unos hijos de puta, las traiciones, el abandono de la asamblea cuando la decisión - se discutía si matar a un gendarme - nos incomodaba por miedo más que por razón. Dejar de hacer o hacer, correrse dentro para embarazar mujeres sin ganas o para implementar carreras profesionales, todas estas cosas , agujeros en el ADN de la biografía, por una sobredosis de ácido nítrico, debemos recomponerlas con ranas resbaladizas, de esas que uno se come, como decía Nietzsche en las tres transformaciones,esas que dejamos que nos presten con usura sus instrucciones ad-ene .Y todo por la tontuna de cerrar el genoma, posibilitar de sacar de nuestra pequeñas historia una Historia, un T- Rex, el bicho de nuestra autobiografía trufada de ranas, deglutidos lugares comunes, eternidad, una vida, esa vida que actúa en el escrito como Equipo de Protección individual

Quizás no existan EPI´S, al menos en esa modalidad autobiográfica. Las ranas de mi reconstrucción me ha forzado a hablar monotemáticamente de sólo una cosa y escribir sólo para ellas, siervo de una anécdota, de un hilo que no era rojo ni, mucho menos, dorado. No hay hilos , Wendy. Tienes razón , como siempre y aunque solo tengas diecisiete años. Pero yo los busco porque no tengo diecisiete años

*****

 Anteayer descubrí que me habían arrancado árboles en uno de los caminos que transito. No soporto la destrucción de mis lugares. Soy conservador como la baronesa  Thyseen o el principe Charles. Prefiero que las raíces levantes cañerías o que los troncos secos caigan en la carretera. No acepto que me roben imágenes porque eso significa que la babosa rana deberá prestarme segmentos de se su ADN para  construir esa imposible autobiografía  Me gusta la idea de Wang Shu (Pritzer)  y Lu Wenyu, su estudio de arquitectura amateur, el trabajo de búsqueda de la chatarra constructiva. La arquitectura como la tarea colectiva de los habitantes de muchos pueblos que deben reconstruir su habitación despuñés del tifón, usando el material de desecho que fueron sus casas. Levantar la torre de Babel sin idea rectora, sin el dolor de Uriel de Acosta por su ostracismo, sin la alucinación de Descartes con el Yo. Sin voluntad de nada salvo de crear una nueva habitación. Ficción sin autobiografía.

 No creo en la autobiografía - salvo que la palabra nada signifique.  No la acepto como E. P. I.  No protege del frío ni de un posible ataque tóxico. Sólo sé del conatus que me lleva edificar y habitar en el verso que algún poema deje suelto. Todo lo contrario del E.P.I



3 comentarios:

  1. Hola L:
    Las palabras dichas sólo son aire; las palabras escritas sólo son letras…
    Es nuestro cerebro el que codifica y descodifica y da significado a las mismas.
    Estamos moldeados por las experiencias que son las que pintan de colores esas asociaciones y decoran esas conexiones nerviosas que sospecho, son en blanco y negro.
    No temas de tus tentaciones autobiográficas de llenar un lienzo ni de vender tu existencia, cada uno pujaremos distinto en la compra y eso la hace más interesante.
    Y no será un E.P.I. pero puede ser un complemento, como la señalización por ejemplo, para tu isla.
    Saludos L, y también a tu ADN.

    ResponderEliminar
  2. Particularmente, no me interesa la autobiografía en los escritos. Otra cosa distinta es que se cuele algo de lo vivido, sentido o pensado; pero, por lo general, no suelen salir buenas narraciones de la propia experiencia.
    En la poesía, ocurre todo lo contrario. No suele salir un buen poema si no se ha vivido, sentido o pensado en carne propia.
    Pero no me gustan las teoría. El caso es escribir, salga lo que salga, que el olfato ya nos dirá dónde hemos metido la pata.
    Abrazos, L.

    ResponderEliminar
  3. Gracias a la persona anónima y a Isabel por su anotación. Supongo que podría compartir sus reflexiones. Ahora bien:

    a) Persona anónima: No comparto la idea de que el gran decodificador cerebral sea un engaña bobos que convierte el blanco y negro real en colorín. El color me resulta tan complejo de tocar y hacerlo mío, que apuesto por su verdad. Hay color y eso, a diario, salva.

    b) Isabel: el autobiografismo tiene algo de morboso y, por ello, merecedor de nuestras indiferencias. En todo caso, la distinción entre la relevancia de la propia experiencia en la creación de la prosa y de la poesía, puede dar para muchas horas de charla y hasta para llegar a la borrachera a poco que uno aclare su garganta en la conversación con espumoso.

    En cualquier caso, la alusión a la autobiografía como equipo de protección individual, no me llevaba a pensar en la autobiografía como motor de la escritura sino como uno de los instrumentos de protección que usamos para que la vida no nos queme o nos moje.

    Gracias y abrazos

    ResponderEliminar