miércoles, 29 de febrero de 2012

EQUIPO DE PROTECCIÓN INDIVIDUAL (EPI, 04). La tentación autobiográfica


Los EPIs (Equipos de protección individual) para un determinado puesto de trabajo relacionados en esta guía,no serán necesarios en aquellos riesgos para la salud o la seguridad de los empleados que pudieran evitarse, o limitarse suficientemente mediante la utilización de medios de protección colectiva o la adopción de medidas de organización del trabajo (Guía de Selección de Equipos de Protección Individual)

Ha escrito el menda en ocasiones con tentación autobiográfica. El movimiento noble de la escritura, el enorme riesgo de abrir la caja de las palabras con la viril intencionalidad de Pandora - reacción de la mujer ante la pusilanimidad del segundo hijo de Jápeto-, buscando, en el mismo gesto guerrero, decapitar algún dragón de sin sentido, queda cancelado por la estúpida pretensión de convertir la vulgaridad de "mi vida" en lienzo ejemplificador de algo (mi vida como en un cuadro, decían Uriel da Costa o el Cartesio). Pido disculpas por la réplica y sabed que soy consciente de lo fácil que es decir estúpido (casi tanto como serlo). Sólo por daño colateral pueden sentirse, los millones de escribientes que se ajustan a ese deseo de narrar su vida, ofendidos y mi ansia de perdón crece como el aroma de las flores en la primavera virgen.

Decimos poner en orden la vida, haciendo gala de lo visto y vivido (profilaxis terapéutica que incrementa la autoestima bajo la forma: ¡Ay, si yo le contara! ¡Mi vida da para varias novelas!). O, en otra vuelta de tuerca (es más de los mismo y superfluo), creemos ingenuamente desperezar las palabras para vivir otras vidas desde la fidelidad absoluta y mojigata a la propia, sin querer vender la existencia que  nos toca en suerte en el lupanar o en el mercado de esclavos, estúpido también, dígo, convertir el texto en mandala del alma, de ese rabo baboso, el yo, y su jefe en la sombra: el humilde y buen tipo que somos.

Lamento el adjetivo, pero hay que ser serio en la tarea de determinar el equipo de protección individual que hace al caso, y su necesidad o trascendentalidad, no dando razones fáciles a Wendy que, como ya se dejó constancia en estas páginas, cree que los equipos de protección individual no existen.

Michael Crichton, en su Parque Jurásico, nos planteaba la idea de hacer biotecnológicamente viable el deteriorado ADN de los dinosaurios, sustituyendo los fragmentos perdidos por cadenas de ADN de rana. Por su propia esencia, la biografía de uno, si es el mismo el que la redacta, debe completar los huecos de la memoria y las deformaciones de la subjetividad con algún tipo de gelatina de rana. Las manías y los odios por las amantes que nos despacharon, los desprecios propios hacia aquellas otras que nos amaron cuando éramos unos hijos de puta, las traiciones, el abandono de la asamblea cuando la decisión - se discutía si matar a un gendarme - nos incomodaba por miedo más que por razón. Dejar de hacer o hacer, correrse dentro para embarazar mujeres sin ganas o para implementar carreras profesionales, todas estas cosas , agujeros en el ADN de la biografía, por una sobredosis de ácido nítrico, debemos recomponerlas con ranas resbaladizas, de esas que uno se come, como decía Nietzsche en las tres transformaciones,esas que dejamos que nos presten con usura sus instrucciones ad-ene .Y todo por la tontuna de cerrar el genoma, posibilitar de sacar de nuestra pequeñas historia una Historia, un T- Rex, el bicho de nuestra autobiografía trufada de ranas, deglutidos lugares comunes, eternidad, una vida, esa vida que actúa en el escrito como Equipo de Protección individual

Quizás no existan EPI´S, al menos en esa modalidad autobiográfica. Las ranas de mi reconstrucción me ha forzado a hablar monotemáticamente de sólo una cosa y escribir sólo para ellas, siervo de una anécdota, de un hilo que no era rojo ni, mucho menos, dorado. No hay hilos , Wendy. Tienes razón , como siempre y aunque solo tengas diecisiete años. Pero yo los busco porque no tengo diecisiete años

*****

 Anteayer descubrí que me habían arrancado árboles en uno de los caminos que transito. No soporto la destrucción de mis lugares. Soy conservador como la baronesa  Thyseen o el principe Charles. Prefiero que las raíces levantes cañerías o que los troncos secos caigan en la carretera. No acepto que me roben imágenes porque eso significa que la babosa rana deberá prestarme segmentos de se su ADN para  construir esa imposible autobiografía  Me gusta la idea de Wang Shu (Pritzer)  y Lu Wenyu, su estudio de arquitectura amateur, el trabajo de búsqueda de la chatarra constructiva. La arquitectura como la tarea colectiva de los habitantes de muchos pueblos que deben reconstruir su habitación despuñés del tifón, usando el material de desecho que fueron sus casas. Levantar la torre de Babel sin idea rectora, sin el dolor de Uriel de Acosta por su ostracismo, sin la alucinación de Descartes con el Yo. Sin voluntad de nada salvo de crear una nueva habitación. Ficción sin autobiografía.

 No creo en la autobiografía - salvo que la palabra nada signifique.  No la acepto como E. P. I.  No protege del frío ni de un posible ataque tóxico. Sólo sé del conatus que me lleva edificar y habitar en el verso que algún poema deje suelto. Todo lo contrario del E.P.I



domingo, 26 de febrero de 2012

WENDY (004). OTRA TARDE EN LA CASA DE PABLO (1)

  Para cualquier otra chica, llamarse Wendy podría ser traumático. Eso dice Pablo muy suave, acompasándose mientras me mira, después de dos o tres horas de estudio, en el atardecer de un martes del segundo trimestre, tumbado en su cama y marcando el ritmo de un ritual que quiere ser amable e interesante. (.....)

