domingo, 19 de febrero de 2012

Indicios de delito (001). Postales


   No, no sé su dirección, solo su número de teléfono. Sí, somos amantes pero nunca compartimos casa. Nuestra intimidad  nació en París, en un viaje que decidimos de forma espontánea e inesperada,  ajustando agendas y presintiendo la alegría de compartir visitas y paseos. Fuimos a Baden Baden y recorrimos juntos la Selva Negra. Después, de nuevo en casa,  el silencio. ¿Cómo puede desaparecerse así? No puedo dar muchos detalles de la vida de Nadia, no teníamos mucho interés en hablar del presente. Efectivamente, yo estoy de baja por un largo proceso depresivo. No me apetecía hablar de mi situación sino escapar de ella. Por eso hablamos del pasado y del futuro. ¿Ella ocultaba algo? No sé, ¿quién no lo hace? ¿Casada? No creo; no sé. No llevaba anillo. Pero estas cuestiones son secundarias. Les digo que Nadia ha desaparecido. Hace dos meses que no sé nada de ella y su móvil está apagado. ¿No es esto suficiente? Las cosas no pueden ser así.  No se disuelve uno en el aire de esa manera, sin una llamada de distanciamiento (que se nos haría sospechosa e imaginaríamos que detrás del auricular una pistola apunta a la cabeza de la persona y obliga a decir lo que no desea, a forzar una separación) o un gesto que anuncie el deterioro. No es posible que pueda sentir todavía su cuerpo en mis dedos, el sabor de su cadera y que, lo más fácil, su presencia, esté diluida.  Nada se rompe así de brusco.  Se llama Nadia... no, no me dijo su apellido. Sí, es curioso, lo reconozco. Estoy enamorado hasta lo más íntimo de mis entrañas de una mujer de la que sólo tengo su nombre y el recuerdo de nuestro viaje. Puedo sentir el calor de su vientre en mi vientre pero no tengo una imagen que ofrecerles. No hay fotos, sólo postales.Miren, observen con detalle. En las dos rojas paralelas que he trazado desde mi muñeca hasta el pliegue del antebrazo pueden ustedes ver las postales de nuestro romance. Miren como laten, llenas de vida, cambiando su tonalidad sepia al compás de las pulsaciones. Este álbum  está debilitándome como sólo sabe hacerlo el amor. Ojalá no tuviera esa caja de recuerdos en mi cabeza. Por eso tienen que hacerme caso. Nadie desaparece sin sacar el pañuelo. No pueden creer que Nadia no existe porque mi álbum de postales tiene la marca de la sinceridad.

2 comentarios:

  1. ¡Me encantó! Un relato, una postal, un grito que busca al ser amado.
    Transmite, L. Está muy bien desarrollado el relato, con buen ritmo narrativo. Unas líneas que cuentan toda una historia.
    Lo que más me ha gustado: contando una historia desde la oscuridad, no usa un lenguaje oscuro, sino claro y diáfano.
    Sugiere y el lector dispara su imaginación.
    Transmite (lo malo del lenguaje excesivamente simbólico es que sólo es apto para quien lo maneja).
    De lo mejor que te he leído.
    Un abrazo.

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  2. Agradezco, como siempre, tu comentario. Estoy de acuerdo con lo que dices respecto a los límites del lenguaje excesivamente simbólico (en el que me muevo)y su impotencia comunicadora. Sólo se justifica ese engranaje, en mi caso, por la función terapéutica que tiene en mí la escritura (o ni siquiera: mi mostrar sin mostrar, ese enredar en nubes de símbolos y altas pretensiones mi biografía es engaño sobre todo para mi, un modo patético de lanzar la pelota fuera del campo (cuando no hay fuera del campo porque, en el fondo, jugamos en un cubo cerrado y acristalado: somos más trasparentes de lo que creemos).

    En medio del bajón biográfico, tu anotación vale más que una caja de ansiolíticos. Seguiré la estela. Ruego tu crítica.

    Abrazos desde el frío con sol.

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