  Idéntica la fuerza en la madre y en la hija, sin poder determinar quién es más fiel o más resistente a ella, porque el ímpetu no se ajusta al devenir temporal, lo mismo es el después que el antes, niega cualquier jerarquía y salta por encima de los treinta años que nos separan. Me gusta sentir ese deseo que nos unifica a mamá y a mí (quizás a muchas más mujeres) aunque me niegue a dejarme llevar por él y, por eso, lo crucifico como a un viejo dios, introduciendo aristas geométricas de burla en su estómago, cuchillas que me raspan el vientre como en un aborto y me rasgan el corazón, el sexo, la piel o lo que sea. (....)

Burlar al cuerpo. Sobre todas las cosas. Quebrar el deseo sin cabrearlo, buscando su sonrisa, alambicando nuestros juegos hasta el extremo,(...)

Pablo – y en eso se parece a tantos otros – tiene una obsesión casi patológica por lanzar su semen al mundo. El semen no es agradable ni desagradable. Su temperatura me resulta sorprendente . Su textura no. El semen de Pablo es parecido a un gran moco o a un salivazo. Pero me resulta tierno. No sé por qué y tampoco sé si con otros sémenes sentiría esa ternura que percibo en el caso de la leche de Pablo.


 WENDY  CUENTA ESTA HISTORIA ENTERA EN EL OTRO SITIO

sábado, 25 de febrero de 2012

EQUIPO DE PROTECCIÓN INDIVIDUAL (EPI, 03)

Aranda de Duero, 25 de febrero de 2012

      
    Qs
















                Con amistad que no admite escritura, recibid un afectuoso abrazo de éste que os ama 

 Luis Fructuoso González Santamaría

miércoles, 22 de febrero de 2012

Indicios de delito (004). Надежда



No es fácil ser la mujer de un policía (la señora del comisario Fernández). Tampoco lo es la convivencia. En realidad,creo que nada es fácil y esa idea, no sé si tranquilizadora o inquietante, es la huella que ha dejado en mi los años con Paco. Quizás por eso, porque nada es fácil, la realización de nuestro anhelado viaje por Europa se ha ido difiriendo año tras año. A veces la dificultad de enfrentarse a las cosas se disfraza de pereza y la pereza, que no quiere decir su nombre, se alía con los obstáculos. Por eso me ha sorprendido encontrar, en la mesa de trabajo de Paco, algunos folletos turísticos de París, Alemania, Suiza... y , en la misma carpeta, un dibujo a lápiz que muestra a una mujer sonriente, Nadia es su nombre, y una postal antigua en la que Paco, con su letra estropajosa, había escrito Esta es tu casa, Nadia. No veo a Paco poniéndome los cuernos con nadie. Es un tipo honesto, un policía que cree que las cosas no se resuelven a hostias sino con sutileza y templanza. La sinceridad en las relaciones personales es fundamental solía decirme. Nunca ha sabido mentirme, aunque su trabajo se base en el deslizamiento y la diseminación por la geografía del engaño, los prejuicios y las primeras impresiones, las informaciones sesgadas y las inocencias aclamadas entre llantos por un tipo sorprendido con el hacha y la cabeza de su víctima. Por todo eso, por contraste, porque de repente he sentido que la lógica de su trabajo había penetrado en nuestra vida, la presencia del dibujo y la postal me ha desestabilizado más de lo deseable. ¿Quién eres, Nadia (o Nadja)?. Paco ha viajado a Alemania y Francia, por cuestiones de trabajo, en varias ocasiones. ¿Puede ser que en alguna de ellas haya encontrado a esa mujer? No es su estilo, me digo, pero las cosas nunca son fáciles. Ni simples. Quizás ha creído necesario un desquite por mi aventura de hace unos años. Aproveché una reunión de trabajo para dejarme seducir por un compañero que llevaba un tiempo tirándome los tejos. Supongo que necesitaba un poco de excitación, sentirme atractiva ante un chico más joven. No fue ni romance ni siquiera buen sexo. Sólo excitación. Sobre todo excitación. Quizás Paco decsubrió mi infidelidad y esa Nadia es la venganza. Puede ser. Lo que me asusta de todo este asunto es que Nadia no tiene cara de lío circunstancial. Nadia deja huella e incita a construir una casa. Nadia invita a los hombres a ser habitada como esposa, con entrega de amor y hogar, fidelidad y sinceridad. Nadia hable el espacio de una conversación que se dilata en el tiempo.  Es, por eso, otra rivera, un mundo distinto y cálido.Otro hogar posible. Un desquite sexual en Paco lo entendería (aunque me doliera). Pero esto es más. Si Nadia desapareciera, supongo que los hombres que la aman, Paco con toda seguridad, sentirían que el mundo se les hunde. Harían locuras. Morirían o se matarían para mostrar la sinceridad de su emociones. Solo los hombres son tan idiotas.

Ese es tu riesgo, Nadia. Y yo no quiero correrlo.


POST DATA.

Nadia, para los árabes la "anunciadora" y el "rocío", la neura que nos lleva a decir "tú eres mi mundo" y otras cosas así, esas palabras que, en la sinceridad de su decir, rompen la ñoñería que las embarga. Palabras con peligro para los hombres de mediana edad. Nadia: apelación cariñosa para las Nadezhda, las Esperanzas.  Ninguna compañera de mi marido se llama Nadia, ni Nadine... ni Esperanza. Posiblemente, la mujer del retrato no sea española. He preguntado a Paco,en ocasiones,por su trabajo cuando viaja al extranjero, pero es más bien esquivo en sus respuestas (lucha antiterrorista, bandas organizadas, trata de blancas...). Una vez le pregunté por Nadia - ¿qué tal está Nadia? - y él, confuso, me contestó que no conocía a ninguna Nadia.

Se nos ha roto la confianza y la sinceridad. Somos dos delincuentes que sospechan de la limpieza de las intenciones del otro. O un policía tratando de inculpar a un criminal. Empecé yo el engaño con mi lío en Barcelona pero no puede decirse que aquello fuera significativo. Paco ama a Nadia y eso me desespera porque yo le quiero. Tengo que encontrarla y decirle que las cosas no son fáciles. Prefiero que el mundo de mi esposo se desmorone y que, entre los escombros, pueda reconfortarle. He de localizar a Nadia. Debo hacerlo. Nadia debe desaparecer. Por ley.

Nadia es: Sinagoga, escultura gótica presente en la catedral de Bamberg(002).
Nadia es: Magdalena de Canova (004)

Esta es tu casa, Nadia: Baden-Baden (001) y Casa del Puente en Bamber (003)

martes, 21 de febrero de 2012

Indicios de delito (003). Eso debe de ser



El comisario Espinosa olvidó en el cajón algunos de sus dibujos. Era un buen retratista, capaz de captar, a partir de las confusas descripciones de los testigos,los rasgos más relevantes del sospechoso. Espinosa era mejor que el Facette porque sus imágenes tenían las claves del alma del criminal. Eso es una solemne tontería, Fernández - me habría dicho el comisario. Digamos que sé subrayar y orientar la búsqueda con mis retratos. La verdad es que muchos denunciantes sólo recordaban a sus agresores con claridad después de ver los dibujos de Espinosa. Revisando estas láminas olvidadas, he encontrado una en la que se ve el rostro de una mujer y, en el borde inferior, un nombre: Nadia. En la parte de atrás, escrito también con la grafía del comisario, una anotación: Julio de 2010. Esta es nuestra casa, Nadja. Nadia-Nadja. No he olvidado el caso del hombre que se cortó la venas en este mismo lugar. Desde luego el caso nos trajo de cabeza algún tiempo, no por lo que pretendía denunciar (la desaparición de la mujer fantasma) sino por su ocurrencia de abrirse las venas en el despacho del comisario cuando éste se echaba la siesta. Los hechos tuvieron lugar, si no recuerdo mal, el 2 de agosto de 2010. Un mes después de la fecha que aparece en el retrato de Espinosa. Por su puesto, nunca existió el caso de la desaparición de Nadia. La policía no busca fantasmas - solía decirme el comisario. La mujer era únicamente un nombre y una confusa historia. Por eso me ha llamado la atención este dibujo. La intuición del comisario con los retratos, ¿tiene algún sentido?. El dibujo me inquieta.Nunca hubo descripción de la mujer supuestamente desaparecida. Sin embargo, siento en el dibujo una fidelidad a algo. No sabría decir a qué.

Creo que echo en falta al comisario y hoy me siento especialmente melancólico. La sinceridad del dibujo que yo percibo, no depende de la modelo - esa mujer fantasma - sino del aprecio por el artista, por la amistad y el compañerismo que nos unía. Eso creo. Eso debe de ser.

lunes, 20 de febrero de 2012

Indicios de delito (002). No pude ver lo que vi



 Me llamaron sobre las tres y media para contarme que un tarado se había abierto las venas en comisaría. Cuando llegué  la ambulancia se había llevado al sujeto y Fernández me relató lo sucedido mientras contemplábamos los rastros de sangre que cubrían el suelo del despacho.

-  El fulano vino a denunciar la desaparición de una tal Nadia. Supuestamente era su amante aunque él no pudo darnos noticias del apellido, oficio o domicilio de la mujer. Tan solo un número de teléfono móvil y una experiencia tórrida en París que él relataba nervioso.  El agente Pérez detectó signos de evidente sin sentido - alusiones a recuerdos carnales y cosas así - y se retiró un momento para buscar a algún compañero que le ayudara a quitarse del medio al loquito. Cuando quisieron darse cuenta,  el tío chorreaba sangre y gemía solicitando ayuda para encontrar a la desaparecida.

 Miré la sangre. Ya no era roja y, sin embargo, en algunos lugares, se reflejaban aún  los muebles que circundaban la escena. Me senté en una silla y me quedé contemplando un charquito que,  milagrosamente,  no había sido pisoteado por los zapatos de mis compañeros. En él pude ver nítidamente imágenes de un hombre y una mujer caminando por el bosque o haciendo bromas ante la cámara. También  postales de rincones típicos de Paris y de un hermoso paraje de montaña. Y dibujos en los que se contemplaba a una mujer. Según indicaba lo escrito en sus márgenes, era Nadia.

Soy un policía mayor, un viejo comisario que cuenta los meses que le faltan para su jubilación. Mi vista ya no es lo que era ni mi cabeza funciona del todo bien. Quiero creer que lo que vi no lo vi realmente o, si lo hize, lo mal interpreté. El sueño de mi siesta interrumpida no me había abandonado y caí en algún tipo de alucinación. Es verdad que las  imágenes, proyectadas desde la sangre, eran nítidas, claras, precisas. De hecho me dejaron una huella tan persistente en la memoria que, ahora, pasadas las horas, he podido reproducir el rostro  de Nadia tal y como aparecía en los carboncillos. Esas imágenes no son trampas ni engaños. Nadia existe (o existió) y tiene sentido preguntarse por la desaparecida. No lo voy a hacer. No quiero ser un viejo demente en el final de mi carrera. Mando el olfato policial y la intuición al carajo. Ahora me toca ser un pasivo alimentador de palomas y dibujante de ratos libres. Dejo para otros la faena  de atar cabos. Comprender la locura del suicida es la única piedad que puedo permitirme.

domingo, 19 de febrero de 2012

Indicios de delito (001). Postales


   No, no sé su dirección, solo su número de teléfono. Sí, somos amantes pero nunca compartimos casa. Nuestra intimidad  nació en París, en un viaje que decidimos de forma espontánea e inesperada,  ajustando agendas y presintiendo la alegría de compartir visitas y paseos. Fuimos a Baden Baden y recorrimos juntos la Selva Negra. Después, de nuevo en casa,  el silencio. ¿Cómo puede desaparecerse así? No puedo dar muchos detalles de la vida de Nadia, no teníamos mucho interés en hablar del presente. Efectivamente, yo estoy de baja por un largo proceso depresivo. No me apetecía hablar de mi situación sino escapar de ella. Por eso hablamos del pasado y del futuro. ¿Ella ocultaba algo? No sé, ¿quién no lo hace? ¿Casada? No creo; no sé. No llevaba anillo. Pero estas cuestiones son secundarias. Les digo que Nadia ha desaparecido. Hace dos meses que no sé nada de ella y su móvil está apagado. ¿No es esto suficiente? Las cosas no pueden ser así.  No se disuelve uno en el aire de esa manera, sin una llamada de distanciamiento (que se nos haría sospechosa e imaginaríamos que detrás del auricular una pistola apunta a la cabeza de la persona y obliga a decir lo que no desea, a forzar una separación) o un gesto que anuncie el deterioro. No es posible que pueda sentir todavía su cuerpo en mis dedos, el sabor de su cadera y que, lo más fácil, su presencia, esté diluida.  Nada se rompe así de brusco.  Se llama Nadia... no, no me dijo su apellido. Sí, es curioso, lo reconozco. Estoy enamorado hasta lo más íntimo de mis entrañas de una mujer de la que sólo tengo su nombre y el recuerdo de nuestro viaje. Puedo sentir el calor de su vientre en mi vientre pero no tengo una imagen que ofrecerles. No hay fotos, sólo postales.Miren, observen con detalle. En las dos rojas paralelas que he trazado desde mi muñeca hasta el pliegue del antebrazo pueden ustedes ver las postales de nuestro romance. Miren como laten, llenas de vida, cambiando su tonalidad sepia al compás de las pulsaciones. Este álbum  está debilitándome como sólo sabe hacerlo el amor. Ojalá no tuviera esa caja de recuerdos en mi cabeza. Por eso tienen que hacerme caso. Nadie desaparece sin sacar el pañuelo. No pueden creer que Nadia no existe porque mi álbum de postales tiene la marca de la sinceridad.

miércoles, 15 de febrero de 2012

EQUIPO DE PROTECCIÓN INDIVIDUAL (EPI, 02)



no existen equipos de protección individual (WENDY)

 Los hijos pequeños de mi profesor de metafísica  interpretaban la santísima trinidad como una manta que cubría, en la cama, a dios padre, a su hijo jesucristo y al espíritu santo. Las personas divinas  precisan equipo de protección y, en el esquema teológico, la santísima trinidad es el  instrumento. La santísima trinidad es artefacto espiritual  de protección de uso no exclusivamente personal ni desechable (clase C o D).

Equipo de Protección Individual (Clase C): Reutilizables e Intercambiables con control general (protección ocular y facial, protección del cuerpo frente a radiaciones, riesgo químico, protección de las manos frente a riesgos específicos, protección frente a caídas en altura, frente a riesgo eléctrico, etc.). 
Equipo de Protección Individual (Clase D ): Reutilizables e intercambiables con control 

específico. (Equipos de respiración autónoma y semiautónoma, etc.).
 Guía de selección de Equipos de Protección Individual [EPIs]  en el ámbito laboral de la Junta de Castilla y León).

 Dejados de la mano de dios, imposibilitada teológicamente la cobertura comunitaria (véase el episodio de la Torre de Babel), nos afanamos las almas en mantener el engaño de una formación integral para la seguridad en el trabajo.

 Construimos signos. El amor es uno de ellos (o el marco protocolario común que se dice de muchas maneras).

 Sólo hemos testado la urdimbre de los signos en simulacros y especulaciones, en torno a la virtualidad que nos engendra como seres de razón y arquitectos de modelos T. En  los días de catástrofe (¿hay alguna institución o grupo de estudios que haya cuantificado el número de las mismas?) los signos saltan hechos pedazos y el T-orden se despierta como forma ridícula y tierna del caos. Sus fragmentos son los imperdibles que aguantan la invisible bandera del punk como filosofía de la época (hay otras, claro). Por eso  tenemos aprecio a las palabras  y seguimos manteniendo su nombre en nuestro folclore postraumático, como balsa provisional en la nueva tarea.

¿Cuál es la tarea? Construir signos.

Bla, bla, bla

Los dioses murieron de frío cuando la manta que los cubría se deslizó y cayó al suelo. Añoramos las mantas y soñamos siempre, literal y metafóricamente, entre edredones. Sin la cobertura textil o santisimotrinitaria, el ojo que desee ver lo real se tinta de rojo. Se encarna. Sufre.

 Sólo me queda contar, con ayuda de la Ficción, mis Equipos de Protección Individual. Este es el proyecto y el sentido de la serie que ahora empiezo.

Me encomiendo a los cadáveres de las tres personas divinas para mostrar los signos de mi fracaso(Q.E.D.)

martes, 14 de febrero de 2012

Wendy y las habitaciones (0004)

Gabriele Susanne Kerner, Nena

(....)  Nadie dijo, apunta mamá, que lo de honrar a los padres tuviera que ser en vida. Hacerlo después de muertos, aunque una los haya matado a disgustos, tiene también su valor (...) Aceptaré lo que me toque como he hecho siempre y, hasta ahora, no me ha ido tan mal. Sin embargo, lucharé para que no se imponga la genética y la mala suerte de las mujeres de esta familia. (....) .... y toco los tacones de mis zapatos como si fuesen un par de lámparas mágicas. Chicos, les digo, nunca permitiré que os alejen de mí aunque hago ejercicios espirtuales para sumir que puedo llegar a vivir sin tacones. Esto los romanos, tíos curiosos, lo llamaban el memento mori.

               WENDY CUENTA TODA LA HISTORIA AQUÍ,

                                                                        EN  LA MÁS HERMOSA DE LAS ESTACIONES

domingo, 12 de febrero de 2012

EQUIPO DE PROTECCIÓN INDIVIDUAL (EPI, 01)

Samuel Aranda: Mujer cubierta con un niqab consolando a un familiar herido. 
premio world press photo (2012)


Consuelo a ti, proletario,
horda que ha vivido
por encima de sus posibilidades
como si sus necesidades estuviesen
más arriba del suelo
 a un palmo

No hay engaño, perro,
porque debió tu mano(cabeza
 no tienes y no es efecto de la LOGSE),
destripar todos los sueños
todos sus sueños
todos esos sueños de otros
por encima de tus posibilidades

 Es malo olvidar el pasado de matarife

 Dicen que te queda el consuelo
la pedrea
el subsidio del miedo
- eso que aún tienes
puedes perderlo asín
y (asín) debes controlar
 el esfínter.

Hay esquirlas en tu pecho
fragmentos de lo que está por encima
de tus posibilidades
debes aprender a romper
antes de que rompan la quincalla y
la sonrisa
(la sonrisa no estaba por encima de tus posibilidades)

antes de que quemen el campo
de todas tus alienaciones.


Hasta el día de tu muerte
tendrás largos días de combate
y morfina
y no esperes morir sino como el perro que eres

Recuerda que eres campesino
 obrero 
oficinista de cuello simulado
 chaval de cuerda
 mocoso que recoge la seda en las alcantarillas
 niño chupatintas de divieso y sabañón

el pasado y el clasicismo es lo que queda

 el honor proletario
 heredero de todas sus mierdas 
del juego en la taberna y de virtud clásica del anarquista

Algún día, Victorina, todo esto será nuestro
(decía el abuelo)
*********


(Dice Stig Dagerman que la necesidad de consuelo es insaciable)
(Dice Boecio que consuela la filosofía)
(Ambos perdieron la cabeza)


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¡CUIDADO CON EL PERRO!


«Es sin embargo lamentable que
gente que vive de la ayuda social
tenga un perro», acaba de declarar
un concejal de Värmland.


La ley es ciertamente imperfecta:
da a los pobres derecho a un perro
¿Por qué no se procuran una rata?
Es graciosa y no cuesta dinero

He ahí gente que en su casa
cuida a un perro toda su vida.
Por qué no jugar con moscas
que son también de excelente compañía

La comuna es la que paga.
Se ha de acabar esta breva
sino, veréis que pronto
querrán tener una ballena.

Yo, de medida, no veo más que una:
matar todos los perros. O, sin dudar,
para salvar a los últimos de la comuna,
es a los pobres a quienes se habrá de matar.


Stig Dagerman (Última entrega  al periódico Arbetaren. 5.11.1954)

*********

Qué ingenua juventud!! Manal: No Pibe

jueves, 9 de febrero de 2012

Hay una distancia que me separa de todo


Hay una distancia que me separa de todo.
El momento presente es algo
que no logro aprehender hasta que caduca.
Más que a mi cuerpo
un sexo excita mi memoria.
Empiezo a olvidar donde y con quién he vivido cada recuerdo.
Desde lejos observo mis manos hacer
como quien observa las manos de un actor.
Y dentro de mí
nada que permanezca.
(Miriam Reyes, vía Emma Gunst)

 Escribo ahora, en medio de la batalla, violencia y dolor de veras, en serio, real-real, hace solo un minuto, menos, ahí a la mano, como la hoz o el cuchillo en la revuelta, ente salvaje de fuego seco, semillas de granada sustituyendo a todos los dientes, raspado por las amenazas filiales que no puedo cubrir con cursivas y la ficción en el núcleo de este tumor que no cesa, apodíctico como la mentira que habita siempre en estas páginas, adicto a la imposible distancia y habitante del extrañamiento que me lleva una y otra vez a la aguja que descose heridas, la aguja que mi madre usaba - quemada la punta - para abrirme la piel y sacarme la espina, para buscar la raíz del divieso, el clavo, la materia muerta de la que nace la vida exultante del tumor y todo aquello que supura ahora en este sitio, hace solo cinco minutos, en la lucha fratricida, el deseo de emasculación propia, impropia, alterada, diez minutos o menos, aún sigue la batalla al otro lado, sí, la oigo, y digo  yo porque soy una mierda de psicópata que escribe o el soldado que se inyecta la dosis última de morfina cuando está el enemigo calentando su miedo en la trinchera,  follado por el miedo como hace un minuto me quebraba el alma la camisa desgarrada acompasándose al pulso de la chuta, violando la realidad con esta ficción, la ficción de veras, encerrada en la entidad de la cosa que de tan imposible se hizo la contingencia que nos toca, siempre en precario para dar alas a la esperanza que nos manosea y desvirga ad infinitum, todos violados, golpeados sin apoyo judicial, amenazando con la pistola inexistente, la ingesta de matarratas como Emma Bovary, el pie en la ventana que anticipa el salto, todo en la ficción que de tan cercana a la guerra es muy de verdad, haciendo luz y sombra, más luz, más dios, más oración, más ruego, más morfina, más morfina, más morfina.

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 Leí esta tarde el poema de Miriam Reyes y su estela me acompañó en el paseo como espectro amable. Avanzada la noche, en medio de la violencia, el poema me ha mostrado todo el páramo siniestro que brota de su extrañeza  - un poco al modo de la Lulú chupasangre que torna su sonrisa de joven desvalida en ansiedad de destructora. Tengo experiencias de la conversión de la sonrisa en dentellada y sé vivir con la marca sin demasiada dependencia de la farmacopea. Me muestra ahora el poema la cara oculta de mi ebriedad y de mis miedos, define a la perfección lo que me iba a suceder, su lectura fue profética, el poema ha sido mi tarot y los posos del café, el poema parió esta escritura que de tan de veras es la más inmensa de la mentiras, la de aquello que no puede ser, lo imposible, el rey dormido que no despierta para amar a la reina Juana, la reina en  Tordesillas, yo en la torre con ella, negros, alumbrados con el poema de Miriam Reyes, sabiendo que lo que acabo de hacer, escribir en medio del combate, con la sangre aún fresca, es imposible, no hay distancia, mediación, sacerdocio de la lengua, tregua meditante.

 Busco a Goya, ahora, y lo encuentro



003 WENDY


(...) En la cara interna de mi piel estoy tan sola, tan a parte de ellas y de todo lo demás, que ese poder, de tan delicado, me asusta (.....)  No hay sitio para las cursivas, los paréntesis, las comillas, las mayúsculas ni la diferencia entre la b y la v (...) A mi me importan una mierda la paz y el carnaval. 

WENDY LO CUENTA TODO  AQUÍ

lunes, 6 de febrero de 2012

Soy un alma bella hegeliana que teme el salto dialéctico porque se me corre el rimel



  El enamoramiento correspondido  es emoción querida y anhelada por la especie hasta el punto de que, si no la experimentamos al menos una vez en la vida, debiéramos ser coherentes y abrirnos las venas para teñir el Nilo o Tíber con nuestra sangre.

 El enamoramiento correspondido es experiencia de un debilitamiento mutuamente aceptado, cifra de la famosa reciprocidad en la que se apoya la ética y la política toda,  sin necesidad de otros fundamentos más complejos y propensos al laberinto de Teseo.
 El God loves you  de los predicadores modernos es signo de esa propensión - más básica que el eros y thanatos, Herr Freud .
 El enamoramiento correspondido es la  base emocional de la sociedad  capitalista que, en su esencia de egoísmo desnudo, no puede admitir más sentimentalidad que ese su grado degradado y, por ello, intenta reducir todo a él. Una versión grata de esta emoción es la visita al centro comercial o a los grandes almacenes con la visa que todo lo invisibiliza.

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 El enamoramiento no correspondido es tara que, no sé por qué, dignifica a los poetas y se convierte en el alma mater de las narraciones que hacen de la humanidad una especie elegida y maldita..

 El enamoramiento no correspondido segrega a los humanos en tres castas:

UNA: aquellos que creen que una vida sin enamoramiento correspondido debe cerrarse con el Nilo (o el Tiber o el Eúfrates o el Ganges) enrojecido por la sinceridad de nuestras propuesta (se supone que el enamoramiento es paradigma de la sinceridad).

DOS:  esos otros que aceptan el reto y se hunden de patitas en el fango de la carcajada y la entrega a Dionisos.

TRES: los que inician el camino de la literatura y elaboran summas, tesis, dramas, poemas de medida estandar, odas o episodios épicos de conquista de territorios y mercados.

 El enamoramiento no correspondido es el motor de la historia del espíritu desde que el esclavo se enamoró del amo e iniciaron la dialéctica.

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 El enamoramiento negado en su raíz, a través de diversas emasculaciones, es vía de asceta y filósofo emboscado.

 El enamoramiento negado nos incita a la búsqueda incesante de la metamorfosis, el deseo profundo, no ya de convertirnos en materíalidad inorgánica, sino en monstruosos insectos al modo Samsa.

 Cuando comprendí que la filosofía me exigía semejante ascesis, quise abandonar el barco de su circunnavegación de ratón en ruleta ciega. No comprendí que en esta guerra de los enamoramientos, todos somos esclavos y que la deserción se pena con tiro en la nuca de uno de los propios.

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 Confieso mi debilidad por Madonna. Mi enamoramiento es del tipo no correspondido y, si me apuran, a la fuerza,  por posesión circunstancial y nostálgica de un daimon socrático que me habita como a la niña del exorcista, del enamoramiento negado.  Esta peculiaridad patológica del alma bicéfala no me ha hecho más fuerte en términos generales, porque he caído en la ilusión del  enamoramiento correspondido. Con Madonna dejo mi armadura de guerrero en la entrada y penetro en su tienda: Holofernes de Judith, presto a sublimar mi emoción en el tajo fulminante.

 Así, para el caso del día, contemplo el vídeo de la super bowl XLVI y veo desfilar por el escenario trágico toda la mitología que ha calentado los motores de la historia desde oriente próximo hasta California (quizás se me escape algún gimnosofista de allende el Ganges o mal interpreto los movimientos de baile,  sin ser capaz de ver en ellos novedosísimas postura del yoga). Veo Cleopatras y Romanos, Aidas de opereta, Medusas y Mercurios, dioses germánicos y animadoras teen- highschool, bailarines con chandal que recorren cuadros como amorcillos de multinacional, coro gospel (o spiele god, para decirlo germánico). Todos los mitos en poco más de diez minutos, símbolos de los que estoy enamorado como guerrero del signo y que, gracias a la super bowl, siento que me corresponden. Me dejo manosear por esa Madonna que, aunque unos añitos mayor que yo, siento como compi chachi lerendi

Cuando se habla de la quiebra de los valores o de su desaparación o vacío, se engaña. Hay un burbuja simbólica( más peligrosa que la del ladrillo) y una recreación de los sentimientos en la emoción del enamoramiento correspondido, con los dioses a la mano, instrumentos de debilitamiento gozoso, caída en la sonrisa que pervierte su nombre. Tantos valores para llenar un hiper.

Añoro la Biblia

Tengo debilidad por Madonna


Como una virgen
Acariciada por primera vez
Como una virgen
Cuando tu corazón late
Junto al mío.


Ay, ah, ah, ah...

domingo, 5 de febrero de 2012

Confieso que he soñado



Je veux de l'amour, de la joie, de la bonne humeur
Moi je veux crever la main sur le cœur
Bienvenue dans ma réalité
Et je suis comme ça
(ZAZ: Je veux)


   No sé por qué soñamos. Cabe suponer que, en el proceso evolutivo, no saltó el gen que nos hubiese permitido desconectar completamente de la vida  durante el periodo de sueño que, a todos los efectos, sería fase de  muerte. Si hubiese el azar querido (es una forma de hablar) crear esa peculiaridad, si detrás de las orejas tuviésemos un interruptor que nos permitiera apagar la actividad mental completamente, cuando nos levantásemos por la mañana, familiares, amigos o vecinos nos preguntarían amables: ¿qué tal has muerto hoy?. Vale, sé que todo esto es absurdo y que no es posible una desconexión total provisional porque las moléculas, la carne y la sangre, las cosas esas que desgarran los médicos y alteran los fármacos, son extremadamente  proclives a la corrupción si las dejas un ratito al margen del oxígeno, no pueden pasar unos segundos sin el intercambio de flujos. Así, rebajada la atención consciente y el logos, las ganas de contar historias mientras estamos dormidos son comandadas por el tedio de la ronda nocturna . El spleen del cerebro de guardia mata los ratos ejecutando sincopadamente  la filosofía del como si .....  y narra escenas que nunca podrán ser públicas (toda la reconstrucción de los libros de sueños está condenada al fracaso o al autoengaño).

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 Hoy he soñado que me tragaba una moneda de diez céntimos partida en trocitos puntiagudos. Al soñar que despertaba, he notado un malestar en el estómago y he tomado esomeprazol. Es importante salir del país de Oniricón con el estómago gastrorresistente y gastrorresidente.

  No sé por qué me he comido la moneda (quizás era una apuesta y he optado por la de menor tamaño)

He soñado que era amable con una persona que conocía de la realidad. Cogí su mano, suave y sin pretensión de generar más movimientos corporales, para unir nuestras emociones en un fluido rosa, camino de ningún sitio, emocional como los versos de Zaz que están arriba, en sintonía, creando confianza sin exigir nada. 

 He soñado muchas cosas y escenas porque aún era pronto para despertar. Habitantes de la realidad mirando cómo arreglaban el pasamanos de madera de la escalera. Otros en una mesa recogiendo  escritos, exámenes, propuestas, votos, instancias o solicitudes (qué se yo).  Pregunto a una mujer - está conmigo en una de las mesas - por su especialidad  o vocación. Ella es muy hacendosa, tímida y responsable (es la jefa del cotarro)  y tiene pocas ganas de hacer amigos mientras ejecuta su trabajo. Sabe que no nos volveremos a ver, que esto es un encuentro casual en una función irrelevante, dentro de un sueño no demasiado profundo y, por eso, por todo lo que cree que sabe, actúa como si estuviese ocupadísima en la tarea de recoger papeles y hacer cruces en listas.  Me mira, sonríe, y contesta  a mi pregunta: como mi marido es médico deportivo, yo he aprovechado y me especializado en .... Ahí se corta la conversación no porque la mujer no haya seguido hablando sino porque he dejado de atenderla. 



 Ayer, sin soñar, caminé por entre estas tierras sin temer al frío ni a la ventisca. No fue un sueño. En el monte me siento idéntico al niño de trece años que comenzó a salir de excursiones con el grupo montañero porque se había quedado sin amigos.Creer esto sí es un sueño - el sueño de que por dentro somos iguales a todos aquellos que fuimos, clones emocionales del adolescente que pisó los caminos hace treinta, casi cuarenta años. Somos benévolos y decimos que es sueño pero es otra cosa. Es mentira o intoxicación, es efecto secundario de todo el oxígeno que, a estas alturas, hemos ingerido.  Es un engaño tolerado, como la violencia entre dos fieles del amor sadomasoquista, sin responsabilidad penal, como cuando Johnny Guitar y Vienna niegan la realidad, miénteme, dime que me quieres; miénteme,  Zaz, dime que es verdad que quieres el amor, la alegría y el buen humor, miénteme con fuerza y apoya la mano en tu corazón esperando la muerte. Dime que soy el niño, miénteme; yo soy aquel muchacho que abría sus poros a la ventisca  porque hacía bien poco que había dejado de creer en dios, de sentirse amado por dios, y encontró su fe en las montañas, en el frío del invierno que aleja a las gentes de la calle, a la noche que cae a las seis de la tarde, el chico triste que siempre sonríe, el joven que tiene tanta fe que imagina que Wendy, hubiera sido su amiga en el instituto aunque luego se fuera por ahí con Pablo, más listo, más perverso, más excitante. 


  Camino por el campo abatido por el viento, tierra endurecida en el hielo que penetra sus vetas y  mineraliza el calor y la ternura. Yo allí, hace treinta años, ayer, como en sueños, sin soñar porque tengo una fotografía que lo prueba.


Johnny Guitar (Nicholas Ray, 1954)




 Esta semana me ha decepcionado un tipo de mujer (no una mujer sino un arquetipo) en el que llevaba creyendo desde hace decenios. La mujer callada, morena seria e inteligente, tan parecida a lo que yo creía que era, tan gemela, tan mi doble. Me decepciona ahora, a mi, al señor de las decepciones, al tipo que para poder seguir soportándolas, por ese vicio malsano de amar la frustración, se convirtió en tortuga bicéfala (¡¡ cuantas protecciones!!).

 Estoy dejando la medicación. Esta expresión me parece tan literaria que me entran ganas de abandonar aquello que designa. Esa frase es simulación de sí, como un club de autoayuda o de medicamentados anónimos. Esto no es sueño. Realmente lo hago; no pude tirar por la borda de lo imaginario mi paseo por el campo helado ni la decepción de esa tipa que tan maja y atractiva me parecía, ni a  Johnny y Vienna reencontrándose cinco años antes que ahora, en el ahora. Más allá del sueño. Sin medicación. Patéticos.


jueves, 2 de febrero de 2012

Wendy y yo (Butcher Baby) - 2


  Wendy O. Williams (The Plasmatics)

estaba cansada de aguantar a la gente


Querida Wendy:

ocurre en ocasiones que son tantos los hilos que nos lanzan las cosas que, en un acto de soberbia, nos sentimos ajenos a la inspiración y como poseídos por un espíritu embriagado en la mirada triste del ángel. Así, me digo, no hay quien escriba  tu historia  simulando que lo hago yo y tú eres un guiñapo, una máscara chapucera presentada, por deber de ficción,  al concurso de carnaval organizado por el municipio o la escuela. Sucede a vece que las primeras impresiones son monumentos a la mala baba y el cuento que nos mostraste el otro día, tímido a su manera, está muy cerca del primer beso torpe, aquel en el que te mordí el labio y cerró para siempre el  romance. No es manera de retornar a lo nuestro. Cancelas, Wendy, con la reproducción canalla de aquella farsa , la posibilidad lógica del érase una vez;  niegas, haciéndote heridas en los muslos con la cuchilla, eso que los filósofos llaman condiciones trascendentales de posibilidad del conocimiento.

Es espejismo para el lector esa sombra de Peter Pan con el que compartes cama lesbiana. No entiendo por qué, en este punto de mi vida tan ajeno a los años adolescentes en el que nos conocimos, tienes que sacar a la luz que, finalmente,  no te acostaste conmigo y me quedé esperándote en los soportales, mientras Clara lloraba y Carol encendía uno tras otro todos los cigarrillos de un paquete de tabaco rubio marca fortuna. Recuerdo a algunas mujeres que lo primero que me contaron, tras la noche de pasión,  fue el número de sus amantes, la cantidad como de libro de registro. Esas notarias del amor no trataban de darme puerta sino de introducirme en la intimidad de su experiencia a través de un expediente de cálculo, como si el número de sus parejas fuese esa constante que acompaña a las fórmulas físicas en la que todo lo demás es variable(masas y distancias). Tú optas por lo misma senda - ¡y yo desconozco esa gramática! - y me dices que eres una hijaputa vocacional, que treinta años después debo asumir que apareces en mi regazo con la misma pinta que entonces, adolescente de hoy sin embargo, lejana, esfinge teen, tú de nuevo, andmoreagain.

 Estoy dispuesto a jugar, asumo la humillación que implica que esa chica de diecisiete años esté lejos de mis encantos de hombre maduro y, sin embargo, en este instante de falta de inspiración revolviéndose por el tiempo, cerca de mí en las aulas del instituto. Tu venganza, Wendy, es mi venganza y, por eso, coloco a nuestra Wendy O William - ¿recuerdas cuando bailábamos con los Plasmatics en casa de J.? -en la cabeza de esta entrada. Tú no eres esa Wendy ni tampoco la de Peter Pan. Eres, ahora, en este ahora del punto narrativo - el ahora del érase una vez - un muchacha de instituto que viste como una joven del principio de los ochenta, con tacones de aguja y vaqueros estrechos, con un jersey de punto que cae sobre tus tetas como flujo de mano (no mi mano). Estás aquí y tu madre podía ser aquella mujer que me besó una tarde fría de invierno y a la que yo, por miedo, mordí los labios, iniciando con el sabor de tu sangre la larga sucesión de mis ahoras. Tu madre, ya  sin tacones, vencida por los pies hinchados en un trabajo mal pagado, tributando por unos pocos años de vida loca, te pare en mi mente para iniciar una narración.

Me siento por encima de ella, mejor tratado por las circunstancias, superior en la cresta del tiempo que nos ha colocado a cada uno en su sitio. Ella se acostó con otro y yo, desde esta atalaya de mi escritura,  contemplo su vida de yonqui sin fortuna que debió abandonar el placer del caballo, pelo estropeado por el tinte, cadera expandida en torno a la fregona y las diez hora de trabajo. Sin ganas de un polvo, deseando todos los polvos del mundo. Así me siento, Wendy, porque yo también soy un hijoputa.

 Y  Wendy es ya otra.





POSDATA

 A mi lector mecánico - esa alegría de aplicación - le gustan las comas. Caprichoso.